
Con-fabulación nº109
Périodico virtual
http://con-fabulacion.blogspot.com
E-mail: confabulacion1@gmail.com
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DESDE EL CASTILLO
Correspondencia entre Rilke y Balthus
Una de las complicidades más fructíferas de la historia del arte, fue la que existió entre el al poeta Rainer Maria Rilke y el pintor Pierre Klossowski, planetariamente conocido como Balthus. Rilke, quien fuera amante de la madre del gran pintor, fungió como tutor espiritual de éste durante sus años de convivencia. A continuación dos de las cartas que el poeta dirigió a su amigo, y donde la reflexión, la hondura metafísica y la desbordada creatividad se revelan. Un par de verdaderas joyas epistolares que nos sirven para sazonar nuestra gran encuesta virtual.
Castillo de Muzot-sur-Sierre, Valai. (16 de enero de 1922)
Mi querido amigo B... Le debo una buena carta por la suya de Navidad y otra a Pierre por la suya: pero no será la de hoy. He escrito demasiadas; mi pobre pluma parece haberse achatado a fuerza de realizar tan largos paseos casi por todos los países de Europa e incluso más lejos; y quisiera tenerla descansada para su ejercicio “in situ”: el trabajo, que debería ser su gimnasia preferida y diaria.
Pero es preciso cuando menos, querido amigo, que le dé las gracias, y muy encarecidamente, por esas páginas que me ha escrito. Me ha parecido muy hermoso el pequeño adorno chino; después de éste -estoy seguro habrá hecho otros; ¿se está realizando el encargo?
Aquí todo transcurre como de costumbre y yo bendigo esta regularidad de la cual tenía tanta necesidad para poder reemprender mis trabajos y mis pensamientos, todos ellos como de otro tiempo en un mundo que no deja de correr. ¡Y su querida madre enferma! ¿Está mejor ahora? Ella dio una sorpresa tan admirable y conmovedora con la acuarela improvisada que esbozó sobre la vieja fotografía de mis padres. Son asombrosos el encanto, el estilo y, por añadidura, la justa semejanza que ha sabido evocar al reproducir esas formas entreborradas y un poco imprecisas; se trata de una obra verdaderamente inspirada y aún sigo asombrándome al admirarla cada día. Dios mío, si los tres reencontraran de nuevo las condiciones que les permitieran a cada cual hacer aquello de lo que es capaz... Si se les diera un poco de espacio y les abandonara todo inútil desánimo...
¿Le ha hecho llegar Rothapfel (desde Heidelberg) los originales de Mitsou? (Me lo había prometido así). ¿No se han estropeado demasiado? Casi cada día me trae una nueva carta (le enseñaré las más interesantes) que me habla amablemente de Mitsou; yo lo distribuí ampliamente entre Navidad y Año Nuevo.
Así pues, mi tan querido B..., ánimo: el invierno pasará; con la primavera regresan las ideas claras y saldrá usted de debajo de las nubes berlinesas. Muchos recuerdos a Pierre; estoy encantado de haber acertado con su gusto al enviarle el pequeño volumen de Gide. Mi querido colaborador, su amigo siempre.
Castillo de Muzot-sur-Sierre. (Junio de 1926)
Mi muy querido B..., Entonces es cierto que va a viajar pronto a esa bella Italia que tengo a sólo dos pasos de mi casa, ¡sin que dé nunca esos dos pasos! Se me espera en Milán, en Venecia, en Florencia, y tengo en mi pasaporte el visado que necesitaría, pero yo ya no soy “el hombre viajero”: todo me detiene y ningún tren, ni siquiera ese grande y rápido, color de abejorro y con todos sus letreros que veo pasar diariamente desde mi balcón de Bellevue, despierta en mí el menor atisbo de tentación. Acabaré por tener pequeñas raíces barbadas y hará falta venir a regarme de vez en cuando (pero no demasiado: pues eso me traería a la memoria la sensación de tener los pies fríos).
Mi querido amigo, quería decirle que no parta sin enviarme su Poussin (o sea, el mío, lo digo con orgullo). Es como si mis paredes hubieran cambiado de traje para recibirlo dignamente; tan bonito se ha puesto esta vez el cuarto con los tableros verdes de mi invención que no quisiera volver a colgar en su lugar los viejos grabados (a pesar de que los echaré de menos por la tan grata compañía que me hicieron).
