
Escritor puertorriqueño (Ponce, 1981). Graduado de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), Recinto de Ponce, con un bachillerato en artes y humanidades, mención honorífica cum laude. Ha publicado los poemarios De piedra en adelante (2003), Poemas terrenos (2005) y Poemario Sa(n)gra(n)do (2006).
E-mail: giovaniccio@yahoo.com
El credo del bebedor social
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(9 de dic. de 2005)
Somos muchos en la taberna
bebiendo el alcohol
que de día en sudor perdimos.
Nos sentimos tristes…
Aún no sentimos el viernes
que el alcohol nos promete.
Pero nosotros somos fieles.
¡Y el alcohol nunca nos traiciona!
Es leal a nuestra billetera.
¡Siempre y cuando esté llena!
Es leal a nuestra tristeza.
¡Aunque el rostro se nos haga trizas!
Es leal al silencio…
Nosotros no hablamos:
¡qué lo hagan los locos por nosotros!
¡qué Hollywood los loros ponga a hablar por nosotros!
porque no somos capaces ni hasta de balbucear
libremente sin que una gota de alcohol
nos haga palpar que existimos a veces…
…y que creemos más veces
en el alcohol que bebemos
que en la vida que vivimos.
Sangre
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Nov. 2005)
En el cine corre el filme
danzando en el espectador
como humo es el espesor en el ojo
figuras tontas y patéticas y siempre algún malhumorado
o héroe con el pulgar alzado pero vendado
y nada importante si se derrama un poco de sangre
¡es el héroe! ¡es el que se esculpe en bronce
o llena la sangre de billetes como vendajes!
Y la sangre no importa: de esa, de esa,
¡qué se pierda! ¡qué se pierda!
Siempre que hayan muchos billetes como vendajes.
Precaución
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Ten cuidado que uno de tus ojos
no sea un espía bien acostumbrado a tu rostro
esperando clavarte el puñal ardiente
detrás de tu grito
con tu cabeza abajo y tu otro ojo
en el exilio.
Lágrimas
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Siento mis lágrimas descender hoja seca
hacia el viento el vaivén del crepúsculo
haciéndome tiritar hasta el corazón
que por ti hierve…
y las lágrimas descienden y descienden
hasta el momento en que ya no siento
la hoja seca en el viento.
Otoño
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Un buen silencio,
silencio que en cenizas
y polvo enterraría todo grito,
el cielo, de mis sueños, dispersa.
Caen, caen al fondo de la piedra
los días vencidos, los meses perdidos,
los años sufridos, los siglos perseguidos,
y toda la carne carcomida por los huesos,
y todos los huesos carcomidos una tarde,
y la vida cogida por los tiempos.
Mi destino manifiesto
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Sept. 2005)
Me iré alguna noche con la luna temblando
en círculos acuáticos
y las estrellas en silencio.
Me iré alguna noche.
¡Qué sobre la tierra no se escriba
todavía mi muerte!
Me iré alguna noche.
¡Ya no se llame a ningún paleontólogo:
no será necesario!
Me iré alguna noche,
y de la tierra en que pude existir me robaré
hasta el que seré.
Vitalismo
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Sept. 2005)
En silencio mis ojos desanudan el embeleso
siesto del mediodía
ya tardío
porque el mundo es de piedra perezosa
y para vivirlo necesitamos acuñar
monedas de nuestra sangre fervorosa.
Luto
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Guardemos luto esta noche de noches
porque un mundo se nos ha ido
en las alas del águila calva.
Yo la vi cuando apenas rompió el cascarón
de las manos del pueblo
rompió el cascarón y va y viene
jugando con el pueblo.
Ha llegado el momento de al pueblo
darle digna sepultura después de que sus manos
fuesen crucificadas y su razón y su corazón
esparcidos en el comercio.
Guardemos luto
porque tal vez sea éste el último luto.
El último romántico
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Murió, nada, murió el último romántico,
apenas del mundo él sabía
y el mundo, de él, fantasía hizo primero,
comercio certero luego,
y de la cursilería nauseabunda
hasta el fuego la humanidad en manada.
Murió, nada, murió el último romántico.
Ya ni la sepultura recuerda su locura.
El íntimo destino
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Duele pensar en medio del crepúsculo
que hace pagar tan claros placeres al áureo cielo…
y pensar, pensar en tantos temores…
y ningún consuelo en nada hallar…
y la vida sucede, sucede, sucede…
hasta que el crepúsculo pierda toda su nada en la nada.
