
Entrevista Mítica agente literaria
Carmen Balcells: "Yo no soy de verdad, soy un personaje proyectado"
Por Pedro Pablo GUERRERO
La poderosa agente española, que trae a Chile nuevos contratos de Neruda, habla de sus proyectos recientes y confiesa grandes disgustos de su carrera.
Está sentada en una terraza al final de un largo corredor de una casona en Pirque, propiedad del empresario Max Marambio. Desde su silla de ruedas domina una panorámica de césped, palmas y queltehues. No descansa. Conversa por celular sin soltar su "agenda": un bloc de grandes páginas amarillas donde anota sus compromisos y todo lo que se le va ocurriendo.
La dama de blanco, Mamá Grande, o la superagente literaria Carmen Balcells -como la han llamado- transmite calidez y seguridad al mismo tiempo, pero sobre todo astucia. La ha necesitado, y mucha, para seguir al frente de una agencia donde trabajan cuarenta personas en pleno corazón de Barcelona. "Una barbaridad", comenta. Equivale a una agencia de tamaño medio en Norteamérica y es la más grande en habla hispana, aunque reconoce que la competencia de hoy es "feroz".
Cuando en la década de los sesenta Carmen Balcells llegó a este negocio, casi por azar, gracias a personalidades tan disímiles como el escritor rumano Vintila Horia y el editor catalán Carlos Barral, debió imponerse, sola, a un medio que no quería a los agentes. La boicotearon, pero nadie pudo contra su carácter y su habilidad para negociar. Marcó un antes y un después en el mundo editorial. A partir de ella se acabaron los contratos vitalicios de los escritores con los sellos y se comenzaron a limitar por zonas los derechos de publicación.
Dicen que inventó el Boom, pero a ella ni siquiera le gusta esa palabra. Sólo se dejó guiar por su olfato. Convenció a Vargas Llosa de que terminara de hacer clases en Londres y le pagó un sueldo, de su bolsillo, para que se dedicara exclusivamente a escribir. Él, Gabriel García Márquez y, desde los ochenta, Isabel Allende, son las estrellas mimadas de su agencia.
En 2000 Carmen Balcells anunció su jubilación. A los 70 años quiso volver al paisaje de su niñez en su aldea natal, Santa Fe de Segarra, en Lérida, Cataluña, un pueblo de 33 habitantes. Modernizó entonces una casa antiquísima y se instaló en ella. Pero nadie creyó en ese retiro. Al cabo de un año ("casi el único de mi vida en que he sido súper feliz") no solamente volvió a la agencia, sino que se embarcó en nuevos proyectos. Uno de ellos la trae a Chile por estos días, aprovechando las invitaciones de varios amigos, especialmente de Max Marambio.
-¿Desde cuándo lo conoce?
"Hace por lo menos 35 años, en La Habana, porque era muy amigo de García Márquez. Lo heredé en bloque. Todo lo que ha rodeado a García Márquez siempre me alcanzó directamente. Él fue uno de mis primeros clientes, el más importante en términos de fama, de éxitos, de dinero".
Marambio ha puesto en estos días a disposición de la agente española su casa de Pirque y un helicóptero para viajar a la costa y a una casa en Pucón. Acá pretende reunirse con sus "clientes" chilenos: Jorge Edwards, Antonio Skármeta y las hijas de José Donoso y Manuel Rojas, además de contactarse con editores. Pero el principal motivo del viaje, en su calidad de única representante de los derechos de autor de Pablo Neruda, es entrevistarse con los directivos de la Fundación que lleva su nombre.
"Traigo cinco contratos importantísimos con editoriales del mundo hispánico. Hay un proyecto que tiene que ver con los fastos que ustedes van a organizar de la Independencia. Con ocasión del V Congreso de la Lengua, la Academia va a publicar una gran antología que dirige Hernán Loyola, el responsable de la 'Obra completa', publicada en Galaxia Gutenberg. He podido hacer con Santillana un contrato muy interesante para la Fundación".
-¿Cómo llegó a convertirse en agente de Pablo Neruda?
