
CRÍTICA:
A la altura del realismo
Por Jordi GRACIA
La creación literaria como objeto de análisis y aprendizaje vuelve al primer plano. El crítico James Wood es raso y preciso en sus observaciones sobre los mecanismos de la ficción contemporánea donde el realismo sigue vigente. Asimismo, se recuperan el panfleto de Gracq sobre la vida literaria en Francia y las teorías de Bloom en torno a la poesía
El libro apareció en inglés el año pasado y contiene una defensa límpida y directa, frente a enterradores precipitados, del realismo como matriz eficiente de la mejor ficción contemporánea, y todavía la más capaz de capturar la verdad de nuestra condición a través de los personajes y su vida novelesca. La significación adicional es que James Wood, nacido en Durham en 1965, es desde hace un par de años crítico literario en The New Yorker, ha sido antes crítico relevante en The Guardian y fue profesor de Literatura en Boston (en colaboración con Saul Bellow) y hoy lo es de Crítica Literaria en Harvard. Este mismo verano la web de Letras Libres ha reproducido una sensatísima entrevista con él a propósito de los prejuicios y las cobardías en que a menudo nos movemos sin advertirlo. Tanto en la entrevista como en el libro, Wood es raso y preciso, sin martingalas típicamente franco-hispanas, muy británico incluso en el humor, que también gasta sin ruido. Sus argumentos se entienden a la primera, y se acepta casi sin rechistar incluso la rudeza un poco perpleja con que defiende lo que entiende como evidencias palmarias pero hoy bobamente despreciadas por antiguas o viejas.
Los mecanismos de la ficción.
Cómo se construye una novela
James Wood
Traducción de Ana Herrera
Gredos. Madrid, 2009
200 páginas. 23 euros
***
CRÍTICA:
La vida literaria según Gracq
Por José María GUELBENZU
En 1950, Julien Gracq escribió un célebre panfleto sobre la vida literaria en Francia. Vida literaria en su sentido más amplio, escritores, editores, críticos y lectores. El panfleto se titulaba La littérature à l'estomac. Provocó tantos denuestos e irritación como adhesiones interesadas. Pero Gracq, que era un hombre dedicado a su escritura y a su trabajo como profesor (bajo su verdadero nombre: Louis Poirier), siguió llevando la misma vida privada, fuera de los focos de la fama, incluso cuando rechazó el Goncourt por su maravillosa novela El mar de las Sirtes (Galaxia Gutenberg, 1998). "El público de a pie, entrenado para ello sin darse cuenta, exige en nuestros días, como si de una prueba se tratara, esa transmutación extraña de lo cualitativo en lo cuantitativo que obliga al escritor de hoy a ser la representación, como suele decirse, de una superficie, a veces incluso antes de tener talento". ¿Quién no reconoce todavía esa figura creada por la industria, la crítica (¿) y el público? Pues hoy el escritor ha acabado yendo más lejos: es una marca, como lo es Armani o Calvin Klein. Gracq, refiriéndose a Francia (y con agudas observaciones sobre las características de la cultura francesa de posguerra, también hoy válidas), nos muestra los polvos que trajeron estos lodos. "Es tristemente cierto: gran parte, una parte grandísima, del público culto de hoy en día se mantiene 'al tanto' de los últimos avances de la literatura actual más o menos de la misma forma que se mantiene 'al tanto' de los avances de la ciencia atómica: ambas son cosas que están más allá de la aprehensión directa". ¿Será ésta la explicación de la penosa decadencia mimética de la narrativa francesa actual?
Articulo: http://www.elpais.com 26/09/2009
Ilustración de Fernando Vicente.
A la altura del realismo
Por Jordi GRACIA
La creación literaria como objeto de análisis y aprendizaje vuelve al primer plano. El crítico James Wood es raso y preciso en sus observaciones sobre los mecanismos de la ficción contemporánea donde el realismo sigue vigente. Asimismo, se recuperan el panfleto de Gracq sobre la vida literaria en Francia y las teorías de Bloom en torno a la poesía
El libro apareció en inglés el año pasado y contiene una defensa límpida y directa, frente a enterradores precipitados, del realismo como matriz eficiente de la mejor ficción contemporánea, y todavía la más capaz de capturar la verdad de nuestra condición a través de los personajes y su vida novelesca. La significación adicional es que James Wood, nacido en Durham en 1965, es desde hace un par de años crítico literario en The New Yorker, ha sido antes crítico relevante en The Guardian y fue profesor de Literatura en Boston (en colaboración con Saul Bellow) y hoy lo es de Crítica Literaria en Harvard. Este mismo verano la web de Letras Libres ha reproducido una sensatísima entrevista con él a propósito de los prejuicios y las cobardías en que a menudo nos movemos sin advertirlo. Tanto en la entrevista como en el libro, Wood es raso y preciso, sin martingalas típicamente franco-hispanas, muy británico incluso en el humor, que también gasta sin ruido. Sus argumentos se entienden a la primera, y se acepta casi sin rechistar incluso la rudeza un poco perpleja con que defiende lo que entiende como evidencias palmarias pero hoy bobamente despreciadas por antiguas o viejas.
Los mecanismos de la ficción.
Cómo se construye una novela
James Wood
Traducción de Ana Herrera
Gredos. Madrid, 2009
200 páginas. 23 euros
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CRÍTICA:
La vida literaria según Gracq
Por José María GUELBENZU
En 1950, Julien Gracq escribió un célebre panfleto sobre la vida literaria en Francia. Vida literaria en su sentido más amplio, escritores, editores, críticos y lectores. El panfleto se titulaba La littérature à l'estomac. Provocó tantos denuestos e irritación como adhesiones interesadas. Pero Gracq, que era un hombre dedicado a su escritura y a su trabajo como profesor (bajo su verdadero nombre: Louis Poirier), siguió llevando la misma vida privada, fuera de los focos de la fama, incluso cuando rechazó el Goncourt por su maravillosa novela El mar de las Sirtes (Galaxia Gutenberg, 1998). "El público de a pie, entrenado para ello sin darse cuenta, exige en nuestros días, como si de una prueba se tratara, esa transmutación extraña de lo cualitativo en lo cuantitativo que obliga al escritor de hoy a ser la representación, como suele decirse, de una superficie, a veces incluso antes de tener talento". ¿Quién no reconoce todavía esa figura creada por la industria, la crítica (¿) y el público? Pues hoy el escritor ha acabado yendo más lejos: es una marca, como lo es Armani o Calvin Klein. Gracq, refiriéndose a Francia (y con agudas observaciones sobre las características de la cultura francesa de posguerra, también hoy válidas), nos muestra los polvos que trajeron estos lodos. "Es tristemente cierto: gran parte, una parte grandísima, del público culto de hoy en día se mantiene 'al tanto' de los últimos avances de la literatura actual más o menos de la misma forma que se mantiene 'al tanto' de los avances de la ciencia atómica: ambas son cosas que están más allá de la aprehensión directa". ¿Será ésta la explicación de la penosa decadencia mimética de la narrativa francesa actual?
Articulo: http://www.elpais.com 26/09/2009
Ilustración de Fernando Vicente.
