dimanche 11 octobre 2009

Revista Quincenal “Cañasanta”/Octubre 2009


Revista Quincenal “Cañasanta”
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EN ESTA EDICION LE TRAEMOS:

DANZA::
ALICIA ALONSO Y EL BNC EN MISSISSAUGA
OPINION:: Cuba y EE UU empiezan el 'deshielo cultural' : Por MAURICIO VICENT
TORONTEANDO :: SALVAR A LULA : Por Magdalena Díaz
ARTICULO X :: PTEROSAURIOS: historia del Mesozoico
EL DOSSIER :: ¿Qué es un Relato policial? : Por Nicolás Casas
EL DOSSIER ::
Martí y el idioma : Por Lic. Roberto E. Holder Piedra
CRITICA DEL LIBRO :: ISSA Nobunaga: historia japonesa de Carlos Almira
CINE :: Algunos mitos entre los espectadores acerca del cine : Por José de Jesús Chávez


EL DOSSIER ::
MARIANO JOSÉ DE LARRA (1809-1837)
EN EL SEGUNDO CENTENARIO
Por Francisco Arias Solís


“Un pueblo no es verdaderamente libre
mientras que la libertad no está arraigada

en sus costumbres e identificada con ellas.”

Mariano José de Larra



LA VOZ DE UN VERDADERO PROGRESISTA

Larra fue el primer escritor de España que consideró con gesto intelectual los problemas y vicisitudes nacionales que siempre han flotado en nuestra atmósfera. Por el enfoque siempre actual de su visión, la calidad de su ironía y el alcance de las meditaciones que fulgen en la obra de Larra, queda plenamente justificado el gusto nuevo y la vuelta a Larra que se manifestó hace ya algo más de un siglo. La iniciativa partió de la generación del 98.

Mariano José de Larra, nacido el 24 de marzo de 1809 en Madrid, cumple diecinueve años cuando se decide, en 1828, a publicar un periódico a sus expensas, El Duende Satírico del Día, sólo aparecieron cinco números, pero ya encontramos en él el esbozo de varios de los grandes temas que el escritor desarrollará en los años siguientes. Es una época de censura muy estricta: por eso debe dar prueba de gran habilidad para presentar sus críticas contra la España caótica y desecada, nula y vacía, y para abogar por otro gobierno, por las libertades y la civilización.

En agosto de 1832, después de haber ensayado otros géneros literarios, vuelve con obstinación al periodismo. Publica el primer número del famoso periódico El Pobrecito Hablador, del que saldrán catorce números. En ellos encontramos artículos tan célebres como “El castellano viejo”, “Vuelva usted mañana”, “¿Quién es el público y dónde se le encuentra?”, etc.

Larra ha comprendido que por medio de la prensa puede llegar a sus contemporáneos, modificar la sociedad, sentar las bases de un credo político y sacudir la apatía general. Estos son los motivos por los que este autor pone su genial originalidad al servicio de esta obra bien cívica.

Si Larra no hubiese escrito más que su novela El doncel de don Enrique el Doliente, su débil teatro y sus versos –aquellas odas que “el diablo le tentó a escribir”-, no nos acordaríamos en el segundo centenario de su nacimiento, de su nombre. Pero hizo artículos. Observó, criticó y analizó. Expuso con ironía y justeza. Trazó cuadros y siluetas de gran aire español. Derrochó aquí y allá juicios de universal alcance y logró en ocasiones lo que no pudo hallar en versos ramplones: el acento del verdadero poeta.

Larra tiene de don Francisco Quevedo, la crueldad y el sarcasmo implacable. Pero el verdadero y legítimo antecedente del gran articulista es, como señala Azorín, Beaumarchais. En el autor de El barbero de Sevilla se encuentra implícito el humorismo del español, que supo adoptarle originalmente con temperamento propio.

Al anochecer del 13 de febrero de 1837 Larra se suicidó. Le faltaba más de un mes para cumplir los veintiocho años. Los periódicos de la época dieron poca importancia al suicidio de Fígaro. Apenas si le dedicaron comentario alguno. Azorín se escandaliza de ello. La llamada generación del 98 y la siguiente revisaron aquel silencio como un proceso de insensibilidad española o de mal gusto. “La obra de Larra estaba acabada allí donde él la dejó –escribió Antonio Machado-, y fue el suicidio su último y definitivo artículo de costumbre”.

Larra nos recuerda constantemente que si la sociedad es una amalgama él escribe para esta sociedad, es decir, para la mayoría, en defensa de una amplia difusión de la cultura para sacar al pueblo de su marasmo. Llegamos con esto al final de la evolución personal de Larra. Ha discernido que en una sociedad cuanto mayor es el número de individuos implicados en sus transformaciones tanto más este gran número –que llama “masa”, “masas” y “pueblo”- tiene probabilidades de transformar profundamente la historia. De aquí sus incesantes llamadas a este gran número.

El hecho de que hayamos aplicado el calificativo de “progresista” cobra así toda su significación. El elemento más importante de su evolución personal, es, sin duda, esta progresiva toma de conciencia de la realidad histórica de España, realidad móvil y no definitiva.

