
"Invisible" Último libro del autor estadounidense:
Signos de Austeridad
Por Patricio Tapia
La última narración del reconocido y popular novelista Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias 2006, acaba de aparecer en castellano. Intriga y duda, literatura y vida, memoria y olvido, además de diversos tipos de amor (algunos más aceptados que otros) se cruzan en "Invisible".
Narraciones fascinadas con el acto de su propia creación, cadenas de coincidencias que desafían al más crédulo, meditaciones sobre la naturaleza de la ficción o sobre la identidad personal, dobles, alter egos, mundos paralelos, libros dentro de libros, paradojas, incertidumbres, historias que se comen la cola, referencias literarias ocultas (siempre prestigiosas o cuando menos rebuscadas), reapariciones de personajes u obras de un título a otro. La obra de Paul Auster -repleta de escritores o artistas que crean personajes con los cuales se confunden- se ha vuelto tan reconocible como los trucos o herramientas de su utillaje, presentes desde sus primeros trabajos -que practicaban la subversión de las narraciones de género (en su serie de relatos reunidos como La trilogía de Nueva York , de 1987, usaba la forma de la novela de detectives para abordar asuntos de otra índole, llegando a llamárseles "thrillers existenciales")- hasta los más recientes. Las denominaciones y metáforas se repiten, desde lo académico a lo popular: se habla de "novela posmoderna", de "metanarraciones", de relatos "especulares", se reiteran las menciones de las "muñecas rusas", los dibujos de Escher o bien las cintas de Möbius.
Invisible
¿Pero qué pasaría si Auster escribiera simplemente una novela y no un ejercicio "vanguardista"? Invisible parece ser el caso, y además con un retorno a la juventud, ya que sus últimos libros han sido protagonizados por sujetos crecientemente decrépitos ( Viajes por el Scriptorium relata un día en la vida de un anciano confinado en una habitación y que sufre de amnesia; por su parte, Un hombre en la oscuridad transcurre en una noche en la cama de un crítico viejo y retirado que accede a -o sueña- un universo paralelo).
Invisible comienza situándonos en 1967, en Nueva York, donde el veinteañero Adam Walker, estudiante en la universidad de Columbia y aspirante a escritor -se dice "un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta"- conoce en una fiesta a una pareja de extranjeros: él, Rudolf Born, suizo-francés, profesor visitante en la universidad (su materia: el desastre, "las calamidades del colonialismo francés"); ella, Margot, la novia francesa de Born. Él le dice en broma que podría escribir su biografía, además le ofrece dirigir y financiar una revista literaria (se llamará "Stylus", en honor a Poe). Una noche ambos están caminando y se acerca un muchacho negro armado que intenta asaltarlos: Born reacciona acuchillando al sujeto y dejándolo herido. Adam va por ayuda, pide una ambulancia por teléfono, pero cuando regresa ya no hay nadie; huye asustado. El cadáver del asaltante aparece algunos días después, cerca del lugar, con una docena de heridas. Born le envía una amenaza al angustiado Adam ("Ni una palabra, Walker. Recuerde: todavía tengo la navaja, y no me da miedo utilizarla"), quien finalmente llama a la policía, pero Born ya ha escapado a Francia.
De esta manera termina la primera parte del libro. Iniciada la segunda nos enteramos de que, en realidad, es el primer capítulo de una memoria que Walker, cuarenta años después, cuando está muriendo de leucemia, le envía a un compañero de curso que ingresó con él en Columbia y ahora es un novelista famoso. Walker le envía el segundo capítulo, narrado en segunda persona, para poder tomar distancia y no sentirse limitado: narra cómo su familia se volvió "disfuncional" desde la muerte accidental de su hermano pequeño, la preparación de un viaje a Francia y cómo se instala a vivir con su hermana (con quien habían tenido cierta experimentación sexual de adolescentes, pero que ahora consuman en un incesto). El amigo viaja a encontrarse con Walker, pero cuando llega, él ha muerto y le deja con su hijastra negra la tercera parte del libro. Son sólo unas notas, que el amigo transforma en frases completas. Allí refiere en tercera persona el viaje a Francia para perfeccionar el idioma. Allí se reencuentra con Margot y también con Born. Planea una venganza, pero Born (quien al parecer tiene contactos en el gobierno) logra que deporten a Adam.
