dimanche 17 mai 2009

Pedro Pablo GUERRERO/Narrativa de la violencia


REPORTAJE: Seis escritores contemporáneos
Narrativa de la violencia
Por Pedro Pablo GUERRERO

Los asesinatos seriales, la corrupción política y el mundo de la droga -con sus capos, sicarios, narcocorridos y rituales de brujería- inspiran buena parte de la actual literatura mexicana, atenta a las huellas de violencia impresas en la historia de las últimas tres décadas. Varios autores sitúan sus ficciones en la frontera con Estados Unidos.


Yuri Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970)
Lobo es un cantante de corridos. Sus orígenes son oscuros y toca en bares de mala muerte hasta que ve la luz: conoce a un auténtico rey. Lo identifica porque "a su alrededor todo cobraba sentido. Los hombres luchaban por él, las mujeres parían para él; él protegía y regalaba, y cada cual, en el reino, tenía por su gracia un lugar preciso". Lobo, por supuesto, se las ingenia para entrar a su corte. Trabajos del reino (Periférica, $14.800), la primera novela de Yuri Herrera, cuenta la historia de un compositor de narcocorridos. A partir de su ingreso será llamado el Artista, pasando a ocupar un sitio junto a los demás cortesanos: el Joyero, el Periodista, el Heredero, la Bruja. Los roles se condensan en arquetipos. Es una fábula moderna que reconstruye el orden principesco en algún lugar de México. Puede ser cualquiera, y hasta es mejor dejar su nombre en el aire. En todas partes hay capos que quieren escuchar sus "hazañas" cantadas en la radio. En todas partes maduran intrigas para destronarlos y ellos confían su fortuna al "santo" Jesús Malverde y a los trabajos de hechicería. Por sobre todo, la virilidad es un valor que no se puede cuestionar y la violación del tabú implica la muerte. La novela de Herrera describe un mundo cerrado, de protocolos y códigos inflexibles, premoderno en más de un sentido. Tiene el mérito de hacerlo conservando, en esencia, el lenguaje popular del cártel pero encuadrado en un estilo propio, contenido, de sobrio lirismo, que llamó la atención de la crítica mexicana y fue distinguido en 2003 con el Premio Binacional de la Novela Border of Words/Frontera de palabras (Estados Unidos-México). Elena Poniatowska comentó: "Al cerrar el libro uno se queda con la certeza de que si hay escritores tan lúcidos como Yuri Herrera el orden puede volver a instaurarse, los criminales serán castigados y los palacios y los reyes dejarán de amargarnos la vida".

Sergio González R.
Huesos en el desierto (2002) y El hombre sin cabeza (2009, $21.000) son dos libros de la serie "Crónicas" de Anagrama, pero se leen como si fueran novelas. A decir verdad, es difícil que las obras de ficción publicadas hasta hoy por Sergio González superen el éxito de Huesos en el desierto, que ya alcanza cuatro ediciones. El escritor ha investigado los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez mejor que las autoridades encargadas de hacerlo. Datos de sus pesquisas fueron recogidos por Roberto Bolaño en "La parte de los crímenes", de la novela 2666, y el propio González terminó inspirando uno de sus personajes. La representación del mal en la literatura no pierde de vista el inveterado contexto de machismo, pobreza, migración, contrabando y caciquismo propio de una zona dominada por la abrumadora presencia del desierto. La impunidad que rodea a un centenar de homicidios con aberrantes signos de violencia sexual permite deducir un laberinto de complicidades entre el crimen organizado y las autoridades políticas. El poder judicial ha intentado aplacar el escándalo con la condena de chivos expiatorios, según acusa el autor mexicano, quien ha recibido palizas y amenazas de muerte.

Desde un punto de vista más cercano a la antropología y la mitología comparada, El hombre sin cabeza analiza las prácticas de decapitación llevadas a cabo por narcotraficantes, estrechamente vinculadas al culto de la Santa Muerte, que, "bajo la ausencia de un Estado de derecho", ha penetrado amplios sectores de las sociedad ("De acuerdo con un asesor de inteligencia, siete de cada diez mandos policiacos en México son creyentes de la Santa Muerte y cómplices de su estrategia criminal"). Los orígenes de esta secta se remontarían, entre otras fuentes, a los sacrificios rituales precolombinos. El periodista no desaparece en este perturbador ensayo, y González da nuevas muestras de sangre fría: primero concierta una visita a un traficante de armas y luego una entrevista con un te nebroso sicario de bandas criminales: El Decapitador.