Poesía para novatos
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Advertencia ofrezco a novicia poesía:
no es la pedantería
ni en el febril métrico
empeño donde poesía y vida hallan armonía...
¡Sino en humano zoco!
E-mail: giovaniccio@yahoo.com
El credo del bebedor social
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(9 de dic. de 2005)
Somos muchos en la taberna
bebiendo el alcohol
que de día en sudor perdimos.
Nos sentimos tristes…
Aún no sentimos el viernes
que el alcohol nos promete.
Pero nosotros somos fieles.
¡Y el alcohol nunca nos traiciona!
Es leal a nuestra billetera.
¡Siempre y cuando esté llena!
Es leal a nuestra tristeza.
¡Aunque el rostro se nos haga trizas!
Es leal al silencio…
Nosotros no hablamos:
¡qué lo hagan los locos por nosotros!
¡qué Hollywood los loros ponga a hablar por nosotros!
porque no somos capaces ni hasta de balbucear
libremente sin que una gota de alcohol
nos haga palpar que existimos a veces…
…y que creemos más veces
en el alcohol que bebemos
que en la vida que vivimos.
Sangre
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Nov. 2005)
En el cine corre el filme
danzando en el espectador
como humo es el espesor en el ojo
figuras tontas y patéticas y siempre algún malhumorado
o héroe con el pulgar alzado pero vendado
y nada importante si se derrama un poco de sangre
¡es el héroe! ¡es el que se esculpe en bronce
o llena la sangre de billetes como vendajes!
Y la sangre no importa: de esa, de esa,
¡qué se pierda! ¡qué se pierda!
Siempre que hayan muchos billetes como vendajes.
Precaución
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Ten cuidado que uno de tus ojos
no sea un espía bien acostumbrado a tu rostro
esperando clavarte el puñal ardiente
detrás de tu grito
con tu cabeza abajo y tu otro ojo
en el exilio.
Lágrimas
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Siento mis lágrimas descender hoja seca
hacia el viento el vaivén del crepúsculo
haciéndome tiritar hasta el corazón
que por ti hierve…
y las lágrimas descienden y descienden
hasta el momento en que ya no siento
la hoja seca en el viento.
Otoño
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Un buen silencio,
silencio que en cenizas
y polvo enterraría todo grito,
el cielo, de mis sueños, dispersa.
Caen, caen al fondo de la piedra
los días vencidos, los meses perdidos,
los años sufridos, los siglos perseguidos,
y toda la carne carcomida por los huesos,
y todos los huesos carcomidos una tarde,
y la vida cogida por los tiempos.
Mi destino manifiesto
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Sept. 2005)
Me iré alguna noche con la luna temblando
en círculos acuáticos
y las estrellas en silencio.
Me iré alguna noche.
¡Qué sobre la tierra no se escriba
todavía mi muerte!
Me iré alguna noche.
¡Ya no se llame a ningún paleontólogo:
no será necesario!
Me iré alguna noche,
y de la tierra en que pude existir me robaré
hasta el que seré.
Vitalismo
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
(Sept. 2005)
En silencio mis ojos desanudan el embeleso
siesto del mediodía
ya tardío
porque el mundo es de piedra perezosa
y para vivirlo necesitamos acuñar
monedas de nuestra sangre fervorosa.
Luto
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Guardemos luto esta noche de noches
porque un mundo se nos ha ido
en las alas del águila calva.
Yo la vi cuando apenas rompió el cascarón
de las manos del pueblo
rompió el cascarón y va y viene
jugando con el pueblo.
Ha llegado el momento de al pueblo
darle digna sepultura después de que sus manos
fuesen crucificadas y su razón y su corazón
esparcidos en el comercio.
Guardemos luto
porque tal vez sea éste el último luto.
El último romántico
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Murió, nada, murió el último romántico,
apenas del mundo él sabía
y el mundo, de él, fantasía hizo primero,
comercio certero luego,
y de la cursilería nauseabunda
hasta el fuego la humanidad en manada.
Murió, nada, murió el último romántico.
Ya ni la sepultura recuerda su locura.
El íntimo destino
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Duele pensar en medio del crepúsculo
que hace pagar tan claros placeres al áureo cielo…
y pensar, pensar en tantos temores…
y ningún consuelo en nada hallar…
y la vida sucede, sucede, sucede…
hasta que el crepúsculo pierda toda su nada en la nada.
Poesía para novatos
Por Roberto Javier Rodríguez Santiago
Advertencia ofrezco a novicia poesía:
no es la pedantería
ni en el febril métrico
empeño donde poesía y vida hallan armonía...
¡Sino en humano zoco!