Y preguntamos hoy como ayer. ¿Por qué se suicidó Larra? “Larra se mató –nos cuenta Machado- porque no pudo encontrar la España que buscaba y cuando hubo perdido toda la esperanza de encontrarla”. Larra, nuestro romántico escritor, fue un peregrino en su patria. La ideó y la idealizó peregrinamente. Larra, fue un peregrino de amor, un enamorado. Y como dijo el poeta: “Fue peregrino en su patria / desde que nació. / Y lo fue en todos los tiempos / que en ella vivió”.

***
POESIA::

Ángel Fernández (Gélico). Nace en Sancti Spiritus en 1972, Cuba. La mayor parte de su vida vive en la ciudad de Santa Clara, donde a comienzos de los 90s se introduce en mundo cultural de su país, involucrándose con los poetas y escritores de la nueva generación de los 80s y 90s. Su obra, tanto plástica como literaria, ha sido exhibida y publicada en diferentes antologías de poesía y literatura latinoamericana y publicaciones del orbe. Actualmente vive en Toronto, Canadá. Es acreedor de diferentes premios nacionales e internacionales en poesía y narrativa. Ha sido jurado en múltiples eventos literarios. En la actualidad es Editor y Creador de la Revista sobre Arte y Literatura Contemporánea Cañasanta

POESIA ESCOGIDA
Por Gélico

Especulación de aquel mismo sitio

Tu vista y la mía se han encontrado maravillosamente, han hablado que nos desconocemos más allá de las butacas, la sala de espera y pienso, a lo mejor, que tienes una hermana que es un zorzal, inexplicable, con la misma sonrisa que disfraza tu atisbo, el vuelo del resumen. Tu mirada y la mía disparan mariposas y diez siglos de encuentros y la recorro por mi mente como si fuese mi casa, mi nido incompleto, para trazar una novela con tu nombre que se llama Ojo y es del género de los idólatras, de las constelaciones y del olor de tu pelo a la luz. Te miro, y hasta creo que bajo a tu nombre y discutimos por una sinrazón a la hora de la mesa. Tu pupila y la mía se dedican un tono, tan puntual como un reloj despacio, ofrendando una canción al segundo en que nuestros amantes vuelven al acecho.


En el puerto de las túnicas pálidas

y vinieron los hombres como pescadores
a zurcir sus túnicas y zarpar las flores que devoran
la codicia del pez, una quimera.

y vinieron de noche con su fe
a espantar paredes y castálidas,
la tranquilidad trizada del recreo
una vida, también los libros.

llegaron anunciando las estrellas
las que quedan
el invoque
arrebatando los cubiertos del pábulo
una envestida en la ventana
la oscuridad que estremece el salmo.
llegaron como la espera
en el momento del humo,
en el exacto momento no apremiado.
llegaron diciendo una fábula
con más cadenas en las nubes
con más puertos inocentes
para atrapar el iluso amor de los varones.


Carta de Penélope a Héctor

sabrás tú de cómo se pacta con la soledad y el grito
y dónde se roba el mar cada noche cuando
el lobo de mi interior bebe el templo, los hilos
pues entre el sol y tú tejeré otro sudario:
un lugar donde parezca que llegabas antes de morir de frío
pues tantas guerras y diez pretendientes pregona el pecho.
pero no les hablé de ti ni que hueles al griego de tus manos
yo misma sueño que me amas que buscas un tiempo
y otro cuento para vernos y bebernos en la sombra
como la boca en que no he muerto
como el desierto donde escondo mis raíces.
En tu muerte lejana hay eternidad y aún me faltan otros 10
para ser más fiel sin tu piedra, en la espalda que no besó Aquiles.
¿qué será de tu lámpara, del polvo donde murió
tu semen en mi hambre?
yo tendré más tiempo, pero el dolor de alguien será una nube
entonces obraré un puente y creerán que bailo
que soy una tarde con puentes en los hombros.
sabrás que el ovillo que una noche ayudaste a soñar
aún tiene tu retrato, el olor del siglo y otras lanzas
con que tú respondes a mis dedos
y reconoceré otro héroe y sus puñales pues este encierro tiene arena
y Telémaco partió a Esparta
conoce mis amantes y sus ruinas, la claridad de las camisas
yo, que no he mentido nunca
quiero estar desnuda a la mitad de tus senos, un tanto más breve
y amanecer en la mitad de tus ojos es el delito, esperar otra noche.
Ítaca sin ti convocará a la tristeza al recuerdo de una calle oscura
ya no volveré a verte dos veces por semana
y la criada aún vigila el juego que yo entrego
mi infancia la beberá otro nombre que conocí en tu cara, alguien
con un árbol en la luz y en el otro la humedad de la pulpa, del otoño.
tu sabrás que dirán otro pigmento: una fábula azul
el patio quedó sin el mar con tu partida que
llevaba ciervos y peces, el lugar de creerme aún una mujer buena.


