dimanche 4 octobre 2009

Muere Mercedes SOSA «la Negra» inolvidable (1935-2009)


Muere Mercedes SOSA «la Negra» inolvidable
(1935-2009)

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Emotivo adiós a Mercedes "la Negra" Sosa

La cantante, ícono de la cultura popular argentina, falleció hoy, a las 5.15, en el sanatorio de la Trinidad; sus seguidores se acercan al Salón de los Pasos Perdidos, en el Congreso, donde son velados sus restos; el cuadro de la artista era crítico desde el miércoles pasado

Una extensa fila de personas se acercan al Congreso de la Nación para despedir a la cantante, fallecida esta madrugada en el sanatorio de la Trinidad, luego de varios días de agonía.

Con flores y cartas en mano como muestras de cariño, sus seguidores ingresan al Salón de los Pasos Perdidos para brindarle el último adiós a la artista tucumana.

Esta mañana, la familia de "La Negra" informó, a través de un comunicado que subió a la página web de la cantante, que la artista había fallecido a las 5.15 en el Sanatorio de la Trinidad.

El texto que la familia hizo circular es el siguiente: "En el día de la fecha, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, tenemos que informarle que la señora Mercedes Sosa, la más grande Artista de la Música Popular Latinoamericana, nos ha dejado.

Los últimos días. El parte médico entregado ayer había determinado que su estado de salud era delicado como consecuencia del "deterioro de sus funciones orgánicas" y algunos allegados a la cantante incluso habían precisado que apenas "le funcionaba el corazón".

La situación de la intérprete fue empeorando desde el miércoles pasado, cuando debió ser alojada en una sala de terapia intensiva en que se la conectó a un respirador artificial para hacer frente a una afección renal progresiva que comenzó a afectarle también los pulmones y el corazón.

Ayer hubo una menguada guardia periodística y pocos visitantes, entre los que se contaron a las cantantes Teresa Parodi y Julia Zenko.

Por la tarde también se hicieron presentes en el sanatorio del barrio de Palermo los habituales colaboradores de Mercedes Sosa en los recitales, tales como Popi Spatocco, Carlos Genoni, Rubén Lobo y Jorge Giuliano, quienes se sumaron al apretado núcleo familiar que acompaña a la artista.

Anteayer, Sosa recibió la extremaunción por parte del padre Luis Farinello.

You Tube:
Alfonsina y el Mar
http://www.youtube.com/watch?v=cmGYbkA81UM&feature=related
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"Así es nuestro folklore, cuando le crece el silencio, la boca del pueblo la sale a cantar"
Por Gabriel Plaza

Dueña de una voz singular, la Pachamama de la canción argentina desparramó la semilla de la música local por todo el mundo; fue un espejo, donde cabía el dolor, la esperanza y la belleza del ser humano

"Asi es nuestro folklore, cuando le crece el silencio, la boca del pueblo la sale a cantar." Decía Mercedes Sosa que había venido a este mundo a cantar el folklore de su tierra y cumplió con la misión de desparramar su semilla por el mundo entero. Fue la voz de América, la pachamama de la canción popular argentina. En su voz todas las voces y la memoria confluían con profunda naturalidad y belleza. Decía que las cuerdas vocales eran apenas un instrumento que le servía para traducir sus sentimientos, los recuerdos, las emociones de una vida, las imágenes en el pobrerío, la soledad, las penas del exilio y las alegrías, en definitiva todo lo que había vivido. Fue un espejo, donde cabía el dolor, la esperanza y la belleza del ser humano.

Haydeé Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935, en San Miguel de Tucumán, en el contexto de un hogar pobre y de padres trabajadores. Pasó tiempo hasta que la cantante debutó ?bajo el seudónimo de Gladys Osorio? en un certamen organizado por LV12 Radio Tucumán. Mercedes aprovechó el viaje de sus padres a un acto peronista para presentarse en un concurso y ganó con "Triste estoy" una canción que solía interpretar su admirada Margarita Palacios, con la que años después grabaría en un disco.

Con ese nombre transitó como promisoria cantora durante largo tiempo, mientras alternaba con su actividad como maestra de danzas folklóricas. De esa época se sabe que también cantaba boleros, que solía cantar en actos partidarios del peronismo y que hasta pasó como número vivo en el circo de los Hermanos Medina. En esa vida de artista incipiente se cruzó con Oscar Matus, un músico popular con ideas políticas y renovadora vocación por la poesía de Armando Tejada Gómez. Mercedes se enamoró perdidamente. Dejó a su novio oficial y con 21 años se mudó con Matus a Mendoza, donde se empieza a gestar el Nuevo Cancionero.

"En Tucumán nací, pero en Mendoza me hice mujer. Eramos tan felices: me veo delgadita, recién casada con Oscar Matus; me veo comadre de Armando Tejada Gómez, amiga de los compadres del horizonte? Yo era una muchacha sin libros, escuchaba asombrada y aprendía, y abría los ojos y me enteraba del mundo? Todos me amaban y me pedían que cantara, y yo cantaba? Era tan feliz porque, como decimos en la provincia, yo estaba poniéndome gruesa: mi cinturita crecía porque en mi vientre ya latía mi Fabián"

En una época en que el folklore comenzaba a asumir su mayoría de edad y un crecimiento de popularidad sin precedentes, El Nuevo Cancionero proponía romper con lo establecido, miraba hacia todo el continente y quería cambiar el mundo de la canción popular. "Toda la gente pensaba que era algo político. Nosotros buscábamos otro lenguaje poético y queríamos una música nueva. Salíamos de la fuente hacia fuera, pero no descuidábamos el paisaje, porque no nos queríamos alejar del pueblo".