Un giro
Ya la novela se ha tornado más "austeriana", con las narraciones de Walker en primera, segunda y tercera persona, en pasado y en presente. La cuarta parte del libro está desconectada de las anteriores y a la vez conectada, pero de manera oblicua. El amigo (y a fin de cuentas editor) de Walker se reúne con la hermana de él, después de haberle enviado el manuscrito -a estas alturas él tiene el único ejemplar- y la veracidad del relato comienza a ponerse en duda: El amigo, que sabemos ahora es Jim Freeman, además cambió los nombres de las personas y los lugares, que no son los que leemos nosotros. Freeman viaja a París y puede encontrarse con Cécile, una amiga parisina de Walker en esos años. Todos los demás han muerto, aunque ella vio a Born unos años antes: él está jubilado, tiene 71 años y vive en una isla del Caribe. Cécile le permite leer su diario de esa penosa visita: Born está gordo, aislado y rodeado de sirvientes. Él le confiesa que trabajaba para el gobierno francés en "misiones secretas" y afirma, ante la posibilidad de escribir sus memorias y de transformarlas en novela: "Con el objeto de exponer la verdad, debemos darle el carácter de ficción".
¿Son confiables los recuerdos de Walker? ¿Es culpable Born? ¿Hubo una relación incestuosa? Como en otras novelas de Auster cabe la posibilidad de que uno de los narradores (en este caso Walker) se haya inventado todo lo que hemos leído.
Claves
El título de libro podria ser una clave, pero tampoco ayuda mucho, aunque Auster gusta de la palabra y del concepto. Así su meditación sobre el padre se llama "Retrato de un hombre invisible" (primera parte, relato o ensayo, de La invención de la soledad , su primer libro, de 1982; la segunda parte reflexiona sobre su propia paternidad ). La última aparición de la estrella del cine mudo que es la obsesión del protagonista de El libro de las ilusiones (2002) ocurre en una película donde bebe una poción que lo vuelve invisible. La palabra aparece varias veces en Invisible : cuando Adam describe el rostro de Born como "una cara que resultaría invisible entre cualquier multitud"; cuando la propuesta de Born avivó su vanidad ("esa invisible marmita de engreimiento y ambición"); cuando decide ya no escribir en primera persona ("El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando") y la menciona Freeman cuando vuela de regreso a casa tras su fallido encuentro con Walker ("Una Norteamérica invisible yacía silenciosa en la oscuridad a mis pies"). Ninguna es una clave muy segura. Ni la aparición de la guerra (Vietnam para Adam, Argelia para Born) ni el recurso a un narrador distinto: Invisible , como Leviatán es, a fin de cuentas, una historia que se conoce gracias a la labor de un amigo.
En su libro de conversaciones con Gérard de Cortanze ( Dossier Paul Auster , Anagrama, 1996) Auster sostiene que nuestras vidas están hechas de accidentes. No es un accidente que Auster, quien sería el autor óptimo como contraseña de círculos pequeños de lectores sofisticados, un adecuado objeto de alambicadas tesis universitarias o ejemplo de laboratorio para cursos de "escritura creativa", goce, con todo, de bastante popularidad, incluso entre lectores que ni se acercan a la literatura de "vanguardia", si bien sus métodos han vuelto predecible una narración que se supone hecha de sorpresas. ¿Cómo es eso posible? En una valoración reciente de su obra hecha por el crítico James Wood, éste afirmaba que en un ochenta por ciento la novela típica de Auster avanza de una forma indistinguible del realismo y el restante veinte por ciento realiza una "cirugía posmodernista" del anterior porcentaje, a menudo poniendo en duda la veracidad del argumento. Afirmaba también Wood que no obstante su escepticismo sobre la estabilidad de la narración, Auster es muy solemne en los momentos de su lado realista. En Invisible hay varias de esas afirmaciones graves (Adam dice encontrarse en un "callejón sin salida de desesperación y odio") que le dan la razón a Wood. Muchas veces las emociones en sus libros se nombran más que se evocan o producen. Y hay otras en que llega a ser de un humor involuntario, pues Auster se muestra bastante poco irónico, más allá de sus juegos formales.
Vida y literatura
Una cosa interesante es que partes de la vida de Adam Walker parecen replicar la del propio Auster en 1967, incluida su estadía fracasada en París (como podrá comprobarse leyendo su ejercicio autobiográfico A salto de mata , 1987). La porosidad entre la vida real y la literaria (las instancias en que la ficción imita a la vida, y viceversa) tampoco es algo ajeno a Auster, cuya persona está tan implicada en sus libros que no se sabe bien si sus apariciones más o menos encubiertas son juegos textuales de raíz modernista (o posmodernista) o bien simple vanidad; si son ejercicios de auto-ironía o de auto-celebración.
