
Entrevista Joven narrador nortino
Diego Zúñiga: "No podemos obviar a Bolaño"
Por Antonio Díaz Oliva
Pese a que tiene apenas 22 años, hace un tiempo que este autor viene haciéndose notar. Recientemente ganó el concurso Juegos Literarios Gabriela Mistral 2009 con Camanchaca , su primera novela. Una historia de carreteras áridas, familias trizadas y a través de la cual da a conocer los referentes literarios de una nueva generación de escritores.
El auto es una camioneta Ford Ranger color humo. En ésta, un padre y su hijo recorren el desierto de Atacama. Van a Tacna. A que el joven reciba un tratamiento dental. Uno "económico". Pero como en todo viaje, las cosas no serán tan simples. A medida que se suman los kilómetros, el narrador (o sea el joven) comenzará a recordar. Y varias historias saldrán a flote: la de por qué sus padres se separaron, las relacionadas con la misteriosa muerte de su tío Neno y todas las anécdotas en referencia a su niñez iquiqueña.
Seleccionado como uno de los 100 jóvenes líderes chilenos según la revista Sábado de "El Mercurio", actualmente Diego Zúñiga (1987) estudia periodismo en Santiago. Pero, al igual que el narrador de Camancha ca , vivió gran parte de su infancia y adolescencia en el norte. De ahí que ese sea su territorio a la hora de contar historias.
-La novela usa el formato de la "road movie", ¿siempre tuviste en mente que fuera una historia de carreteras?
-La idea fue siempre escribir un viaje desde Santiago a Iquique en camioneta. Aunque creo que, al final, Camanchaca es una historia familiar. Al principio quise hacer la historia de un niño y su padre, pero luego me di cuenta de que tenía que hablar de la mamá, de los abuelos. Y lo otro que me pasó es que Camanchaca es el ejercicio de narrar la infancia. Antes me daba lata esa típica frase de "en la infancia están todos los temas". Pero en Camanchaca pasa eso de retroceder para poder contar: son recuerdos ficcionados.
-El epígrafe que abre el libro es de Richard Ford y, de la misma manera, el ambiente también es muy de su narrativa. ¿Cuánto influyó ese autor en "Camanchaca"?
-Harto. Especialmente el comienzo, que es, digamos, extremadamente "fordiano". Eso de contar toda la historia en el primer párrafo. Asimismo, y como esto es la historia de una familia, tiene que ver con que me guste otro libro de él que es Mi Madre, in memoriam . Y a ése le agregaría Mis rincones oscuros (James Ellroy), La invención de la soledad (Paul Auster)... Esa novela tipo familiar que se da más en la no ficción.
-Hace poco apareció "Missing", de Alberto Fuguet, que también pertenece a esa línea de narrativa.
-Es curioso, y yo creo que de haber salido antes, ese libro hubiese estado seguramente entre los referentes. Del mismo modo hay gente que me ha dicho que se conecta con Pedro Páramo y el Cormac McCarthy de La Carretera .
-El otro referente claro es el "El empampado Riquelme", de Francisco Mouat, que hasta tiene un breve cameo en las páginas de "Camanchaca".
-Sí, para mí ese era tal vez el libro chileno más importante cuando me puse a escribir. Por los temas que Mouat maneja: el padre y el desierto. Y cómo los maneja. Porque me impresiona la manera en que llega a hacer de un texto de no ficción algo tan íntimo. Por eso decidí poner esa aparición en mi novela.
-El año pasado ganaste la beca de creación literaria por "Las muertas imaginarias", una novela en la que quieres explorar los crímenes de Alto Hospicio.
-Sí, la primera parte está terminada. Trata del caso del violador de Alto Hospicio, pero obviamente quiero ficcionar. Porque al final hay una historia real que todos conocemos: la de un violador que todos vimos en las noticias. Lo que me a mí me interesa son los rumores que quedaron ahí, entremedio. Da la sensación de que hubo algo que nunca vamos a poder saber, de que hay más gente involucrada. Se habló de tantas cosas: trata de blancas, de órganos y una serie de teorías extrañas. Y ahí es, creo, donde la ficción puede ayudar. Más por el lado emotivo, tal vez. Por ejemplo, me interesa lo que pasó con las niñas ya que gracias a la ficción te puedes tomar revancha. Una revancha para no olvidarnos de ellas.
-¿Y no te da miedo que termine siendo una novela demasiado bolañesca? Lo pregunto porque es similar a la parte de los crímenes en "2666".
-Bueno, 2666 es una de las últimas lecturas que me remecieron a gran escala. Y es el motor de que me halle involucrado en el tema de Alto Hospicio. No podemos obviar a Bolaño. O sea, las generaciones que están escribiendo o las que están empezando, no pueden pasarlo por alto.
-Me imagino que lo quieres tener como un referente cercano, pero a la vez que no empape mucho...
-Lo que me interesa es contar una historia grande, pero sin perder la intimidad, que es algo que no sucede mucho en 2666 , por ejemplo. Cuando empecé a escribir esta novela leí El hombre del salto de Don DeLillo. Aquel es el ejemplo más gráfico de cómo tratar un tema así de grande, el 11 de septiembre estadounidense, pero desde una intimidad notable.