Esa fue la brújula que signaría la búsqueda estética de Mercedes a lo largo de su vida artística, exaltando la belleza de poetas de América, regresando a los repertorios más criollos, vociferando una canción militante, o lanzandóse audazmente al mundo pop para grabar los temas de Charly García.


La historia en canciones

Mercedes grabó su primer disco en 1962 con el título La voz de la zafra por RCA Victor, que pasó inadvertido para el mercado, sin embargo, el movimiento del nuevo cancionero crecía entre el público universitario. En el segundo disco Canciones con fundamento, (1965), aparecen destellos de personalidad que la transformarán en la voz de todas las voces. Ese mismo año, Jorge Cafrune la presenta en el Festival de Cosquín y la consagración es inmediata.

Su inconfundible estilo interpretativo marca una presencia distinta en el folklore. Mercedes consigue en poco tiempo transformarse en la voz de poetas regionales y latinoamericanos con auténticos himnos de su carrera como "Zamba para no morir", "Gracias a la vida", de su álbum dedicado a Violeta Parra, "Canción con todos", "Cuando tenga la tierra" y "La navidad de Juanito Laguna".

En esos años, colabora con Eduardo Falú y Ernesto Sábato en el Romance de Juan Lavalle, y participa en varios films de la época dirigidos por Leopoldo Torres Nilson. Durante la década del setenta logra plasmar producciones antológicas como "Mujeres Argentinas", "Cantata Sudamericana", "Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui"y "Serenata para la tierra de uno" (1979), el último disco, antes de su exilio político en Madrid, tras recibir amenazas, prohibición de sus conciertos y detenciones.

Para una Argentina envuelta en las sombras de la dictadura militar la voz de Mercedes Sosa se transforma en el eco de un país silenciado. La "Negra" recién pudo regresar al país para una serie de conciertos en el Teatro Opera el 18 de febrero de 1982. La dictadura agonizaba y ella pudo volver para reencontrarse con un nuevo público que la descubre y otra generación de compositores argentinos de distintos géneros: León Gieco, Charly García, Antonio Tarragó Ros, Rodolfo Mederos y Ariel Ramírez. Tras su regreso definitivo con el comienzo de la democracia, no deja de colaborar con generosidad y apertura con figuras locales y artistas emergentes de distintos géneros. Mercedes deja de ser la gran voz del folklore, para transformarse en la gran madre de la música popular argentina capaz de convocar a distintas generaciones en un escenario o en un disco, espíritu que continuará hasta en su producción más reciente Cantora, un disco doble donde participó un elenco ecléctico de artistas, entre los que se encontraban, Joan Manuel Serrat, Calle 13, Juan Quintero, Luis Alberto Spineta y Gustavo Ceratti.

Mercedes llevó la canción popular más allá de las fronteras y surgieron encuentros con artistas internacionales de diferentes corrientes como Luciano Pavarotti, Sting, Lucio Dalla, Nana Mouskouri, Tania Libertad, Joan Baez, Andrea Bocelli, Silvio Rodríguez, Alfredo Kraus, Pablo Milanés, Milton Nascimento, Caetano Veloso, Chico Buarque, Gal Costa, Gian Marco, Konstantin Wecker, Nilda Fernández, Pata Negra, David Broza, Luz Casal, Cecilia Todd, Ismael Serrano, Shakira, entre otros.

Su voz paseó por los escenarios más importantes del mundo como el Carnegie Hall, en los Estados Unidos, o el Olympia de París; recibió el premio de la Unesco por su labor en defensa de los derechos de la mujer; el Konex de Brillante a la Mejor Artista Popular de la Década (1995), ganó varios Grammy Latinos y fue Embajadora de buena voluntad de la UNESCO para Latinoamérica y el Caribe.

Los títulos y los méritos se acumulan en toda su carrera, pero a la luz de su trascendencia como artista no terminan de transmitir ?en su infinita calidez y en su profunda emoción?esa capacidad para reunir en su sola voz a todas las voces y erizar la piel cada vez que cantaba: "Gracias a la vida que me ha dado tanto/Me ha dado la risa y me ha dado el llanto/Así yo distingo dicha de quebranto/Los dos materiales que forman mi canto/Y el canto de ustedes que es el mismo canto/Y el canto de todos que es mi propio canto/Gracias a la vida/Gracias a la vida...".



You Tube:
Solo le Pido a Dios
http://www.youtube.com/watch?v=SIrot1Flczg

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La cultura llora a "La Negra"

Reconocidas voces como Teresa Parodi, el Chango Farías, Liliana Herrero y Daniel Toro, entre otros, destacaron, con tristeza y admiración, su personalidad humilde y luchadora

Diferentes personalidades del mundo de la cultura y del espectáculo manifestaron el profundo dolor por el deceso de la cantante.

Algunos de ellos fueron:

Juan Falú: "Hay que ser conscientes de que la gran artista y la gran voz son eternas".

Chango Farías Gómez: "Siento una tristeza terrible, porque creo que es una mujer importante a la que todos necesitamos mucho".