"Lo represento desde que ganó el Premio Nobel, cuando me llamó Jorge Edwards desde la Embajada de Chile en Francia, donde era agregado cultural. A Neruda lo había conocido en dos o tres visitas muy cortas que hizo cuando pasaba en barco por Barcelona. Y con aquella vocecita suya me decía: "Oiga, ¿usted por qué no me arregla ese asunto que tengo con ese editor?". Yo me quedaba muy silenciosa y me decía a mí misma: sí, señor, sí, yo me voy a poner a arreglarte esto con ese brujo que era un editor de la gran chingada".
-¿No le interesaba representarlo?
"Los escritores creen que uno no es un intermediario necesario, que se puede pasar perfectamente y no tener agente, pero la vida es tan corta, y la obra se va. Me negué a hacer ningún recado de Neruda, porque la tendencia de los escritores famosos es convertirte en su recadero. Yo no hago recaditos: o me da la representación y lo hago todo, o no hago nada. Entonces Jorge Edwards me llamó y me dijo: 'toma un avión y ven volando porque esta casa se va a volver la locura'. Así me hice cargo de todos los derechos de Neruda".
-¿Cómo va la fundación que usted creó hace unos años en Barcelona?
"Con el profesor de literatura Luis Izquierdo, que me acompaña en este viaje, y algunas personas muy próximas a mis afectos, estoy dejando una pequeña entidad de la que no quiero ser nada más que la fundadora: Barcelona Latinitatis Patria. Pretendo conseguir una conexión permanente con la Fundación Neruda, 24 horas al día, para que desde Barcelona se pueda consultar toda la biblioteca de Neruda, todos los libros digitalizados. El proyecto tenía tres patas: Barcelona, Guadalajara (México) y Buenos Aires, pero recién ahora he decidido sustituir Buenos Aires por Santiago de Chile, donde tengo un acervo importantísimo de escritores, empezando por Neruda. Chile es un país muy democrático, con una gran tradición".
-¿Esta fundación suya será con o sin fines de lucro?
"De lucro mío, sí. Yo sólo tengo finalidad de lucro. Cuando recibo una carta que dice: 'quisiéramos hacer una adaptación cinematográfica con el texto de fulano de tal sin finalidad de lucro', yo contesto inmediatamente: nosotros no estamos programados para algo sin finalidad de lucro". Premios literarios
-Usted ha defendido la mecánica de los concursos literarios de las editoriales diciendo que es válido que inviten a participar al escritor que quieren que gane. ¿En qué casos le dice a un autor representado por usted que participe? ¿Por qué hace años hizo desistir a Isabel Allende de entrar a un premio de novela?
"El escritor vive del resultado de las lecturas que consigue. Cuando hay un escritor como Isabel Allende que publica una primera edición de 125 mil ejemplares de su libro, ¿me quiere decir para qué necesita el premio? Le está haciendo el juego a los editores. Ellos sí que están contentísimos y me dicen por qué no me traes a Isabel para el premio, y yo les contesto: mira, el premio da cien millones de pesetas, pongamos que te pido 200, aún no me has pagado sus honorarios normales. Porque es una mujer que vende muchísimo. Ahora si yo tuviera una varita mágica yo le empezaría a dar premios a Isabel Allende".
-¿Por qué? ¿Han bajado sus ventas?
"No, porque no han bajado sus ventas, sino para callar a todos esos idiotas que la atacan. Yo he visto en un programa de la televisión chilena, lo tengo grabado, un odio feroz contra Isabel Allende. Sólo lo puedo atribuir a una envidia espantosa. Porque Isabel Allende en todos sus libros... en algunos ha mejorado. Recuerdo que me acusaron de por qué la había aceptado si escribía igual que García Márquez. Y ya quisiera yo que escribiera igual. Si es capaz de emular ese modelo, adelante, hija mía".
-¿Todavía negocia personalmente los derechos de sus autores?
