samedi 26 décembre 2009

Patricio TAPIA/ Negras letras impresas sobre la blanca Navidad


Espíritu Navideño Regalando cuentos y poemas:
Negras letras impresas sobre la blanca Navidad
Por Patricio Tapia
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Siendo una festividad religiosa, la Navidad también tiene una dimensión de celebración secular. Uno y otro aspecto han traspasado la literatura universal y chilena.

Poco antes de la Navidad de 1843, Charles Dickens tenía apenas 31 años, pero estaba acosado por las deudas y su carrera literaria parecía declinar (tras sus primeros éxitos habían seguido varios intentos frustrados), de manera que decidió embarcarse en un libro que esperaba mantuviera a raya a sus acreedores. Lo escribió como en una fiebre: le tomó sólo seis semanas completarlo y como su editor lo rechazó, usó el poco dinero que tenía para publicarlo por su cuenta.

Así nació Cuento de Navidad , o más bien, Canción de Navidad (su título en inglés es A Christmas Carol y tiene la estructura de un villancico, lo que explica que tenga "estrofas" y no capítulos): la historia del amargado, egoísta, avaro y misántropo Ebenezer Scrooge, quien tras la visita de tres fantasmas navideños (de las Navidades pasadas, presentes y futuras) se convierte en un hombre generoso y amable.

El libro inmediatamente causó sensación y dio nueva vida -recuperando costumbres olvidadas e introduciendo algunas nuevas, como la centralidad del pavo- a una fiesta que había caído un poco en desgracia, minada tanto por el puritanismo (que la consideraba pagana) como por la fría modernidad de la Revolución Industrial. Más de siglo y medio después Canción de Navidad permanece como una de las escasas novelas que han infiltrado la cultura popular, haciendo reconocibles sus personajes y lenguaje incluso por aquellos que nunca la han leído. tanto Scrooge como sus fantasmas edificantes son identificados por todo el mundo.

Otras muestras

Los fantasmas de la Navidad han sobrevolado la literatura universal, antes y después de Dickens. Siendo probablemente la fiesta religiosa más importante y universal, la Navidad hunde sus raíces en una variedad de culturas, celebrando tanto el nacimiento de Jesús como ritualidades del mundo romano y más tarde con adiciones germánicas y celtas. Hay, por cierto, poesía religiosa sobre el nacimiento de Jesús, como la de San Juan de la Cruz o John Donne, con manifestaciones chilenas también, como Gabriela Mistral en su "Romance del establo de Belén" en que imaginó todo tipo de animales acompañando el nacimiento (bueyes, ovejas, cabritos, faisanes, mirlos, ocas): "Al llegar la medianoche/ y al romper en llanto el Niño,/ las cien bestias despertaron/ y el establo se hizo vivo.../ y se fueron acercando/ y alargaron hasta el Niño/ sus cien cuellos anhelantes,/ como un bosque estremecido" o las décimas "Por el Nacimiento", de Violeta Parra: "Adiós a nuestro dolor, válganos la penitencia,/ hagamos la reverencia en este humilde portal/ porque envuelto en un pañal, vino Dios a la existencia". Y, sin embrago, también poetas no creyentes han escrito sobre la festividad.

Siendo, como es, una fecha determinada, hay referencias literarias en que ella es un mero trasfondo (es Navidad en "Los muertos", de Joyce; es descrita en un capítulo de Los Buddenbrock , de Thomas Mann) o hay hechos que simplemente ocurren en Navidad (incluso asesinatos, como en "Markheim", de R. L. Stevenson o en La Navidad de Hercule Poirot , de Agatha Christie). En Chile han abundado los cuadros de costumbres (como hace Alberto Blest Gana o Moisés Vargas) o de crítica social (como hace Luis Orrego Luco o Enrique Lafourcade). En el recién aparecido segundo volumen de sus Crónicas reunidas (UDP, $24.900), Joaquín Edwards Bello dedica dos, en diciembre de 1927, a la Navidad, lamentando en una nuestra falta de originalidad con la importación de costumbres extranjeras y refiriendo en la otra a la "pascua chilena": "En esta noche se mezclarán los rezos de la gente vieja, escéptica y experimentada, con los cantos y las risas de la gente moza. Los niñitos dejarán bien abiertas sus ventanas para que pueda pasar sus juguetes el Niño Dios. La Alameda será el corazón palpitante de esta Noche Buena santiaguina en que el cuerno de la abundancia echa sus chorros saturados de albahaca".