Suna Rocha: "Es la mejor cantante de la argentina de todos los tiempos y es lamentable que se nos sigan yendo los referentes porque el recambio que viene es bastante flojo".

Teresa Parodi: "Estoy con una angustia muy grande porque ella es muy importante para los argentinos y para Latinoamérica. Mercedes es alguien imprescindible, una gran luchadora, un ser humano irrepetible, que nos ha dado mucho a todos".

Liliana Herrero: "Estoy triste, extraño su canto, extraño su fuerza, su espíritu de lucha. Pero nos queda el consuelo que su voz, su historia cultural y política ya es eterna".

Antonio Tarragó Ros: "Mercedes fue un ser sensible, bondadoso, sin ningún tipo de maldad y para nosotros, los que compartimos no sólo escenarios y grabaciones, contar con su presencia fue algo siempre sumamente necesario".

Daniel Toro: "Mercedes Sosa es un emblema de la música popular folclórica y en mi pensamiento la considero un poema hecho mujer".

Raúl Tilín Orozco: "Mercedes siempre fue alguien capaz de dar oportunidades a los que venimos luchando por un lugar dentro de la música y nos brindó sus escenarios para hacernos conocer".

Luiz Carlos Borges (acordeonista brasileño): "Mercedes Sosa es la voz más importante de América y, sin dudas, una de las mejores del mundo".

Antonio Rodríguez Villar (presidente de la Academia Argentina de Folclore): "Mercedes no sólo es la esencia del canto folclórico argentino, sino que es todo un símbolo".


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Entrevista
Mercedes Sosa: la voz de la tierra

Por Rodolfo Braceli

Hoy cumple 71 años. Estuvo mal de salud, pero dice que aprendió lo esencial: “Cantar me cura”. Ahora que volvió a los escenarios La Negra también se anima a hacer un repaso de su vida

A propósito de lo que nos sucedió allá lejos, a mediados de 1935, cuando el fuego nos dejó sin Gardel, pongamos esta pregunta en remojo: no habiendo Maradona, ¿cuánto tiempo, uno, habitante de esta patria tan paradójica como entretenida, puede aguantarse sin Gardel? Mientras la pregunta nos germina, pido permiso y me disculpo. Porque ésta no será una entrevista como Dios manda, ni como los preceptos académicos del periodismo aconsejan. A Mercedes Sosa la conozco desde hace 45 años; lo peor del caso es que ella también me conoce. Nos sabemos. Nos adivinamos mucho más que el parpadeo: compartimos nacimientos, muertes, miedos, largos vinos celebratorios, le hice como veinte reportajes, y hace cuatro años escribí su biografía. ¿Qué preguntarle ahora?

–¿Sabés una cosa, Negra?, esta nota será publicada el domingo 9 de julio, día de tu cumpleaños.
–Ay, ese día seguro que voy a estar felicísima. Porque me encontraré en Mendoza. En Tucumán nací, pero en Mendoza me hice mujer, conocí a seres que ya no están… Eramos tan felices: me veo delgadita, recién casada con Oscar Matus; me veo comadre de Armando Tejada Gómez, amiga de los compadres del horizonte, de Benito Marianetti, Angel Bustelo, Carlitos Alonso, los Quesada, Nino Salonia, Tito Francia, Orlando Pardo… Yo era una muchacha sin libros, escuchaba asombrada y aprendía, y abría los ojos y me enteraba del mundo… Todos me amaban y me pedían que cantara, y yo cantaba… Era tan feliz porque, como decimos en la provincia, yo estaba poniéndome gruesa: mi cinturita crecía porque en mi vientre ya latía mi Fabián…

–Pensar que hace menos de un año estabas postrada; creímos que ya no volverías a cantar, que la depresión y la enfermedad te habían ganado.
–Fueron dos años de ausencia de los escenarios hasta que el año pasado me presenté en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno… Estaba aterrada, con mi corsé me sentaron en mi silloncito; eso podía ser mi retorno y mi despedida… Decime ahora, ¿vos qué viste allí con tus lentes de mirar?

–Yo estaba sentado con Horacio Molina. Temblábamos los dos, temblábamos todos. Cuando te pusieron en el escenario, Mercedes, en vos vi a tu mamá. Pero a tu mamá de los 85 años. Eras una tenue viejita… Cuando remontaste la primera canción ya tenías 80. Después de cantar Alfonsina, 75. Con cada canción te sacabas del cuerpo y del alma de a cinco años. Qué te parió, Negra.
–Mi mamá me parió... En aquel retorno canté Alfonsina, una canción peligrosísima, porque en la última línea no hay que detenerse a respirar. Y salí a flote.

–En los últimos años resucitaste dos veces. ¿Tenés conciencia de eso?
–Claro que sí. Y eso por el canto. Me curé cantando.

–Pero a lo largo de los años, y en nuestro libro, te la pasaste diciendo que lo tuyo no era cantar. Que cantabas porque te lo pedían. Que sufrías sobre el escenario…
–Y era cierto. Sufría mucho. Si algo yo quería, era ser como mi mamá. Y mi mamá, tan inteligente y sabia… Mi mamá, que siempre me llamaba Marta, aunque mi papá, terco, me anotó Haydeé Mercedes… Mi mamá siempre decía: "Cantando sufre. No quiero que la Marta sufra…" Rodolfo, ¿te doy una primicia?

