dimanche 11 octobre 2009

Stefan SWEIG/Historias bien contadas


Historias bien contadas
Zweig no se detiene en nada que pudiera caber bajo la sospecha de ser prescindible y mero relleno

Stefan Zweig -junto con Franz Werfel y Joseph Roth- es un ejemplo literario de la desorientación por la que atravesó la cultura austríaca a principios del siglo XX y, sobre todo, después de la Gran Guerra según lo ha diagnosticado el mejor estudioso de esa cultura, el triestino Claudio Magris. Con distintos matices, los tres comparten una mirada nostálgica del imperio autro-húngaro, su pertinencia a la clase de judíos centroeuropeos, civilizados y secularizados, y un itinerario vital de errancia y exilio. A ello se suma, de manera particular en sus escritos ensayísticos, una adhesión un tanto extrínseca a un cosmopolitismo europeo y un pacifismo ingenuo. Así, "humanista con retraso y fuera de tiempo, simpática y cordial personalidad inadecuada a los problemas de su época, Zweig permanece como la noble, amable y vana voz de una protesta moral contra la cruel rueda de las cosas, similar a su Erasmo de Rotterdam con que el cual se había identificado", lo califica Magris.

Dentro de la vasta obra de Zweig (1881-1942) -una parte importante de la cual viene siendo merecidamente reeditada en español por la editorial Acantilado-, incluso por sobre sus célebres biografías, las novelas breves o relatos de cierta extensión poseen particular interés literario y permanencia más allá de las circunstancias temporales.

Un buen ejemplo de ello son, precisamente, Mendel el de los libros y Viaje al pasado (o Resistencia de la realidad ). El primero narra la historia de Jacob Mendel, un viejo de aspecto insignificante que pasa imperturbable los días en la misma mesa de un café vienés, leyendo con absoluta concentración una pila de libros, sin percatarse en lo más mínimo de lo que ocurre a su alrededor. Sin embargo, para quienes lo conocen, Mendel es un ser extraordinario, un "catálogo andante" de libros, un bibliófilo superior (quizás el mayor de Europa y del mundo): de una memoria descomunal, las mejores bibliotecas quisieran contar con su erudición, pero él prefiere su rutina del café Gluck y opta por ganarse la vida modestamente pesquisando libros raros por encargo. Hasta que, de un modo absurdo, el mundo y los tiempos que nunca recibieron su atención, lo atropellan con atrocidad.

Zweig refleja en este relato magnífico toda su nostalgia por la antigua Europa, plural, diversa y tolerante, cuya pérdida le parece irredimible. Según George Steiner, la vida en torno al café es uno de los rasgos esenciales de la identidad europea y, después de Mendel, esa exquisita y morosa forma de sociabilidad es el segundo protagonista y víctima de la narración. Pero también, a contrapelo de la intención del propio Zweig, podría leerse la historia de Mendel como la alegoría de una cultura muy refinada y rica pero que dio la espalda a los cambios históricos, que no vio o no quiso ver los signos de horror que acaecían en su entorno social y político hasta que ya, demasiado tarde, la "arrogancia de los hechos" se impone.

En Viaje al pasado (que tiene algunos vínculos con sus también recomendables Carta a una desconocida y Novela de Ajedrez ) narra la historia de un reencuentro amoroso frustrado luego de casi una década de separación. Podría decirse -la analogía es de Zweig- que se trata de una Odisea en que es el paso del tiempo el que impide la reunión de los amantes: ambos son unos fantasmas de lo que fueron antes. Mientras pasean por un parque solitario, Ludwig, el protagonista, recuerda súbitamente unos versos de Verlaine que ella alguna vez leyó, versos que lo iluminan: "En el viejo parque gélido y nevado/ dos sombras buscan su pasado".

En este relato, muy bien estructurado, se filtran algunos indicios de una visión más compleja de la Viena de principios de siglo: la rigidez de las divisiones sociales, la hipocresía moral, sobre todo en cuestiones sexuales, la presencia de esquemas sociales típicos de la alta burguesía como el matrimonio de un hombre mayor y una joven bella pero insatisfecha.

En ambos relatos hay un retorno al pasado y ese retorno opera como un ajuste de cuentas en contra del momento actual: "Todo lo que es único resulta día a día más valioso en un mundo como el nuestro, que de manera irremediable se va volviendo cada vez más uniforme", señala Zweig.

La prosa del escritor austriaco es clara, directa y elegante (aunque en algunos pasajes eróticos pueda resultar al oído moderno bastante relamida). La frase es breve, sin recovecos, prolijamente elaborada. El ritmo de los relatos es veloz, como él también lo quería, y no se detiene en nada que pudiera caber bajo la sospecha de ser prescindible y mero relleno.

En fin, dos historias bien contadas pero envueltas en esa nostalgia triste de quien hizo esta desconsolada pregunta: "¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?"

Viaje al pasado
Stefan Zweig
Trad. Roberto Bravo, Acantilado, Barcelona, 2009,
96 páginas,
$ 13.080
RELATO


Articulo:
http://www.emol.com 20/09/2009