samedi 5 décembre 2009

Manuel DÉLANO/La muerte lenta de Víctor JARA


REPORTAJE: MEMORIA HISTÓRICA
La muerte lenta de Víctor Jara
Por Manuel DÉLANO

Torturado y asesinado por los golpistas chilenos, el cantautor fue sepultado de forma casi clandestina en un modesto nicho. EL PAÍS reconstruye su muerte con los recuerdos de los testigos

Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:
-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

"¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

"Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente", cuenta a este periódico el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

Muchos recordaron a Jara con emoción esta semana, cuando su viuda e hijas y la fundación que lleva su nombre organizaron el funeral que no pudo tener en 1973, la despedida popular que merecía, para sepultar los restos del cantautor, exhumados en junio por orden del juez y devueltos a la familia después de una nueva autopsia, que confirmó las huellas de bala y torturas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3.200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30.000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que "la mejor escuela para el canto es la vida", recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: "Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón".

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con "las sierras de Hitler", ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: "¡Viva Allende!", y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2.000 personas, pero hacinan a más de 5.000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia.

"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.

A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.

'La muerte lenta de Víctor Jara' es un reportaje del suplemento 'Domingo' del 6 de diciembre de 2009

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TRIBUNA: JOAN MANUEL SERRAT
El segundo entierro de Víctor Jara
Por Joan Manuel SERRAT

Hoy entierran a Víctor Jara por segunda vez. Quien amó tanto la vida, 36 años después, vuelve a pasear su muerte.

A quien dice: dejad en paz a los muertos, les respondo: ¿están los muertos en paz? ¿Estamos en paz con ellos?

Desde los suburbios de Santiago, desde la falda de su madre, cantora, desde los sueños de su pueblo con los que aliñaba sus canciones, Víctor Jara, como Margot Loyola, Violeta Parra o Héctor Pávez, recopiló y revalorizó los cantos campesinos. Su profunda identificación con el pueblo fue casi mística. Como la Violeta, que le mostró el camino, vivió con ellos, se hizo piel y sangre de ellos para, desde el hombre provinciano, alcanzar lo universal y de forma irrevocable, con profundas convicciones, asumir su condición de artista comprometido.

Así fue hasta que acallaron brutalmente su voz el 16 de septiembre de 1973 y algo quedó truncado para siempre.

Hoy vuelven a enterrar a Víctor Jara.

A diferencia de la primera vez en la que Joan Turner, su mujer, depositó sin responsos, a escondidas, sus maltratados restos en un nicho del Cementerio General de Santiago apenas acompañada por un amigo y el funcionario que reconoció el cadáver en la morgue, serán miles los que estarán a su lado. Ahí se han de juntar los viejos compañeros de lucha, supervivientes de la dictadura y del exilio con muchachas y muchachos que han crecido llevando sus canciones en la boca. Habrá hijos de reprimidos pero también de represores. Llegarán obreros de las poblaciones y campesinos de los valles a unirse a los mineros que, oliendo a cobre, bajarán desde Calama.

Mujeres y hombres de toda condición irán de la mano recordando a Amanda.

Esta vez Joan Turner no caminará sola. A su lado marchará una multitud que, nadie lo olvide, 36 años después del crimen, sigue clamando justicia.

Joan Manuel Serrat es cantautor.

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Los chilenos dicen adiós al cantautor 36 años después

Por Manuel DÉLANO

El músico, asesinado por los militares golpistas, vuelve a recibir sepultura hoy

Con la emoción a flor de piel, como si hubiese fallecido ayer, cientos de personas han concurrido desde el jueves al velatorio que no pudo tener hace 36 años el cantautor Víctor Jara, torturado y asesinado por los militares golpistas mientras estaba prisionero. Hoy será sepultado, acompañado por el pueblo, en un cortejo que marchará hasta el cementerio, como probablemente habría querido él, un hombre de humilde origen campesino, que fue director teatral y cuyas canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda ya son universales.

La presidenta Michelle Bachelet, acompañada por la viuda del cantautor, Joan Turner, hizo guardia ayer junto al ataúd donde están los restos de Jara, devueltos a la familia después de haber sido exhumados en junio -su esposa tuvo que enterrarlo el 18 de septiembre de 1973 de forma clandestina con la ayuda de dos personas- y analizados por un equipo forense, que confirmó su muerte por múltiples disparos.

"Se ha demorado nuestro país 36 años en devolverle a Chile y a su familia este Víctor que es nuestro, que es de todos nosotros, y yo creo que éste es el mejor homenaje que le podemos rendir. Víctor vive en el corazón de su pueblo", afirmó ayer Bachelet. Para la viuda, "éste no es un funeral normal, es un acto de amor y duelo por todos nuestros muertos, y también la celebración de la vida de Víctor y de todos ellos también".

Al velatorio junto al ataúd en la Fundación Víctor Jara han ido actores, directores de teatro y cine, modestos grupos musicales de barriadas periféricas, cantantes populares que interpretan por algunas monedas en los autobuses del transporte urbano, músicos, ex prisioneros políticos, admiradores y militantes.

El Comité Central del Partido Comunista, en el que Jara militó, fue hasta el local y cantó La internacional. "Ha llegado el momento en que Chile le cante a Víctor Jara", sostuvo el presidente de este partido, Guillermo Taller.

Una gran foto de un Jara sonriente en blanco y negro preside el lugar. En la plaza contigua, algunos interpretan canciones en un escenario, mientras bailarinas danzan en las veredas. Las directivas de las agrupaciones de víctimas de la dictadura hicieron guardia junto al ataúd y al salir recordaron que la muerte del cantante todavía sigue en la impunidad y sus asesinos están en libertad.

