
Entrevista De visita en Chile
El superagente Guillermo Schavelzon
Por María Teresa Cárdenas
El reconocido agente literario argentino participará este viernes en la Feria del Libro de Santiago. A la espera de esa conversación pública adelanta algunas visiones sobre su oficio, la literatura y las transformaciones de la industria editorial.
Puede criticar a gobiernos o instituciones, pero cuando se trata de los escritores, "sus" escritores, es reservado y cauteloso. ¿Cuáles son los más difíciles de manejar? "Los latinoamericanos", generaliza. ¿Podrías explicar por qué? "Preferiría no hacerlo", responde a lo Bartleby, y pasa a otro tema. Con más de una década como agente literario, después de treinta años de editor, Guillermo -"Willie"- Schavelzon es para muchos de sus representados algo así como un jefe, un padre y un hermano. Una buena síntesis, con la que se dedica a conseguir los mejores contratos para sus clientes y a intermediar en el pago de sus derechos de publicación, traducción, adaptación.
Después de Argentina, donde concentra su acción representando a más de 40 autores -Ricardo Piglia, Ernesto Sabato, Federico Andahazi, Andrés Neuman, entre los vivos; Manuel Puig y Juan José Saer, ya muertos-, Chile comparte el segundo lugar con España en número de escritores -13- que pertenecen a su agencia. Una poderosa razón para volver, después de cuatro años. "Pese a ser un país chico en población, Chile es un mercado editorial cada vez más interesante, y un país de economía seria y estable. Un escritor chileno de éxito puede vender más de 30 mil ejemplares en Chile; en España, detrás de los libros que venden más de 3 millones (Stieg Larsson, Ildefonso Falcones, Dan Brown), los que venden 30 mil se cuentan con los dedos de las manos", explica quien estuvo detrás de los jugosos contratos de Roberto Ampuero y Pablo Simonetti, ambos con Norma.
Interlocutor estable y duradero
Radicado en Barcelona -"no se puede ser una agencia internacional desde un país 'excéntrico' (según el término acuñado por Pascal Casanova)"-, Schavelzon participará en la Feria del Libro de Santiago justamente cuando su país es el invitado de honor. "Represento a muchos escritores argentinos, y eso no sólo habla de mi origen, sino de afinidades y afectos importantes. Sin embargo, no podría considerarme lo que se llama 'un argentino típico' -aclara-. Tampoco lo era cuando vivía allí. He vivido en México muchos años, en Madrid, y desde hace ocho en Barcelona. Ahora más que nunca trato de no perder mi acento, para intentar ser de algún lado".
Más de cien nombres integran su lista de representados, entre los que dominan los latinoamericanos. "Autores que escriben en inglés sólo tengo dos -explica-, y a ambos los represento por antiguas afinidades, más que por estrategia". Se refiere a Paul Auster y a Alberto Manguel.
-¿Qué características buscas en un escritor para representarlo?
-Ante todo, que sea un buen escritor, que ofrezca algo original: temática, voz, estructura, algo que lo diferencie, o que me permita creer que lo diferenciará. Pese a esto, mis posibilidades de representar más escritores es cada vez más limitada, soy un agente que lee lo que ofrece, eso pone un límite muy claro: mi capacidad de lectura y la de mis colaboradores.
-¿Cuál dirías que es el sello de tu agencia?
-Es una agencia proactiva, que lee todo lo que escriben sus autores, que elige al editor y trata de convencerlo de lo que le ofrece, que mantiene una relación personalizada con cada autor, y que, en el caso de la lengua española, entiende que no es España quien la representa, sino un mundo mucho más amplio, Latinoamérica, fundamentalmente. Además, la mía es una de las pocas agencias literarias que se dedica exclusivamente a representar a escritores, no a editoriales ni agencias extranjeras. Es decir, dejé de lado el mejor negocio.
-Acabas de estar en la Feria de Frankfurt, ¿cómo le va al libro en español en ese escenario?
-Le va bien, respetando la magnitud de cada mercado. El español es la lengua que tiene más países de uso, pero no hay todavía la suficiente coordinación ni estrategia global.
-¿Cuáles fueron tus principales referentes al instalarte como agente literario?, ¿qué significó Carmen Balcells en ese sentido?
