
La Voz y la Memoria
Antología de la poesía Chilena en Canadá
Editores: Luis A. Torres & Luciano Díaz
RIL (www.rileditores.com)
Antología de la poesía Chilena en Canadá
Editores: Luis A. Torres & Luciano Díaz
RIL (www.rileditores.com)
Esta antología incluye selecciones de diez poetas Chilenos residentes en distintas zonas del Canadá: Blanca Espinoza, Jorge Nef, Jorge Etcheverry Arcaya, Carmen Rodríguez, Claudio Durán, Luis Torres, Carmen Contreras, Jaime Serey, Luciano P. Díaz & Eric Franklin Martínez. Se trata de autores y autoras que se mantienen activos y vigentes y que han estado desarrollando una obra importante en las ultimas dos décadas agradecemos su generoso aporte a este proyecto.
También quisiéramos extender nuestros agradecimientos, por sus acertados y valiosos comentarios, a Monique Creenwood y Tamara Schurch, dos estudiantes del programa de estudios graduados de la Universidad de Calgary
Esta publicación ha recibido el apoyo del Departamento de Frances, italiano y Español y de la oficina del Decano, Dr. R. Smith de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Calgary. Vaya para ellos nuestros agradecimientos.
Hemos querido publicar este libro en Chile, pues esa tierra continua siendo un referente importante de las voces y memorias evidentes es esta antología.
La otra tierra, esta, fue un día el asilo y es hoy el sitio de nuevas voces y memorias que esperamos también sean motivo para la reflexión y fuente del dialogo.
Vuelvo a Montreal
Por Blanca Espinoza
Vuelvo a Montreal sin palabras
Las he dejado en algún lugar de tu dichosa morada
Dando vueltas
Para que en algún instante
Único
Vengas y las ordenes y formes en el aire
Como el primer alfabeto
La frase ausente
Dejo la calle en que vives
Las flores que amas
Aroma
Puedo percibir la forma de mi sombra
A tu lado, solo eso soy
Ahora
Sombra
Dices Alfonso, dices pan, dices abuela
El rojo de la baldosa y el olor al Jazmín
Y la memoria renace entrecortada
Como la tira de celuloide que de pronto
Interrumpe la historia tan ansiada
Heme aquí
Desde mi claridad de palabras agotadas
Perfectamente inútiles
Acomodando el rincón de tus recuerdos
Y digo
Que ya puedo reiterar
La poesía
Porque mi lengua alcanza apenas deletrear
En este precipicio reausencias
De mudas tarde
Impacta el nudo en la garganta
La conexión cerebro-palabra
La muerte de algunas vocales
Justo el tiempo en imperfecto
Para balbucear un pasado suspendido
Debe ser
Seguramente
Una cuerda desgarrada
Te cuento entonces el origen de los colores
Y busco en la razón una simple explicación
Era una vez una voz en mi cama
Una lenta voz lejana
Y la mano que contaba y la mano que
Daba
El verde el rojo o el pálido azul
Donde guardare tanta palabra
Has abierto apenas aquella cajita
Y me vas dando pedacitos
Del sabor que va tan ligado al pasado
Mientras el sol asome su gran cabeza de fuego
Estaré allí
Para guiar tus pasos
En lo oscuro
Donde
Los parpados
Guardan sus callados sueños
Para tocar la nada
Mi pequeña ahora
Mi pequeña
He sumado las horas junto a ti
Las he contado en lunas de abriles
En musiquillas de feria
En notas de bandoneón
De la mano te llevo
Recorro tu espacio
Uno a uno los pétalos
Se han posado en tu andar
Y compongo aun la almendrada palabra
El sabor gota de miel
De tus días venideros
Rescato alguna imagen desahuciada
Duro combate
Para sacar de tus labios el asombro
El gesto de la mano
O la viveza de tu mirada
Al despertar
María Elena canción y pueblo
Eme de María que deletrea el sonido
Mama mamy ma maman
Ya no podrás olvidar el sonido
De la primera silaba
El sonido del origen voz
Aquel que te lleva a ti
Aquella
La inolvidable
Ya no sirve el recuerdo
Ni el origen del gesto
Solo has rescatado el impulso
Que trae la remembranza
He aprendido tus breves días
Ocurre que la realidad
Es lo que no alcanza a ser
Lo que permanece suspendido
Inconcluso
Un deletrear
Sin alfabeto
Que puedo darte
Sino mi rostro confundido
En la nieve de mi casa invernal
Para que tu mundo permanezca
Y tus espacios brillen otra vez
Pinceles entre los dedos
El calendario ha traído la nostalgia
De días vacíos
Miro como te vas infernando en la bruma
Brusca bruma
La noche así desanuda su vestido
Muestra el desenfado de lo oscuro.
