dimanche 11 octobre 2009

Juan Carlos GÓMEZ/Witold GOMBROWICZ & el Amor


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GOMBROWICZIDAS :
Witold GOMBROWICZ & el Amor
Por Juan Carlos GÓMEZ

Freud nos advierte que se aprende hacer el amor con la madre y con el padre, es decir, con la familia más próxima, un asunto que no termina de salir a la luz del día. Los hombres de letras acostumbran a zarandear, cada uno a su manera, las peripecias que experimenta el amor, y en este juego de la vida aparecen las conductas más extremas.
“No me hacía ilusiones respecto a mi propia persona, sabía que era una especie de minusválido psíquico, para quien una existencia normal era inaccesible y me veía obligado a buscar mi propio camino. Mi sensibilidad, mi imaginación, mis complejos, mis temores, mis obsesiones, cuanto más disimulados, con más fuerza me perseguían, y si estaba tan mal, era precisamente porque parecía un ser bastante sano y contento de sí mismo (...)”

“Pero lo cierto es que no existía para mí un camino recto y sabía que si no me justificaba ante mí mismo y los demás con alguna obra de orden superior, no me quedaría otra cosa que hundirme y convertirme en un loco y en un simple degenerado”
Los modelos femeninos de Gombrowicz fueron Marcelina Antonina, Rena, las criadas y las primas. La madre y la hermana eran dos bellas mujeres de aspecto virtuoso a cuya hermosura Gombrowicz nunca se refiere. Las primas que frecuentaban la casa se caracterizaban más por sus virtudes que por su coquetería, se dedicaban a actividades filantrópicas y no se mostraban dispuestas al flirteo, razón por la que Janusz y Jerzy, sus hermanos mayores, se sentían perjudicados. Su actitud hacia esas primas y hacia los principios que ellas practicaban era hostil y maligna.

“Había en mí algo oscuro que por nada del mundo aceptaba abrirse a la luz del día. Además, era totalmente incapaz de amar. El amor me fue negado de una vez y para siempre, desde el principio; ahora bien, ¿fue porque no supe encontrarle una forma y expresión propias, o bien porque no lo había en mí? Lo ignoro. ¿No existía, o más bien lo ahogué? Quizá fue mi madre quien mató el amor en mí”
Los matrimonios de los nobles terratenientes polacos tenían mucho que ver con el interés, de modo que la madre de Gombrowicz intentó casarlo con su prima Barbara Godecka por su posición social y su dote, mientras el padre, por los mismos motivos, intentaba casarlo con una joven que había elegido cuidadosamente. Los padres de Gombrowicz estaban preocupados por el matrimonio de su hijo, y también lo estaba su amigo Tadeusz Breza.

A Gombrowicz le encantaba el humor de Breza, envidiaba la facilidad que tenía para relacionarse con las mujeres, mientras él iba de mal en peor. Finalmente, como sus fracasos no cesaban de repetirse, llamaron la atención de Tadeusz. Le presentó a una joven actriz, hermosa, sana, simpática, amante de la lectura y del arte con la esperanza de haber encontrado para él la unidad ideal de cuerpo y de espíritu, de cultura y naturaleza.
Pero el hecho de que esa joven apareciera sobre un escenario, que se dejara contemplar, que tuviera una actitud profesional hacia su encanto y sus gracias, hizo que a Gombrowicz no se le despertara ningún interés por ella. Iba de fracaso en fracaso y los escritores seguían mofándose de él por las dificultades que tenía con las mujeres.

Janusz Minkiewicz, un poeta satírico famoso por sus conquistas en el mundo de la galantería, le dijo una tarde en el café: –Ahora regreso a casa porque espero una llamada de Lala... A las cinco he quedado con Cela, y a las once me espera una locura con Fila. ¡Hasta la vista!
“Y yo también, sólo al cabo de cierto tiempo, tomaba conciencia de que nada podía salir de semejantes amores basados en una mistificación. Efectivamente, no salía nada. Todos ellos terminaban dolorosamente cuando la joven descubría que yo, aunque encantado con ella, no le permitía acceder a mí, siempre hermético, entregado a mis asuntos, nunca verdaderamente sincero y abierto, ni por un minuto. Sin embargo, yo, por mi parte, no podía ser diferente, ya que hubiera sido más fácil, por ejemplo, comprender la naturaleza de un cocodrilo que la mía, formada por influencia y factores que eran completamente desconocidos para ellas”

En “Ferdydurke” Gombrowicz hace un relato de un noviazgo y del amor conyugal con detalles de alcoba. Isabel es la prima con la que Jósiek Kowalski huye mientras los padres de la joven se revuelcan en la casona señorial tomada por la plebe: –¿Qué sucedió? ¿Los gañanes asaltaron a papá y mamá? Jósiek la mira con una mezcla de preocupación y miedo: –Huyamos. Corrían por un sendero entre los campos, hasta que les faltó el aliento.
El resto de la noche lo pasaron a orillas del agua escondidos entre las cañas, temblando de frío y castañeteando. Jósiek no sabía qué hacer, no podía explicarle a Isabel lo que sucedía en la estancia, la vergüenza le impedía encontrar las palabras. Tenían que buscar ayuda en alguna estancia vecina, pero no sabía cómo presentar la historia.
Jósiek pensaba que era mejor admitir que había raptado a Isabel, que juntos habían escapado de la casa paterna. Podrían con ese pretexto alcanzar la estación, tomar el tren para Varsovia y comenzar allá una nueva existencia en secreto. Depositó un beso en sus mejillas y le pidió disculpas por haberla raptado pues la familia de Isabel nunca hubiera consentido esa unión.
Desde el primer momento se había encendido en él el amor por ella y había comprendido que a ella también se le había encendido el amor: –No tuve otro remedio que raptarte, Isabel. Al cabo de media hora de estas declaraciones, Isabel empezó a hacer muecas, a mirarlo y a mover los dedos, se sentía halagada. Por fin había encontrado a alguien que iba a poseerla y que, además, la había raptado.