-Mis referentes no estaban en el mundo de las agencias, sino en el de los escritores y en el de los editores. Llevaba 30 años dentro de ese mundo, con una visión absolutamente internacional, que mantengo con dedicación y esfuerzo. Carmen Balcells es la decana, la primera, una mujer brillante, lúcida, que dominó el siglo XX. Ella es un verdadero ícono. En mi práctica, aprendí más de colegas generosas como Mercedes Casanovas, Silvia Bastos, Antonia Kerrigan.
-¿Ha cambiado mucho el papel del editor desde que dejaste de serlo?
-Radicalmente. Hasta los años 70, un editor se ocupaba de tres o cuatro autores y una docena de obras al año. Con la concentración de la edición en grandes grupos mediáticos, donde la rentabilidad es lo que el accionista prioriza, se ha ido debilitando el área editorial y fortaleciendo la comercial y de marketing. Hoy existen editores que responden por 80 o más libros al año. No pueden, aunque quieran, ocuparse de cada libro y de cada autor como era antes. También se inició una tendencia impensable hace 20 años: la rotación de los editores(as) de una casa a otra. El autor se queda, y cuando pierde a su editor, se da cuenta de que no tenía un contrato con él, sino con una sociedad anónima.
-Y el agente, entonces, va ganando espacio.
-El agente tiene un rol más activo en relación al autor, es su interlocutor más estable y duradero, y los editores, agobiados de trabajo, prefieren en la mayoría de los casos, y en especial en los grandes mercados, tratar con el agente más que con el autor.
-¿Son muy distintos tus representados en cuanto a expectativas y exigencias? ¿Hay un patrón que distinga a hombres de mujeres, por ejemplo?
-Las mujeres tienen sus ideas bastante más claras que los hombres. Son más racionales en sus deseos, y mucho más formales en sus compromisos. Como en todo, hay excepciones en ambos lados.
-¿Cuánto aconsejas a tus representados?
-Más que aconsejar, mantengo el diálogo; el nivel y la intensidad de los mismos es el que cada escritor decide.
-Como su agente, ¿crees que fue acertada la actitud de Federico Andahazi de suspender su visita como reacción a los dichos del embajador?
-Yo hubiera preferido que Andahazi pensara en los lectores chilenos y asistiera a la feria, pero también entiendo su bronca ante el ninguneo del embajador. El embajador, que en este caso es alguien con fama de buen lector y culto, no ha hecho más que sostener la línea del gobierno al que representa, que para el año 2010, cuando la feria de Frankfurt estará dedicada a Argentina, eligió como íconos más representativos a Maradona, Gardel, Eva Perón y el Che Guevara. No digo que no sean icónicos, pero cuando se trata del mundo literario...
-¿A quiénes habrías elegido tú como íconos?
-A Borges, Cortázar, Marechal, y entre los vivos sin duda a Héctor Tizón, uno de los mejores escritores argentinos; luego a Ricardo Piglia, César Aira, Guillermo Martínez, Leopoldo Brizuela, Federico Andahazi, Pablo de Santis, Rodrigo Fresán, Andrés Neuman, y me olvido de varios. Además de los escritores de no ficción, los periodistas, historiadores, Jorge Lanata, Pacho O'Donnell, Felipe Pigna, y si tenemos que ir hacia atrás, a Sarmiento.
-¿Qué escritores deberían haber venido a Chile?
-Muchos más, por supuesto.
-¿Cuál ha sido el mayor conflicto o polémica que te ha tocado enfrentar como agente?
-La situación más conflictiva la viví como editor, no como agente, fue hace más de diez años, cuando fui secretario del jurado de un premio Planeta Argentina cuyos jurados eran Tomás Eloy Martínez, Mario Benedetti, Augusto Roa Bastos y María Esther de Miguel. Se premió por unanimidad a Plata Quemada , de Ricardo Piglia. Una revista sensacionalista montó una campaña contra Piglia que, me enteré dos años después, fue una venganza política de la época de Alfonsín. Eso fue aprovechado por un par de oportunistas para hacer juicios, escándalos, y la verdad es que fue muy desagradable. Esa revista, y el oscuro periodista cómplice, inauguraron con ese acto la farandulización de la cultura, algo muy afín al período de Menem.
-¿Cómo manejas el tema de los premios? ¿A todos tus autores les recomiendas presentarse a ellos?
