lundi 18 mai 2009

Alejandro MITRE/ Anatema del crepúsculo


Alejandro Mitre (Guadalajara, Jalisco, 1981). Ha colaborado en las revistas: Metrópolis, Letrambulario, La Gaceta, Periódico de Poesía, Ventana Interior, Letras en Rebeldía, Azularte, La Casa del Tiempo y La Trampa de Arena.
Está incluido en el Panorama de poesía mexicana (2009).
Es autor de los poemarios: Diáspora de la mansedumbre (2007)
y Anatema del crepúsculo( de próxima publicación).

E-mail:
alejandromi_tre@yahoo.com.mx

ANATEMA DEL CREPÚSCULO

(1)

La Tierra es un poco más que azul.
Bajo esa transparencia la náusea se redime,
se convoca a los excesos y el hábito sucumbe.

Será tal vez que hemos llegado a otras cimas,
otros climas cobran vida,
otra vida se mueve en las alturas,
las alturas sucumben como peces.

Desde esas nubes todo es más azul.

Todo equívoco renace.
Las nubes nunca tomarán las formas de los sueños,
a menos que sean los de un vetusto infante.


(2)

Busco colocarme en el ámbito del eje.

Busco el sonido inmóvil,
que ahí está imperceptible
en la trémula maraña,
invisible a los ojos de la búsqueda.

La palabra que repica en el centro
y en las orillas es muda,
como el anatema del crepúsculo.

Vivo casi siempre buscando el centro,
el refugio de los agonizantes
o de los que creen
que éste teatro cierra a las 15 para las 10.

Y la búsqueda cobra sentido
cuando el día se abre con una nueva luz


(3)


Los cielos viven lo que el hombre intuye.
(Anónimo del siglo VII)

Los cielos son los cielos
y nombrar la claridad es un abismo
que prefiero evadir
igual que a un horizonte de aves,
igual que el despertar de la cera,
diferente al calentamiento global
y al ayuno de las calamidades.

El cielo será los cielos
y un túnel está cayendo
gota agota su amplitud,
su eco se achica en la fila
de sopesar la fuerza de los astros,
de transpirar la lectura del Chilam Balam,
de decantar la voz que no es la mía
y es de todos los que no asisten
a la sublevación y al cubículo
donde la sangre cohabita cúbica(mente)
con el raciocinio y la piedra.


(4)

Como la soledad
ante el seno de la multitud.
Así me rindo
sin oponer lo mundano del organismo,
sin parpadear
porque la lágrima no está (ex)tinta ni en el papel,
ni en el filo árido del ojo.

Como la soledad
he crecido en dirección opuesta
a las manecillas de la flor
y he sido veneno, espina y caos
hasta tocarle la cintura a la renovación.

Renovar(C) o sucumbir como la soledad.
Sucumbir(C) o renovar como la edad.

La edad se pierde como los frutos fríos del sol,
los gajos de la soledad son los bumeráns
que lanza el múltiple espíritu de la tierra
hacia los tristes seres que sucumbirían
antes que continuar(C).


(5)

Por ser sombra untada en la carne
he sido demasiado fuente
y he alcanzado la longeva velocidad
de los sueños despostillados.

Por ser carne perpetuada en la sombra
sólo me remito a la ceniza del agua,
al diáfano dolor de la derrota
que está por ser más
una viga en el ojo de Dios
que un centenario en la bolsa del menesteroso.

Por haber sido y para ser
la sangre me limita
pero permanece intacta la distancia
entre el aire y los esquemas espectrales.


(6)


Los cielos no retornan
sino es para aclarar
el último instante.

El papel fosfore (C) bajo los signos blancos.
Bajo cielos oscuros los seres se repelen
y no asisten a su despedida,
ni al resguardo de sus altivos presentimientos
que no merecen ser depositados en la alcancía
de la certidumbre, ni en el horizonte
flamígero de la sangre.

Los signos blancos no merman
la puntualidad de los cielos atemporados.
Los cielos residen en el despertar
que se aleja como el canto de las sirenas
sumergiéndose en la hoja blanca.


(15)

Ha sido tropezar con el ayuno y el estropicio
que se concentra en el semáforo inalámbrico.