Cuentos navideños

Pero más allá de ser una excusa o un adorno, hay otros relatos en que la Navidad es central. Dostoievski, Andersen, E. T. A. Hoffmann, Gógol, Scott Fitzgerald, Bradbury (con una Navidad espacial, eso sí) han escrito relatos navideños. Incluso "El gigante egoísta" de Oscar Wilde se tiene por tal, quizá porque ocurre en pleno invierno y hay una redención por una suerte de niño Jesús. Un relato clásico es "El regalo de los Reyes Magos", de O'Henry (1862-1910): en que una pareja muy pobre sacrifica lo que supuestamente más quiere (el pelo de ella, el reloj de él) para regalarse cosas que sirven para el pelo de ella y el reloj de él.

Pero hay relatos menos conocidos sobre Navidad. Dylan Thomas (1914-1953) que no sólo fue un gran poeta sino también un cuentista consumado, en "Navidad de un muchacho en Gales" -incluido en sus Relatos completos (Debolsillo)- refiere la fascinación por ese mundo y el recuento de regalos, útiles e inútiles, que recibía (como "libros que me contaban todo sobre las avispas, excepto por qué").

Truman Capote, el autor de la implacable A sangre fría , escribió cosas más dulces como "Un recuerdo navideño": el relato de un niño de siete años que vive lejos de sus padres (o éstos no se preocupan de él) y tiene por mejor amiga a una anciana inocente e infantil (es su prima lejana). En este cuento refiere la última Navidad que pasaron juntos y las cosas que hacían (como preparar tortas para los desconocidos). Ambos se han creado un mundo propio que oculta el que nadie se interesa por ellos. En la edición de Tres cuentos (Anagrama, $7.490) este relato se une con "Una Navidad" y "El invitado del Día de Acción de Gracias", configurando un melancólico y certero retrato de su infancia.

En los Cuentos completos (Alfaguara) de Nabokov figuran dos navideños. En "Navidad" (1924) cuenta la historia de un padre cuyo hijo ha muerto enfermo pocos días antes y que en Navidad sólo piensa en su propia muerte; vencido por el dolor, decide revisar las cosas de su hijo entre las que encuentra un gusano de seda que supone muerto, pero que al calor de la habitación, se despliega como mariposa. En "El cuento de Navidad" (1928), por su parte, se narra la reunión de un crítico prominente y dos escritores, un joven promisorio y uno no tan joven cuya obra declina, pero que encontrará en un árbol de Navidad inspiración para una gran obra.

Maestros

Por otra parte, grandes maestros del relato breve se han ocupado de la Navidad. Guy de Maupassant escribió una suerte de díptico irónico con sus relatos "Cuento de Navidad" y "Noche de Navidad" (ambos publicados en 1882, con un día de diferencia). El primero narra la posesión diabólica de una campesina y el segundo la historia de un tipo que detesta la Nochebuena porque la pasó con una prostituta que estaba embarazada, parió esa misma noche y él debió hacerse cargo de la criatura. Cuentos esenciales , de Maupassant, es una edición magnífica que ofrece un panorama amplio de su obra cuentística (140 relatos) en orden cronológico, permitiendo así ver la progresión tanto en su estilo como en sus temas (desde el realismo a la pesadilla, desde los estereotipos sociales a la guerra).

El ruso Antón Chéjov, cuyos relatos lograron dar un nuevo lenguaje a la narración breve, es autor de "Vanka" (1886) -recogido en Cuentos (Pretextos)-, que el crítico formalista Víctor Sklovski consideró "el cuento de navidad más triste del mundo": relata la historia de un niño de nueve años que ha quedado huérfano y es llevado desde su aldea a Moscú, a la casa de un zapatero para que aprenda el oficio, pero allí lo golpean, sufre hambre y frío, lo fuerzan a trabajar día y noche. En víspera de Navidad le escribe a su abuelo. Ha comprado, con esfuerzo, un sobre y lo meterá, según le han dicho, en un buzón. Lo penoso del asunto es que afuera ha escrito: "Para el abuelo, que está en la aldea"...

