
Con-fabulación nº107
Périodico virtual
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E-mail: confabulacion1@gmail.com
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La dictadura de la democracia
Los domingos siempre son mediocres, cenicientos y cargados de admoniciones letales, como una mina de pólvora que está escondida en el vientre de un paisaje de apariencia idílica. Pocos son los lunáticos que se atreven a defender este día salvaje, inoculado de tedio, de spleen, cuyos argumentos barrenan con frecuencia el organigrama imperial del optimismo.
Pero el domingo 27 de septiembre de 2009 quedará registrado en nuestra memoria como uno de los más aterradores, porque además de que estaba recorrido por la sempiterna savia trágica, se constituyó en una nueva prueba de que atravesamos un periodo aciago, mezcla de positivismo equívoco, nadería mental, oportunismo histórico, e inconsciencia colectiva: en síntesis, una reedición de la patria boba. En esa fecha ineluctable asistimos a lo que no sería necio llamar la dictadura de la democracia, esa forma post-moderna de la tiranía que, a cambio de mazmorras o leyes marciales, santas inquisiciones o furibundas purgas, manipula a sus vasallos con la antigua y maquiavélica sabiduría de la alienación. En las tiranías “sinceras” al detractor se le enfrenta con los recursos de la cárcel, el oprobio y la carnicería, mientras que en las tiranías “Indirectas” –sin renunciar a estos convincentes recursos- se lo anula haciéndolo mercancía de comercio de almas, un remate de tontos útiles.
En un país recorrido por el escándalo, y donde el delito cometido por las esferas sociales más poderosas con la aquiescencia y la mirada alcahueta de sus gobernantes, es comidilla de la opinión internacional, una nación con un alto índice de violación a los derechos humanos, y donde la pobreza clásica está desapareciendo en manos de la miseria absoluta, el consenso, ese fantasma que está en todas partes y en ninguna, se pronunció tácitamente a favor del poder imperante, con un gesto metafórico fácil de leer y muy difícil de interpretar.
Primero, los inconscientes colectivos hicieron una venia al vigoroso presidente Uribe, para demostrarle que irán con él –como hicieran alguna vez los italianos, los alemanes y los chilenos con sus sendos tiranos- hasta las últimas consecuencias de su gestión irrevocable. Segundo, lograron algo que asombra: que la izquierda también diera un viraje a la derecha.
La escasa votación habla por sí sola y solidifica unas intenciones napoleónicas que tampoco parecen alarmar a nadie. Tercero, cierra las puertas de la confrontación ideológica, y de esa manera clausura con doble llave las posibilidades de la verdadera democracia. Sospechamos que el proyecto triunfador de la izquierda funda un esperpento: los dos lados de la mesa están casi de acuerdo. ¿Qué importancia tiene entonces la polémica, el vigoroso intercambio de ideas, la inteligencia, el diálogo? La ironía parece responder: Cerremos filas en el Polo para reelegir a Uribe.
***
Arte, cocaína y performance
Por Eduardo García Aguilar*
El escándalo provocado por el performance de la prestigiosa artista cubana Tania Bruguera en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, durante el cual circularon tres bandejas con 20 líneas de cocaína cada una, como metáfora de un problema real e ineludible, muestra los niveles de intolerancia y ridiculez a los que está llegando Colombia en la primera década del siglo XXI, después de casi ocho años de estar centrada en la palabra supuestamente divina de un caudillo mediocre, autoritario y abusivo.
Un país que tuvo en los años 60 del siglo pasado una generación de artistas de avanzada en los campos de la poesía, las artes plasticas, la crítica y el teatro como Alejandro Obregón, Gonzalo Arango, X-504, Enrique Buenaventura, Santiago García y Marta Traba, entre otras muchas figuras, ha retrocedido en unas décadas a niveles impensables de ñoñez parroquial.
Cuando sabemos que a Palacio de Nariño han entrado en secreto personas ligadas al narcotráfico y que el Congreso nacional, compuesto en gran parte por personas relacionadas con la delincuencia, recibió con honores a narcoparamilitares de alto nivel, no entiendo como saltan algunos a pedir la expulsión de la artista cubana y exigir que se le haga un exorcismo, cuando ha estado presente en los principales lugares de la expresión artística contemporánea, donde, como en los performance presentados en la Bienal de Venecia, se logra por medio de duras escenas poner el dedo en la llaga de la realidad.