Con estrías de la voz y el gazapo inerte,
estricto es el congal, la lámpara, la calle alada
y helada es la circunstancia de los transeúntes
y por si acaso, acoso o acuso
de la verdad a la gracia
no para hundirme, sino para levantarle
el vestido a la belleza
y sentármela en las piernas como Rimbaud,
ése estridente seminarista del trueque en África.


Nínive se reinventa cada día

(uno)

La ciudad de Nínive
es un espejismo.
Jonás la atraviesa proclamando
el mensaje de Yavhé.
Las calles están desiertas
y de pronto aparece una turba
enfurecida que se dirige contra él.
Jonás cierra los ojos
y siente en sus adentros
los golpes de la ira.
Nínive se reinventa cada día.
Jonás es sólo un espejismo.


(dos)
La ballena es un símbolo del soporte del mundo, un cosmóforo.
E.M.


Yavhé permanece tres días
en el vientre del gran pez.
Yavhé es el gran pez.

Jonás clamó a Yavhé
y el gran pez vomitó a Yavhé
sobre la tierra.

El gran pez es sólo un espejismo.


(tres)

“Dentro de cuarenta días
Nínive será destruida.”
Pregonaba Jonás, al recorrer
la gran ciudad.

“Dentro de cuarenta días
Nínive será un espejismo.”
“Dentro de un espejismo
Nínive será destruida.”
“Dentro de un espejismo
Nínive será un espejismo.”

También el arrepentimiento
es un espejismo.


(cuatro)

Rumbo a Nínive
Mefistófeles proclama
la salvación de la gran ciudad
y a la entrada de ésta
escribe:

“LASCIATE OGNI SPERANZA, VOI CH´ ENTRATE” *

Las piedras sangran
bajo un ocaso de huesos
y el día se arrodilla.

Mefistófeles es sólo un espejismo.

*¡Ah, los que entráis, dejad toda esperanza!
Dante Alighieri


(cinco)



Nínive es Jonás.
Dentro de él
luchan el Bien y el Mal.

Según Blake,
el Bien procede del espíritu
y el Mal del cuerpo.
Sin contrarios no hay progreso, dice.
El Prolífico es una porción del ser;
la otra, el Devorador.

El Devorador es un páramo;
el Prolífico, el espejismo involuntario.


(seis)

El perdón es un espejismo.
Jonás lo sabía,
Yavhé lo sabe desde siempre.

El perdón es un derroche
de la divinidad.
Y dentro o fuera
de cualquier imagen
real o irreal
lo único certero
es esa chispa sublime
vestida de espejismo.


Yavhé

(uno)

Yavhé habla y escucha en sí la voz de Jonás.
Un inferno se desprende
de esos ecos;
un paradiso invisible espera,
está detrás de los sentidos
y la catástrofe que renace
en cada fruto, impide verlo.

En la catástrofe se purga indemorable,
la llama del espíritu.


(dos)

Es Yavhé quien mueve
el pedal de los despojos,
las olas apátridas,
las demoliciones de la apariencia,
de lo que crece en apariencia
y es efímero:
los esquemas inflexibles
del naufragio.

Es Yavhé, sólo Yavhé
el que ofrece la manzana
y el destierro,
la voz de los fariseos
y la del crucificado.

Yavhé clamando a Yavhé.

Yavhé es en nosotros
el errabundo.


Beatriz conduce a Jonás por el Inferno
sin llegar jamás a Ítaca


El Prolífico y el Devorador conducen a Jonás a una caverna.
Lilith lo espera disfrazada de Beatriz
(Beatriz es Lilith disfrazada de sí misma).
Ella lo recibe a los pies de Cerbero y Rintrah ruge
en los seres apartados.

Beatriz y Jonás pretenden atravesar el Aqueronte
en la barca que boicotea el viejo Carón.
Jonás sienta a Beatriz en sus rodillas,
¡Ésa es la Belleza!
Y alejándose se hunden en aquellas aguas lóbregas,
sin saber que Ítaca está más cerca que la ciudad de Dite,
mucho más próxima que el propio corazón.


Reino de Caín

Caín acendra sus raíces
en la ciudad de Henoc,
su descendencia confluye
en Noé.

La sangre de Caín sobrevive.
Aún no ha sido terminada
su misión.