La identidad siempre en desplazamiento del escritor de Ciudad de cristal acaba en un tal Paul Auster (que siempre dice las cosas más inteligentes del libro). Leviatán es narrada por Peter Aaron (las mismas iniciales de Paul Auster) y hay otros contactos con su vida: la ex esposa del personaje se llama Delia (la de Auster Lidia) y la actual Iris (la de Auster, Siri); su hijo es David (el de Auster Daniel) y su hija Sonia (la de Auster Sophie). El escritor en La noche del oráculo se apellida Trause (anagrama de Auster). El amigo de Walker se llama Jim Freeman (un editor de Auster fue John Freeman, actual editor de la revista Granta ). Ahora bien, se supone que Walker era muy bello. Según su amigo Freeman "era uno de los chicos mejor parecidos del campus: guapo como una estrella de cine ", poseedor de una "insufrible perfección humana". Auster efectivamente podría ser una estrella cinematográfica (arte que le gusta y que practica, como guionista, director e incluso con fugaces apariciones). Es alto y de un aire oscuro. Pero sus ojos grandes y saltones, rodeados por unas ojeras descomunales -que le dan un parecido a Buster Keaton-, le permitirían ser el villano de una película de cine mudo, el cual por cierto, le gusta: de hecho escribió de joven algunos guiones para películas mudas y en el Libro de las ilusiones uno de sus personajes más memorables es Hector Mann: una estrella del cine cuando aún no era sonoro, que desapareció en 1929.
Coincidencias
Hay en Invisible varias coincidencias en la vida de Adam Walker con la de Auster. En A salto de mata (Anagrama), Auster cuenta cómo en 1967 iba a los mismos cines y publicaba en las mismas revistas que el protagonista de la novela. Ese año también se apuntó en el programa de Columbia para estudiar en París. El personaje vive en el mismo edificio que Auster. A finales de 1969 se anunciaron los resultados del sorteo para el servicio militar, y Auster salió agraciado con el número 297, salvándose de ir a Vietnam. También a Adam en el sistema de lotería le toca un número alto (346) para el reclutamiento de la guerra.
Cuando un tiempo después le toca viajar a México para ayudar a escribir unas memorias a una mecenas (en circunstancias que resultan bastante increíbles), Auster dormía bajo una mosquitera de muselina para protegerse de las tarántulas y los insectos, como después hará su personaje Cécile en la isla caribeña de Born.
Articulo: http://www.emol.com 29/11/2009
Signos de Austeridad
Por Patricio Tapia
La última narración del reconocido y popular novelista Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias 2006, acaba de aparecer en castellano. Intriga y duda, literatura y vida, memoria y olvido, además de diversos tipos de amor (algunos más aceptados que otros) se cruzan en "Invisible".
Narraciones fascinadas con el acto de su propia creación, cadenas de coincidencias que desafían al más crédulo, meditaciones sobre la naturaleza de la ficción o sobre la identidad personal, dobles, alter egos, mundos paralelos, libros dentro de libros, paradojas, incertidumbres, historias que se comen la cola, referencias literarias ocultas (siempre prestigiosas o cuando menos rebuscadas), reapariciones de personajes u obras de un título a otro. La obra de Paul Auster -repleta de escritores o artistas que crean personajes con los cuales se confunden- se ha vuelto tan reconocible como los trucos o herramientas de su utillaje, presentes desde sus primeros trabajos -que practicaban la subversión de las narraciones de género (en su serie de relatos reunidos como La trilogía de Nueva York , de 1987, usaba la forma de la novela de detectives para abordar asuntos de otra índole, llegando a llamárseles "thrillers existenciales")- hasta los más recientes. Las denominaciones y metáforas se repiten, desde lo académico a lo popular: se habla de "novela posmoderna", de "metanarraciones", de relatos "especulares", se reiteran las menciones de las "muñecas rusas", los dibujos de Escher o bien las cintas de Möbius.
Invisible
¿Pero qué pasaría si Auster escribiera simplemente una novela y no un ejercicio "vanguardista"? Invisible parece ser el caso, y además con un retorno a la juventud, ya que sus últimos libros han sido protagonizados por sujetos crecientemente decrépitos ( Viajes por el Scriptorium relata un día en la vida de un anciano confinado en una habitación y que sufre de amnesia; por su parte, Un hombre en la oscuridad transcurre en una noche en la cama de un crítico viejo y retirado que accede a -o sueña- un universo paralelo).