Gabriel Trujillo Muñoz (Mexicali, 1958)
Nacido en la ciudad más septentrional de América Latina, Mexicali, en el estado de Baja California, junto al límite con Estados Unidos, el autor desarrolla una literatura de frontera en la línea de la novela policial clásica. Su obra más difundida, El festín de los cuervos (Norma, $13.550), es una saga de cinco novelas cortas protagonizadas por Miguel Ángel Morgado, un abogado especialista en derechos humanos, sobreviviente de causas políticas de los setenta que debe enfrentar ahora casos de homicidio en una zona donde, como dice el corrido, "la vida no vale nada". En el desierto aparecen cadáveres casi todos los días y lo mismo pueden ser producto del tráfico de órganos, la mente de un psicópata, el negocio del secuestro o el ajuste de cuentas por deudas del juego o de las drogas. Buscando pistas de los homicidas, Morgado cruza la frontera para interrogar a un prepotente funcionario de la DEA que conoció en Nicaragua. Le salvan la vida motociclistas de aspecto rudo y viejos amigos izquierdistas curtidos en el escepticismo: "Ya nadie sueña, Morgado. Y los que sueñan sólo piensan en su propia gloria, en su propio enriquecimiento. Los morros [jóvenes] de ahora son prácticos. Quieren dinero para consumir, para tener estatus, para disfrutar sus paraísos personales". Los diálogos de Trujillo recuerdan a los de Ramón Díaz Eterovic y su detective Heredia. En las ficciones de ambos el pasado refluye en los conflictos del presente. Como es propio del género, Mezquite Road y otras novelas del mexicano reflejan una desconfianza generalizada en las fuerzas policíacas y el sistema judicial. La única oportunidad de hacer justicia está en la iniciativa personal, por más que esto, paradójicamente, signifique a veces sacrificar parte de la verdad.

Martín Solares (Tampico, 1970)
Tres periodistas han sido asesinados en México hasta abril de este año. Desde 2000, suman 45. Los minutos negros (Mondadori) se inicia, precisamente, con la muerte de un joven reportero en la imaginaria ciudad de Paracuán, Tamaulipas, junto al Golfo de México. Le encomiendan la investigación al agente de la policía municipal Ramón Cabrera, llamado el Macetón. Parece asunto de narcos. Pueblo chico, infierno grande, las pistas conducen a los homicidios de varias niñas cometidos a mediados de los años setenta; crímenes de un ensañamiento nunca visto. A pesar de su corta inteligencia, el Macetón no tarda en comprender que nada en aguas muy turbias, ya conocidas por un colega que lo antecedió: el detective Vicente Rangel. La novela de Solares es un viaje de ida y vuelta a la corrupción policial de los sexenios presidenciales de Luis Echeverría y José López Portillo. La guerra sucia y el ascenso del siniestro Negro Durazo en las fuerzas del orden son el telón de fondo para una intriga bien armada, que emplea el infrecuente recurso de enmarcar un caso policial dentro de otro. Como personajes secundarios aparecen un jesuita dipsómano que sabe más de lo que cuenta y dos figuras verídicas retratadas con afecto: el criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón y el escritor alemán B. Traven, autor de El tesoro de la Sierra Madre y El barco de los muertos.

Martín Solares escribe bien y tiene sentido del humor. Negro, por supuesto. Como corresponde al género en el que se inscribe esta amenísima novela manufacturada al más puro estilo de Dashiell Hammett, provista de crímenes seriales dignos de James Ellroy, y que echa mano de un tono paródico similar al utilizado por Osvaldo Soriano en Triste, solitario y final.