La Ciudad
Por Jorge Nef
A veces,
En las calles
Creo ver algún rostro conocido,
O entrever en un vuelo de cortinas
Una simple maceta
De geranios.
Después,
La soledad se hace concreto
Y el recuerdo se esfuma.
La música se mezcla con el ruido
Y el rostro se transforma en muchedumbre
De impersonal
Y triste
Anonimato
( Guelph, 1998 )
Café
por Jorge Nef
Bebo una taza humeante
De café negro dulce,
Mientras cae la nieve
Ingrávida
En la calle.
Hay un dejo de tardes
Lejanas
En el aire.
Recuerdo un café
Dulce
Bajo cielos distintos:
Mar azul, cielo infinito,
Playa de arenas blancas
Cegante sol del trópico,
Con vibrar de marimbas
Y el romper de las olas.
La imagen se deshace
Mientras pago la cuenta
Y retorno
Otra vez
A mis viejas rutinas.
El Rebelde
Por Jorge Etcheverry Arcaya
Él era el más justo entre nosotros, el del iris claro y las pupillas obscuras y profundas, donde todos nuestros secretos podían ahogarse, todas nuestras fiebres enfriarse.
Él era el mejor entre nosotros, se atrevía a hablar en el mercado y el templo, insultó a las concubinas de los legisladores, arrebató sus bolsas a los recolectores de impuestos
Él era el hombre más atrevido entre nosotros
Luego de estos hechos se puso a precio su cabeza, lo echaron de la ciudad con armas y con perros
Él era el más duro entre nosotros, soportó el frío y el viento, la lluvia siempre temprana y el sol como de oro fundido
Él era casi piel y huesos, como nos contaron los granjeros que venían al mercado
Él era el hombre más solo de la tierra, nadie ni siquiera escuchaba sus palabras, pareciera que el rayo del destino le fundió lo sesos cuando estaba en la cuna, hasta los rasgos de su cara se empeñaban en volar de nuestra mente
Alguien dice que no existió nunca
Murió como un perro, el miserable, dos veces maldito, cuando vinieron preguntando por él se nos había olvidado, cuando quisimos saber lo que decía descubrimos que siempre hablo una lengua extraña
Hubo un hombre que habitó entre nosotros por un tiempo, pero ahora se ha ido.
Los árboles de la Sexta Avenida
Por Carmen Rodríguez
Hoy los árboles de la Sexta Avenida
enarbolan
ante el azul asombrado de un cielo otoñal
soberbios llameantes penachos
Ayer frente a la pared espejada del salón de belleza
tronco y raíces bajo una capa de hule negro
los árboles de la Sexta Avenida
se apoltronaron en la suavidad principesca del cuero
lo ofrecieron a Yoyi la filigrana de su melena verde
y procedieron a vociferar las novedades del barrio
Carcajearon proclamaron comunicaron
que las ardillas hicieron un hueco en el techo de Doña Mena
las palomas se cagaron en el auto nuevo de Don Roberto
los cuervos le gritaron obscenidades al cura de la esquina
y el cartero le mentó la madre al buldog de los MacDermid
Yoyi masajeó la aspereza antigua de los árboles de la Sexta Avenida
provocando deliciosas perturbaciones en su corazón de madera
Cepilló untó enruló
enjuagó secó peinó
Encantados con los resultados
ellos pagaron los cincuenta dólares del tinte
y volvieron presurosos a instalarse a lo largo de la calle
luciendo sus rayitos rubios rojizos anaranjados
Nadie se percató de su ausencia
Solo el invierno los miró desde lejos y sonrío
En un par de semanas
se encargará de dejarlos pelados
Libros
Por Claudio Durán
Por el recuerdo de mi abuelo Jaime Vidal Oltra
1
Habito en mis libros
y siento el olor de la verdad
de sus páginas cada vez que mis manos
abren los músculos entrenados
por los encuadernadores.