Invisible comienza situándonos en 1967, en Nueva York, donde el veinteañero Adam Walker, estudiante en la universidad de Columbia y aspirante a escritor -se dice "un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta"- conoce en una fiesta a una pareja de extranjeros: él, Rudolf Born, suizo-francés, profesor visitante en la universidad (su materia: el desastre, "las calamidades del colonialismo francés"); ella, Margot, la novia francesa de Born. Él le dice en broma que podría escribir su biografía, además le ofrece dirigir y financiar una revista literaria (se llamará "Stylus", en honor a Poe). Una noche ambos están caminando y se acerca un muchacho negro armado que intenta asaltarlos: Born reacciona acuchillando al sujeto y dejándolo herido. Adam va por ayuda, pide una ambulancia por teléfono, pero cuando regresa ya no hay nadie; huye asustado. El cadáver del asaltante aparece algunos días después, cerca del lugar, con una docena de heridas. Born le envía una amenaza al angustiado Adam ("Ni una palabra, Walker. Recuerde: todavía tengo la navaja, y no me da miedo utilizarla"), quien finalmente llama a la policía, pero Born ya ha escapado a Francia.
De esta manera termina la primera parte del libro. Iniciada la segunda nos enteramos de que, en realidad, es el primer capítulo de una memoria que Walker, cuarenta años después, cuando está muriendo de leucemia, le envía a un compañero de curso que ingresó con él en Columbia y ahora es un novelista famoso. Walker le envía el segundo capítulo, narrado en segunda persona, para poder tomar distancia y no sentirse limitado: narra cómo su familia se volvió "disfuncional" desde la muerte accidental de su hermano pequeño, la preparación de un viaje a Francia y cómo se instala a vivir con su hermana (con quien habían tenido cierta experimentación sexual de adolescentes, pero que ahora consuman en un incesto). El amigo viaja a encontrarse con Walker, pero cuando llega, él ha muerto y le deja con su hijastra negra la tercera parte del libro. Son sólo unas notas, que el amigo transforma en frases completas. Allí refiere en tercera persona el viaje a Francia para perfeccionar el idioma. Allí se reencuentra con Margot y también con Born. Planea una venganza, pero Born (quien al parecer tiene contactos en el gobierno) logra que deporten a Adam.
Un giro
Ya la novela se ha tornado más "austeriana", con las narraciones de Walker en primera, segunda y tercera persona, en pasado y en presente. La cuarta parte del libro está desconectada de las anteriores y a la vez conectada, pero de manera oblicua. El amigo (y a fin de cuentas editor) de Walker se reúne con la hermana de él, después de haberle enviado el manuscrito -a estas alturas él tiene el único ejemplar- y la veracidad del relato comienza a ponerse en duda: El amigo, que sabemos ahora es Jim Freeman, además cambió los nombres de las personas y los lugares, que no son los que leemos nosotros. Freeman viaja a París y puede encontrarse con Cécile, una amiga parisina de Walker en esos años. Todos los demás han muerto, aunque ella vio a Born unos años antes: él está jubilado, tiene 71 años y vive en una isla del Caribe. Cécile le permite leer su diario de esa penosa visita: Born está gordo, aislado y rodeado de sirvientes. Él le confiesa que trabajaba para el gobierno francés en "misiones secretas" y afirma, ante la posibilidad de escribir sus memorias y de transformarlas en novela: "Con el objeto de exponer la verdad, debemos darle el carácter de ficción".
¿Son confiables los recuerdos de Walker? ¿Es culpable Born? ¿Hubo una relación incestuosa? Como en otras novelas de Auster cabe la posibilidad de que uno de los narradores (en este caso Walker) se haya inventado todo lo que hemos leído.
Claves
El título de libro podria ser una clave, pero tampoco ayuda mucho, aunque Auster gusta de la palabra y del concepto. Así su meditación sobre el padre se llama "Retrato de un hombre invisible" (primera parte, relato o ensayo, de La invención de la soledad , su primer libro, de 1982; la segunda parte reflexiona sobre su propia paternidad ). La última aparición de la estrella del cine mudo que es la obsesión del protagonista de El libro de las ilusiones (2002) ocurre en una película donde bebe una poción que lo vuelve invisible. La palabra aparece varias veces en Invisible : cuando Adam describe el rostro de Born como "una cara que resultaría invisible entre cualquier multitud"; cuando la propuesta de Born avivó su vanidad ("esa invisible marmita de engreimiento y ambición"); cuando decide ya no escribir en primera persona ("El hecho de escribir sobre mí mismo en primera persona me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando") y la menciona Freeman cuando vuela de regreso a casa tras su fallido encuentro con Walker ("Una Norteamérica invisible yacía silenciosa en la oscuridad a mis pies"). Ninguna es una clave muy segura. Ni la aparición de la guerra (Vietnam para Adam, Argelia para Born) ni el recurso a un narrador distinto: Invisible , como Leviatán es, a fin de cuentas, una historia que se conoce gracias a la labor de un amigo.