"Yo no negocio nada más que cosas muy concretas de alto compromiso. Por ejemplo, hay un escritor que nunca se ha presentado a ningún premio -y yo hago un gran elogio de esa decisión- pero ahora ya nos vamos a presentar a todos, porque un día me llamó y me dijo: 'quiero un departamento en Londres, incluso si tengo que ganar un premio'. Y le respondí: pues ya está hecho. Entonces llamé al editor y en una hora obtuve la compra del piso completa a cambio de un manuscrito, mediante un documento sencillísimo en el que se establece: el autor se compromete sin plazo fijo a que autorizará al editor a presentarse al premio si lo considera oportuno. Los escritores me hacen parte de sus obsesiones y muchísimas veces el dinero es la última de ellas".
-¿Cuánto la afectó perder los derechos de Bolaño y que los adquiriera Andrew Wylie, el Chacal?
"Tuve un disgusto. No llegué a conocerle, pero cuando descubrí lo que era Bolaño sobre el papel yo dije: voy a convertir esto en un fenómeno mundial, y tengo la suerte de que ese señor, Wylie, no lo conseguirá. No se puede representar a un escritor que no se pueda leer. Él es muy buen agente, pero no sabe español".
-¿Le gusta su estilo?
"Para nada. Probó comprar mi agencia dos veces. Yo le dije: no están en venta mis acciones ni las de mis socios. La segunda vez vino como un corderito y le pregunté: ¿me quiere decir cuánto factura usted? Me contó. Y yo le dije: Pues facturamos lo mismo. O sea, que su agencia es más pequeña que la mía, porque usted opera en un mercado amplísimo. Ahora no, claro, él ha crecido muchísimo, así que no puedo considerarlo equiparable a mi proyecto, sobre todo porque nosotros hemos tenido una estrella deslumbrante que ha sido Gabriel García Márquez y que ya no volverá a escribir".
-¿También le dolió cuando Wylie se llevó a Cabrera Infante?
"Pero lo de Cabrera Infante es la locura de Miriam Gómez. Ellos son muy neuróticos. Miriam me llegó a decir que yo quería comprar los derechos para regalárselos a Cuba y que ahí los pudieran enterrar. Es inevitable: el delirio está siempre repartido. Miriam Gómez es una mujer totalmente obsesionada, y con razón, por el mundo cubano. Imagínate si supiera que estamos alojados aquí en casa de Max Marambio. Diría: ¿ves?, ya te lo decía yo".
-¿Tiene en su agencia fotos de sus autores nuevos?
"Sí. Era una obsesión que tenía por la igualdad, aunque ya he cambiado mucho mi punto de vista. La gente decía que sólo me ocupaba de García Márquez. Yo siempre les respondía que a él lo vendo en cinco minutos en el mundo entero y no me cuesta el menor esfuerzo, pero a los otros tengo que buscarles vivienda y trabajo. Me ha tocado hacer las cosas más absolutamente impensables".
-Usted ha vivido experiencias únicas. ¿Por qué se niega a escribir sus memorias?
"Primero para hacer memorias se necesita tener memoria. Yo no la tengo. Segundo, hay que saber escribir. No es esencial, porque eso lo puede hacer otro, pero lo más importante en las memorias es lo que no se cuenta. Nadie dice nada trascendente en ellas. Entonces yo nunca contaré nada. De algunos autores y de algunas situaciones soy la única especialista que hay. Si reflexiono un poco yo sé muchísimo, pero no llevo ningún diario".
-Entonces podría autorizar a alguien que escriba su biografía.
"Jamás. Ya me propusieron que alguien escribiera una biografía autorizada, pero me da terror. Si quiere le digo la esencia del por qué no: porque yo no soy de verdad, yo soy un personaje proyectado desde cientos de cabezas excepcionales y cada uno se ha inventado lo que ha querido. Para Mario Vargas Llosa, por ejemplo, soy absolutamente imprescindible".
-Vázquez Montalbán escribió que usted es como la primera maestra de los escritores que recién se destetan de sus madres. Una especie de madre sustituta.
"Me molesta un poco lo de maternal. Isabel me llama 'madraza', un superlativo, como Mamá Grande. Yo le pido que me diga agente. En realidad soy pragmática. Mi hermano mayor un día me dijo por teléfono: 'acabo de ver en televisión que han dado un premio a dos chicas que creo que son tus amigas: Rosa Regás y Carme Riera'. Yo le contesté: amigas no, clientas. Aunque García Márquez me preguntaba quién de nosotros dos es el cliente: '¿Yo soy tu cliente o tú eres mi cliente?' Yo le decía: un momento, ¿quieres saberlo? ¿Quién se jode si se queda sin el otro? Si tú encuentras otro agente, me jodo yo, por lo tanto el cliente eres tú".