El fotógrafo norteamericano Serrano provocó escándalo al mostrar imágenes de Jesús sumergidas en enormes vasos de vidrio llenos de orina, Anselm Kiefer presentó en el Gran Palais de París una exhibición de lo que sería una nueva guerra destructiva, un artista representó al papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito, y así sucesivamente el nuevo arte de hoy revela, como lo hicieron en su tiempo dadaístas y surrealistas, y con toda libertad además, las heridas y las verdades de nuestro tiempo. Marcel Duchamp causó y causa polémica todavía con su famoso orinal, considerado un punto básico de ruptura del arte del siglo XX. La artista francesa Louise Bougeois nos estremece con obras escalofriantes que nos obligan a veces a retirar la mirada, como ocurre con Christian Boltanski, uno de mis más admirados artistas de hoy, cuyos performance pueden hacernos vomitar de angustia o de dolor. Otro artista ha osado con fortuna vender mierda humana enlatada como obras de arte. Warhol se hizo rico con sus famosas latas de sopas Campbell.
En este caso la artista cubana no iba a presentar una obra "políticamente correcta" para dejar contentos a todos y partir del país como otro artista más domesticado después del coctel, de los tantos que hay en este país y en el mundo entre novelistas, poetas y artistas plásticos que prefieren callar y ser melifluos para quedar bien con todo el mundo: la izquierda y la derecha, los militaristas y los pacifistas, los gazmoños y los libertinos, los camanduleros y los ateos, los pobres y los ricos.
El arte verdadero es el subversivo y no vale la pena dedicarse a ese oficio para ser complacientes. Kafka desenmascaró los horrores de la burocracia y la novela norteamericana contemporánea va directo al centro de los problemas reales dejando fluir el lenguaje de las calles. Finalmente el arte y la literatura colombianos se han convertido por lo general en un ejercicio de arribistas que quieren ascender y tener la bendición de los poderosos escribiendo o haciendo obras insípidas para consumo y aplauso general. Tania Bruguera le ha dicho a los artistas colombianos que despierten como Lázaro, pues en las últimas décadas se han vuelto momias putrefactas de hipocresía, miedo y arribismo.
Por el contrario los colombianos deberíamos felicitar a la artista cubana por su valentía y porque en un gesto maravilloso, mostró lo que es cosa común en los salones de los ricos del mundo, en los balnearios más exclusivos y en las altas esferas de los potentados, empresarios, ejecutivos, corredores de bolsa, modelos y actores de glamour, en las fiestas de las juventudes doradas de todos los países del primer mundo, empezando por Estados Unidos, que son los consumidores de la droga por la cual tienen estigmatizada a Colombia por la única razón de que enormes intereses se niegan a legalizarla.
No nos metamos mentiras: Colombia es el principal productor del mundo de cocaína porque hay millones de consumidores en los países ricos, que están dispuestos a comprarla al precio que sea para amenizar sus fiestas o mantener la energía en las interminables y deliciosas rumbas de la sociedad de consumo. Si no existiera tal demanda libre en los países industrializados no habría producción en Colombia y volveríamos a nuestras actividades tradicionales. Con su "arte de conducta" la cubana Bruguera prueba que la legalización dejaría en manos de cada quien la responsabilidad de consumir o no, como ocurre con el alcohol, que es un elíxir tan peligroso como la cocaína, el cigarrillo, los autos de lujo y otras drogas legalizadas por las multinacionales.
Si se legalizara el consumo, como ocurrió en los tiempos de la prohibición del alcohol, se acabarían las mafias, los capos, el lavado de dinero, la corrupción de los gobiernos, las policías y los ejércitos, y las sumas multimillonarias destinadas a una guerra inútil podrían aplicarse a prevenir y ayudar a los adictos y el resto a elevar el nivel de vida de los miserables o a mejorar los niveles de educación o la salud. Ya basta del Plan Colombia y los miles y miles de millones de dólares destinados a hacer la guerra al interior del país, cuando el verdadero problema son los consumidores en Estados Unidos y Europa que hacen posible la producción mafiosa.
¿Cuántas generaciones hemos perdido los colombianos en esta lucha absurda? Miles de presidiarios en todo el mundo por el simple hecho de ser pobres "mulas" utilizadas, jóvenes en la flor de su edad que ven sus vidas arruinadas en las cárceles por el error de hacer un viaje equivocado con droga y decenas de miles de muertos en una guerra sin fin entre bandas y autoridades, que conduce sólo al derroche de sangre y dinero. Y mientras tanto los verdaderos capos y lavadores de dinero, los millonarios y los magnates, siguen libres gozando de su renta millonaria en los balnearios del poder y la gloria o entran como pedro por su casa al Palacio Presidencial.
