Dos poetas mapuches
Graciela Huinao (1956) sorprende en Walinto -reeditado este año en castellano, mapudungun (traducción de Clara Antinao) e inglés- con una poderosa intimidad entreverada cuidadosamente con una visión de la tierra, la muerte, los antepasados y sus vicisitudes. El punto de vista lírico se caracteriza por una enfática voz femenina cubierta de una pátina de nostalgia. Se inaugura el libro con el poema "Visión Gitana": "Una gitana me dijo un día al verme la suerte:/ "No tienes líneas en tus manos, tienes versos". Con esta entrada logra una inmediata proximidad con el lector que, asimismo, vuelve en otras partes con un dejo acertado de ingenuidad. Así, continúa: "En 1989 publiqué mi primer poema 'La loika' y como un/ pájaro volaron mis versos en diarios, revistas y antologías/ nacionales, llegando a los EE.UU.". Huinao retoma sólo ligeramente el tono lírico, agregando: "Ahora he de volver con un libro bajo el brazo,/ sin olvidar cómo llegué, con un cuaderno de hojas/ amarillas donde encerraba mis primeros malos versos./ Ahora no son mejores, sólo más viejos". Para finalmente rematar: "Agradecida de la naturaleza, desde el vientre de/ mi madre que me dio el poder de escribir".
Walinto , cuyo nombre proviene de una comunidad indígena cercana a Osorno, no pretende ser una crónica, si bien en sus páginas la historia deja su impronta, como en el poema "A quemarropa" ("A quemarropa/ el invasor mató en mi pueblo/ pero yo había encontrado una semilla"), porque lo esencial de esta poesía se verifica en evocaciones de acertada factura: "...mientras mis ojos acarician la distancia entre yo y mi/ amante, que no he podido dejar ni olvidar: EL SUR".
En un poemario en que la autora despliega variados recursos, en fin, destacan también poemas como "Lágrimas" en los cuales una apretada brevedad contrasta con los caracteres en alta de la grafía: "LA LLUVIA/ PENETRA HUESOS/ AL SUR DE MI MIRADA" (sic).
En el libro de Rosario Miranda Rupailaf, Pu llimeñ ni rulpáuamelkaken. Seducción de los venenos , el poema en Mapuchezungun precede a la versión castellana, aunque ésta es la primera y originaria y aquella es una traducción de Víctor Cifuentes Palacios. Como en el caso de Graciela Huinao, el carácter mapuche no proviene de la lengua misma (que aparece más bien como algo substraído que requiere, por lo tanto, de un complemento externo, la traducción), sino, en este caso, de la manera como la poeta se apropia de una tradición cultural mestiza. Esa mudez de la lengua originaria dice bastante y tiende un puente entre ambos textos más allá de lo habitual en todo poemario bilingüe.
Miranda Rupailaf no aborda, al menos de manera de visible, las vicisitudes históricas del pueblo mapuche-huilliche. Los versos de la poeta, organizados en tres partes (Serpientes de sal, serpientes de tierra y serpientes de agua) elaboran un complejo sistema de significados en torno a la identidad de la mujer, su eroticidad y el problema del mal y la ley cultural. Para ello hace uso de imágenes y simbologías que se hallan en la cosmología mapuche y de otros pueblos originarios amerindios y también en la cultura universal judeo-cristiana y pagana. Las variantes y deslizamientos que efectúa Miranda Rupailaf oponen bella e intensamente los códigos de origen bíblico (para los cuales la serpiente, la mujer y su eroticidad tienen más bien una carga moralmente negativa) con los de aquella otra tradición (véase el estudio de Aby Warburg El ritual de la serpiente ) que, al revés, la liga a ritos de pasaje, fertilidad y sanación. Las referencias poéticas de la autora son amplias, pertinentes al texto, y van desde la Biblia a Sergio Mansilla y Doris Moromisato, pasando por Tirso de Molina, Miguel Hernández y García Lorca.
Es importante subrayar la depurada técnica de estos versos que revela un largo "labor limae". El libro es mínimo en el uso de adjetivos, adverbios, conjunciones e, incluso artículos, concentrándose en el pronombre, el verbo y los complementos directos ("Aire/ me subo cielo/ vertical"). Es especialmente singular el uso de los pronombres reflexivos (muchas veces de manera enclítica), lo cual vuelve reflexivos verbos que por su naturaleza no lo son y crea un círculo en que el significado de la acción retorna sobre el sujeto ("Déjame en este sur en que me encontraste/ anudando mis cabellos a la niebla (...) En la boca ancha y pegajosa/ déjame/ serme barro/ y llenarme de moscas.") Estas cualidades, así como la presencia de rimas finales e internas, dan lugar a una insistente y quebrada musicalidad en la cual no es infrecuente la inversión del orden sintáctico de la oración en una fórmula que recuerda la libertad de las lenguas declinables.
Los libros de Graciela Huinao y Roxana Miranda Rupailaf evidencian, sin duda, la fortaleza y la diversidad de la poesía mapuche hasta el punto que sería reduccionista proponer una definición unitaria de la misma.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 20/12/2009