-Hay premios de todo tipo, no tenemos que confundir los premios que se dan a una obra publicada, los que otorgan países o instituciones y los premios destinados a promover y vender más libros. Siempre recomiendo presentarse cuando las posibilidades de estar entre los finalistas que llegarán al jurado son altas. La picaresca respecto de los premios es tan rica y variada que no necesito comentarla. Hay de todo, y conviene no prejuzgar.
-Con todos los cambios tecnológicos y de propiedad de las editoriales, ¿cómo ves la situación del escritor?
-Difícil. Mi objetivo es que un escritor se profesionalice; es decir, que pueda vivir de lo que escribe, eso lleva tiempo, varios años, sacrificios y esfuerzos. Y el éxito no está garantizado.
-¿Crees que son incompatibles calidad y ventas?
-Calidad literaria y número de lectores, es decir, literatura y mercado, son cosas que tienen muy poco que ver; en realidad, son conceptos muchas veces irreconciliables . Yo navego entre uno y otro tratando de mantener el mejor equilibrio posible.
-¿De qué vive un escritor hoy en día, si no es superventas, por supuesto?
-Depende del país. En Francia, por ejemplo, sólo el 6 por ciento de los escritores viven de sus libros. El asunto es que "libros" quiere decir muchas cosas, diferentes tipos de edición, diferentes canales comerciales, el cine, traducciones, todo lo que llamamos "derechos subsidiarios" que llegan a ser más importantes, en remuneración, que los derechos de autor de la edición de librerías.
-En tu experiencia, ¿se puede fabricar el éxito de un libro o de un escritor?
-Estoy convencido de que no se puede fabricar un éxito. La mejor prueba es que en 2008, de los diez libros más vendidos en Estados Unidos y en Francia, seis han sido best sellers imprevistos. Quiero decir libros contratados con anticipos muy bajos, y muchas veces publicados en primeras ediciones de cuatro o cinco mil ejemplares. Si los éxitos fueran previsibles, las grandes editoriales publicarían seis libros al año, no cuatrocientos. El marketing es una herramienta muy interesante y útil, siempre que esté en función del libro, no al revés. El mundo del libro vive de los grandes éxitos. Que no sean previsibles. ¡es una de las pocas ventajas que nos quedan desde el punto de vista literario y cultural!
En la Feria
"El malestar del escritor"
Guillermo Schavelzon conversa con Andrea Viu y María Teresa Cárdenas. Viernes 6, 20:00 horas. Libro electrónico: más que papel escaneado
-¿Qué impacto ha tenido en la industria editorial la irrupción del libro electrónico?
-Lo que ha impactado no es el libro electrónico, sino el manejo mediático, bastante confuso, que se ha hecho sobre el tema. A lo que asistimos no es a la irrupción del libro electrónico, sino a una lucha brutal entre corporaciones gigantescas por cuál será la que logre imponer el dispositivo de lectura. El negocio para ellos es vender "aparatitos", no contenidos. No tenemos que confundir libro electrónico (un contenido) con dispositivo de lectura (un hardware ).
-¿Has notado en el mundo editorial español una toma de conciencia respecto del papel que jugará el libro electrónico?
-Sí, todos están muy preocupados, dedicando los mejores recursos a analizar el tema. La principal preocupación es cómo sostener el libro de papel y su cadena comercial, conscientes de que por muchos años más, autores, editores, agentes, libreros, viviremos del libro de papel, no del electrónico.
-¿Qué tipo de obras o de autores crees que deben ser comercializados a través del formato electrónico? ¿En qué casos te opones?
-Mis recomendaciones no tienen mucho valor, ya que ésta es una pelea entre corporaciones gigantescas de enorme poder económico, y, por lo tanto, político. Quienes más se verán afectados a corto plazo son los libros de enseñanza.
-¿Has dicho que para el futuro del libro electrónico "la tecnología es imprescindible pero no suficiente". ¿Cuál es la tarea de autores y editores en ese sentid o?
-Un libro electrónico no puede ser el libro de papel escaneado, tiene que ser una oferta que utilice a fondo todos los recursos de la tecnología, libros (por llamarlos de algún modo) activos, con referencias intertextuales ricas y originales. Ese trabajo requiere de editores, no sólo de informáticos, los editores se han preparado durante décadas para saber hacer esto, serán imprescindibles cuando el dispositivo se haya impuesto.
-¿Crees que están asumiendo este desafio, o al menos entendiéndolo?