A Tania Bruguera deberíamos darle la nacionalidad honorífica como se la dieron a la polémica crítica argentina Marta Traba y a su coterránea la actriz Fanny Mickey, a quien alguna vez también se le consideró sulfurosa en Colombia por su irreverencia. Con su "arte de conducta" Tania Bruguera ha desatado la polémica sobre un tema esencial: ¿por qué no legalizar la cocaína en vez de sostener solos una guerra inútil en la que Colombia da los muertos y la sangre y los países del primer mundo sólo ofrecen sus narices? Dejemos de ser más papistas que el papa y ojalá quede atrás para siempre esta guerra absurda en la que nos tienen sumidos los energúmenos del Palacio de Nariño y sus áulicos hipócritas.
*Escritor y periodista colombiano residenciado en París
***
Anais Nin, Con-Fabuladora clásica
CARTA AL PORNÓGRAFO
Exploradora pertinaz de la mujer enterrada debajo de las convenciones y la parodia social, aguerrida erotómana hambrienta de ternura y de novísimas realidades, ángel perverso pletórico de angustia y deseos, y sobre todo, una vanguardista con memoria, Anais Nin representa un fulgor, una hoguera indócil en el sumario de belleza que nos legó el siglo pasado.
Nació en Neuilli, Francia, en 1903 y dejó de respirar en Los ángeles, California, en 1977. Sangres diversas confluían en sus venas: era hija de una serpenteante bailarina cubana de origen danés, y de un obcecado pianista habanero de descendencia catalana. Aunque sin adscribirse completamente a ninguna disciplina intelectual o credo literario, Anais se aproximó al surrealismo, al psicoanálisis, la magia, el periodismo, la novela y hasta a la impertinente blasfemia. Sus amores con Henry Miller hacen parte de las grandes leyendas románticas de todos los tiempos. También fue amiga de creadores y vigías libertarios, como David Herbert Lawrence, Antonin Artaud, Otto Rank, Goré Vidal, William Burroughs, Edmond Wilson y del inolvidable Lawrence Durrell.
Pese a que en su copiosa producción existen grandes novelas –Invierno de Artificio, La casa del incesto o Delta de Venus- lo que la catapultó como rutilante deidad fueron sus diarios, escritos ininterrumpidamente desde los siete años hasta el instante de su muerte, y que son un calidoscopio de emociones, donde lo femenino se revela en toda su inquietante hondura y el erotismo, su tema y obsesión central, es explorado con una profundidad teológica.
La siguiente carta, escrita de manera visceral y con absoluto desprecio, se la envió al despuntar la década del cincuenta a un misterioso coleccionista de pornografía que la contrató, junto a Miller, sin dejarse conocer, para que ambos le labraran cuentos y ficciones de tema sexual, y en lo posible escabrosos. El anónimo sátiro les pagaba un dólar por cada cuartilla, únicamente para deleitarse con lo evidente y vulgar, despreciando las acotaciones humanas, poéticas, religiosas, literarias o amorosas. Ella, hastiada, y renunciando a la paga, se vengó con esta pequeña joya.
“Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es una obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Usted nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad.
No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra, lo degrada.
Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sexualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo extinguirse su llamita asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, sin inventiva, no hay sorpresas en la cama: El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, velos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historia, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino.
¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no nos permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco de los olores, pero si nos explayamos en esto, usted chilla: ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son la misma. Nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y la inocencia, perversión y arte…!
Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted.
Si ha negado a sus sentidos seda, luz, color, olor, carácter, temperamento, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndolo. Sólo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos pueden crear éxtasis.”
***
Sueño imperfecto
Por Gabriel Arturo Castro
Es posible verificar la cualidad de los relatos de Carlos Arturo Gamboa: la correspondencia mágica de una palabra que concibe mundos, provoca visiones y despliega una subjetividad vital por el sufrimiento de la lirica. Su prosa se deja contaminar felizmente con la imagen poética al servicio de la narración. Sus textos son liricos en posibilidades interpretativas y además su escritura contiene imaginación e introspección interior, la fascinación necesaria para que nunca falte la ilusión, el relato confundido, entre la realidad y la ficción.
