dimanche 11 octobre 2009

Mythos/Sherlock HOLMES, ¿era real?



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Sherlock Holmes, ¿era real?
Por Mythos

Doyle recibía, muy a menudo, cartas que iban dirigidas a Holmes pidiéndole ayuda para resolver verdaderos casos, y en algunos de ellos, el autor demostró su propia experiencia como detective.

La primera hazaña de Sherlock Holmes, como detective, fue escrita por Arthur C. Doyle en 1886. Y se calcula que la venta total de sus libros, sobrepaso, hace ya mucho tiempo, los cien millones de ejemplares, produciendo una de las mas grandes fortunas literarias en toda la historia.

Sherlock Holmes
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protagonizo más de ciento treinta películas, casi un millar de guiones para la radio, y muchos programas de televisión, sin contar las muchísimas obras teatrales. Todavía, en el mundo, existen fanáticos grupos de admiradores, que se reúnen cada cierto tiempo, para escarbar entre los sombríos y enigmáticos pasajes de la vida del detective.

Muchas formas del método científico de investigación policial que actualmente se utilizan, Sherlock Holmes ya los usaba en sus casos. Moldes de yeso, o el uso del microscopio para estudiar las pequeñas partículas de la ropa y así determinar la ocupación de una de las victimas, o confirmar las historias de los sospechosos, y sobre todo, observar en detalle la escena del crimen.

La policía egipcia, al traducirlo al árabe, lo utilizó como texto de estudio, y los franceses le dieron el nombre de Arthur Conan Doyle al magnífico laboratorio de criminalística en las cercanías de Lyon.

Conan Doyle era hijo de una modesta familia escocesa de Edimburgo. Cuando tenía 17 años ingreso a la escuela de medicina, y al mismo tiempo tenía que trabajar para pagarse sus estudios. Su trabajo llamó la atención de Joseph Bell, gran cirujano y perito en diagnósticos. Al poco tiempo paso a ser su asistente. El doctor Bell era un hombre muy hábil en la observación y el razonamiento, y cuando estaba en la clínica era una fiesta para los estudiantes, ya que no solo podía determinar el mal que aquejaba al paciente, sino también el origen, el tipo de trabajo y su procedencia.

Doyle quería ser cirujano y ser tan hábil como Bell, pero los años difíciles lo obligaron a trabajar como medico a bordo de un barco ballenero, y después de regresar, se estableció en Southesa, en donde arrendó una casa. Tenía pocos clientes, así es que el tiempo libre lo usaba en escribir, esperanzado en conseguir algo de dinero extra, mientras se hacía conocido como medico. Escribió algunos cuentos y una novela para la que no pudo encontrar editor. Estaba muy desanimado, y fue en esa oportunidad cuando recordó los trucos del doctor Bell para hacer sus diagnósticos, y decidió aprovechar esos recuerdos para escribir una novela policial.

“Estudio en Rojo” fue el nombre. Para su protagonista, es posible que escogiera una combinación de nombres, como de un jugador de cricket famoso, y el apellido del escritor y médico norteamericano Oliver Holmes.

En esa primera novela, un tal Watson, doctor en medicina, herido de bala en la guerra de Afganistán, llega a Londres, y luego de ser presentado por un amigo a Holmes, se queda en su casa como invitado, en el número 221B de la calle Baker.

Esa primera aventura paso sin pena ni gloria en Inglaterra, pero su éxito en los Estados Unidos fue una bomba. La segunda entrega, llamada “La señal de los cuatro” fue la consagración de Doyle en los dos continentes.

Mientras los cuentos se publicaban, los protagonistas comenzaban a quedar plasmados en la mente de los lectores y la imaginación colectiva, y a pesar que Conan Doyle hacía una fortuna con esas historias, aun creía que escribir solo era una fuente de ingresos y no una profesión. Así, cansado de escribir historias para su detective genial, lo mato en 1893 durante una pelea con el profesor Moriaty en las cataratas de Reichenbach, Suiza. Los lectores se enfurecieron y lo llenaron de cartas protestando por la decisión, pero Doyle se mantuvo en lo que había ya decidido.

En el año 1900, Conan Doyle se enlistó de voluntario en la guerra contra los bóers y prestó servicios como cirujano en un hospital. A finales de 1903, convertido ya en caballero, se rindió ante sus lectores y revivió a Sherlock Holmes en “La casa vacía”, donde decía que finalmente, el hábil detective sobrevivió de una forma milagrosa.

Su reaparición lo hizo en la revista Stand, en Inglaterra, y en el Collier’s de Estados Unidos, y de nuevo el entusiasmo de sus partidarios colmó las ediciones de ambas revistas.

La creación de Doyle fue tan vigorosa, que una gran cantidad de personas se resistía a creer que no fuera un personaje real. Doyle recibía, muy a menudo, cartas que iban dirigidas a Holmes pidiéndole ayuda para resolver verdaderos casos, y en algunos de ellos, el autor demostró su propia experiencia como detective.

Cuando murió su esposa en 1906, Conan Doyle quedó tan entristecido que dejó de escribir, y el interés por la vida parecía haber desaparecido con ella.

Sir Arthur falleció en 1930 cuando tenía 71 años, tres años después de haber escrito su último cuento de Sherlock Holmes.

Pero la magia todavía esta presente.