-En su carrera le ha tocado, imagino, más de una acusación de plagio contra alguno de sus clientes. ¿Cómo enfrentó el caso de Bryce?
"Bryce es simpático, divertido, pero algo payaso, es un milagro que haya escrito cosas tan inteligentes, tan buenas, con un humor extraordinario".
-¿Por qué fue tan tenso el encuentro que "Vanity Fair" organizó entre usted y Jorge Herralde? ¿A qué se refirió usted cuando le dijo: "tú nunca has tenido un gesto conmigo"?
"Me refería a un gesto en retorno a los 200 mil que yo he tenido con él. Y encima Gloria Gutiérrez, que es mi sucesora en la agencia, lo adora. Él es un tipo muy inteligente, lo conozco de toda la vida. Hicimos juntos una biografía de Nixon. Pero nunca ha tenido el gesto de recomendarme un autor. Por el amor de Dios, Herralde no sólo es incapaz de eso, sino que exige de sus autores que le den contrato de agente, y yo le pregunto: ¿no es una profesión tan repugnante la de agente? ¿Y por qué la quieres hacer tú?"
-Debe haberle molestado que usted le quitara a Bolaño.
"Claro. Y cuando supe que Gloria Gutiérrez había negociado ese asunto le dije: qué lástima que no me hayan consultado".
Enamorada de Manuel Rojas
-¿A qué escritor chileno recuerda con más afecto?
"Yo creo que me enamoré de Manuel Rojas. Lo conocí acá. Era un hombre ya mayor. Todos los amores que he tenido, que son muy pocos, siempre han sido hombres mayores que yo, y éste me pareció una figura física tan tierna, tan encantadora".
-¿Hay autores nuevos en los que se haya fijado y que quiera representar?
"He venido también a Chile con ese propósito. A ver si hay alguien que esté distraído".
-Usted tuvo un autor chileno del post boom: Jaime Collyer.
"Sí, pero se cansó él. En cambio tengo una alegría inmensa de que Arturo Fontaine no se ha ido. 'Oír su voz' es probablemente el libro más importante que yo he leído de la transformación de Chile en ese desarrollo que pasa por la televisión, por la sociedad civil, y que empieza a integrarse con los nuevos dictadores y la revolución tecnológica. Me gustó muchísimo porque la teoría que yo tengo sobre la literatura es que una novela puede reemplazar con kilómetros de ventaja a un libro de historia o a cinco. La historia es un desastre. La cuentan siempre los vencedores y la cuentan como quieren. La literatura no".
Su difícil relación con José Donoso
"Hay una novela de Donoso, 'El jardín de al lado', en que yo soy su personaje: Núria Monclús. Nunca me sentí identificada. Estaba tan campante y tan tranquila, hasta que un buen día armé un zipizape en mi despacho, tan fuerte, que cuando terminé dije: cada vez me estoy pareciendo más al personaje de Donoso".
-¿Pero siguieron tan amigos?
"Tan amigos, no. Se me hace muy difícil querer a alguien que no admire. Donoso vivía obsesionadísimo por los parámetros norteamericanos que había conocido. Él era bilingüe, y tenía esa mujer, Pilar, con una capacidad de fabulación tal, que el propio Pepe quedaba eclipsado. Ella creaba desconfianza, no era creíble. Los automóviles, la vida de lujo, los cócteles la volvían loca".
-¿Donoso es un autor que se vende bien?
"Estos son los autores que hay que poner en internet, en libro electrónico, porque será muy cómodo de tener: una hoja biobibliográfica, que explique quién era, qué espacio ocupaba. Pedagogía, en buen sentido. Entonces, el lector, el estudiante, el especialista puede acceder a fragmentos, a páginas previamente fijadas por un profesor que le dice: lea el capítulo 10".