La invención de Gamboa permite desrealizar los objetos, disociándolos, conjuntándolos, componiendo con ellos un objeto verbal autónomo. Porque la misión del creador – y así lo confirma el autor de los presentes relatos- es inventar lo que no existe, darle vida, intentar dominar el tiempo, su dimensión dramática, donde siempre irrumpe un prodigio, un milagro, un agente misterioso.
En este libro la ficción y la fantasía van de la mano, revelando así que la incertidumbre y la irracionalidad son elementos intrínsecos de la vida y la literatura. La fantasía desafía y pone en entredicho toda realidad.
Los relatos de Carlos Arturo Gamboa están en este punto de vacilación entre lo verosímil y lo extraordinario, pues rompen el orden reconocido e irrumpen de la mano de lo inadmisible y la perplejidad.
Lo fantástico explora el espacio del interior y experimenta un universo de potencias insólitas tratando de buscar un secreto personal y colectivo, Los hechos allí se presentan como inexplicables: en entremundo ocupa el espacio de la lejanía, de lo arquetípico, del mito. El escritor rehace el tiempo (la duración toma forma de eternidad), privilegia la asociación libre, la ensoñación y la imaginación. Se trata de una intuición donde el espacio se fragmenta, se dispersa en el tiempo y este se piensa humanamente. El narrador es una máscara verbal que revela la dimensión lúdica de un mundo, junto al reino de la inverosimilitud, la irrealidad, la imagen y la sugestión.
De acuerdo con lo anterior, es posible afirmar que los relatos de Carlos Arturo Gamboa proponen y verifican la entrevisión de otra realidad, explorándola, ofreciendo interrogantes continuos y proponiendo en contacto al lector con el ámbito de lo oculto. Mundo particular del autor, universo propio al cual se nos vincula, siendo testigos de cómo una inteligencia creadora le apuesta al asombro, la emoción, el absurdo, el juego y la poesía.
Su lectura será una invitación al tiempo de lo extraordinario. Cada instante se llena de una profundidad propia del espacio de un descubrimiento.
(Carlos Arturo Gamboa. Sueño imperfecto, Universidad del Tolima, Ibagué, 2009)
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Confabulaci%C3%B3n+
La dictadura de la democracia
Los domingos siempre son mediocres, cenicientos y cargados de admoniciones letales, como una mina de pólvora que está escondida en el vientre de un paisaje de apariencia idílica. Pocos son los lunáticos que se atreven a defender este día salvaje, inoculado de tedio, de spleen, cuyos argumentos barrenan con frecuencia el organigrama imperial del optimismo.
Pero el domingo 27 de septiembre de 2009 quedará registrado en nuestra memoria como uno de los más aterradores, porque además de que estaba recorrido por la sempiterna savia trágica, se constituyó en una nueva prueba de que atravesamos un periodo aciago, mezcla de positivismo equívoco, nadería mental, oportunismo histórico, e inconsciencia colectiva: en síntesis, una reedición de la patria boba. En esa fecha ineluctable asistimos a lo que no sería necio llamar la dictadura de la democracia, esa forma post-moderna de la tiranía que, a cambio de mazmorras o leyes marciales, santas inquisiciones o furibundas purgas, manipula a sus vasallos con la antigua y maquiavélica sabiduría de la alienación. En las tiranías “sinceras” al detractor se le enfrenta con los recursos de la cárcel, el oprobio y la carnicería, mientras que en las tiranías “Indirectas” –sin renunciar a estos convincentes recursos- se lo anula haciéndolo mercancía de comercio de almas, un remate de tontos útiles.
En un país recorrido por el escándalo, y donde el delito cometido por las esferas sociales más poderosas con la aquiescencia y la mirada alcahueta de sus gobernantes, es comidilla de la opinión internacional, una nación con un alto índice de violación a los derechos humanos, y donde la pobreza clásica está desapareciendo en manos de la miseria absoluta, el consenso, ese fantasma que está en todas partes y en ninguna, se pronunció tácitamente a favor del poder imperante, con un gesto metafórico fácil de leer y muy difícil de interpretar.
Primero, los inconscientes colectivos hicieron una venia al vigoroso presidente Uribe, para demostrarle que irán con él –como hicieran alguna vez los italianos, los alemanes y los chilenos con sus sendos tiranos- hasta las últimas consecuencias de su gestión irrevocable. Segundo, lograron algo que asombra: que la izquierda también diera un viraje a la derecha.