–Sí, contá algo nuevo.
–Lo nuevo es que por fin aprendí que si no canto me muero. Podré tener nervios, pero ese pánico insoportable de cada entrada no va más. Cantar me cura. Y tengo ganas de vivir. Aparte de Corazón libre, tengo otros dos contratos con Deutsche Grammophom. Y voy al Argentino de La Plata y al Colón y a Río Cuarto y a Morón. Eso sí, despacito, nada de aviones. Nene, ¡al corazón lo tengo que cuidar!

Mercedes se entusiasma y se pone a contar cantando. Nombra a Zitarrosa: "¿Te acordás cuando cenamos en esa mesa? El casi no comía. Pobrecito. Qué temprano se ha ido. Cuando se van temprano algunos seres, a uno le duelen mucho después, en el alma…" María Miñano Cerna, la mujer que acompaña desde hace años a Mercedes, nos sirve un té. Hay cinco galletitas en un plato. Mercedes se come cuatro con la vehemencia de un chico… Y empieza a entonar bajito el tema que cantará en el Colón, Pavana para una infanta difunta, de Ravel, y cuenta que toma clases de vocalización, "porque nadie puede dejar nunca de estudiar", y que lo que más le gusta es ese camino previo de desmenuzar las canciones para llegarle al corazón del hueso. De pronto, vuelve sobre los días de su pesadilla.

–Sí, he resucitado dos veces. Mi enfermedad del ’97 fue una cosa horrorosa: estaba enferma del cuerpo y de la cabeza. Lo de hace tres años fueron más bien golpes del cuerpo. Pero en el ’97 fueron meses de vómitos y sueño. Despertaba y vomitaba, no comía casi: cuatro uvas, un poquito así de carne, vómitos, sólo vómitos… Dicté mi testamento, ya no quería vivir más… Un día pasé desnuda frente a un espejo, vi un cuerpo como los de Biafra… Ay Dios mío, qué horror, mis piernas no me sostenían: caminaba con trípode diez metros y caía extenuada… Cómo golpea la vida cuando golpea… Un día me puse plazo, llamé a María y le dije que si yo seguía así no me diera de comer más. "María –le dije–, debo morirme." Lo mío era peor que la anorexia; no reconocía a mi sobrina, creía que mi casa era un hotel, estaba perdida. Tenía que morirme. Por eso el testamento.

–Por suerte lo escribiste al cuete. Y resucitaste entre los vivos. Una vez y otra más.
–Porque me di cuenta de que cantar me cura. Y volví a Tucumán y canté y fue inolvidable. Después de siete años me animé a bailar una partecita de Luna llena. Y volví a Cosquín. Ay, me he peleado tanto con Cosquín… Esta vez me llevaron en una silla por una rampa, y quedé allí frente a la multitud… "Fabián, estoy aterrada", le dije a mi hijo… Y de pronto estaba diciendo la frase eterna: "Aquíííí Cosquín…" Y empecé a cantar y sentí la felicidad y otra vez supe que cantar me cura…

Mercedes maneja el azar de la conversación como le da la gana. Sin aviso, toma una carpeta y se pone a modular la canción que cantará en el Colón… Dice: "Tiene que ser suave… OOOOoooooOOOooo… Esto es lo que no debo hacer. Debo resolverlo como La Misa criolla, todo a media voz, sin notas fuertes… Señor ten piedad de nosotros… Aquí, nada de respirar por la nariz; debo respirar por la boca… Sí, sí, lo que te digo: tengo que estudiar muuucho." Mercedes calla, aprieta las cejas, se queda mirando el suelo; algo está por decir. Tiro del hilo:

–¿En qué te quedaste pensando?
–Han querido hacerme pelear con Soledad. El 25 de Mayo nos encontramos en el acto de la Plaza… Una chica cuando me vio me echó a la madre que me parió. "Soledad –le dije–, ¿quién es esta gente que te quiere a vos y me puede odiar tanto a mí...? ¿Por qué, si nunca nos hemos visto con vos, si nunca nos hemos peleado?" Y Soledad me ha respondido: "Hay chicas que son bien atrevidas. Mercedes, mi papá a usted la adora y yo siempre la adoré…" Yo sé que hay alguien que metió la púa para hacerme pelear con Soledad. Es un músico, una persona bien peligrosa. Hace un tiempo que este hombre da vergüenza ajena: anuncia los temas a los que le puso música y dice "mi canción"; se olvida de nombrar al autor de la letra y resulta que ese autor es un poeta que se llama Tejada Gómez, admirado por el mundo entero. Qué vergüenza.

–A propósito de Armando, ¿te acordás de aquellas fiestas en Mendoza, hace 45 años, en la casa de Iverna Codina?
–Cómo no. Ibamos con Oscar Matus; yo era tan bonita… Allí estaban los poetas, los artistas; yo era una esponja que escuchaba y aprendía… Allí estaban Tejada Gómez y Tito Francia, y empezaba a gestarse el Nuevo Cancionero, ese movimiento que atravesó todo el continente… Por entonces Armando ya empezaba a decirle a mi marido: "Oscar, tenemos que dejar que Mercedes vuele sola; si canta solamente nuestras canciones la estamos encadenando".

–Fue en una reunión de ésas cuando Iverna Codina te dijo que te pusieras el diente que te faltaba y que volaras a cantar a Buenos Aires.
–No era un diente, eran dos. Uno aquí y el otro aquí. Y me los puse y volé, pero no me alejé ni de Tejada ni de Matus. Cuando vio que yo tomaba vuelo propio, Matus se puso muy mal conmigo, hasta la violencia, y vino la separación, y después yo con mi Fabián, de pensión en pensión, y todo eso, tan triste, tan triste… Los peores celos son los celos artísticos.