Aun en páginas que se esparcen
percibo el tiempo,
mi propio tiempo,
y la distancia que me separa
de la épocas que he vivido.
2
En los corredores de antaño
aparecían lluvias impredecibles mientras tronaban las nubes
y yo me protegía
entre los estantes llenos de sus libros.
De allí vinieron los días sin sol
y cuando pude seguir la grafía
preñada por el tiempo
devine en un habitante solitario
(1999)
La Ruina del Ser
Por Luis Torres
Admirados de nosotros mismos,
admirados de nuestras perdidas convicciones
observamos la magnitud del vacío.
Caminar penando por la idea,
del brazo de nadie,
traspasados por la inclemencia
de lo que nos tocó vivir.
Nada en los libros nos podía devolver
las certeza ni la forma de los sueños.
Sobre esas huérfanas
nosotros echamos la mirada
y nos veíamos las entrañas.
Consumidas, monstruosas formas
del extraño de sí mismo,
de aquel que ni el nombre le salva
y ni el espejo de su cuerpo es la oreja que lo acoge.
Así fue que nos miramos un día
y sólo nos quedaban ruinas,
palabras que porfiaban,
la tierra imaginada.
Ante nosotros lo despojos
y el recuerdo como un reto,
sin futuro,
obstinado en su amenaza.
Y nos torcía la mirada,
la boca, los gestos.
Nos doblaba las piernas.
Y era de nosotros mismos que salía
el castigo que nos acosaba.
Fue entonces que comprendimos
lo que se había derrumbado.
Y entonces huimos de la imagen
de nuestra derrota,
huimos clamando estas palabras huecas
con las fauces palpitantes
de la sin razón.
Bromas para un Señor antiguo
Por Carmen Contreras
Las bromas para señores antiguos
están hechas de madera,
y se las cuentan entre ellos
sentados en amplias sillas de inocencia.
Los señores antiguos cuentan bromas con liviandad,
gozando
de lo incongruente.
Las expresiones de sus rostros
son las mismas de ayer,
elegantes e infalibles
después de tanto practicar.
Las bromas para señores
antiguos son simples,
Después de tanto vivir
han aprendido a hacerlas
con cualquier ingrediente.
Lo curioso
es que no hay broma más en serio
que la que cuenta
un antiguo
señor.
Mini discurso
Por Jaime Serey
La fuerza de la mente es
la luz & la obra del pensamiento
Positivo & respetuoso.
Ser es estar en todos los lugares del mundo
Edificando, poblando, procreando,
Pedaleando atléticamente para guardar la forma.
La energía se encuentra en los 4 elementos de la tierra.
Ella es estable en un buen corazón,
En unas excelentes manos que trabajen bien.
Alabada sea Indira Gandhi,
Que vivió muchos años,
Batallando por la paz
& la libertad de la vida.
«Que ella nos sirva de paradigma
Para edificar una sociedad superior».
Las Calles
Por Luciano P. Díaz
Por las calles ordenadas y angulares
caminábamos en un estupor que nunca nos dejo.
La gente, fotografías transeúntes,
estatuas en cámara lenta,
no percibían nuestro estupor,
que aumentaba en cada pregunta, en cada ademán.
Las calles cuadradas e invernales de piedra
alargaban nuestras miradas
Ellas, tímidamente
nos invitaban a irrumpir en el invierno.
Las calles principales nos invitaron,
con su dulzura fría e indiferente
a llenar los espacios,
los vacíos dejados en momentos de tedio y sin vida.
Ellas nos conducían a los cafés, librerías y reuniones:
paradas de tren, en este laberinto
para alcanzar
la vida.
Las calles nos llevaron
lejos.
Consideraciones
Por Eric Franklin Martínez
Ahora tengo el cuerpo lleno de heridas
a consecuencia de las cuchilladas recibidas por la espalda,
aparte de los otras que me ha dado el destino.
Camino por calles inverosímiles sin creer que soy yo,
pregunto por direcciones y me responden amablemente,
como se responde a un extranjero, con una distante cortesía.
Delante del espejo me insulto a cada rato,
pero ya no puedo a un cierto desorden.
Detesto los espejos,
detesto la manera grandilocuente
en que me estaba tratando de impresionar a mi mismo.
Ese apego a las instituciones
donde uno se convertía en un caballero de respeto.