La escasa votación habla por sí sola y solidifica unas intenciones napoleónicas que tampoco parecen alarmar a nadie. Tercero, cierra las puertas de la confrontación ideológica, y de esa manera clausura con doble llave las posibilidades de la verdadera democracia. Sospechamos que el proyecto triunfador de la izquierda funda un esperpento: los dos lados de la mesa están casi de acuerdo. ¿Qué importancia tiene entonces la polémica, el vigoroso intercambio de ideas, la inteligencia, el diálogo? La ironía parece responder: Cerremos filas en el Polo para reelegir a Uribe.
***
Arte, cocaína y performance
Por Eduardo García Aguilar*
El escándalo provocado por el performance de la prestigiosa artista cubana Tania Bruguera en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, durante el cual circularon tres bandejas con 20 líneas de cocaína cada una, como metáfora de un problema real e ineludible, muestra los niveles de intolerancia y ridiculez a los que está llegando Colombia en la primera década del siglo XXI, después de casi ocho años de estar centrada en la palabra supuestamente divina de un caudillo mediocre, autoritario y abusivo.
Un país que tuvo en los años 60 del siglo pasado una generación de artistas de avanzada en los campos de la poesía, las artes plasticas, la crítica y el teatro como Alejandro Obregón, Gonzalo Arango, X-504, Enrique Buenaventura, Santiago García y Marta Traba, entre otras muchas figuras, ha retrocedido en unas décadas a niveles impensables de ñoñez parroquial.
Cuando sabemos que a Palacio de Nariño han entrado en secreto personas ligadas al narcotráfico y que el Congreso nacional, compuesto en gran parte por personas relacionadas con la delincuencia, recibió con honores a narcoparamilitares de alto nivel, no entiendo como saltan algunos a pedir la expulsión de la artista cubana y exigir que se le haga un exorcismo, cuando ha estado presente en los principales lugares de la expresión artística contemporánea, donde, como en los performance presentados en la Bienal de Venecia, se logra por medio de duras escenas poner el dedo en la llaga de la realidad.
El fotógrafo norteamericano Serrano provocó escándalo al mostrar imágenes de Jesús sumergidas en enormes vasos de vidrio llenos de orina, Anselm Kiefer presentó en el Gran Palais de París una exhibición de lo que sería una nueva guerra destructiva, un artista representó al papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito, y así sucesivamente el nuevo arte de hoy revela, como lo hicieron en su tiempo dadaístas y surrealistas, y con toda libertad además, las heridas y las verdades de nuestro tiempo. Marcel Duchamp causó y causa polémica todavía con su famoso orinal, considerado un punto básico de ruptura del arte del siglo XX. La artista francesa Louise Bougeois nos estremece con obras escalofriantes que nos obligan a veces a retirar la mirada, como ocurre con Christian Boltanski, uno de mis más admirados artistas de hoy, cuyos performance pueden hacernos vomitar de angustia o de dolor. Otro artista ha osado con fortuna vender mierda humana enlatada como obras de arte. Warhol se hizo rico con sus famosas latas de sopas Campbell.
En este caso la artista cubana no iba a presentar una obra "políticamente correcta" para dejar contentos a todos y partir del país como otro artista más domesticado después del coctel, de los tantos que hay en este país y en el mundo entre novelistas, poetas y artistas plásticos que prefieren callar y ser melifluos para quedar bien con todo el mundo: la izquierda y la derecha, los militaristas y los pacifistas, los gazmoños y los libertinos, los camanduleros y los ateos, los pobres y los ricos.
El arte verdadero es el subversivo y no vale la pena dedicarse a ese oficio para ser complacientes. Kafka desenmascaró los horrores de la burocracia y la novela norteamericana contemporánea va directo al centro de los problemas reales dejando fluir el lenguaje de las calles. Finalmente el arte y la literatura colombianos se han convertido por lo general en un ejercicio de arribistas que quieren ascender y tener la bendición de los poderosos escribiendo o haciendo obras insípidas para consumo y aplauso general. Tania Bruguera le ha dicho a los artistas colombianos que despierten como Lázaro, pues en las últimas décadas se han vuelto momias putrefactas de hipocresía, miedo y arribismo.
