
Entrevista Nuevo libro:
Rodrigo Fresán publica una "historia de amor con traje de astronauta"
Por Antonio Díaz Oliva
En El fondo del cielo hay destellos de literatura fantástica, guiños al fundador de la cienciología y los mismos referentes literarios que acompañan a este autor desde Historia argentina . Una novela con la que Fresán se pone la escafandra espacial, asciende a alturas planetarias y revela que -incluso en lo más recóndito del Universo- hay historias de amor flotando.
Rodrigo Fresán no recuerda exactamente en qué año fue ni dónde. "Lo mío no son, nunca fueron, jamás serán, las fechas", comenta desde la capital catalana donde lleva ya diez años asentado. Lo que sí recuerda Fresán es que le escuchó a Jonathan Lethem una anécdota en torno a L. Ron Hubbard: el momento en que ese tal Hubbard, un escritor de ciencia ficción de dudosa calidad, era menospreciado por sus colegas y, a modo de venganza, amenazaba con fundar una religión y erigirse como una suerte de dios moderno. Ese momento, que con los años se ha mitificado, se considera uno de los puntos de partida para la creación de la cienciología (sí, la misma que hoy se conoce como la religión de los famosos).
Y ese momento, asimismo, es uno de los tantos que aparecen en El fondo del cielo , la nueva novela de Fresán después de Jardines de Kensington (2003) y que llegará -el libro, no el autor- a la Feria Internacional del Libro de Santiago precisamente cuando Argentina es el país invitado. Una historia en la que conocemos a Isaac Goldman y Ezra Leventhal, primos y fanáticos de la ciencia ficción, quienes deciden armar su propio club y quedan marcados por una chica que se hace presente una única y mágica vez en sus vidas. La historia, también, en que sabemos de Jeff, amigo de los pequeños Isaac y Ezra, a quien se le ocurre la idea de fundar un movimiento religioso. Eso, claro, más las ya típicas digresiones de Fresán que nos llevan por la caída de las torres gemelas, la guerra de Irak, apariciones encubiertas de Philip K. Dick y Kurt Vonnegut, así como otros destellos de ciencia ficción. Aunque, como el mismo escritor advierte, El fondo del cielo no es una novela "de" ciencia ficción, sino una "con" ciencia ficción.
-¿Y qué diferencia a ambas categorías?
-La diferencia pasa por el trabajo que a mí me interesa hacer con los géneros. Es decir: no me interesa que el género marche delante de todo, sino que funcione más como una atmósfera o un perfume. De igual modo que Esperanto no es la típica novela con rocker o Mantra la típica novela de viaje o Jardines de Kensington la típica novela histórica-biográfica, El fondo del cielo no es la típica novela de ciencia-ficción. De hecho, es una novela de ciencia-ficción más preocupada por el pasado que por el futuro. Mucho más cerca de Proust y de Banville que de anticipadores compulsivos como Clarke o Asimov.
-El tono de la historia es bastante nostálgico, como describiendo un futuro que ya pasó.
-Sí. No me interesa la ciencia-ficción tecnológica y mucho menos la anticipatoria. Puesto a buscarle un antecedente más o menos directo, uno de los héroes no del todo secretos de El fondo del cielo es Adolfo Bioy Casares en La invención de Morel (otra historia de amor con reflejos de science fiction y El sueño de los héroes (y ese intento de recuperar un momento perdido en el tiempo). Enorme escritor que, desde siempre, pero sobre todo en los últimos tiempos, es duramente criticado y considerado una especie de idiota savant burgués por buena parte de la intelligentzia de mi país. Otro de esos grandes -pero tan pequeños- misterios argentinos, supongo.
-Isaac Goldman comenta la falta de amor en la ciencia ficción. ¿Fue ésta primero una historia de amor a la cual se le agregaron elementos de literatura fantástica?, ¿o al revés?
-La primera idea era escribir una novela de amor de alcances cósmicos. Así que enseguida se anexó el desafío de invocar cierto espíritu sci-fi. Fue un movimiento casi automático y simultáneo. Poner en práctica la teoría de que, finalmente, no hay nada más extraterrestre que la invasión del amor y que, cuando uno está enamorado, también está perdido en el espacio. Para decirlo de otra manera: esta es una historia de amor con traje de astronauta.
-De hecho: en varias partes de la novela el amor funciona como una suerte de parche para los personajes...