Otra vez Mercedes alza su carpeta. Reanuda el tema del Colón y lo acuna con esa media voz suya que parece flotar sosegada sobre el aire, como si el aire fuera agua… Cuando vuelve de la música le digo:

–Negra, te propongo que cerrés los ojos y, sin llorar eh, te mirés bien adentro para reencontrar esos relámpagos que te dejaron marcas de las que no se borran.
–Puedo cerrar los ojos, pero me pedís mucho si no voy a poder llorar. Ayudame.

–Te ayudo. Tu niñez. La pobreza. Las heridas…
–Convencete, nene: fuimos muy pobres; no teníamos juguetes, pero no crecimos resentidos. Mi hermano el Chichí suele contar que para esperar a los Reyes Magos poníamos pastitos, agua en un baldecito. Una noche de Reyes se descargó un aguacero que metía miedo, nos inundábamos. Todos estábamos angustiados por el agua; todos, menos mi papá, que nos juntó y nos dijo sonriente que los Reyes no vendrían por culpa de la tormenta… El estaba sin trabajo. Así era nuestra casa: mi mamá, muy sabia, resucitando ropas viejas que le regalaban donde lavaba y planchaba, nos hacía relucir… Muchas veces nos daba bollitos de pan, mate cocido, y nos largaba a jugar en el parque 9 de Julio. Realmente éramos muy pobres, pero vivimos aquello sin angustia. De todo nos faltó, pero no lo sentimos, porque nos sobró amor. En el parque comíamos aire, comíamos inocencia.

–De tu debut, ¿qué recordás con nitidez?
–Yo andaba por mis 15 años. Mi papá y mi mamá, que eran muy peronistas, aprovecharon un tren gratis a Buenos Aires para celebrar el 17 de Octubre… Yo quedé cuidada por mis hermanos, más suelta… En la escuela faltó la profesora de canto y la directora me dijo que íbamos a cantar el Himno Nacional y que yo tenía que ponerme adelante y cantar bien fuerte, para que todos me siguieran. Sentí vergüenza, pero canté: ahí debuté. Ese día también faltó la profesora de labores y con mis compañeras fuimos a LV12, donde había un concurso. Mis compañeras me empujaron para que cantara. Por temor a que se enterara mi papá me llamé Gladys Osorio. Canté Triste estoy, de Margarita Palacios. Cuando terminé, el dueño de la radio me dijo: "El concurso concluyó y lo ganaste vos". Y seguí cantando en la radio. Hasta que un día mi papá me descubre y me llama y me dice palabras que escucho ahora: "¿Le parece bonito eso de andar metiéndose en la radio? ¿Eso es lo que hace una señorita criada para ser decente? Gladys Osorio, venga, acérquese… ¿Tengo que felicitarla? Míreme a los ojos. Que me mire a los ojos le digo".

–¿Y lo miraste a los ojos?
–Nooo, ni ahora podría. Mi papá no me alzó la mano, no me gritó. Hubiera preferido que me pegara. Era un hombre muy bueno: trabajó en un aserradero que le tapó los pulmones, en el puerto, en las terribles calderas del ingenio, y eso lo consumió: murió a los 62… Una vez, con el Chichí fuimos por un túnel; trepados a una zorrita llegamos hasta el horno del ingenio. Ya a veinte metros el calor era insoportable… y allí estaba mi papá trabajando solo, sin camisa, con su espalda doblada; no sabía que lo estábamos mirando… Nos volvimos con el Chichí mudos, llorando… ¿Por qué hay seres que no conocen otra cosa que la pobreza?

–Negra, nada de lágrimas dijimos... Contame algo que te devuelva la sonrisa.
–Ah, ya sé: a mí me gustaba el atletismo y participé en carreras, en el club Old Boys de Tucumán. Un día volví muy orgullosa: "¡Papá, salí segunda!" "¿Y cuántos corrieron?" Y tuve que decirle: dos, papá.

–Muchas veces me contaste sobre tus amores y desamores. Pero sos medio escondedora. Decime: ¿te casaste virgen?
–Claaaaro: mil veces te dije que a Matus le advertí que si no había casamiento no había cama.

Pero estaban los zaguanes y en los zaguanes aumentaba la población.
–Nooo, nada de zaguanes. Yo era virgen en la cama y en el zaguán. Me casé en julio del ’57 y recién en marzo del ’58 quedé embarazada de mi Fabián… Aunque parezca tonto hoy, yo era una jovencita decente. Me acuerdo de que cuando Tejada Gómez me conoció yo tenía un vestidito rosado, muuuy ceñido. Armando me dijo: "Martita, la veo un poquito hinchadita de acá. ¿No estará embarazada?". Nooo, le dije.

–¿Y?
–Y a los ocho meses nació mi Fabián. Y Armando fue el padrino. Qué días felices.

–Sigamos con la felicidad. Que no se escape.
–Entonces tengo hablar de la otra ciudad que me dio tanto cuando comenzaba: Montevideo. Fue en el ’62; llegamos con mi Fabián y las hijas de Matus sin un peso en el bolsillo. Sin guitarra. No teníamos ni para el cospel para llamar a la radio. Me veo sentadita sobre la única valija, desolada. Un changarín se acercó y nos dio la plata, hablamos y nos vinieron a buscar, y el resto todo fue hospitalidad. La calidad humana de los uruguayos no tiene nombre. Siempre me pregunto qué habrá sido de aquel changarín. Y cuando pronuncio la palabra Uruguay enseguida digo muchas gracias.