Me gustaría, B..., conocer su opinión sobre el asunto de la iglesia de J. M. Sert, actualmente expuesta en París. ¿Ha visto esas decoraciones y suscribiría el artículo de Claudel que le adjunto (¡quien por cierto hay que ver lo magnífi camente que se expresa a veces!)? Según él, habría, pues, una pintura de nuestro tiempo que ha logrado aquel milagro de crear un forro entero de pintura en el manto de Dios. Sólo un español o un ruso podría, en nuestra época, ser capaz de una tarea tan enorme, de tal compendio de pintura que debería ser una suma de vida y de fe. ¿Me dirá unas pocas palabras al respecto? Si no le disgusta demasiado tomar un momento entre sus dedos una humilde pluma en lugar de un pincel, mándeme noticias de vez en cuando, también cuando esté en Italia. ¿Adónde irá primero?
Sé que ha aparecido el Malte [Los cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rilke] en francés pero todavía no he visto ningún ejemplar; quiero telegrafiar a Betz sobre este asunto...
Muchos recuerdos afectuosos a los tres. Un abrazo muy fuerte.
Artemisa Ediciones. Traducción: Juan Andrés García
***
La vocación suspendida de Lauren Mendinueta
Por Gustavo Ortiz*
Cuando uno se encuentra con la voz y el alma de Lauren Mendinueta, se reconoce una vocación suspendida, donde la memoria, el abandono, la soledad y hasta el amor, le dan la tranquilidad a las imágenes. Llevo seis años leyendo de cerca a Lauren y uno se encuentra con la serenidad canónica de su presencia, se trasforma en una necesidad lectora, más allá de cualquier categoría física.
La Vocación suspendida (Editorial Point de Lunettes, Sevilla, España), es un libro que además de ser reconocido con el VI Premio Internacional de Poesía "Martín García Ramos", viene a ser un acercamiento subjetivo y teórico de la idea del viaje que siempre ha estado en la escritora barranquillera.
Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta a la muerte.
La rigidez posible en la metáfora, el evitar el caos semántico, quizá no solo sea estrategia, sino una cierta verdad en que ella, como mujer, habla de manera más libre. Vale preguntarnos si la correcta dosis de saber la nostalgia de ella frente a los signos, siendo ella un signo más y hablando esos signos y hablada por esos signos, le de ese estatus invisible e inefable de repetirse siempre el lector por su escritura, como por una barco que no tiene otra esperanza distinta de la muerte. El control del poema, lejano a las tendencias posmodernas, le da esa categoría madura y reflexiva a Lauren Mendinueta, tras seis libros, como una voz esencial en el ámbito crítico poético hispanoamericano.
Al ser un poemario orgánico y cerrado con Jon Juaristi nos presenta en el prólogo, sólo nos queda sumarle el hecho entonces estructural y teórico, donde Lauren se presenta y ausenta, en cuatro fases donde los textos de este libro, adquieren otro nivel más de significación: La errancia y la proximidad, Para el amor o alguna otra fe, La vocación Suspendida, La realidad Alterada. Podemos hablar de estas fases como especies de libertades donde no se pierde la tranquilidad de saberse abandonada y recordada, ya sea en sí misma, luego en el amor, en la tercera fase, en sus clásicos intertextos femeninos o en furia más cierta de cierre.
Para quedar allí en las inevitables pero "dulces mansiones de la mente " donde la palabra se hace imaginería y casi siempre metáfora.
*Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia)
***
Un minuto de palabras
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Confabulaci%C3%B3n+
DESDE EL CASTILLO
Correspondencia entre Rilke y Balthus
Una de las complicidades más fructíferas de la historia del arte, fue la que existió entre el al poeta Rainer Maria Rilke y el pintor Pierre Klossowski, planetariamente conocido como Balthus. Rilke, quien fuera amante de la madre del gran pintor, fungió como tutor espiritual de éste durante sus años de convivencia. A continuación dos de las cartas que el poeta dirigió a su amigo, y donde la reflexión, la hondura metafísica y la desbordada creatividad se revelan. Un par de verdaderas joyas epistolares que nos sirven para sazonar nuestra gran encuesta virtual.