Articulo : http://diario.elmercurio.com 29/03/2009
Carmen Balcells: "Yo no soy de verdad, soy un personaje proyectado"
Por Pedro Pablo GUERRERO
La poderosa agente española, que trae a Chile nuevos contratos de Neruda, habla de sus proyectos recientes y confiesa grandes disgustos de su carrera.
Está sentada en una terraza al final de un largo corredor de una casona en Pirque, propiedad del empresario Max Marambio. Desde su silla de ruedas domina una panorámica de césped, palmas y queltehues. No descansa. Conversa por celular sin soltar su "agenda": un bloc de grandes páginas amarillas donde anota sus compromisos y todo lo que se le va ocurriendo.
La dama de blanco, Mamá Grande, o la superagente literaria Carmen Balcells -como la han llamado- transmite calidez y seguridad al mismo tiempo, pero sobre todo astucia. La ha necesitado, y mucha, para seguir al frente de una agencia donde trabajan cuarenta personas en pleno corazón de Barcelona. "Una barbaridad", comenta. Equivale a una agencia de tamaño medio en Norteamérica y es la más grande en habla hispana, aunque reconoce que la competencia de hoy es "feroz".
Cuando en la década de los sesenta Carmen Balcells llegó a este negocio, casi por azar, gracias a personalidades tan disímiles como el escritor rumano Vintila Horia y el editor catalán Carlos Barral, debió imponerse, sola, a un medio que no quería a los agentes. La boicotearon, pero nadie pudo contra su carácter y su habilidad para negociar. Marcó un antes y un después en el mundo editorial. A partir de ella se acabaron los contratos vitalicios de los escritores con los sellos y se comenzaron a limitar por zonas los derechos de publicación.
Dicen que inventó el Boom, pero a ella ni siquiera le gusta esa palabra. Sólo se dejó guiar por su olfato. Convenció a Vargas Llosa de que terminara de hacer clases en Londres y le pagó un sueldo, de su bolsillo, para que se dedicara exclusivamente a escribir. Él, Gabriel García Márquez y, desde los ochenta, Isabel Allende, son las estrellas mimadas de su agencia.
En 2000 Carmen Balcells anunció su jubilación. A los 70 años quiso volver al paisaje de su niñez en su aldea natal, Santa Fe de Segarra, en Lérida, Cataluña, un pueblo de 33 habitantes. Modernizó entonces una casa antiquísima y se instaló en ella. Pero nadie creyó en ese retiro. Al cabo de un año ("casi el único de mi vida en que he sido súper feliz") no solamente volvió a la agencia, sino que se embarcó en nuevos proyectos. Uno de ellos la trae a Chile por estos días, aprovechando las invitaciones de varios amigos, especialmente de Max Marambio.
-¿Desde cuándo lo conoce?
"Hace por lo menos 35 años, en La Habana, porque era muy amigo de García Márquez. Lo heredé en bloque. Todo lo que ha rodeado a García Márquez siempre me alcanzó directamente. Él fue uno de mis primeros clientes, el más importante en términos de fama, de éxitos, de dinero".
Marambio ha puesto en estos días a disposición de la agente española su casa de Pirque y un helicóptero para viajar a la costa y a una casa en Pucón. Acá pretende reunirse con sus "clientes" chilenos: Jorge Edwards, Antonio Skármeta y las hijas de José Donoso y Manuel Rojas, además de contactarse con editores. Pero el principal motivo del viaje, en su calidad de única representante de los derechos de autor de Pablo Neruda, es entrevistarse con los directivos de la Fundación que lleva su nombre.
"Traigo cinco contratos importantísimos con editoriales del mundo hispánico. Hay un proyecto que tiene que ver con los fastos que ustedes van a organizar de la Independencia. Con ocasión del V Congreso de la Lengua, la Academia va a publicar una gran antología que dirige Hernán Loyola, el responsable de la 'Obra completa', publicada en Galaxia Gutenberg. He podido hacer con Santillana un contrato muy interesante para la Fundación".
-¿Cómo llegó a convertirse en agente de Pablo Neruda?