-Creo que no todavía. Las cosas importantes no se pueden cambiar de golpe, lleva por lo menos una generación.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 01/11/2009
El superagente Guillermo Schavelzon
Por María Teresa Cárdenas
El reconocido agente literario argentino participará este viernes en la Feria del Libro de Santiago. A la espera de esa conversación pública adelanta algunas visiones sobre su oficio, la literatura y las transformaciones de la industria editorial.
Puede criticar a gobiernos o instituciones, pero cuando se trata de los escritores, "sus" escritores, es reservado y cauteloso. ¿Cuáles son los más difíciles de manejar? "Los latinoamericanos", generaliza. ¿Podrías explicar por qué? "Preferiría no hacerlo", responde a lo Bartleby, y pasa a otro tema. Con más de una década como agente literario, después de treinta años de editor, Guillermo -"Willie"- Schavelzon es para muchos de sus representados algo así como un jefe, un padre y un hermano. Una buena síntesis, con la que se dedica a conseguir los mejores contratos para sus clientes y a intermediar en el pago de sus derechos de publicación, traducción, adaptación.
Después de Argentina, donde concentra su acción representando a más de 40 autores -Ricardo Piglia, Ernesto Sabato, Federico Andahazi, Andrés Neuman, entre los vivos; Manuel Puig y Juan José Saer, ya muertos-, Chile comparte el segundo lugar con España en número de escritores -13- que pertenecen a su agencia. Una poderosa razón para volver, después de cuatro años. "Pese a ser un país chico en población, Chile es un mercado editorial cada vez más interesante, y un país de economía seria y estable. Un escritor chileno de éxito puede vender más de 30 mil ejemplares en Chile; en España, detrás de los libros que venden más de 3 millones (Stieg Larsson, Ildefonso Falcones, Dan Brown), los que venden 30 mil se cuentan con los dedos de las manos", explica quien estuvo detrás de los jugosos contratos de Roberto Ampuero y Pablo Simonetti, ambos con Norma.
Interlocutor estable y duradero
Radicado en Barcelona -"no se puede ser una agencia internacional desde un país 'excéntrico' (según el término acuñado por Pascal Casanova)"-, Schavelzon participará en la Feria del Libro de Santiago justamente cuando su país es el invitado de honor. "Represento a muchos escritores argentinos, y eso no sólo habla de mi origen, sino de afinidades y afectos importantes. Sin embargo, no podría considerarme lo que se llama 'un argentino típico' -aclara-. Tampoco lo era cuando vivía allí. He vivido en México muchos años, en Madrid, y desde hace ocho en Barcelona. Ahora más que nunca trato de no perder mi acento, para intentar ser de algún lado".
Más de cien nombres integran su lista de representados, entre los que dominan los latinoamericanos. "Autores que escriben en inglés sólo tengo dos -explica-, y a ambos los represento por antiguas afinidades, más que por estrategia". Se refiere a Paul Auster y a Alberto Manguel.
-¿Qué características buscas en un escritor para representarlo?
-Ante todo, que sea un buen escritor, que ofrezca algo original: temática, voz, estructura, algo que lo diferencie, o que me permita creer que lo diferenciará. Pese a esto, mis posibilidades de representar más escritores es cada vez más limitada, soy un agente que lee lo que ofrece, eso pone un límite muy claro: mi capacidad de lectura y la de mis colaboradores.
-¿Cuál dirías que es el sello de tu agencia?
-Es una agencia proactiva, que lee todo lo que escriben sus autores, que elige al editor y trata de convencerlo de lo que le ofrece, que mantiene una relación personalizada con cada autor, y que, en el caso de la lengua española, entiende que no es España quien la representa, sino un mundo mucho más amplio, Latinoamérica, fundamentalmente. Además, la mía es una de las pocas agencias literarias que se dedica exclusivamente a representar a escritores, no a editoriales ni agencias extranjeras. Es decir, dejé de lado el mejor negocio.
-Acabas de estar en la Feria de Frankfurt, ¿cómo le va al libro en español en ese escenario?
-Le va bien, respetando la magnitud de cada mercado. El español es la lengua que tiene más países de uso, pero no hay todavía la suficiente coordinación ni estrategia global.
-¿Cuáles fueron tus principales referentes al instalarte como agente literario?, ¿qué significó Carmen Balcells en ese sentido?