Castillo de Muzot-sur-Sierre, Valai. (16 de enero de 1922)
Mi querido amigo B... Le debo una buena carta por la suya de Navidad y otra a Pierre por la suya: pero no será la de hoy. He escrito demasiadas; mi pobre pluma parece haberse achatado a fuerza de realizar tan largos paseos casi por todos los países de Europa e incluso más lejos; y quisiera tenerla descansada para su ejercicio “in situ”: el trabajo, que debería ser su gimnasia preferida y diaria.
Pero es preciso cuando menos, querido amigo, que le dé las gracias, y muy encarecidamente, por esas páginas que me ha escrito. Me ha parecido muy hermoso el pequeño adorno chino; después de éste -estoy seguro habrá hecho otros; ¿se está realizando el encargo?
Aquí todo transcurre como de costumbre y yo bendigo esta regularidad de la cual tenía tanta necesidad para poder reemprender mis trabajos y mis pensamientos, todos ellos como de otro tiempo en un mundo que no deja de correr. ¡Y su querida madre enferma! ¿Está mejor ahora? Ella dio una sorpresa tan admirable y conmovedora con la acuarela improvisada que esbozó sobre la vieja fotografía de mis padres. Son asombrosos el encanto, el estilo y, por añadidura, la justa semejanza que ha sabido evocar al reproducir esas formas entreborradas y un poco imprecisas; se trata de una obra verdaderamente inspirada y aún sigo asombrándome al admirarla cada día. Dios mío, si los tres reencontraran de nuevo las condiciones que les permitieran a cada cual hacer aquello de lo que es capaz... Si se les diera un poco de espacio y les abandonara todo inútil desánimo...
¿Le ha hecho llegar Rothapfel (desde Heidelberg) los originales de Mitsou? (Me lo había prometido así). ¿No se han estropeado demasiado? Casi cada día me trae una nueva carta (le enseñaré las más interesantes) que me habla amablemente de Mitsou; yo lo distribuí ampliamente entre Navidad y Año Nuevo.
Así pues, mi tan querido B..., ánimo: el invierno pasará; con la primavera regresan las ideas claras y saldrá usted de debajo de las nubes berlinesas. Muchos recuerdos a Pierre; estoy encantado de haber acertado con su gusto al enviarle el pequeño volumen de Gide. Mi querido colaborador, su amigo siempre.
Castillo de Muzot-sur-Sierre. (Junio de 1926)
Mi muy querido B..., Entonces es cierto que va a viajar pronto a esa bella Italia que tengo a sólo dos pasos de mi casa, ¡sin que dé nunca esos dos pasos! Se me espera en Milán, en Venecia, en Florencia, y tengo en mi pasaporte el visado que necesitaría, pero yo ya no soy “el hombre viajero”: todo me detiene y ningún tren, ni siquiera ese grande y rápido, color de abejorro y con todos sus letreros que veo pasar diariamente desde mi balcón de Bellevue, despierta en mí el menor atisbo de tentación. Acabaré por tener pequeñas raíces barbadas y hará falta venir a regarme de vez en cuando (pero no demasiado: pues eso me traería a la memoria la sensación de tener los pies fríos).
Mi querido amigo, quería decirle que no parta sin enviarme su Poussin (o sea, el mío, lo digo con orgullo). Es como si mis paredes hubieran cambiado de traje para recibirlo dignamente; tan bonito se ha puesto esta vez el cuarto con los tableros verdes de mi invención que no quisiera volver a colgar en su lugar los viejos grabados (a pesar de que los echaré de menos por la tan grata compañía que me hicieron).
Me gustaría, B..., conocer su opinión sobre el asunto de la iglesia de J. M. Sert, actualmente expuesta en París. ¿Ha visto esas decoraciones y suscribiría el artículo de Claudel que le adjunto (¡quien por cierto hay que ver lo magnífi camente que se expresa a veces!)? Según él, habría, pues, una pintura de nuestro tiempo que ha logrado aquel milagro de crear un forro entero de pintura en el manto de Dios. Sólo un español o un ruso podría, en nuestra época, ser capaz de una tarea tan enorme, de tal compendio de pintura que debería ser una suma de vida y de fe. ¿Me dirá unas pocas palabras al respecto? Si no le disgusta demasiado tomar un momento entre sus dedos una humilde pluma en lugar de un pincel, mándeme noticias de vez en cuando, también cuando esté en Italia. ¿Adónde irá primero?