Las transmutaciones que lo hacían a uno crecer hasta poder casi devorar el mundo;
ese constante deseo de devorarlo todo,
ese temor de ser devorado:
nada de eso cuenta ya para mí.
Quiero enterrar mi pasado.
Ansío la protección del anonimato total.
Quiero formarme un rostro anodino.
Por leer & mas informaciones:
- http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Hispanocanadiense/index.html
Para comprar:
- http://www.bazuca.com/libro-7342319-La-Voz-Y-La-Memoria.-Antolog%C3%ADa-De-La-Poes%C3%ADa-Chilena-En-Canad%C3%A1-9789562846592
También quisiéramos extender nuestros agradecimientos, por sus acertados y valiosos comentarios, a Monique Creenwood y Tamara Schurch, dos estudiantes del programa de estudios graduados de la Universidad de Calgary
Esta publicación ha recibido el apoyo del Departamento de Frances, italiano y Español y de la oficina del Decano, Dr. R. Smith de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Calgary. Vaya para ellos nuestros agradecimientos.
Hemos querido publicar este libro en Chile, pues esa tierra continua siendo un referente importante de las voces y memorias evidentes es esta antología.
La otra tierra, esta, fue un día el asilo y es hoy el sitio de nuevas voces y memorias que esperamos también sean motivo para la reflexión y fuente del dialogo.
Vuelvo a Montreal
Por Blanca Espinoza
Vuelvo a Montreal sin palabras
Las he dejado en algún lugar de tu dichosa morada
Dando vueltas
Para que en algún instante
Único
Vengas y las ordenes y formes en el aire
Como el primer alfabeto
La frase ausente
Dejo la calle en que vives
Las flores que amas
Aroma
Puedo percibir la forma de mi sombra
A tu lado, solo eso soy
Ahora
Sombra
Dices Alfonso, dices pan, dices abuela
El rojo de la baldosa y el olor al Jazmín
Y la memoria renace entrecortada
Como la tira de celuloide que de pronto
Interrumpe la historia tan ansiada
Heme aquí
Desde mi claridad de palabras agotadas
Perfectamente inútiles
Acomodando el rincón de tus recuerdos
Y digo
Que ya puedo reiterar
La poesía
Porque mi lengua alcanza apenas deletrear
En este precipicio reausencias
De mudas tarde
Impacta el nudo en la garganta
La conexión cerebro-palabra
La muerte de algunas vocales
Justo el tiempo en imperfecto
Para balbucear un pasado suspendido
Debe ser
Seguramente
Una cuerda desgarrada
Te cuento entonces el origen de los colores
Y busco en la razón una simple explicación
Era una vez una voz en mi cama
Una lenta voz lejana
Y la mano que contaba y la mano que
Daba
El verde el rojo o el pálido azul
Donde guardare tanta palabra
Has abierto apenas aquella cajita
Y me vas dando pedacitos
Del sabor que va tan ligado al pasado
Mientras el sol asome su gran cabeza de fuego
Estaré allí
Para guiar tus pasos
En lo oscuro
Donde
Los parpados
Guardan sus callados sueños
Para tocar la nada
Mi pequeña ahora
Mi pequeña
He sumado las horas junto a ti
Las he contado en lunas de abriles
En musiquillas de feria
En notas de bandoneón
De la mano te llevo
Recorro tu espacio
Uno a uno los pétalos
Se han posado en tu andar
Y compongo aun la almendrada palabra
El sabor gota de miel
De tus días venideros
Rescato alguna imagen desahuciada
Duro combate
Para sacar de tus labios el asombro
El gesto de la mano
O la viveza de tu mirada
Al despertar
María Elena canción y pueblo
Eme de María que deletrea el sonido
Mama mamy ma maman
Ya no podrás olvidar el sonido
De la primera silaba
El sonido del origen voz
Aquel que te lleva a ti
Aquella
La inolvidable
Ya no sirve el recuerdo
Ni el origen del gesto
Solo has rescatado el impulso
Que trae la remembranza
He aprendido tus breves días
Ocurre que la realidad
Es lo que no alcanza a ser
Lo que permanece suspendido
Inconcluso
Un deletrear
Sin alfabeto
Que puedo darte
Sino mi rostro confundido
En la nieve de mi casa invernal
Para que tu mundo permanezca
Y tus espacios brillen otra vez
Pinceles entre los dedos
El calendario ha traído la nostalgia
De días vacíos
Miro como te vas infernando en la bruma
Brusca bruma
La noche así desanuda su vestido
Muestra el desenfado de lo oscuro.