"Lo represento desde que ganó el Premio Nobel, cuando me llamó Jorge Edwards desde la Embajada de Chile en Francia, donde era agregado cultural. A Neruda lo había conocido en dos o tres visitas muy cortas que hizo cuando pasaba en barco por Barcelona. Y con aquella vocecita suya me decía: "Oiga, ¿usted por qué no me arregla ese asunto que tengo con ese editor?". Yo me quedaba muy silenciosa y me decía a mí misma: sí, señor, sí, yo me voy a poner a arreglarte esto con ese brujo que era un editor de la gran chingada".
-¿No le interesaba representarlo?
"Los escritores creen que uno no es un intermediario necesario, que se puede pasar perfectamente y no tener agente, pero la vida es tan corta, y la obra se va. Me negué a hacer ningún recado de Neruda, porque la tendencia de los escritores famosos es convertirte en su recadero. Yo no hago recaditos: o me da la representación y lo hago todo, o no hago nada. Entonces Jorge Edwards me llamó y me dijo: 'toma un avión y ven volando porque esta casa se va a volver la locura'. Así me hice cargo de todos los derechos de Neruda".
-¿Cómo va la fundación que usted creó hace unos años en Barcelona?
"Con el profesor de literatura Luis Izquierdo, que me acompaña en este viaje, y algunas personas muy próximas a mis afectos, estoy dejando una pequeña entidad de la que no quiero ser nada más que la fundadora: Barcelona Latinitatis Patria. Pretendo conseguir una conexión permanente con la Fundación Neruda, 24 horas al día, para que desde Barcelona se pueda consultar toda la biblioteca de Neruda, todos los libros digitalizados. El proyecto tenía tres patas: Barcelona, Guadalajara (México) y Buenos Aires, pero recién ahora he decidido sustituir Buenos Aires por Santiago de Chile, donde tengo un acervo importantísimo de escritores, empezando por Neruda. Chile es un país muy democrático, con una gran tradición".
-¿Esta fundación suya será con o sin fines de lucro?
"De lucro mío, sí. Yo sólo tengo finalidad de lucro. Cuando recibo una carta que dice: 'quisiéramos hacer una adaptación cinematográfica con el texto de fulano de tal sin finalidad de lucro', yo contesto inmediatamente: nosotros no estamos programados para algo sin finalidad de lucro". Premios literarios
-Usted ha defendido la mecánica de los concursos literarios de las editoriales diciendo que es válido que inviten a participar al escritor que quieren que gane. ¿En qué casos le dice a un autor representado por usted que participe? ¿Por qué hace años hizo desistir a Isabel Allende de entrar a un premio de novela?
"El escritor vive del resultado de las lecturas que consigue. Cuando hay un escritor como Isabel Allende que publica una primera edición de 125 mil ejemplares de su libro, ¿me quiere decir para qué necesita el premio? Le está haciendo el juego a los editores. Ellos sí que están contentísimos y me dicen por qué no me traes a Isabel para el premio, y yo les contesto: mira, el premio da cien millones de pesetas, pongamos que te pido 200, aún no me has pagado sus honorarios normales. Porque es una mujer que vende muchísimo. Ahora si yo tuviera una varita mágica yo le empezaría a dar premios a Isabel Allende".
-¿Por qué? ¿Han bajado sus ventas?
"No, porque no han bajado sus ventas, sino para callar a todos esos idiotas que la atacan. Yo he visto en un programa de la televisión chilena, lo tengo grabado, un odio feroz contra Isabel Allende. Sólo lo puedo atribuir a una envidia espantosa. Porque Isabel Allende en todos sus libros... en algunos ha mejorado. Recuerdo que me acusaron de por qué la había aceptado si escribía igual que García Márquez. Y ya quisiera yo que escribiera igual. Si es capaz de emular ese modelo, adelante, hija mía".
-¿Todavía negocia personalmente los derechos de sus autores?
