dimanche 29 novembre 2009

Nicolás HIDROGO NAVARRO/ La Fulgurante experiencia de promover literatura en la Región Lambayeque


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Nicolás Hidrogo Navarro sobre Azul@rte:
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Email:
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La Fulgurante experiencia de promover literatura en la Región Lambayeque
Por Nicolás Hidrogo Navarro

Fue un 23 de abril de 2004 en que al salir por las céntricas calles de Chiclayo (Luis Gonzales, Bolognesi, Balta, Elías Aguirre y San José) disfrazados, Luis Heredia del manchego universal don Quijote de la Mancha y yo de Sancho Panza, perseguidos por infinidad de niños curiosos cual rebaños sedientos de lectura, celebrando el día mundial de las letras, regalando libros a nuestro paso con la finalidad de promover la literatura en esta ciudad de Chiclayo. Esa misma noche en el INC-Lambayeque de entonces, dado a la promoción cultural de todas las artes sin exclusividades y preferencias, abierta de verdad, sin rejas ni tranqueras, iniciamos nuestra primera noche de lectura y comentario de cuentos. Después de varias deliberaciones y coordinaciones previas entre Dandy Berrú Cubas, Luis Hinojosa Valdera, Rubén Mesías Cornejo, Jorge Fernández Espino, José Rodrigo Avendaño, entre otros, optamos por iniciar con la especie cuento porque era la más marginal en las noches esporádicas que se realizaban de literatura (cada tres o seis meses se programaba un recital, distancia enorme que no estimulaba una continuidad).

La metodología debía ser distinta a las precedentes y ya no se trataría de leer y aplaudir sin ton ni son, por pura diplomacia y costumbre social. Debía haber una explicación, una interpretación, un análisis crítico, un abordamiento literario y extra literario del acto creador en sí, lo que motivo el producto presentado y debía haber un dialogo con el auditorio. Eso le dio un carácter más formal, académico, sin perder la esencia misma de lo literario y su carácter libertario y discrepante. Fue generar una tertulia concéntrica, con orden sistémico, respeto por el creador y también con críticas y opiniones en torno al estilo, inspiración, elección temática, preferencias de autores, lectura e influencias de libros, manejo del lenguaje, disposición estructural, uso de técnicas y concepción estética. Desde entonces las tertulias literarias dejarían atrás las malas prácticas que los encuentros literarios debían ser un sancochado ferreñafano y que debían terminar en farras de escándalo callejero. Se inició una formalización de la actividad y estudios literarios, un adecentamiento y un orden riguroso de respeto estricto en las participaciones, en una actividad que de por sí mismo se ha estilado ser un “desorden aleatorio y un dispararse caóticamente pasando de un tema esencial a otro trivial”. Se sumó a ello una mesa de panelistas que harían una apreciación y asedio crítico de los cuentos o poemas leídos en mesa, con distintos abordajes; hermenéutico, deconstructivo, semiótico, estilístico. Nuestra mesa literaria tuvo a destacados docentes como Antonio Castro Cruz, Milton Manayay Tafur, Elmer Llanos Díaz, Fernando Odiaga Gonzáles, Nicolás Hidrogo Navarro, Manuel Patiño López, Jesús Paiba Samamé, Teresa Menor Alarcón, Javier Villegas Fernández, Stanley Vega Requejo, Julio César Díaz Castro, Carlos Bancayán Llontop, Walter Alva Alva, José Wilson Gómez Cumpa, Guillermo Figueroa Luna, Jorge Fernández Espino, Juan Gamarra Romero, Julio Díaz Merino, Paul Muro Lozada, Juan Félix Cortez, Carmen Sialer, Henger Fenco Capuñay, Pedro Caicedo, Luis Heredia González, Marco Arnao Vásquez, Jesús Aquino, Gilbert Delgado Fernández, que le dieron a las noches literarias la ambientación de una aula y taller especializado de debate literario en torno al acto creador.

Desde entonces se han alternado, un mes de cuento, un mes de poesía. En cada noche tres lectores en el centro y dos comentaristas a los costados. Desde entonces se han sumado a estas tertulias, íntimas a veces exclusivamente de creadores –lo esencial era tener como auditorio a los propios creadores, que por cierto no superan en Chiclayo la veintena- como tribuna para microponencias literarias, presentación de revistas, libros, coloquios, presentación de círculos literarios en pleno, no sólo del nivel regional, sino nacional e internacional. Procurar que en las Noches de Cuento y Poesía todos los asistentes al foro presencial tengan una copia de loe poemas o cuentos leídos en mesa, era esencial porque no buscamos un público convidado de piedra, sino interactuante, que pueda seguir en letra escrita lo que fonéticamente articula el autor de los textos de turno en el espacio y poder contar con la evidencia para hacer las observaciones pertinentes post-lectura.

Desde entonces, 23 abril 2004 al 23 octubre 2009, mucha tinta ha corrido, nuevos discursos y propuestas estéticas se han gestado y escuchado, nuevos poetas y narradores se han sumado a la caterva –muchos veces recelosos de saber que nuevos creadores noveles los pueden desplazar y una nueva hornada literaria sepulte a la anterior- de la escasa falange de creadores existentes en la región Lambayeque en pleno ejercicio.

En toda esta aventura nos ha faltado dinero para publicar y antologar nuevos y conocidos escritos, más público asistente para estimular y conocer a los nuevos creadores, más espacios libres que no condicionen ni funjan de catones al quehacer literario, más autoridades que valoren y estimulen la creación y valoración de sus poetas y narradores, más prensa que conozca cómo se desarrolla una noche literaria y hagan eco –más allá de los minúsculos centímetros dedicados en un rincón triste y marginal de los medios-, más palabras de aliento de los profesores de Lengua y Literatura y de las mismas entidades públicas y privadas superiores formadoras que consideran que sólo literatura se aprende en un aula de cuatro paredes y frente a un pizarrón, más recursos como para estimulara pecuniariamente o con un café y un sánguche para menguar el hambre físico a los creadores por sus aportes. En fin nos ha faltado casi todo, pero lo que no nos ha faltado y nos sobra a raudales, es pasión contumaz por la literatura e integración de más creadores.

Ciudad Evocadora de Lambayeque, octubre 25 de 2009

Nicolás Hidrogo Navarro