La Ciudad
Por Jorge Nef
A veces,
En las calles
Creo ver algún rostro conocido,
O entrever en un vuelo de cortinas
Una simple maceta
De geranios.
Después,
La soledad se hace concreto
Y el recuerdo se esfuma.
La música se mezcla con el ruido
Y el rostro se transforma en muchedumbre
De impersonal
Y triste
Anonimato
( Guelph, 1998 )
Café
por Jorge Nef
Bebo una taza humeante
De café negro dulce,
Mientras cae la nieve
Ingrávida
En la calle.
Hay un dejo de tardes
Lejanas
En el aire.
Recuerdo un café
Dulce
Bajo cielos distintos:
Mar azul, cielo infinito,
Playa de arenas blancas
Cegante sol del trópico,
Con vibrar de marimbas
Y el romper de las olas.
La imagen se deshace
Mientras pago la cuenta
Y retorno
Otra vez
A mis viejas rutinas.
El Rebelde
Por Jorge Etcheverry Arcaya
Él era el más justo entre nosotros, el del iris claro y las pupillas obscuras y profundas, donde todos nuestros secretos podían ahogarse, todas nuestras fiebres enfriarse.
Él era el mejor entre nosotros, se atrevía a hablar en el mercado y el templo, insultó a las concubinas de los legisladores, arrebató sus bolsas a los recolectores de impuestos
Él era el hombre más atrevido entre nosotros
Luego de estos hechos se puso a precio su cabeza, lo echaron de la ciudad con armas y con perros
Él era el más duro entre nosotros, soportó el frío y el viento, la lluvia siempre temprana y el sol como de oro fundido
Él era casi piel y huesos, como nos contaron los granjeros que venían al mercado
Él era el hombre más solo de la tierra, nadie ni siquiera escuchaba sus palabras, pareciera que el rayo del destino le fundió lo sesos cuando estaba en la cuna, hasta los rasgos de su cara se empeñaban en volar de nuestra mente
Alguien dice que no existió nunca
Murió como un perro, el miserable, dos veces maldito, cuando vinieron preguntando por él se nos había olvidado, cuando quisimos saber lo que decía descubrimos que siempre hablo una lengua extraña
Hubo un hombre que habitó entre nosotros por un tiempo, pero ahora se ha ido.
Los árboles de la Sexta Avenida
Por Carmen Rodríguez
Hoy los árboles de la Sexta Avenida
enarbolan
ante el azul asombrado de un cielo otoñal
soberbios llameantes penachos
Ayer frente a la pared espejada del salón de belleza
tronco y raíces bajo una capa de hule negro
los árboles de la Sexta Avenida
se apoltronaron en la suavidad principesca del cuero
lo ofrecieron a Yoyi la filigrana de su melena verde
y procedieron a vociferar las novedades del barrio
Carcajearon proclamaron comunicaron
que las ardillas hicieron un hueco en el techo de Doña Mena
las palomas se cagaron en el auto nuevo de Don Roberto
los cuervos le gritaron obscenidades al cura de la esquina
y el cartero le mentó la madre al buldog de los MacDermid
Yoyi masajeó la aspereza antigua de los árboles de la Sexta Avenida
provocando deliciosas perturbaciones en su corazón de madera
Cepilló untó enruló
enjuagó secó peinó
Encantados con los resultados
ellos pagaron los cincuenta dólares del tinte
y volvieron presurosos a instalarse a lo largo de la calle
luciendo sus rayitos rubios rojizos anaranjados
Nadie se percató de su ausencia
Solo el invierno los miró desde lejos y sonrío
En un par de semanas
se encargará de dejarlos pelados
Libros
Por Claudio Durán
Por el recuerdo de mi abuelo Jaime Vidal Oltra
1
Habito en mis libros
y siento el olor de la verdad
de sus páginas cada vez que mis manos
abren los músculos entrenados
por los encuadernadores.
Aun en páginas que se esparcen
percibo el tiempo,
mi propio tiempo,
y la distancia que me separa
de la épocas que he vivido.
2
En los corredores de antaño
aparecían lluvias impredecibles mientras tronaban las nubes
y yo me protegía
entre los estantes llenos de sus libros.