-Sí, pero en El fondo del cielo el amor es más que un parche: es el punto de fuga hacia el reencuentro final y la versión definitiva de todas las cosas. El amor funciona como última puerta de emergencia y posibilidad postrera de final feliz para personajes tan infelices. Y, de acuerdo, Ezra e Isaac aman a una mujer, se aman entre ellos y aman a un género. Pero, finalmente, lo que aquí se impone es ese gran amor que trasciende a ellos y que, como escribió Dante, "mueve al sol y a las estrellas".
-¿Y qué descubriste sobre Ron L. Hubbard al ahondar en su biografía?
-A diferencia de lo que hice con James Matthew Barrie, el creador de Peter Pan, en Jardines de Kensington , donde los aspectos biográficos imponían la investigación de detalles a fondo, en El fondo del cielo las partes en plan true-story no lo son tanto. La realidad -o nuestra dimensión, si se lo prefiere- funciona en la novela como una especie de ligero telón de fondo o velo casi transparente. Así, Ron L. Hubbard, que en parte inspira a la persona de Jeff, es apenas un punto de partida, un guiño o señal intermitente por la cual comenzar orientándose para, enseguida, ir a cualquier otra parte. Y lo que descubrí en su biografía es lo mismo que uno descubre leyendo la Biblia o Las mil y una noches o Mein Kampf : la desesperada necesidad del ser humano de creer en algo o en alguien y sentirse parte de eso.
-¿Por qué la elección de Nueva York como escenario?
-El ambiente judeo-sci-fi que se evoca en la primera parte del libro sólo se dio en Nueva York. Igualmente lo del 11 de septiembre del 2001. Y, sí, siempre es un placer viajar a Nueva York. En cualquier caso, más allá del lugar o de los lugares de la Tierra donde transcurre, me parece que El fondo del cielo es un libro bastante extraterrestre. En ese sentido, también, me considero un escritor cada vez más solitario en lo mío y tan feliz de que así sea.
-¿Qué efecto tuvo la muerte de J. G Ballard y de Kurt Vonnegut en esta novela? Ambos escritores, con sus matices, encajan dentro de esa etiqueta de escribir "con" ciencia ficción...
-Y el suicidio de David Foster Wallace entre uno y otro. Sí, siempre fueron dos, tres, modelos muy presentes. El modo en que piensan el futuro y los muchos otros planetas desde un presente aquí mismo. La idea de que, al final, no hay nada más alien que los mismos seres humanos. Y que, de un tiempo a esta parte, nos vamos transformando en nuestros propios extraterrestres.
-¿Cómo es eso?
-Que, hoy, viajamos al espacio interior del ADN como alguna vez viajamos al espacio exterior de la Vía Láctea. No sé si es un buen cambio porque, pienso, qué sentido tendrá vivir más tiempo si, por el camino, nos la pasamos restándole años de vida a nuestro planeta. De seguir así, nos convertiremos en inmortales sin Olimpo, en dioses sin paraíso, en viajeros sin destino.
-Recientemente se reeditó "Historia argentina", libro que cumple 18 años. ¿Cómo lo ves al lado de tus otros libros iniciáticos, como "Vida de santos" y "Trabajos manuales"?
-Los veo con afecto y agradecimiento. Historia argentina es mi big bang y fue un parto-debut más que feliz. Vidas de santos fue un libro que, en su momento, luego de Historia argentina , desconcertó bastante a muchos y hasta me desconcertó a mí; pero con el correr de los años y de los títulos me parece que va envejeciendo bien y hasta mejorando a partir de los reflejos que proyecta sobre cosas que escribí después. Es el libro favorito de mis lectores más freaks , creo. Y Trabajos manuales va en camino de convertirse en mi "eslabón perdido" y, pienso, está bien que así sea.
-Habiendo aterrizado, y luego de seis años sin publicar nada nuevo, ¿cómo se siente ponerse el traje espacial de la ficción una vez más?
-En realidad fueron seis años de no publicar pero de un constante escribir. De hecho, antes de comenzar con El fondo del cielo ya tenía otra novela terminada que seguirá inédita por un tiempo, creo. Por lo pronto, estoy seguro de que no será mi próximo libro. Así que el traje no me lo quité nunca. Todo este tiempo he estado flotando.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 25/10/2009