Por la noche, grupos de personas encendieron velas en las calles en recuerdo del cantautor. "La herida no se cierra mientras no haya verdad", afirmó Jorge Colon, integrante del grupo Inti Alimaña, que tocó con Jara.

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Miles de personas despiden y cantan a Víctor Jara en un funeral popular
Por Manuel DÉLANO

El cantautor chileno recibe el homenaje popular 36 años después de su asesinato

Más de 12.000 personas acompañaron ayer el cortejo fúnebre de quien 36 años después de ser torturado y asesinado por los militares pudo recibir homenaje y despedida. La viuda del cantautor, director teatral y versátil artista chileno Víctor Jara le había dado sepultura de manera semiclandestina en septiembre de 1973, acompañada de dos personas, en un modesto nicho del Cementerio General, el mayor de Santiago. Fuera del camposanto, la capital vivía bajo el miedo y la persecución de la dictadura del general Augusto Pinochet.

A Víctor Jara lo devolvieron ayer al mismo nicho donde estuvo todos estos años, pero ahora llegó rodeado del cariño popular, junto a una multitud que conocía bien su figura y entonaba sus canciones.

Fue una marcha más alegre que fúnebre, sin incidentes ni vigilancia policial, que recorrió a pie y paso lento unas 40 cuadras durante más de cinco horas bajo el inclemente sol primaveral de Santiago. Fue el recital que esta vez miles de chilenos quisieron brindarle a Víctor Jara.

El juez que investiga el crimen de Jara resolvió en junio exhumar los restos del cantautor para someterlo a exámenes forenses en los que se determinó que murió por múltiples disparos después de ser torturado. Al finalizar las pericias y devolver los restos a su viuda, Joan Turner, y a sus hijas Manuela y Amanda, ellas y la Fundación Víctor Jara, que cuida de la memoria del artista, resolvieron brindarle el funeral y un velatorio de dos días, como el que merecía el autor de piezas antológicas como Te recuerdo, Amanda, El cigarrito y Manifiesto, que muchos artistas han incorporado en sus repertorios.

La carroza fúnebre no iba en cabeza del cortejo, como es lo habitual, sino en medio de la multitud, como un signo democrático más, rodeada por una guardia de honor. Cientos de coronas iban apiladas en un camión que transitaba delante. Al paso del cortejo, gentes agolpadas en las aceras le arrojaban claveles y rosas rojas.

Al salir de la Fundación Jara, el ataúd fue cargado a hombros por varios de los que fueron de los mejores amigos del cantautor, entre ellos algunos miembros del conjunto Inti Illimani. En uno de los edificios céntricos por donde pasó, desde un balcón en lo alto un guitarrista comenzó a acompañar el cántico de la marcha, que entonaba "Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel".

Una variopinta y multicolor multitud se extendía por 10 cuadras, y muchos otros fueron al cementerio. Predominaban los jóvenes, entre ellos grupos rockeros, punkis, mapuches, bailarines de danzas del norte chileno, organizaciones gay, estudiantes, la barra Los de Abajo de la Universidad de Chile, uno de los clubes de fútbol más populares del país, junto con ex prisioneros políticos, agrupaciones de víctimas y militantes.

Sólo un pequeño grupo de familiares y los amigos más cercanos pudieron entrar en el cementerio para presenciar el instante en que el ataúd volvió al nicho donde estuvo desde 1973. Cuando la carroza fúnebre entró en el recinto, los asistentes se tomaron las manos, cantaron el himno nacional y después se escuchó La partida, de Jara.

Un bosque de banderas rojas con el rostro de Víctor rodeó el cortejo gritando "¡Justicia, verdad, no a la impunidad!". El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, describió a Jara en su discurso como un "símbolo de nuestras luchas, el más temible con su guitarra y canciones". Su obra, continuó, "perdurará para dar esperanzas (...) con tus canciones, mil veces venceremos".

Entre los asistentes estaban también la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, y el candidato presidencial de la coalición que encabeza el Partido Comunista (PC), el ex ministro Jorge Arrate, un socialista que debió renunciar a su partido para postular a La Moneda.

Muchos de los asistentes se quedaron hasta el final. Para Héctor Torres, del conjunto folclórico Umbral, formado por amigos que desde la dictadura han interpretado a Jara en decenas de recitales gratuitos en barriadas obreras, "Víctor es más grande que su propia muerte. Sus obras han resistido el paso del tiempo. Como cantante tenía un timbre muy bonito y una tesitura excepcional, que le permitía algo muy difícil, dar bien las notas bajas y altas".

El director de un centro cultural que viajó 500 kilómetros para asistir al funeral afirmó: "Se lo debía a Víctor. Era un deber moral, una deuda que el pueblo tenía con él".

Articulo:
http://www.elpais.com 05/12/2009

Escuchar Víctor JARA sobre YOU TUBE :

El derecho de vivir en paz
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http://www.youtube.com/watch?v=xdBMY3R4C0Q

Aqui te traigo una rosa
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http://www.youtube.com/watch?v=JgqPv-f5a1A&feature=related

Te Recuerdo Amanda
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http://www.youtube.com/watch?v=GRmre8ggkcY&feature=related

Documental La Funa de Victor Jara
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http://www.youtube.com/watch?v=cD5zX4SA8AY&feature=fvw

El derecho de vivir en paz
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http://www.youtube.com/watch?v=xdBMY3R4C0Q

Victor Jara Manifiesto
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http://www.youtube.com/watch?v=en8yqVxuT-U&feature=related