Sé que ha aparecido el Malte [Los cuadernos de Malte Laurids Brigge de Rilke] en francés pero todavía no he visto ningún ejemplar; quiero telegrafiar a Betz sobre este asunto...
Muchos recuerdos afectuosos a los tres. Un abrazo muy fuerte.
Artemisa Ediciones. Traducción: Juan Andrés García
***
La vocación suspendida de Lauren Mendinueta
Por Gustavo Ortiz*
Cuando uno se encuentra con la voz y el alma de Lauren Mendinueta, se reconoce una vocación suspendida, donde la memoria, el abandono, la soledad y hasta el amor, le dan la tranquilidad a las imágenes. Llevo seis años leyendo de cerca a Lauren y uno se encuentra con la serenidad canónica de su presencia, se trasforma en una necesidad lectora, más allá de cualquier categoría física.
La Vocación suspendida (Editorial Point de Lunettes, Sevilla, España), es un libro que además de ser reconocido con el VI Premio Internacional de Poesía "Martín García Ramos", viene a ser un acercamiento subjetivo y teórico de la idea del viaje que siempre ha estado en la escritora barranquillera.
Pasan los años,
y aunque la vida me acusa de inmovilidad
también yo he viajado.
Como una partícula de polvo
he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,
o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde
ha mirado hacia el mar
buscando barcos olvidados por la neblina
y que vuelven a la memoria,
sin esperanza distinta a la muerte.
La rigidez posible en la metáfora, el evitar el caos semántico, quizá no solo sea estrategia, sino una cierta verdad en que ella, como mujer, habla de manera más libre. Vale preguntarnos si la correcta dosis de saber la nostalgia de ella frente a los signos, siendo ella un signo más y hablando esos signos y hablada por esos signos, le de ese estatus invisible e inefable de repetirse siempre el lector por su escritura, como por una barco que no tiene otra esperanza distinta de la muerte. El control del poema, lejano a las tendencias posmodernas, le da esa categoría madura y reflexiva a Lauren Mendinueta, tras seis libros, como una voz esencial en el ámbito crítico poético hispanoamericano.
Al ser un poemario orgánico y cerrado con Jon Juaristi nos presenta en el prólogo, sólo nos queda sumarle el hecho entonces estructural y teórico, donde Lauren se presenta y ausenta, en cuatro fases donde los textos de este libro, adquieren otro nivel más de significación: La errancia y la proximidad, Para el amor o alguna otra fe, La vocación Suspendida, La realidad Alterada. Podemos hablar de estas fases como especies de libertades donde no se pierde la tranquilidad de saberse abandonada y recordada, ya sea en sí misma, luego en el amor, en la tercera fase, en sus clásicos intertextos femeninos o en furia más cierta de cierre.
Para quedar allí en las inevitables pero "dulces mansiones de la mente " donde la palabra se hace imaginería y casi siempre metáfora.
*Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia)
***
Un minuto de palabras
por Alfredo Silva Estrada
Premio Nacional de Literatura (Venezuela, 1997) y Gran Premio Internacional de Poesía que otorga la Bienal de Lieja (Bélgica) en 2001, se apaga una de las fundamentales voces poéticas de América Latina, Alfredo Silva Estrada (Caracas 1933 - 2009)
Sus primeras notas llegaron a nosotros cuando la aventura de Común Presencia desplegaba sus sueños de papel. Silva Estrada fue el vaso comunicante que tejió grandes puentes invisibles, abriendo las puertas de la fraternidad y de los amigos que luego se constituirían en colaboradores permanentes de aquella aventura esencialista. Por él fue posible el encuentro y conocimiento de imprescindibles poetas a lo largo del mundo: Roberto Juarroz, Fernand Verhesen, Andrée Chedid, Philippe Jaccotett, Jacques Dupin, Olga Orozco, Roger Munier, Andrée Miguel, Enrique Molina… Su incansable vocación de traductor fue compartida en innumerables ocasiones en las páginas de la revista Común Presencia. Luego vino el encuentro personal, las conversaciones poéticas, las tertulias bajo los amaneceres de Caracas y después un homenaje en el Festival de San Diego, Cesar, cuando con un numeroso grupo de escritores venezolanos y junto con su compañera de toda la vida, la bailarina Sonia Sanoja, aceptó nuestra invitación a Colombia y vino para leer sus poemas en las soleadas tardes del Valle de Upar.
