dimanche 1 novembre 2009

Pedro Pablo GUERRERO/Las confesiones de Drieu La Rochelle



Rescate Escritor francés:
Las confesiones de Drieu La Rochelle
Por Pedro Pablo Guerrero

Traducido por Mauricio Electorat, un libro de próxima aparición revive la sugerente y polémica obra del autor colaboracionista.

"Gabrielle, esta vez, déjeme dormir". Con esta nota, Pierre Drieu La Rochelle pretende consumar el suicidio que, un año antes, había frustrado su cocinera al regresar al departamento donde había olvidado la cartera. El nuevo intento resulta no porque Gabrielle haga caso de la nota, sino porque la encuentra demasiado tarde. Su patrón se ha asegurado esta vez abriendo la llave del gas y tomando tres frascos de barbitúricos, luego de escribir en su Diario : "Sí, soy un traidor. Sí, he practicado la inteligencia con el enemigo... No soy sólo un francés, soy un europeo. Ustedes también, aunque no lo saben, o aun sabiéndolo... Pero nosotros jugamos. Yo perdí. Reclamo la muerte".

Tal es la respuesta de Drieu a la orden de arresto dictada en su contra en agosto de 1945. Un destino que pudo evitar cuando en junio de 1944, tras el desembarco aliado en Normandía, su amigo Malraux le hizo llegar un mensaje en el que le pedía integrarse a la Brigada Alsacia Lorena, de la Resistencia. Salvavidas de último minuto que el escritor rechazó, haciéndose responsable de sus actos con todas las consecuencias que implicaba el naufragio del Tercer Reich. Consecuencias que en la posguerra significaron la muerte para escritores colaboracionistas como Brasillach (fusilado), y la cárcel para Céline, juzgado en ausencia.

"Odio a los judíos". "Nunca creí en el alma de las mujeres". "Hay en mí un Hitler abortado". Revelaciones como éstas no contribuyen a hacer de Drieu un autor especialmente popular en nuestros días. Todavía se recuerda en Francia el estupor que causó en 1992 la publicación íntegra de su Diario , justo cuando se conmemoraban 50 años de la deportación de trece mil judíos franceses a los campos de concentración nazis. Mauricio Electorat consigna estos hechos en el prólogo que hizo para Confesión y otros escritos (Ediciones UDP, $10.000), del autor francés. Documentado, penetrante, muy bien escrito, el texto del narrador chileno pondera con distancia los dichos y acciones de un personaje soslayado por generaciones de intelectuales y escritores incómodos frente al colaboracionismo que ellos mismos, junto a media Francia, practicaron más de una vez, pero en forma solapada.

El prólogo de Electorat deja en evidencia los complejos matices que tuvieron el antisemitismo, la misoginia y el fascismo de Drieu La Rochelle. Su mejor amigo de juventud fue un judío, André Jeramec, quien murió cerca de él en Charleroi, en agosto de 1914, cuando ambos luchaban contra los alemanes durante la Primera Guerra. De esa experiencia nació el libro de relatos antibelicistas La comedia de Charleroi . Tres años más tarde se casó, sin amor, con la hermana de Jeramec, Colette, a quien rescató de las cárceles nazis durante la ocupación. Su desprecio por las mujeres no le impidió ser un seductor. Tuvo varias amantes, algunas de ellas conocidas figuras de la alta sociedad. A una de sus conquistas, Victoria Ocampo, le confesó: "Soy mejor amigo que amante".

Incluso su rotundo compromiso político estuvo lleno de contradicciones. Ya en 1934 se preguntaba: "¿Qué diferencia hay entre mussolinismo, hitlerismo y estalinismo? Ninguna. El maquiavelismo más vulgar". Adherente al Partido Popular Francés, se hizo fascista por la "salvación de Francia", pero admitía no creer en el fascismo como "filosofía religiosa". A Hitler le reprochaba ser un "pobre proletario" incapaz de igualar a su modelo: Napoleón.

¿Pero qué hizo a Drieu llegar a ser el que fue? Las mejores pistas las proporciona él mismo: "Nací demasiado tarde en una Francia demasiado vieja", se lamenta en su sentenciosa "Confesión". Ajuste de cuentas implacable con las circunstancias que conformaron su personalidad y su visión de mundo, empezando por una "familia de asquerosos pequeñoburgueses" que lo hizo asumir, desde la niñez, un complejo de inferioridad conducente a un desprecio del cuerpo, la salud, la fuerza y el heroísmo, principios que, a su juicio, el fascismo vino a restaurar. Drieu, que se ve a sí mismo como "un caudillo muerto al nacer", se sentirá toda la vida relegado a situaciones de contemplación que fomentan la decadencia. Individual y nacional. Hay en este punto inesperadas similitudes con el análisis del flaneur en Baudelaire y Benjamin: "Paseos, ensueños. Cada uno se vuelve espectador, y ya no hay sino espectadores unos de otros. El hombre está maduro para la contemplación última del teatro y del cine", ese "molino de engaños".

En el libro abundan esta clase de hallazgos. Su visión de la guerra moderna como una "fábrica apenas más loca que las otras"; la verdadera soledad, conocida, paradójicamente, "en el seno de la mujer y del amigo"; su intento desesperado por "escribir novelas que fuesen la leyenda de los individuos, como existió la leyenda de los dioses"; la identificación del "realismo" como el rasgo esencial del espíritu francés; su esperanza en que el deporte, "la mayor conquista del siglo XX", venga a reemplazar a la guerra, asegurando la cuota mínima de riesgo necesaria para que el hombre no se degrade.

Este redescubrimiento de Drieu se produce en una época en la que las pulsiones violentas son mantenidas a raya por medio de marchas, deportes, conciertos y espectáculos masivos. Al recuperar Confesiones y otros escritos , Electorat juega en nuestro tiempo el rol que cumplió en el suyo Martín Cerda cuando intentó difundir a Drieu y sus "esbozos biográficos", como los llamó en La palabra quebrada (1982).


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 18/10/2009