De allí vinieron los días sin sol
y cuando pude seguir la grafía
preñada por el tiempo
devine en un habitante solitario
(1999)
La Ruina del Ser
Por Luis Torres
Admirados de nosotros mismos,
admirados de nuestras perdidas convicciones
observamos la magnitud del vacío.
Caminar penando por la idea,
del brazo de nadie,
traspasados por la inclemencia
de lo que nos tocó vivir.
Nada en los libros nos podía devolver
las certeza ni la forma de los sueños.
Sobre esas huérfanas
nosotros echamos la mirada
y nos veíamos las entrañas.
Consumidas, monstruosas formas
del extraño de sí mismo,
de aquel que ni el nombre le salva
y ni el espejo de su cuerpo es la oreja que lo acoge.
Así fue que nos miramos un día
y sólo nos quedaban ruinas,
palabras que porfiaban,
la tierra imaginada.
Ante nosotros lo despojos
y el recuerdo como un reto,
sin futuro,
obstinado en su amenaza.
Y nos torcía la mirada,
la boca, los gestos.
Nos doblaba las piernas.
Y era de nosotros mismos que salía
el castigo que nos acosaba.
Fue entonces que comprendimos
lo que se había derrumbado.
Y entonces huimos de la imagen
de nuestra derrota,
huimos clamando estas palabras huecas
con las fauces palpitantes
de la sin razón.
Bromas para un Señor antiguo
Por Carmen Contreras
Las bromas para señores antiguos
están hechas de madera,
y se las cuentan entre ellos
sentados en amplias sillas de inocencia.
Los señores antiguos cuentan bromas con liviandad,
gozando
de lo incongruente.
Las expresiones de sus rostros
son las mismas de ayer,
elegantes e infalibles
después de tanto practicar.
Las bromas para señores
antiguos son simples,
Después de tanto vivir
han aprendido a hacerlas
con cualquier ingrediente.
Lo curioso
es que no hay broma más en serio
que la que cuenta
un antiguo
señor.
Mini discurso
Por Jaime Serey
La fuerza de la mente es
la luz & la obra del pensamiento
Positivo & respetuoso.
Ser es estar en todos los lugares del mundo
Edificando, poblando, procreando,
Pedaleando atléticamente para guardar la forma.
La energía se encuentra en los 4 elementos de la tierra.
Ella es estable en un buen corazón,
En unas excelentes manos que trabajen bien.
Alabada sea Indira Gandhi,
Que vivió muchos años,
Batallando por la paz
& la libertad de la vida.
«Que ella nos sirva de paradigma
Para edificar una sociedad superior».
Las Calles
Por Luciano P. Díaz
Por las calles ordenadas y angulares
caminábamos en un estupor que nunca nos dejo.
La gente, fotografías transeúntes,
estatuas en cámara lenta,
no percibían nuestro estupor,
que aumentaba en cada pregunta, en cada ademán.
Las calles cuadradas e invernales de piedra
alargaban nuestras miradas
Ellas, tímidamente
nos invitaban a irrumpir en el invierno.
Las calles principales nos invitaron,
con su dulzura fría e indiferente
a llenar los espacios,
los vacíos dejados en momentos de tedio y sin vida.
Ellas nos conducían a los cafés, librerías y reuniones:
paradas de tren, en este laberinto
para alcanzar
la vida.
Las calles nos llevaron
lejos.
Consideraciones
Por Eric Franklin Martínez
Ahora tengo el cuerpo lleno de heridas
a consecuencia de las cuchilladas recibidas por la espalda,
aparte de los otras que me ha dado el destino.
Camino por calles inverosímiles sin creer que soy yo,
pregunto por direcciones y me responden amablemente,
como se responde a un extranjero, con una distante cortesía.
Delante del espejo me insulto a cada rato,
pero ya no puedo a un cierto desorden.
Detesto los espejos,
detesto la manera grandilocuente
en que me estaba tratando de impresionar a mi mismo.
Ese apego a las instituciones
donde uno se convertía en un caballero de respeto.
Las transmutaciones que lo hacían a uno crecer hasta poder casi devorar el mundo;
ese constante deseo de devorarlo todo,
ese temor de ser devorado:
nada de eso cuenta ya para mí.
Quiero enterrar mi pasado.
Ansío la protección del anonimato total.
Quiero formarme un rostro anodino.
Por leer & mas informaciones:
- http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Hispanocanadiense/index.html
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