Por el contrario los colombianos deberíamos felicitar a la artista cubana por su valentía y porque en un gesto maravilloso, mostró lo que es cosa común en los salones de los ricos del mundo, en los balnearios más exclusivos y en las altas esferas de los potentados, empresarios, ejecutivos, corredores de bolsa, modelos y actores de glamour, en las fiestas de las juventudes doradas de todos los países del primer mundo, empezando por Estados Unidos, que son los consumidores de la droga por la cual tienen estigmatizada a Colombia por la única razón de que enormes intereses se niegan a legalizarla.
No nos metamos mentiras: Colombia es el principal productor del mundo de cocaína porque hay millones de consumidores en los países ricos, que están dispuestos a comprarla al precio que sea para amenizar sus fiestas o mantener la energía en las interminables y deliciosas rumbas de la sociedad de consumo. Si no existiera tal demanda libre en los países industrializados no habría producción en Colombia y volveríamos a nuestras actividades tradicionales. Con su "arte de conducta" la cubana Bruguera prueba que la legalización dejaría en manos de cada quien la responsabilidad de consumir o no, como ocurre con el alcohol, que es un elíxir tan peligroso como la cocaína, el cigarrillo, los autos de lujo y otras drogas legalizadas por las multinacionales.
Si se legalizara el consumo, como ocurrió en los tiempos de la prohibición del alcohol, se acabarían las mafias, los capos, el lavado de dinero, la corrupción de los gobiernos, las policías y los ejércitos, y las sumas multimillonarias destinadas a una guerra inútil podrían aplicarse a prevenir y ayudar a los adictos y el resto a elevar el nivel de vida de los miserables o a mejorar los niveles de educación o la salud. Ya basta del Plan Colombia y los miles y miles de millones de dólares destinados a hacer la guerra al interior del país, cuando el verdadero problema son los consumidores en Estados Unidos y Europa que hacen posible la producción mafiosa.
¿Cuántas generaciones hemos perdido los colombianos en esta lucha absurda? Miles de presidiarios en todo el mundo por el simple hecho de ser pobres "mulas" utilizadas, jóvenes en la flor de su edad que ven sus vidas arruinadas en las cárceles por el error de hacer un viaje equivocado con droga y decenas de miles de muertos en una guerra sin fin entre bandas y autoridades, que conduce sólo al derroche de sangre y dinero. Y mientras tanto los verdaderos capos y lavadores de dinero, los millonarios y los magnates, siguen libres gozando de su renta millonaria en los balnearios del poder y la gloria o entran como pedro por su casa al Palacio Presidencial.
A Tania Bruguera deberíamos darle la nacionalidad honorífica como se la dieron a la polémica crítica argentina Marta Traba y a su coterránea la actriz Fanny Mickey, a quien alguna vez también se le consideró sulfurosa en Colombia por su irreverencia. Con su "arte de conducta" Tania Bruguera ha desatado la polémica sobre un tema esencial: ¿por qué no legalizar la cocaína en vez de sostener solos una guerra inútil en la que Colombia da los muertos y la sangre y los países del primer mundo sólo ofrecen sus narices? Dejemos de ser más papistas que el papa y ojalá quede atrás para siempre esta guerra absurda en la que nos tienen sumidos los energúmenos del Palacio de Nariño y sus áulicos hipócritas.
*Escritor y periodista colombiano residenciado en París
***
Anais Nin, Con-Fabuladora clásica
CARTA AL PORNÓGRAFO
Exploradora pertinaz de la mujer enterrada debajo de las convenciones y la parodia social, aguerrida erotómana hambrienta de ternura y de novísimas realidades, ángel perverso pletórico de angustia y deseos, y sobre todo, una vanguardista con memoria, Anais Nin representa un fulgor, una hoguera indócil en el sumario de belleza que nos legó el siglo pasado.
Nació en Neuilli, Francia, en 1903 y dejó de respirar en Los ángeles, California, en 1977. Sangres diversas confluían en sus venas: era hija de una serpenteante bailarina cubana de origen danés, y de un obcecado pianista habanero de descendencia catalana. Aunque sin adscribirse completamente a ninguna disciplina intelectual o credo literario, Anais se aproximó al surrealismo, al psicoanálisis, la magia, el periodismo, la novela y hasta a la impertinente blasfemia. Sus amores con Henry Miller hacen parte de las grandes leyendas románticas de todos los tiempos. También fue amiga de creadores y vigías libertarios, como David Herbert Lawrence, Antonin Artaud, Otto Rank, Goré Vidal, William Burroughs, Edmond Wilson y del inolvidable Lawrence Durrell.