Jósiek pensaba para sus adentros que en cuanto llegaran a Varsovia se libraría de Isabel y comenzaría a vivir de nuevo. Isabel subyugada por los sentimientos que le manifestaba Jósiek se volvía cada vez más activa. Había estado esperando a alguien que la amara y la raptara.

Isabel destacaba y evidenciaba sus partes del cuerpo que estaban mejores, mientras ocultaba las partes peores. Y Jósiek tenía que contemplar y fingir que le interesaba todo eso. Isabel lo miraba con una mirada clara y tranquila: –Quisiera tanto que todos fueran felices como nosotros; si todos fueran buenos, entonces serían felices. Se acurrucaba en Jósiek y Jósiek debía acurrucarse en ella: –Somos jóvenes, nos amamos, el mundo nos pertenece.

Existiría en la tierra algo más atroz que ese calorcito femenino: –Me raptaste. Cualquiera no sería capaz de eso. Me amaste y me raptaste no preguntando por nada, me raptaste sin temer a mis padres... me gustan tus ojos atrevidos, valientes, felinos... Se acariciaban las manos, ella cada vez más acurrucada en Jósiek, se le unía estrechamente, el joven ya no sabía dónde estaba: –¿Qué región es ésta?; –Ésta es mi región.
Jósiek quedó agarrado por la garganta, pensó que debía ser malo con Isabel para desembarazarse de ella: –¡Oh, fría como el hielo, salvadora, ven pronto tonificante maldad! ¡Oh, tercero, ven, dame la fuerza para resistir y alejarme de Isabel! Pero Isabel se acurrucó con más cariño, calor y ternura: –¿Por qué gritas y clamas? Estamos solos. Y le acercó la facha. A Jósiek le faltaron las fuerzas, tuvo que besar su facha pues ella con su facha había besado la suya.
“Agucé los sentidos. ¡Bestializado espiritualmente, era como un salvaje animal civilizado en el Kulturkampf! Cantó el gallo. Primero apareció Juventona en una robe de chambre a medio peinar”

Entró al closet-water y salió de allí más orgullosa que al entrar. De este templo sacaban su poder las modernas esposas de los ingenieros y los abogados. Salían de ese lugar más perfectas y culturales, llevando en alto la bandera del progreso, de ahí provenían la inteligencia y la naturalidad con las que la Juventona atormentaba a Jósiek. Enseguida apareció el Juventón trotando en pijama, carraspeando y escupiendo ruidosamente. Al ver la puerta del closet-water risoteó y entró jugueteando. Salió desmoralizado, con una cara lujuriosa y vil, parecía un tonto.

A Jósiek le extrañó que mientras el clost-water ejercía una influencia constructiva sobre la esposa, sobre el esposo actuaba destructivamente. Mientras tanto la doctora se había bañado, se secaba y hacía ejercicios. Hizo doce cuclillas hasta que los senos sonaron, al protagonista le empezaron a bailar las piernas en un bailoteo infernal y cultural. La intranquilidad de los perseguidos aumentaba porque se sentían mirados.
La doctora trataba de organizar a ciegas una defensa y toda la tarde se dedicó a la lectura de Russell, mientras al esposo se le dio por leer a Wells. No conseguían ubicar su desasosiego, no podían permanecer sentados pero tampoco podían permanecer de pie, el Juventón buscaba la complicidad de Jósiek guiñándole un ojo. Se acercaba la noche y con ella la hora decisiva.

Los Juventones entraron al dormitorio y Jósiek corrió para escuchar detrás de la puerta y mirar por el ojo de la cerradura. El ingeniero en calzoncillos y sumamente risueño le contaba a la doctora anécdotas del cabaret: –¡Basta, cállate!; –Espera, chinita, enseguida terminaré; –No soy ninguna chinita, me llamo Juana, sácate los calzoncillos o ponte los pantalones; –¡Calzoncillitos!; –¡Cállate!; –Enciende la luz, vieja; –No soy ninguna vieja.
Juana se preguntaba qué les estaría pasando, le pedía al esposo que volviera en sí, que juntos iban hacia los tiempos nuevos como luchadores y constructores del mañana: –Así es, una gorda, gorda langosta conmigo se acuesta. A pesar de su gordura es muy soñadura. Pero a él no se le antoja porque ya está muy floja.

La doctora lo convoca a que piense en la abolición de la pena de muerte, en la época, en la cultura, en el progreso: –Victorcito trotando pega brincos; –¡Víctor! ¿Qué dices? ¿Qué te picó? ¡Hay algo malo! ¡Algo fatal en el aire! La traición; –La traicioncita; –¡Víctor! ¡No uses diminutivos!; –La traicionzuelita. Empezaron a manotearse, uno prendía y otro apagaba la luz, la Juventona jadeaba y el ingeniero jadeaba y chillaba de risa: –¡Espera que te dé una palmadita en el cuellito!; –¡Jamás, suelta o morderé! Víctor echó de sí todos los diminutivos amorosos de alcoba.

El infernal diminutivo que tan decisivamente había pesado en el destino de Jósiek ahora le hacía sentir sus garras a los Juventones. El paso de Jósiek para descalabrar a la modernidad estaba dado, había preparado todo para el derrumbe final.