-Mis referentes no estaban en el mundo de las agencias, sino en el de los escritores y en el de los editores. Llevaba 30 años dentro de ese mundo, con una visión absolutamente internacional, que mantengo con dedicación y esfuerzo. Carmen Balcells es la decana, la primera, una mujer brillante, lúcida, que dominó el siglo XX. Ella es un verdadero ícono. En mi práctica, aprendí más de colegas generosas como Mercedes Casanovas, Silvia Bastos, Antonia Kerrigan.
-¿Ha cambiado mucho el papel del editor desde que dejaste de serlo?
-Radicalmente. Hasta los años 70, un editor se ocupaba de tres o cuatro autores y una docena de obras al año. Con la concentración de la edición en grandes grupos mediáticos, donde la rentabilidad es lo que el accionista prioriza, se ha ido debilitando el área editorial y fortaleciendo la comercial y de marketing. Hoy existen editores que responden por 80 o más libros al año. No pueden, aunque quieran, ocuparse de cada libro y de cada autor como era antes. También se inició una tendencia impensable hace 20 años: la rotación de los editores(as) de una casa a otra. El autor se queda, y cuando pierde a su editor, se da cuenta de que no tenía un contrato con él, sino con una sociedad anónima.
-Y el agente, entonces, va ganando espacio.
-El agente tiene un rol más activo en relación al autor, es su interlocutor más estable y duradero, y los editores, agobiados de trabajo, prefieren en la mayoría de los casos, y en especial en los grandes mercados, tratar con el agente más que con el autor.
-¿Son muy distintos tus representados en cuanto a expectativas y exigencias? ¿Hay un patrón que distinga a hombres de mujeres, por ejemplo?
-Las mujeres tienen sus ideas bastante más claras que los hombres. Son más racionales en sus deseos, y mucho más formales en sus compromisos. Como en todo, hay excepciones en ambos lados.
-¿Cuánto aconsejas a tus representados?
-Más que aconsejar, mantengo el diálogo; el nivel y la intensidad de los mismos es el que cada escritor decide.
-Como su agente, ¿crees que fue acertada la actitud de Federico Andahazi de suspender su visita como reacción a los dichos del embajador?
-Yo hubiera preferido que Andahazi pensara en los lectores chilenos y asistiera a la feria, pero también entiendo su bronca ante el ninguneo del embajador. El embajador, que en este caso es alguien con fama de buen lector y culto, no ha hecho más que sostener la línea del gobierno al que representa, que para el año 2010, cuando la feria de Frankfurt estará dedicada a Argentina, eligió como íconos más representativos a Maradona, Gardel, Eva Perón y el Che Guevara. No digo que no sean icónicos, pero cuando se trata del mundo literario...
-¿A quiénes habrías elegido tú como íconos?
-A Borges, Cortázar, Marechal, y entre los vivos sin duda a Héctor Tizón, uno de los mejores escritores argentinos; luego a Ricardo Piglia, César Aira, Guillermo Martínez, Leopoldo Brizuela, Federico Andahazi, Pablo de Santis, Rodrigo Fresán, Andrés Neuman, y me olvido de varios. Además de los escritores de no ficción, los periodistas, historiadores, Jorge Lanata, Pacho O'Donnell, Felipe Pigna, y si tenemos que ir hacia atrás, a Sarmiento.
-¿Qué escritores deberían haber venido a Chile?
-Muchos más, por supuesto.
-¿Cuál ha sido el mayor conflicto o polémica que te ha tocado enfrentar como agente?
-La situación más conflictiva la viví como editor, no como agente, fue hace más de diez años, cuando fui secretario del jurado de un premio Planeta Argentina cuyos jurados eran Tomás Eloy Martínez, Mario Benedetti, Augusto Roa Bastos y María Esther de Miguel. Se premió por unanimidad a Plata Quemada , de Ricardo Piglia. Una revista sensacionalista montó una campaña contra Piglia que, me enteré dos años después, fue una venganza política de la época de Alfonsín. Eso fue aprovechado por un par de oportunistas para hacer juicios, escándalos, y la verdad es que fue muy desagradable. Esa revista, y el oscuro periodista cómplice, inauguraron con ese acto la farandulización de la cultura, algo muy afín al período de Menem.
-¿Cómo manejas el tema de los premios? ¿A todos tus autores les recomiendas presentarse a ellos?