No sólo lágrimas

Pero la Navidad literaria no sólo es cursilería, melodrama o tragedia. En El ángel más tonto del mundo , Christopher Moore lleva las cosas al humor absurdo. La obra se localiza, como otras suyas, en un pueblo californiano, Pine Cove, con habitantes curiosísimos. Una agente inmobiliaria, Lena Márquez, mata accidentalmente a su ex-marido, que está disfrazado de Viejito Pascuero. Ha sido testigo un niño de siete años y reza fervorosamente para que se le devuelva la vida. Sus plegarias son atendidas, porque Razel, un ángel que ha perdido una partida de cartas con otro, tiene que hacer realidad su deseo. Lástima que Razel es un poco tonto, pues resucita a todos los muertos que descansan en el cementerio y que despiertan como zombies hambrientos de sesos humanos.

Y así como los fantasmas de las Navidades (pasadas y presentes) han sobrevolado la literatura, hubo una especie de señor Scrooge en el poeta inglés Philip Larkin, que no gustaba de los niños ("Animalitos egoístas, ruidosos, crueles y vulgares") y para quien, dada su legendaria tacañería, las compras navideñas eran "la anual transformación de la indiferencia hacia el prójimo en odio activo". Y, sin embargo, alguna vez sucumbió: en cierta navidad encontró un libro de Stevie Smith ( No saluda, se está ahogando ) y se impresionó tanto que compró varios ejemplares para regalar (y dejar totalmente sorprendidos por tal desembolso) a sus amigos.

La Navidad es de los niños

Como es obvio, hay libros para niños sobre la Navidad. El ilustrador y autor de libros infantiles Ian Falconer presenta en Olivia recibe la Navidad (FCE, $10.900 ) los intentos de esta cerdita por ayudar a su familia en los preparativos de la fiesta y la espera de los regalos. Con este libro, Falconer ganó el título de ilustrador del año en los Children's Choice Book Award de 2008. Por su parte, Frank McCourt, autor de la memoria Las cenizas de Ángela , donde cuenta su infancia miserable en Irlanda (la comida principal para él y sus hermanos era té y pan, que su madre, Ángela, refería como una dieta balanceada: un sólido y un líquido), que murió en julio de 2009, en Ángela y el Niño Jesús (Océano / Maeva, $8.850) vuelve a contar una historia que su madre (la figura que guía su famosa memoria) le contó cuando niño. Según este relato, una Ángela de seis años se preocupa porque el Niño Jesús en el pesebre de su iglesia pueda pasar frío estando sin ropa, y aunque sabe que robar está mal, decide sacar la figura del Niño Jesús y llevarla a su casa para meterla en su cama, pero inevitablemente su rescate es descubierto. Además existen dos adaptaciones infantiles del libro de Dickens: Cuento de Navidad (por Pablo Antón Pascual, Vicens Vives, $7.692) y Nochebuena de fantasmas (por José María Pérez Zúñiga, Vicens Vives, $7.140).

Los reyes magos

Esos astrólogos de Oriente referidos por San Mateo, que siguiendo una estrella dieron con Jesús recién nacido para adorarlo y que la tradición cristiana convirtió en reyes de reinos misteriosos, deben de haber existido, pues Marco Polo aseguró haber visto sus tumbas y se sabe que hay familias chilenas que descienden directamente de uno de ellos. Tales reyes han tenido fortuna en la poesía. John Donne les reconoce haber salvado a Jesús de Herodes. Rubén Darío y W. B. Yeats les dedicaron poemas. Y en el de T. S. Eliot sobre su viaje, uno de ellos (no dice cuál) recuerda la travesía (su comienzo, en versión de Armando Uribe): "Hacía frío, hacía frío, / era justo la peor parte del año, / para ese viaje tan largo. / Los caminos con barro y el clima malo, / cuando hasta el propio invierno se resfría. / Y los camellos con las patas con sabañones, / refractarios se arrodillaron en la nieve derretida. / Hubo momentos en que echábamos de menos / esos palacios de verano en lomas, con terrazas / y las niñas sedosas que servían sorbetes. / Entonces los lacayos para camellos / blasfemaban y gruñían / y desaparecían en busca de vino y mujeres". "La adoración de los magos", de Luis Cernuda, es un poema amargo y desesperado, sobre el desencanto de ellos al encontrar un niño donde esperaban un dios: "Buscaron la verdad, pero al hallarla / No creyeron en ella".

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 20/12/2009