"Yo no negocio nada más que cosas muy concretas de alto compromiso. Por ejemplo, hay un escritor que nunca se ha presentado a ningún premio -y yo hago un gran elogio de esa decisión- pero ahora ya nos vamos a presentar a todos, porque un día me llamó y me dijo: 'quiero un departamento en Londres, incluso si tengo que ganar un premio'. Y le respondí: pues ya está hecho. Entonces llamé al editor y en una hora obtuve la compra del piso completa a cambio de un manuscrito, mediante un documento sencillísimo en el que se establece: el autor se compromete sin plazo fijo a que autorizará al editor a presentarse al premio si lo considera oportuno. Los escritores me hacen parte de sus obsesiones y muchísimas veces el dinero es la última de ellas".
-¿Cuánto la afectó perder los derechos de Bolaño y que los adquiriera Andrew Wylie, el Chacal?
"Tuve un disgusto. No llegué a conocerle, pero cuando descubrí lo que era Bolaño sobre el papel yo dije: voy a convertir esto en un fenómeno mundial, y tengo la suerte de que ese señor, Wylie, no lo conseguirá. No se puede representar a un escritor que no se pueda leer. Él es muy buen agente, pero no sabe español".
-¿Le gusta su estilo?
"Para nada. Probó comprar mi agencia dos veces. Yo le dije: no están en venta mis acciones ni las de mis socios. La segunda vez vino como un corderito y le pregunté: ¿me quiere decir cuánto factura usted? Me contó. Y yo le dije: Pues facturamos lo mismo. O sea, que su agencia es más pequeña que la mía, porque usted opera en un mercado amplísimo. Ahora no, claro, él ha crecido muchísimo, así que no puedo considerarlo equiparable a mi proyecto, sobre todo porque nosotros hemos tenido una estrella deslumbrante que ha sido Gabriel García Márquez y que ya no volverá a escribir".
-¿También le dolió cuando Wylie se llevó a Cabrera Infante?
"Pero lo de Cabrera Infante es la locura de Miriam Gómez. Ellos son muy neuróticos. Miriam me llegó a decir que yo quería comprar los derechos para regalárselos a Cuba y que ahí los pudieran enterrar. Es inevitable: el delirio está siempre repartido. Miriam Gómez es una mujer totalmente obsesionada, y con razón, por el mundo cubano. Imagínate si supiera que estamos alojados aquí en casa de Max Marambio. Diría: ¿ves?, ya te lo decía yo".
-¿Tiene en su agencia fotos de sus autores nuevos?
"Sí. Era una obsesión que tenía por la igualdad, aunque ya he cambiado mucho mi punto de vista. La gente decía que sólo me ocupaba de García Márquez. Yo siempre les respondía que a él lo vendo en cinco minutos en el mundo entero y no me cuesta el menor esfuerzo, pero a los otros tengo que buscarles vivienda y trabajo. Me ha tocado hacer las cosas más absolutamente impensables".
-Usted ha vivido experiencias únicas. ¿Por qué se niega a escribir sus memorias?
"Primero para hacer memorias se necesita tener memoria. Yo no la tengo. Segundo, hay que saber escribir. No es esencial, porque eso lo puede hacer otro, pero lo más importante en las memorias es lo que no se cuenta. Nadie dice nada trascendente en ellas. Entonces yo nunca contaré nada. De algunos autores y de algunas situaciones soy la única especialista que hay. Si reflexiono un poco yo sé muchísimo, pero no llevo ningún diario".
-Entonces podría autorizar a alguien que escriba su biografía.
"Jamás. Ya me propusieron que alguien escribiera una biografía autorizada, pero me da terror. Si quiere le digo la esencia del por qué no: porque yo no soy de verdad, yo soy un personaje proyectado desde cientos de cabezas excepcionales y cada uno se ha inventado lo que ha querido. Para Mario Vargas Llosa, por ejemplo, soy absolutamente imprescindible".
-Vázquez Montalbán escribió que usted es como la primera maestra de los escritores que recién se destetan de sus madres. Una especie de madre sustituta.
"Me molesta un poco lo de maternal. Isabel me llama 'madraza', un superlativo, como Mamá Grande. Yo le pido que me diga agente. En realidad soy pragmática. Mi hermano mayor un día me dijo por teléfono: 'acabo de ver en televisión que han dado un premio a dos chicas que creo que son tus amigas: Rosa Regás y Carme Riera'. Yo le contesté: amigas no, clientas. Aunque García Márquez me preguntaba quién de nosotros dos es el cliente: '¿Yo soy tu cliente o tú eres mi cliente?' Yo le decía: un momento, ¿quieres saberlo? ¿Quién se jode si se queda sin el otro? Si tú encuentras otro agente, me jodo yo, por lo tanto el cliente eres tú".