Pese a que en su copiosa producción existen grandes novelas –Invierno de Artificio, La casa del incesto o Delta de Venus- lo que la catapultó como rutilante deidad fueron sus diarios, escritos ininterrumpidamente desde los siete años hasta el instante de su muerte, y que son un calidoscopio de emociones, donde lo femenino se revela en toda su inquietante hondura y el erotismo, su tema y obsesión central, es explorado con una profundidad teológica.
La siguiente carta, escrita de manera visceral y con absoluto desprecio, se la envió al despuntar la década del cincuenta a un misterioso coleccionista de pornografía que la contrató, junto a Miller, sin dejarse conocer, para que ambos le labraran cuentos y ficciones de tema sexual, y en lo posible escabrosos. El anónimo sátiro les pagaba un dólar por cada cuartilla, únicamente para deleitarse con lo evidente y vulgar, despreciando las acotaciones humanas, poéticas, religiosas, literarias o amorosas. Ella, hastiada, y renunciando a la paga, se vengó con esta pequeña joya.
“Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es una obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Usted nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad.
No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra, lo degrada.
Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sexualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo extinguirse su llamita asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, sin inventiva, no hay sorpresas en la cama: El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, velos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historia, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino.
¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no nos permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco de los olores, pero si nos explayamos en esto, usted chilla: ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son la misma. Nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y la inocencia, perversión y arte…!
Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted.
Si ha negado a sus sentidos seda, luz, color, olor, carácter, temperamento, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndolo. Sólo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos pueden crear éxtasis.”
***
Sueño imperfecto
Por Gabriel Arturo Castro
Es posible verificar la cualidad de los relatos de Carlos Arturo Gamboa: la correspondencia mágica de una palabra que concibe mundos, provoca visiones y despliega una subjetividad vital por el sufrimiento de la lirica. Su prosa se deja contaminar felizmente con la imagen poética al servicio de la narración. Sus textos son liricos en posibilidades interpretativas y además su escritura contiene imaginación e introspección interior, la fascinación necesaria para que nunca falte la ilusión, el relato confundido, entre la realidad y la ficción.
La invención de Gamboa permite desrealizar los objetos, disociándolos, conjuntándolos, componiendo con ellos un objeto verbal autónomo. Porque la misión del creador – y así lo confirma el autor de los presentes relatos- es inventar lo que no existe, darle vida, intentar dominar el tiempo, su dimensión dramática, donde siempre irrumpe un prodigio, un milagro, un agente misterioso.
En este libro la ficción y la fantasía van de la mano, revelando así que la incertidumbre y la irracionalidad son elementos intrínsecos de la vida y la literatura. La fantasía desafía y pone en entredicho toda realidad.
Los relatos de Carlos Arturo Gamboa están en este punto de vacilación entre lo verosímil y lo extraordinario, pues rompen el orden reconocido e irrumpen de la mano de lo inadmisible y la perplejidad.
Lo fantástico explora el espacio del interior y experimenta un universo de potencias insólitas tratando de buscar un secreto personal y colectivo, Los hechos allí se presentan como inexplicables: en entremundo ocupa el espacio de la lejanía, de lo arquetípico, del mito. El escritor rehace el tiempo (la duración toma forma de eternidad), privilegia la asociación libre, la ensoñación y la imaginación. Se trata de una intuición donde el espacio se fragmenta, se dispersa en el tiempo y este se piensa humanamente. El narrador es una máscara verbal que revela la dimensión lúdica de un mundo, junto al reino de la inverosimilitud, la irrealidad, la imagen y la sugestión.
De acuerdo con lo anterior, es posible afirmar que los relatos de Carlos Arturo Gamboa proponen y verifican la entrevisión de otra realidad, explorándola, ofreciendo interrogantes continuos y proponiendo en contacto al lector con el ámbito de lo oculto. Mundo particular del autor, universo propio al cual se nos vincula, siendo testigos de cómo una inteligencia creadora le apuesta al asombro, la emoción, el absurdo, el juego y la poesía.
Su lectura será una invitación al tiempo de lo extraordinario. Cada instante se llena de una profundidad propia del espacio de un descubrimiento.
(Carlos Arturo Gamboa. Sueño imperfecto, Universidad del Tolima, Ibagué, 2009)