-Hay premios de todo tipo, no tenemos que confundir los premios que se dan a una obra publicada, los que otorgan países o instituciones y los premios destinados a promover y vender más libros. Siempre recomiendo presentarse cuando las posibilidades de estar entre los finalistas que llegarán al jurado son altas. La picaresca respecto de los premios es tan rica y variada que no necesito comentarla. Hay de todo, y conviene no prejuzgar.
-Con todos los cambios tecnológicos y de propiedad de las editoriales, ¿cómo ves la situación del escritor?
-Difícil. Mi objetivo es que un escritor se profesionalice; es decir, que pueda vivir de lo que escribe, eso lleva tiempo, varios años, sacrificios y esfuerzos. Y el éxito no está garantizado.
-¿Crees que son incompatibles calidad y ventas?
-Calidad literaria y número de lectores, es decir, literatura y mercado, son cosas que tienen muy poco que ver; en realidad, son conceptos muchas veces irreconciliables . Yo navego entre uno y otro tratando de mantener el mejor equilibrio posible.
-¿De qué vive un escritor hoy en día, si no es superventas, por supuesto?
-Depende del país. En Francia, por ejemplo, sólo el 6 por ciento de los escritores viven de sus libros. El asunto es que "libros" quiere decir muchas cosas, diferentes tipos de edición, diferentes canales comerciales, el cine, traducciones, todo lo que llamamos "derechos subsidiarios" que llegan a ser más importantes, en remuneración, que los derechos de autor de la edición de librerías.
-En tu experiencia, ¿se puede fabricar el éxito de un libro o de un escritor?
-Estoy convencido de que no se puede fabricar un éxito. La mejor prueba es que en 2008, de los diez libros más vendidos en Estados Unidos y en Francia, seis han sido best sellers imprevistos. Quiero decir libros contratados con anticipos muy bajos, y muchas veces publicados en primeras ediciones de cuatro o cinco mil ejemplares. Si los éxitos fueran previsibles, las grandes editoriales publicarían seis libros al año, no cuatrocientos. El marketing es una herramienta muy interesante y útil, siempre que esté en función del libro, no al revés. El mundo del libro vive de los grandes éxitos. Que no sean previsibles. ¡es una de las pocas ventajas que nos quedan desde el punto de vista literario y cultural!
En la Feria
"El malestar del escritor"
Guillermo Schavelzon conversa con Andrea Viu y María Teresa Cárdenas. Viernes 6, 20:00 horas. Libro electrónico: más que papel escaneado
-¿Qué impacto ha tenido en la industria editorial la irrupción del libro electrónico?
-Lo que ha impactado no es el libro electrónico, sino el manejo mediático, bastante confuso, que se ha hecho sobre el tema. A lo que asistimos no es a la irrupción del libro electrónico, sino a una lucha brutal entre corporaciones gigantescas por cuál será la que logre imponer el dispositivo de lectura. El negocio para ellos es vender "aparatitos", no contenidos. No tenemos que confundir libro electrónico (un contenido) con dispositivo de lectura (un hardware ).
-¿Has notado en el mundo editorial español una toma de conciencia respecto del papel que jugará el libro electrónico?
-Sí, todos están muy preocupados, dedicando los mejores recursos a analizar el tema. La principal preocupación es cómo sostener el libro de papel y su cadena comercial, conscientes de que por muchos años más, autores, editores, agentes, libreros, viviremos del libro de papel, no del electrónico.
-¿Qué tipo de obras o de autores crees que deben ser comercializados a través del formato electrónico? ¿En qué casos te opones?
-Mis recomendaciones no tienen mucho valor, ya que ésta es una pelea entre corporaciones gigantescas de enorme poder económico, y, por lo tanto, político. Quienes más se verán afectados a corto plazo son los libros de enseñanza.
-¿Has dicho que para el futuro del libro electrónico "la tecnología es imprescindible pero no suficiente". ¿Cuál es la tarea de autores y editores en ese sentid o?
-Un libro electrónico no puede ser el libro de papel escaneado, tiene que ser una oferta que utilice a fondo todos los recursos de la tecnología, libros (por llamarlos de algún modo) activos, con referencias intertextuales ricas y originales. Ese trabajo requiere de editores, no sólo de informáticos, los editores se han preparado durante décadas para saber hacer esto, serán imprescindibles cuando el dispositivo se haya impuesto.
-¿Crees que están asumiendo este desafio, o al menos entendiéndolo?
-Creo que no todavía. Las cosas importantes no se pueden cambiar de golpe, lleva por lo menos una generación.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 01/11/2009