En su libro de conversaciones con Gérard de Cortanze ( Dossier Paul Auster , Anagrama, 1996) Auster sostiene que nuestras vidas están hechas de accidentes. No es un accidente que Auster, quien sería el autor óptimo como contraseña de círculos pequeños de lectores sofisticados, un adecuado objeto de alambicadas tesis universitarias o ejemplo de laboratorio para cursos de "escritura creativa", goce, con todo, de bastante popularidad, incluso entre lectores que ni se acercan a la literatura de "vanguardia", si bien sus métodos han vuelto predecible una narración que se supone hecha de sorpresas. ¿Cómo es eso posible? En una valoración reciente de su obra hecha por el crítico James Wood, éste afirmaba que en un ochenta por ciento la novela típica de Auster avanza de una forma indistinguible del realismo y el restante veinte por ciento realiza una "cirugía posmodernista" del anterior porcentaje, a menudo poniendo en duda la veracidad del argumento. Afirmaba también Wood que no obstante su escepticismo sobre la estabilidad de la narración, Auster es muy solemne en los momentos de su lado realista. En Invisible hay varias de esas afirmaciones graves (Adam dice encontrarse en un "callejón sin salida de desesperación y odio") que le dan la razón a Wood. Muchas veces las emociones en sus libros se nombran más que se evocan o producen. Y hay otras en que llega a ser de un humor involuntario, pues Auster se muestra bastante poco irónico, más allá de sus juegos formales.
Vida y literatura
Una cosa interesante es que partes de la vida de Adam Walker parecen replicar la del propio Auster en 1967, incluida su estadía fracasada en París (como podrá comprobarse leyendo su ejercicio autobiográfico A salto de mata , 1987). La porosidad entre la vida real y la literaria (las instancias en que la ficción imita a la vida, y viceversa) tampoco es algo ajeno a Auster, cuya persona está tan implicada en sus libros que no se sabe bien si sus apariciones más o menos encubiertas son juegos textuales de raíz modernista (o posmodernista) o bien simple vanidad; si son ejercicios de auto-ironía o de auto-celebración.
La identidad siempre en desplazamiento del escritor de Ciudad de cristal acaba en un tal Paul Auster (que siempre dice las cosas más inteligentes del libro). Leviatán es narrada por Peter Aaron (las mismas iniciales de Paul Auster) y hay otros contactos con su vida: la ex esposa del personaje se llama Delia (la de Auster Lidia) y la actual Iris (la de Auster, Siri); su hijo es David (el de Auster Daniel) y su hija Sonia (la de Auster Sophie). El escritor en La noche del oráculo se apellida Trause (anagrama de Auster). El amigo de Walker se llama Jim Freeman (un editor de Auster fue John Freeman, actual editor de la revista Granta ). Ahora bien, se supone que Walker era muy bello. Según su amigo Freeman "era uno de los chicos mejor parecidos del campus: guapo como una estrella de cine ", poseedor de una "insufrible perfección humana". Auster efectivamente podría ser una estrella cinematográfica (arte que le gusta y que practica, como guionista, director e incluso con fugaces apariciones). Es alto y de un aire oscuro. Pero sus ojos grandes y saltones, rodeados por unas ojeras descomunales -que le dan un parecido a Buster Keaton-, le permitirían ser el villano de una película de cine mudo, el cual por cierto, le gusta: de hecho escribió de joven algunos guiones para películas mudas y en el Libro de las ilusiones uno de sus personajes más memorables es Hector Mann: una estrella del cine cuando aún no era sonoro, que desapareció en 1929.
Coincidencias
Hay en Invisible varias coincidencias en la vida de Adam Walker con la de Auster. En A salto de mata (Anagrama), Auster cuenta cómo en 1967 iba a los mismos cines y publicaba en las mismas revistas que el protagonista de la novela. Ese año también se apuntó en el programa de Columbia para estudiar en París. El personaje vive en el mismo edificio que Auster. A finales de 1969 se anunciaron los resultados del sorteo para el servicio militar, y Auster salió agraciado con el número 297, salvándose de ir a Vietnam. También a Adam en el sistema de lotería le toca un número alto (346) para el reclutamiento de la guerra.
Cuando un tiempo después le toca viajar a México para ayudar a escribir unas memorias a una mecenas (en circunstancias que resultan bastante increíbles), Auster dormía bajo una mosquitera de muselina para protegerse de las tarántulas y los insectos, como después hará su personaje Cécile en la isla caribeña de Born.
Articulo: http://www.emol.com 29/11/2009