–¿Hoy te interesa la política?
–Me importa la democracia. Fui peronista un rato, porque mi papá y mi mamá y mis hermanos lo eran. Pero no era ideología: era sentimiento. A los 18 empecé a leer libros que me acercó un novio, Enrique; un hombre buenísimo con el casi me casé. Pero llegó Matus y adiós. Por aquellos libros me hice comunista. Con los años renuncié al partido, al carné, pero no a mis ideas. Lo importante es respetar lo que la gente cree. En mi casa crecimos con el retrato de Perón y Evita.Yo respeté ese sentimiento, aunque no compartía la idea. Con El extranjero, de Camus, aprendí mucho…

–¿Qué, por ejemplo?
–Que lo peor que le puede pasar a uno es no creer en nada. Quien no cree en nada se vuelve extranjero de la vida. Nunca seré una extranjera. Soy lo que soy, y creo que es un enorme error pensar que el gran cambio tiene que venir desde los partidos políticos. No, tiene que venir desde cada uno. Los seres humanos tenemos que aprender a respetarnos a nosotros mismos y después respetar a los demás. No sé quién dijo que primero tenemos que aprender a tolerar, pero que mejor que eso es aprender a respetar al otro. Esta cosa tan sencilla nos llevará siglos comprenderla.

–Bueno, mientras tanto, vamos deletreando años: vas a cumplir 71. Naciste a las dos semanas de la muerte de Gardel.
–Sí, así sucedió. En todo caso, el mérito es de mi papá y de mi mamá, que se querían mucho, y me hicieron.

–La naturaleza parece haber dicho: a falta de Morocho buena es la Negra.
–Una cosa parecida me dijo una vidente en Venezuela: "Gardel murió porque iba a nacer usted". Eso me dijo, y me dio mucho miedo a mí. Gardel fue no sólo la voz: fue muy inteligente, cantó de todo, veía mucho más allá que el común de los cantantes.

–Hay un hilito que te vincula con Gardel.
–Ah, mi tío Villa… Fue el único antecedente artístico en mi familia. El hizo un viaje integrando el ballet que acompañaba a Gardel por Europa. Pero dejémoslo a Gardel, pobre muchacho. Prefiero hablar de cosas lindas.

–¿En qué cosas lindas estás pensando?
–En mi cumpleaños. Estaré en Mendoza… "Nadie se va de Mendoza, aunque piensa que se va…" Todo el tiempo le digo a María: "No veo la hora de estar allá…" Anita Amitrano, entre las viñas de los Zuccardi, me hará una fiestita… Allí están los que se fueron pero no me abandonan. Allí está la felicidad.

–¿Cómo te llevás con el recuerdo de tu mamá?
–Nada de recuerdo. Ella está siempre conmigo. Le hablo todos los días. Ella me cuida. El último 25 de Mayo tenía terror de agarrarme un enfriamiento al cantar en la plaza y le hablé y ella me cuidó.

Negra, ya es de noche; ni nos dimos cuenta; estamos hablando a oscuras.
–Sí, se fue la tarde, pero respondeme: de todos mis compadres, la única viva soy yo… ¿Te parece bien eso? ¿Es justo? Dejá de mirarme con tus lentes y decime…

–La respuesta la diste recién: los que se fueron están… Digamos que el aire que los tocó a ellos, a Armando, a don Angel, a don Benito, es el mismo aire que nos está tocando ahora a nosotros. Es decir: aire mediante, nos estamos tocaaando… Digamos que tus compadres del alma respiran de otra manera.
–Sí, sí, respiran de otra manera, y cuando llego a Mendoza yo los siento en el aire, conmigo, y hablo con ellos y ellos me traen la felicidad de cuando éramos tan pobres, tan dichosos…

–Aprovechando, Negra, que nos quedamos a oscuras, contame algo que todavía no me hayas dicho, algo sobre esta vuelta tuya a la vida.
–Ya te lo dije: lo nuevo en mí es que aprendí que cantar no debe ser un sufrimiento. Cantar me cura y me alumbra… Lo que no te dije es que ya sé de quién tengo que cuidarme.

–¿De quién?
–De un color.

–¿De un color?
–Cuando entro en las depresiones yo dejo de comer, de beber; me deshidrato por completo.

–Me estabas diciendo que tenés que cuidarte de un color.
–Ni nombrarlo me gusta… Cuando entro en depresión, el color gris atraviesa mi cabeza, la invade por completo… El gris para mí es algo grave, muy grave; es como una nube que me va ganando… Tengo que cuidarme, escaparle a ese color, porque rechazo la vida, rechazo los olores primordiales, los del ajo y la cebolla; hasta dejo de sentir la emoción que me produce el locro haciéndose a fuego lento, la empanada recién horneada…

–¿Tenés manera de defenderte del color gris?
–Una sola: cantando… Ultimamente, cuando me gritan "¡No te mueras nunca, Negra!", yo siento que más que un elogio es una orden. Y tengo que obedecerla. No me tiene que ganar el color gris…