-En su carrera le ha tocado, imagino, más de una acusación de plagio contra alguno de sus clientes. ¿Cómo enfrentó el caso de Bryce?
"Bryce es simpático, divertido, pero algo payaso, es un milagro que haya escrito cosas tan inteligentes, tan buenas, con un humor extraordinario".
-¿Por qué fue tan tenso el encuentro que "Vanity Fair" organizó entre usted y Jorge Herralde? ¿A qué se refirió usted cuando le dijo: "tú nunca has tenido un gesto conmigo"?
"Me refería a un gesto en retorno a los 200 mil que yo he tenido con él. Y encima Gloria Gutiérrez, que es mi sucesora en la agencia, lo adora. Él es un tipo muy inteligente, lo conozco de toda la vida. Hicimos juntos una biografía de Nixon. Pero nunca ha tenido el gesto de recomendarme un autor. Por el amor de Dios, Herralde no sólo es incapaz de eso, sino que exige de sus autores que le den contrato de agente, y yo le pregunto: ¿no es una profesión tan repugnante la de agente? ¿Y por qué la quieres hacer tú?"
-Debe haberle molestado que usted le quitara a Bolaño.
"Claro. Y cuando supe que Gloria Gutiérrez había negociado ese asunto le dije: qué lástima que no me hayan consultado".
Enamorada de Manuel Rojas
-¿A qué escritor chileno recuerda con más afecto?
"Yo creo que me enamoré de Manuel Rojas. Lo conocí acá. Era un hombre ya mayor. Todos los amores que he tenido, que son muy pocos, siempre han sido hombres mayores que yo, y éste me pareció una figura física tan tierna, tan encantadora".
-¿Hay autores nuevos en los que se haya fijado y que quiera representar?
"He venido también a Chile con ese propósito. A ver si hay alguien que esté distraído".
-Usted tuvo un autor chileno del post boom: Jaime Collyer.
"Sí, pero se cansó él. En cambio tengo una alegría inmensa de que Arturo Fontaine no se ha ido. 'Oír su voz' es probablemente el libro más importante que yo he leído de la transformación de Chile en ese desarrollo que pasa por la televisión, por la sociedad civil, y que empieza a integrarse con los nuevos dictadores y la revolución tecnológica. Me gustó muchísimo porque la teoría que yo tengo sobre la literatura es que una novela puede reemplazar con kilómetros de ventaja a un libro de historia o a cinco. La historia es un desastre. La cuentan siempre los vencedores y la cuentan como quieren. La literatura no".
Su difícil relación con José Donoso
"Hay una novela de Donoso, 'El jardín de al lado', en que yo soy su personaje: Núria Monclús. Nunca me sentí identificada. Estaba tan campante y tan tranquila, hasta que un buen día armé un zipizape en mi despacho, tan fuerte, que cuando terminé dije: cada vez me estoy pareciendo más al personaje de Donoso".
-¿Pero siguieron tan amigos?
"Tan amigos, no. Se me hace muy difícil querer a alguien que no admire. Donoso vivía obsesionadísimo por los parámetros norteamericanos que había conocido. Él era bilingüe, y tenía esa mujer, Pilar, con una capacidad de fabulación tal, que el propio Pepe quedaba eclipsado. Ella creaba desconfianza, no era creíble. Los automóviles, la vida de lujo, los cócteles la volvían loca".
-¿Donoso es un autor que se vende bien?
"Estos son los autores que hay que poner en internet, en libro electrónico, porque será muy cómodo de tener: una hoja biobibliográfica, que explique quién era, qué espacio ocupaba. Pedagogía, en buen sentido. Entonces, el lector, el estudiante, el especialista puede acceder a fragmentos, a páginas previamente fijadas por un profesor que le dice: lea el capítulo 10".
Articulo : http://diario.elmercurio.com 29/03/2009