Articulo: http://www.emol.com 29/11/2009
Diego Zúñiga: "No podemos obviar a Bolaño"
Por Antonio Díaz Oliva
Pese a que tiene apenas 22 años, hace un tiempo que este autor viene haciéndose notar. Recientemente ganó el concurso Juegos Literarios Gabriela Mistral 2009 con Camanchaca , su primera novela. Una historia de carreteras áridas, familias trizadas y a través de la cual da a conocer los referentes literarios de una nueva generación de escritores.
El auto es una camioneta Ford Ranger color humo. En ésta, un padre y su hijo recorren el desierto de Atacama. Van a Tacna. A que el joven reciba un tratamiento dental. Uno "económico". Pero como en todo viaje, las cosas no serán tan simples. A medida que se suman los kilómetros, el narrador (o sea el joven) comenzará a recordar. Y varias historias saldrán a flote: la de por qué sus padres se separaron, las relacionadas con la misteriosa muerte de su tío Neno y todas las anécdotas en referencia a su niñez iquiqueña.
Seleccionado como uno de los 100 jóvenes líderes chilenos según la revista Sábado de "El Mercurio", actualmente Diego Zúñiga (1987) estudia periodismo en Santiago. Pero, al igual que el narrador de Camancha ca , vivió gran parte de su infancia y adolescencia en el norte. De ahí que ese sea su territorio a la hora de contar historias.
-La novela usa el formato de la "road movie", ¿siempre tuviste en mente que fuera una historia de carreteras?
-La idea fue siempre escribir un viaje desde Santiago a Iquique en camioneta. Aunque creo que, al final, Camanchaca es una historia familiar. Al principio quise hacer la historia de un niño y su padre, pero luego me di cuenta de que tenía que hablar de la mamá, de los abuelos. Y lo otro que me pasó es que Camanchaca es el ejercicio de narrar la infancia. Antes me daba lata esa típica frase de "en la infancia están todos los temas". Pero en Camanchaca pasa eso de retroceder para poder contar: son recuerdos ficcionados.
-El epígrafe que abre el libro es de Richard Ford y, de la misma manera, el ambiente también es muy de su narrativa. ¿Cuánto influyó ese autor en "Camanchaca"?
-Harto. Especialmente el comienzo, que es, digamos, extremadamente "fordiano". Eso de contar toda la historia en el primer párrafo. Asimismo, y como esto es la historia de una familia, tiene que ver con que me guste otro libro de él que es Mi Madre, in memoriam . Y a ése le agregaría Mis rincones oscuros (James Ellroy), La invención de la soledad (Paul Auster)... Esa novela tipo familiar que se da más en la no ficción.
-Hace poco apareció "Missing", de Alberto Fuguet, que también pertenece a esa línea de narrativa.
-Es curioso, y yo creo que de haber salido antes, ese libro hubiese estado seguramente entre los referentes. Del mismo modo hay gente que me ha dicho que se conecta con Pedro Páramo y el Cormac McCarthy de La Carretera .
-El otro referente claro es el "El empampado Riquelme", de Francisco Mouat, que hasta tiene un breve cameo en las páginas de "Camanchaca".
-Sí, para mí ese era tal vez el libro chileno más importante cuando me puse a escribir. Por los temas que Mouat maneja: el padre y el desierto. Y cómo los maneja. Porque me impresiona la manera en que llega a hacer de un texto de no ficción algo tan íntimo. Por eso decidí poner esa aparición en mi novela.
-El año pasado ganaste la beca de creación literaria por "Las muertas imaginarias", una novela en la que quieres explorar los crímenes de Alto Hospicio.
-Sí, la primera parte está terminada. Trata del caso del violador de Alto Hospicio, pero obviamente quiero ficcionar. Porque al final hay una historia real que todos conocemos: la de un violador que todos vimos en las noticias. Lo que me a mí me interesa son los rumores que quedaron ahí, entremedio. Da la sensación de que hubo algo que nunca vamos a poder saber, de que hay más gente involucrada. Se habló de tantas cosas: trata de blancas, de órganos y una serie de teorías extrañas. Y ahí es, creo, donde la ficción puede ayudar. Más por el lado emotivo, tal vez. Por ejemplo, me interesa lo que pasó con las niñas ya que gracias a la ficción te puedes tomar revancha. Una revancha para no olvidarnos de ellas.
-¿Y no te da miedo que termine siendo una novela demasiado bolañesca? Lo pregunto porque es similar a la parte de los crímenes en "2666".
-Bueno, 2666 es una de las últimas lecturas que me remecieron a gran escala. Y es el motor de que me halle involucrado en el tema de Alto Hospicio. No podemos obviar a Bolaño. O sea, las generaciones que están escribiendo o las que están empezando, no pueden pasarlo por alto.
-Me imagino que lo quieres tener como un referente cercano, pero a la vez que no empape mucho...
-Lo que me interesa es contar una historia grande, pero sin perder la intimidad, que es algo que no sucede mucho en 2666 , por ejemplo. Cuando empecé a escribir esta novela leí El hombre del salto de Don DeLillo. Aquel es el ejemplo más gráfico de cómo tratar un tema así de grande, el 11 de septiembre estadounidense, pero desde una intimidad notable.
Articulo: http://www.emol.com 29/11/2009