La mujer idolatrada

Postrada por su enfermedad, Mercedes Sosa estuvo dos años sin escenario. Volvió en septiembre pasado, y desde entonces sigue sumando multitudes. Un millón de espectadores televisivos en el primer recital, 8000 en el Encuentro de Música de Provincias, 20.000 en la plaza Independencia de Tucumán. Después, el lanzamiento de Corazón libre para las Américas, Europa, Israel, Japón, Corea, Singapur, Australia, Nueva Zelanda y –por primera vez– China. La convocatoria masiva la llevó a Punta del Este, Mar del Plata, los festivales de Cosquín, de la Tonada –en Tunuyán–, de la Guitarra –en Dolores–, el de Córdoba –Capital de la Cultura de América–. En Rosario la escucharon 50.000 espectadores. Participó en el homenaje a Haroldo Conti, hizo dos Gran Rex y el 25 de Mayo cantó en la Plaza. Aun con un ritmo moderado, en los últimos nueve meses tuvo una audiencia de más de 500.000 personas en vivo.

You tube:
Gracias a La Vida
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http://www.youtube.com/watch?v=WyOJ-A5iv5I

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Mercedes Sosa
A corazón abierto
Por Gabriel Plaza

Recuperada, la cantante presentará su disco "Corazón libre", en el Gran Rex, tras regresar al folklore y pasar por los festivales del país

Mercedes llega caminando a velocidad crucero y dice: "Estoy bien, realmente bien". La sonrisa se le dibuja en su cara de luna llena hasta que ve en el medio de la sala un sillón con un cobertor rojo que corta con la prolija estética del living. "Por favor, saquen eso. No queda bien", refunfuña. María, su asistente, solícita deja satisfecha a su amiga y le trae un té.

En esa charla matiné con la artista más grande de la música popular argentina se cuelan todos los temas, la relación madre-hijo, su pasión por los autos, su infancia pobre, los años de bohemia junto a la creme intelectual de los años sesenta, y la presentación oficial de su último disco, "Corazón libre", que grabó para la Deutsche Grammophone, y presentará el martes y el miércoles, en el teatro Gran Rex.

Una entrevista con Mercedes es como un rompecabezas de recuerdos o comentarios familiares que desliza con la intimidad de una vieja amiga. De golpe puede ponerse a cantar a cappella, con esa voz fresca y reveladora, el huayno "Sube", y se recuerda en un show en el Monumento a la Bandera en Rosario: "Mientras cantaba «sube, sube, bandera del amor», veía cómo la bandera se movía, era como si me escuchara y se pusiera contenta por cantarle. Me sentí feliz, era como un premio que me daba Dios después de tanto sufrimiento".

Habla del auto nuevo, un Volvo que compró y maneja su hijo para llevarla de un destino a otro. "Pero no me interesa tener un auto así para que digan: «Mirá cómo triunfó La Negra». Es sólo por comodidad." Recuerda cuando andaba en autopista a 140 kilómetros por hora. "Me gustaba la adrenalina, la velocidad", confiesa. También recuerda el primer auto que tuvo cuando convivía con su último esposo, Pocho: un Peugeot 404, y tampoco olvida los largos viajes en la segunda clase del tren Belgrano, que hacía con su madre. "Siempre me sentí un poco así, entre Buenos Aires y Tucumán."

Mercedes tuvo una infancia pobre. Ahora trata de disfrutar lo que tiene. Dice que logró una buena relación con su hijo y eso la tranquiliza. "Ya no discutimos. Aprendimos a entendernos. Los dos tenemos nuestro carácter, pero no queremos estar más separados como en algún momento, que no nos vivimos por nueve meses. Ahora él se siente responsable por su madre y eso le hace bien." Fabián, su único hijo, maneja sus asuntos artísticos y también el auto que la lleva de un lado a otro. "A mí me gustaba manejar, pero ahora prefiero que maneje Fabián y yo disfruto del paisaje."

Nunca le gustó el avión, así que se desplaza por las rutas argentinas en coche. No parece cansada a pesar de los miles de kilómetros recorridos en auto desde que reapareció en aquel primer concierto en el Salón Blanco de la Casa Rosada en septiembre de 2005. A medida que se fue recuperando su agenda de recitales fue más intensa: el Festival Músicas de Provincia, Tucumán, Punta del Este, Cosquín, Mendoza, Hotel Faena, Rosario, el Rosedal de Palermo. Fue un buen precalentamiento antes de la presentación oficial de su disco "Corazón libre", donde regresó al sonido acústico y a un repertorio notable de temas folklóricos. "En mi concierto quiero que esté Luis Salinas, al que todavía no pude conocer. Ojalá pueda estar conmigo Eduardo Falú; también les voy a pedir que vengan a Rafael Amor y Javier Casalla, que toca hermoso. Albertito Rojo ya confirmó, se viene de Estados Unidos especialmente. Con mis músicos estamos ensayando y será la primera vez que haremos todas las canciones del disco", adelanta.

-¿Qué tiene que tener una canción para que esté en su repertorio?
- Belleza, belleza, belleza.... Me tienen que gustar la letra y la música. Yo recibo muchos discos en mi casa, pero a veces me enamoro de una canción en la voz de otros intérpretes, como un tema jujeño que hace la Mónica Pantoja. También hay autores como Fandermole que me gustan mucho, o gente como el Chacho Muller, que tiene unos temas muy bellos. Siempre aparecen canciones nuevas, pero ahora quiero cantar las de "Corazón libre".