Una mujer…

Una mujer, delgadamente, galopa por la verja
y le sonríe a las hojas ciegas como si fuese el otoño
pero no sabe que somos tontos
los que se sientan en los bancos desgarrados
los que le llueven soledades

corre
se aleja
y deja atrás la nostalgia
el frío y el deseo de un amante
sin saber que las sombras sufren de árboles y de hojas
mientras que al revés de cada árbol yacen los azules bancos
de la orfandad de los parques


Buscando un espacio para quedarse

cuando lloro hasta mi último sorbo hasta mi último pedazo de mi córnea es cuando no llego a tiempo a los cristales o a decir el último nombre que me queda en la memoria

a quién le duele tener una mujer en sus arterias

cruzando una piedra infinita y unos labios eternos que no huelen a fantasma, sino a fruta donde se sueña despacio, donde yo también elijo los cadáveres que derrumban mi felicidad.

cuando soy hermoso y soy soledad, lo confieso

soy la voz y las uvas de tu pelo

pero cuando lloro por el hambre soy más allá del blanco y los oídos. soy la urgencia necesaria de las postales, de los viajeros.

Mary Jane, mírame fijamente a los ojos y sabrás que miento, que tengo otras islas, en cada puerto, en cada esperanza de ser un animal que matas.

he dicho mi piel porque yo hice las estatuas de la ciudad, incluso, las calladas las que vamos a cazar por medio de los siglos, de los amantes por medio de mi llanto y de tu pelo que sabe donde flotan mis aguas. Respira mi pájaro Mary Jane, encuentra la luz de su pez en medio del zarpazo

entra a mi madrugada respira el olor de mi colores, despacio

y parecerás que llegabas.


(sin título)

y se construyó ciudades por dentro
un lugar para reposar las tardes
escribir su juventud
y en ese instante/ en esa muerte
solo fue un abismo/ otra luz


La muerte de Hypatia

Hypatia,
abre tus pórticos
déjame entrar al calor de tus arbustos
yo puedo ser otro patriarca que lleva su casa
un plazo corto hasta tus miembros
sin saberlo cargaré los siglos más inciertos
el carácter donde saboreo los bares
donde me convierto en vientre
en un alejandrino destruído y sin nombre
preséntame tu invierno perfecto
esa juventud desconocida
Plotino no será tu cárcel en mis manos
en mis libros
en la hora en que cenamos junto al mar
para ver pasar los peces y las nubes
sé sencilla
crea un faro con tus rumores
en Nitria lloverá otro desierto
otras culpas para tu muerte
nadie paseará tu cadáver sobre tejas
y ni tu magia astronómica del sexo
se extinguirá por los siglos
yo apagaré el Cinareo
beberé otros vientos más allá de la luz
descansando en tu seno albino y pagano
para poder adorar otros dioses tras la puerta.


Como faltando un poco de aire

Mary Jane llevaba un vaso de licor en su frente
y como una música o un río
danzaba entre la multitud de mi ojos
que no tenían más cenizas que su música
también mis ojos tenían un vivir en sus piernas
que saltaban de un puerto hacia la otra mesa
sus muslos que poseen el blanco de la luna
pueden romper y fabricar estatuas
sus piernas tienen un lugar donde se guardan los dedos
donde me puedo castigar en las noches con su nombre.
Pero Mary Jane no sabe que existo como un grano de manzana
como el ojo del extraño que la persigue con
el mismo silencio de un crimen.
Si supiera que soy Dios, el que habla
me amaría casi eterna sin crucifijos ni tendones
tendiera el mantel que una vez vi morir tras los abedules
e hiciera otras cosas indecibles mientras duerme.
Si yo me destruyera, Mary Jane, en este mismo instante
nadie te hubiera dejado un beso sin saber
nadie hubiera descrito lascivamente el mapa de tus tetas
nadie hablaría de ti ni tampoco de mí en
otras felicidades que trae la noche
pues soy quien te lleva el viento y otras brújulas
y quien te lleva también ese vestido ligero
que seduce al descuido y a los hombres
y rompe mi cabeza sin las desidias de la aurora.
Ay, Mary Jane pasando nuevamente por mis ojos
sin escrúpulos ni permisos
solo con su danza destinada al azar
si conocieras certeramente la Ley de Newton
u otra ley que compagine con los hombres y las bestias
amanecieras sin motivo en mi saliva en cada historia
como un náufrago que brinda por sus animales
después de lo planeado, después de un pez u otra ola
tú, mujer, eres una poesía en un mundo más sucio
en este segundo en que bailas con un vaso de licor en tu frente.


A quién culpo

¿y a quién culpo
si los tizianos no devoraron tu boca
si no se entregaron otros días de espera?
vuelve a tus tierras
sin mis signos que cuentan lo incierto
sin extender el castigo que pueda
beber la almendra de tu piel
la cicatriz inexacta de tu bálsamo
simplemente huye
aplastando el olor donde no saludo
para no dejar un trozo de ti
donde tus guerras médicas
son un pedazo de mar que se asoma
ante el miedo de mirarte
y dejar otra isla en mis arterias.

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Revista AZUL@RTE

Ilustracion: Pablo García