Representante de una casta de míticos exploradores del lenguaje, Alfredo nos ha dejado una vasta obra literaria, pero también y junto a ella, la férrea voluntad de los hacedores de la vida, a través de la transparencia de la amistad.
Autor de: Cercos (1954); Del traspaso (1962), Integraciones. De la unidad en fuga (1962), Literales (1963), Lo nunca proyectado (1963), Transverbales I (1967), Acercamientos (1969), Transverbales II y Transverbales III (1972 Los moradores (1975) Los quintetos del círculo (1978), Contra el espacio hostil (1979), Dedicación y ofrendas (1986) y el ensayo La palabra transmutada (1989).
Su existencia, marcada por una búsqueda permanente de los signos a través de la palabra poética, llegó a su fin el pasado 14 de octubre, tras una larga batalla contra el cáncer que lo tuvo postrado durante los últimos cuatro años de vida. Amparo Osorio
ANTES DE PARTIR
Antes de partir
No te detengas a mirar
Esas sábanas en desorden
Y ese vaso
Donde tantas veces uno ha bebido
Busca más bien
Los horizontes que puedas tejer
como estambres
Los pájaros que comen sobre los
Hombros de los ciegos
Y esa ruta que te lleve
Como una escritura
(Por los respiraderos del día 1980-1982)
***
Censura a periodistas en Colombia
Carta de Claudia López al ser despedida de El Tiempo
Apreciado Roberto,
Con enorme sorpresa me notifiqué por el periódico de tu decisión de despedirme por las opiniones expresadas en mi columna “Reflexiones sobre un escándalo”.
Tener conflicto de interés no constituye un delito ni una falta a la ética o a la honra. Es un hecho derivado de circunstancias en las cuales surgen intereses contrapuestos, aunque legítimos.
En el caso de El Tiempo es un hecho derivado de la transformación y mixtura de vocaciones de los socios del periódico. Lo importante es no desconocer la existencia del conflicto y tener reglas adecuadas y transparentes para resolverlo.
Señalé en mi columna un caso específico, aunque no aislado, que quedó sin respuesta por parte del periódico:
1. ¿Con qué criterio periodístico escoge El Tiempo consultar a sus lectores si Andrés Felipe Arias debería renunciar a su candidatura presidencial por el escándalo de Agro Ingreso Seguro, y no pregunta si Juan Manuel Santos debería renunciar a la suya por los falsos positivos?
2. ¿Qué fuente les confirmó que Juan Manuel Santos es el candidato presidencial del partido de la U?
3. ¿Qué fuentes y argumentos los llevaron a declarar como único “ganador neto” del escándalo Agro Ingreso Seguro a Juan Manuel Santos?
Ten la certeza que no soy la única lectora de El Tiempo que tiene preocupaciones fundadas sobre el manejo de los conflictos de interés del periódico. No manifesté esa preocupación por suspicacia exagerada ni por mala intención, sino por genuino aprecio y porque nunca dudé que ese debate también podía darse en las páginas del periódico.
Lo hice en el mismo tono y estilo que han caracterizado todas mis columnas, con el convencimiento de que la que se refería a mi casa editorial no tenía por qué ser la excepción.
Contribuir a conservar el periodismo profesional, riguroso, equilibrado y preciso de El Tiempo fue mi intención con esa columna, y sigue siendo mi decisión, también firme e irrevocable.