- ¿Piensa que algunos de estos temas se pueden convertir en clásicos con el tiempo?
- Eso no lo puedo saber. Primero empiezo cantando un tema porque me gusta y después la gente lo termina convirtiendo en un clásico. Pero no está en mis manos. Lo único que yo puedo hacer es elegir un hermosa canción. A mí me pasó con "Balderrama", que cuando yo la empecé a cantar fue para hacerle un homenaje al Dúo Salteño y al Cuchi Leguizamón y mire lo que perduró.

-Este disco significó su regreso. ¿Ahora que está recuperada lo puede disfrutar más?
-Es un disco que sufrí al hacerlo. Pero ahora estoy realmente feliz de haber vuelto a cantar.

Se la nota entera. Menos frágil que cuando recién apareció tras ese largo período de depresión y enfermedad. Ya baila en los escenarios. "A pesar de tanto sufrimiento creo que Dios me premió. El amor que recibo de la gente creo que no lo había sentido nunca. Sobre todo en Cosquín y en Tucumán. Recién ahora me sentí querida en mi provincia. Es más, el gobernador me lo confesó: «Los tucumanos teníamos una deuda con usted»."

Habla de Tucumán y se acuerda de su infancia y sus padres. "Mi mamá trabajaba como lavandera en el Ingenio Guzmán y mi papá en las sabaleras, que era donde estaban los hornos, el trabajo más duro. Pero no nos hacían sentir la pobreza como una desgracia. Siempre había gente que nos ayudaba, como la familia Toledo de Santiago. Siento que tuve una vida de grandes logros, alegrías y también dolencias."

-¿La música le brindó su momento de mayor felicidad?
-Para mí el momento más feliz de mi vida fue cuando le vi la cara a mi hijo después de nueve meses. No hay nada en el mundo que se compare a eso. Fue lo más grande que me pasó.

-Pero cantar parece que le devolviera siempre la vida.
-Antes de llegar a ser una artista conocida tuve muchos momentos duros. Pero la música me dio muchos momentos felices.

-Recuerde uno...
-Cuando todavía no me conocían en Buenos Aires yo trabajaba en una cooperativa. Allí tenía una piecita donde todos los jueves hacíamos guitarreadas. Con Matus cocinábamos locro y Armando Tejada Gómez venía con sus amigos escultores, poetas y pintores, como Carlos Alonso o Castagnino. Yo cantaba para ellos y pasaban cosas hermosas. No teníamos casi nada y éramos felices con eso.

Le avisan que está cantando por la tele "Luna tucumana". Ella se queda mirando al techo, como si buscara el cielo de su provincia. Luego se despide afectuosamente y se pierde otra vez a pasos cortos y rápidos. Lo último que se le oye decir es: "Me voy a estudiar".


You tube:
Vengo a ofrecer mi corazón
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http://www.youtube.com/watch?v=fu3ruKJ2MbA

Articulos:
http://www.lanacion.com.ar 04/10/2009

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Muere Mercedes Sosa, la Voz de América Latina
Por Soledad GALLEGO-DÍAZ


La folklorista argentina, de 74 años, popularizó la música popular latinoamericana en todo el mundo

La Negra, la cantante folklorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, ha fallecido hoy domingo en una clínica de Buenos Aires, a los 74 años, víctima de una enfermedad hepática. Miles de seguidores en América Latina y en España (donde estuvo exiliada cuatro años durante la dictadura militar argentina) cantaron con ella su extraordinaria interpretación de Alfonsina y el mar, y otras zambas, chacareras, milongas y tonadas que popularizaron en los años 70 y 80 el folklore latinoamericano en todo el mundo y la convirtieron en una de las mejores y más famosas intérpretes del continente.

Su muerte ha sido acogida con dolor también en los medios rockeros y de música pop de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo y colaboración. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante: era ella la que les buscaba para ofrecerles incorporar algunas de sus canciones en los álbumes de música folklórica que iba produciendo (más de 40 a lo largo de su carrera). En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Paéz, Charly García, Caetano, Soledad, Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora esta nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. "La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina", ha asegurado Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de "la voz de América Latina", que le parecía excesivo.

Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que se encontraba el viernes visitando precisamente el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su cariño y su admiración por Mercedes Sosa y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. La Negra Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. "Ella era, quizás, la voz mas vigorosa de América Latina", lamentó Bachelet.

"Mercedes fue un ser bondadoso, sin ningún tipo de maldad y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella", ha resumido el letrista Antonio Tarragó Ros, en nombre de los músicos argentinos.

Mercedes Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folklore argentino en los años 70-80, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta marcha, manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o encuentros políticos sobre los derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida, junto con buena parte de su público. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada del presidente Raúl Alfonsín y la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: "Antes, los sueños eran más radicales; perfectos. Ahora, se hace lo que se puede".

Viuda, con un hijo y dos nietas, Mercedes Sosa se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano y de una belleza muy singular, y su conexión con todas las grandes figuras del folklore latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo ella siempre se consideró una "negra petisa (una mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país". "Este es un país de negros", decía con ironía, "en el que todos son rubios".

En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto. "Tengo suerte", decía, "...pero me ha costado mucho". La Negra Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenia 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que "se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas".

Articulo:
http://www.elpais.com 04/10/2009

You Tube
Cuando tenga la tierra
http://www.youtube.com/watch?v=PRmUFSr8O94