Élmer Mendoza (Culiacán, 1949)
De todos los escritores que han descendido a los bajos fondos mexicanos es el que ha logrado más reconocimiento en términos de premios, críticas y respaldo de sus pares. Federico Campbell lo presenta como "el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país", mientras que el español Arturo Pérez-Reverte lo considera su amigo y maestro. Su repercusión internacional se basa en tres novelas publicadas por Tusquets: Un asesino solitario (1999), El amante de Janis Joplin (2001) y Balas de plata (2008, $22.900). La segunda de ellas es una instantánea de las vertiginosas transformaciones que experimenta México en 1970. El foco del relato se proyecta sobre David Valenzuela, una especie de Forrest Gump campesino proveniente de Sinaloa, la región del Triángulo Dorado, famosa por sus cultivos de marihuana y amapola. David mata a un narco en defensa propia y, para salvarlo de la venganza, su padre lo envía a Culiacán. Tras un viaje a Los Angeles como integrante de un equipo de béisbol, y luego de un encuentro sexual con Janis Joplin, amigos y parientes lo terminan involucrando, sin clara conciencia de ello, en el tráfico de drogas y la guerrilla urbana comunista. Aunque los nexos entre ambos fenómenos son presentados en el libro como circunstanciales, no creen lo mismo los comandos antisubversivos del gobierno. Mendoza retrata, sin ahorrar detalles repugnantes, el salvajismo y la venalidad de sus procedimientos. Tres décadas más tarde, la violencia no afloja. En Balas de plata, el cadáver de un abogado bisexual, hijo de un ex ministro, pone al detective Edgar "el Zurdo" Mendieta, de Culiacán, frente a la habitual disyuntiva: ¿fue el narco o la política? Pese a que el trabajo con el lenguaje no alcanza la audacia de libros anteriores, se trata de una novela policial sin concesiones a ningún sector. "Estamos intentando crear un arte, con voluntad de estilo, sin que ello signifique que hagamos apología al narcotráfico y a la violencia", ha tenido que aclarar Mendoza frente a sus detractores.

Luis Humberto Crosthwaite
"¿Girarán en realidad las otras ciudades, los otros países, el mundo, el sol, los planetas, alrededor de Tijuana?", se pregunta el narrador del cuento "Por qué Tijuana es el centro del universo", incluido en el volumen No quiero escribir no quiero (1993). El lugar que ocupa Crosthwaite en la literatura mexicana no es el centro de nada. Ni de la geografía patriótica: vive en la esquina noroeste del límite con Estados Unidos. Ni del mercado editorial: sus libros apenan circulan fuera de México. Ni del canon literario: desconfía del repentino interés académico por la narrativa de frontera. Ni de la norma lingüística: tan pronto evita el spanglish de sus coterráneos como lo introduce en los cuentos de Estrella de la Calle Sexta (Tusquets, 2000), donde parodia varios estereotipos fronterizos. Es un escritor conocido, pero no popular. "Crosthwaite no imposta la voz. Entiende Tijuana desde todos lados: sociológico, esquizofrénico, pero tampoco está preocupado por el retrato social, sino que con esos insumos hace literatura. Por ello, logra ir más allá de la historia épica y la descripción de personajes", declara el mexicano Rafael López Giral, editor de Sexto Piso y de Hueders.

Para despistar aún más a los críticos, el nuevo libro de Crosthwaite rehúye cuidadosamente los tópicos norteños. Aparta de mí este cáliz (Tusquets, 2009) es una desconcertante novela cuyo narrador sueña que es Jesucristo. Chuy regresa al barrio tras cumplir una condena por homicidio. No hay demasiadas precisiones. Se rumorea que es el Mesías. Sobre todo después de resucitar a Lázaro durante su funeral. La prensa está expectante. Los romanos, inquietos. Unos muchachos se ofrecen a ser sus guardaespaldas. "¿Qué será de nosotros si algo le sucede?", le pregunta un antiguo discípulo.

Crosthwaite vuelve a publicar después de seis años, como el escritor sin nombre que habla con Jesús en la novela y le confiesa su bloqueo narrativo y el deseo de alcanzar el libro que lo instale nuevamente en el Partenón de las Letras.

"Colega Jesús: concédeme el milagro de la creatividad", le suplica.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 10/05/2009