Premio Nacional de Literatura (Venezuela, 1997) y Gran Premio Internacional de Poesía que otorga la Bienal de Lieja (Bélgica) en 2001, se apaga una de las fundamentales voces poéticas de América Latina, Alfredo Silva Estrada (Caracas 1933 - 2009)
Sus primeras notas llegaron a nosotros cuando la aventura de Común Presencia desplegaba sus sueños de papel. Silva Estrada fue el vaso comunicante que tejió grandes puentes invisibles, abriendo las puertas de la fraternidad y de los amigos que luego se constituirían en colaboradores permanentes de aquella aventura esencialista. Por él fue posible el encuentro y conocimiento de imprescindibles poetas a lo largo del mundo: Roberto Juarroz, Fernand Verhesen, Andrée Chedid, Philippe Jaccotett, Jacques Dupin, Olga Orozco, Roger Munier, Andrée Miguel, Enrique Molina… Su incansable vocación de traductor fue compartida en innumerables ocasiones en las páginas de la revista Común Presencia. Luego vino el encuentro personal, las conversaciones poéticas, las tertulias bajo los amaneceres de Caracas y después un homenaje en el Festival de San Diego, Cesar, cuando con un numeroso grupo de escritores venezolanos y junto con su compañera de toda la vida, la bailarina Sonia Sanoja, aceptó nuestra invitación a Colombia y vino para leer sus poemas en las soleadas tardes del Valle de Upar.
Representante de una casta de míticos exploradores del lenguaje, Alfredo nos ha dejado una vasta obra literaria, pero también y junto a ella, la férrea voluntad de los hacedores de la vida, a través de la transparencia de la amistad.
Autor de: Cercos (1954); Del traspaso (1962), Integraciones. De la unidad en fuga (1962), Literales (1963), Lo nunca proyectado (1963), Transverbales I (1967), Acercamientos (1969), Transverbales II y Transverbales III (1972 Los moradores (1975) Los quintetos del círculo (1978), Contra el espacio hostil (1979), Dedicación y ofrendas (1986) y el ensayo La palabra transmutada (1989).
Su existencia, marcada por una búsqueda permanente de los signos a través de la palabra poética, llegó a su fin el pasado 14 de octubre, tras una larga batalla contra el cáncer que lo tuvo postrado durante los últimos cuatro años de vida. Amparo Osorio
ANTES DE PARTIR
Antes de partir
No te detengas a mirar
Esas sábanas en desorden
Y ese vaso
Donde tantas veces uno ha bebido
Busca más bien
Los horizontes que puedas tejer
como estambres
Los pájaros que comen sobre los
Hombros de los ciegos
Y esa ruta que te lleve
Como una escritura
(Por los respiraderos del día 1980-1982)
***
Censura a periodistas en Colombia
Carta de Claudia López al ser despedida de El Tiempo
Apreciado Roberto,
Con enorme sorpresa me notifiqué por el periódico de tu decisión de despedirme por las opiniones expresadas en mi columna “Reflexiones sobre un escándalo”.
Tener conflicto de interés no constituye un delito ni una falta a la ética o a la honra. Es un hecho derivado de circunstancias en las cuales surgen intereses contrapuestos, aunque legítimos.
En el caso de El Tiempo es un hecho derivado de la transformación y mixtura de vocaciones de los socios del periódico. Lo importante es no desconocer la existencia del conflicto y tener reglas adecuadas y transparentes para resolverlo.
Señalé en mi columna un caso específico, aunque no aislado, que quedó sin respuesta por parte del periódico:
1. ¿Con qué criterio periodístico escoge El Tiempo consultar a sus lectores si Andrés Felipe Arias debería renunciar a su candidatura presidencial por el escándalo de Agro Ingreso Seguro, y no pregunta si Juan Manuel Santos debería renunciar a la suya por los falsos positivos?
2. ¿Qué fuente les confirmó que Juan Manuel Santos es el candidato presidencial del partido de la U?
3. ¿Qué fuentes y argumentos los llevaron a declarar como único “ganador neto” del escándalo Agro Ingreso Seguro a Juan Manuel Santos?
Ten la certeza que no soy la única lectora de El Tiempo que tiene preocupaciones fundadas sobre el manejo de los conflictos de interés del periódico. No manifesté esa preocupación por suspicacia exagerada ni por mala intención, sino por genuino aprecio y porque nunca dudé que ese debate también podía darse en las páginas del periódico.
Lo hice en el mismo tono y estilo que han caracterizado todas mis columnas, con el convencimiento de que la que se refería a mi casa editorial no tenía por qué ser la excepción.
Contribuir a conservar el periodismo profesional, riguroso, equilibrado y preciso de El Tiempo fue mi intención con esa columna, y sigue siendo mi decisión, también firme e irrevocable.
