dimanche 3 janvier 2010

Alas Cuba/110 aniversario del natalicio de Rubén MARTINEZ VILLENA


Correo de: Jorge Bousoño González
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AlasCUBA
http://alascuba.blogspot.com/


110 aniversario del natalicio de Rubén Martínez Villena
Puedes venir desnuda…

“Rubén era de los hombres que se transmiten, que legan, generosos, lo mejor de sí a millares de hombres (…)”
Pablo de la Torriente Brau


http://www.tribuna.co.cu/etiquetas/2009/diciembre/19/puedes-venir.html

por Clara Luz Domínguez Amorín
… a mi fiesta de amor…”.


Rubén Martínez Villena, el revolucionario de grandes ojos claros, comenzó a escribir a los once años y, tiempo después, la crítica lo consideró como el poeta mejor dotado de su generación.

“Tu vida tendrá luz plena de mediodía”, auguró el Generalísimo Máximo Gómez cuando Rubén tenía sólo un año, tal vez impresionado por su inteligente mirada; de manera tan sencilla predijo la obra futura de este intelectual cubano quien, además, actuó a muy corta edad como maestro en una sección especial para los niños analfabetos, en el Instituto San Manuel y San Francisco, el cual había sido reabierto bajo la dirección de su padre. Algunos años más tarde volvería a las aulas, en la Universidad Popular José Martí.

Se graduó en Derecho Civil y Público en 1922, y comenzó a trabajar en el bufete del doctor Don Fernando Ortiz, de quien aprehendió el carácter antiimperialista y patriótico.

Protagonizó la Protesta de los Trece. La Falange de Acción Cubana y el Movimiento de Veteranos y Patriotas lo tuvieron entre sus filas, aunque sufrió la decepción de sentir los intereses burgueses dentro de algunas organizaciones. También dirigió y editó la revista Venezuela Libre en 1925.

Aquejado de tuberculosis, dolencia que lo llevaría a la muerte, fue acogido por la Quinta de Dependientes en 1927. Desde allí sostuvo su famosa polémica con Jorge Mañach, en la cual deja clara su posición de luchador revolucionario antes que intelectual: “Yo no soy poeta (aunque he escrito versos); no me tengas por tal y, por ende, no pertenezco al gremio de marras. Yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, los olvido; me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores les interesa la justicia social”. Integró las filas del Partido Comunista de Cuba y enfrentó, de forma directa, al tirano Machado, a quien bautizó como “asno con garras”.

Fue el alma de la Primera huelga política de la historia de Cuba, cuyo lema ¡ABAJO MACHADO! conmocionó las raíces del régimen dictatorial.

Viajó a la Unión Soviética para evadir el terror que se desató en su contra y, también, con el fin de curarse; en el sanatorio del Cáucaso, conoce la irreversibilidad de su mal y escribe a su esposa Asela: “(...) ¡Qué bueno, qué dulce debe ser morir asesinado por la burguesía! Se sufre menos, se acaba más pronto, se es útil a la agitación revolucionaria (…)”.

Convirtió el presentimiento en lírica: “Yo moriré prosaicamente, de cualquier cosa (¿el estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?)…”.

En cartas de nostalgia a su “Chelé querida”: “¡Qué desesperado estoy por verte otra vez, por volver a tu lado, por sentirte latir entre mis brazos! (...) La primera vez que te alcé en mis brazos –nunca más orgullosos– me pareció que levantaba un cesto de flores (...) Yo soy tan tuyo como el día en que una fuerza irresistible acercó por primera vez mis labios a tu boca (…)”.

Del ansia de estar tan lejos de Cuba, en aquel “rincón lejano y ¡tranquilo! (...) sin hacer nada, quién sabe cuán inútilmente”, se sintió reconfortado por la visita de Asela en 1931; de la pasión de ese encuentro nació Rusela, su única hija.

Al regresar a la Patria El Trabajador y Bandera Roja publicaron sus artículos, que son cruzadas de la pluma por el ideal. Participó en el recibimiento de las cenizas de Mella y, ya muy próximo su fin, dirigió la Huelga General Revolucionaria que derrocó a Machado el 12 de agosto de 1933. Reclinado en su lecho de moribundo organizó el IV Congreso de la Unidad Sindical. La Patria perdió a un muy joven, brillante y consagrado hijo, el 16 de enero de 1934.

Asela Jiménez de Ayala, la esposa y compañera, escribió: “(…) Emanaba de él algo que infundía confianza, (…) exquisito, atento y cordial con todos...”.

Ejemplo a seguir para la juventud, dedicó sus energías y corta vida al combate por alcanzar la justicia social, sin descuidar al poeta, el amante; su verso llega hasta el corazón y conmueve el susurro de aquella voz imaginada, cada vez que leemos: “Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias...”


HEXAEDRO ROSA

¡Te amo...!
A tu lado, o en tu ausencia; en la realidad o en el sueño; en la intimidad del rincón amable o ante el formidable arrullo del mar; en la noche lunada o negra y punteada de estrellas interrogadoras; en el momento maravilloso y tierno del amanecer; en el estupor meridiano del día o en el pensativo crepúsculo de oro... En todos los sitios y a todas las horas te he dicho ya las palabras que creí no iba a pronunciar jamás.

II
Tu amor irrumpió en mi vida como se cuela una ráfaga por una ventana abierta. Todos mis papeles se alborotaron y en un vuelo de espanto se deslizaron bajo los muebles y hacia los rincones. ¿Qué has hecho revoltosa?...¿Cómo penetras sin permiso?...No quieras irte. He cerrado cuidadosamente la ventana y no te dejaré hasta que arregles lo que desordenó tu travesura. ¡A ver si recoges aquel recuerdo mío y me traes esas cuartillas de la historia triste y el cuento ese que aún no he terminado, y aquella esperanza que germinaba bajo mi frente cargada hace un instante por estos pensamientos que han quedado aquí a mis pies, truncos y revueltos! ¡Qué maremágnum has ocasionado con tu entrada! ¡Anda, obedece...!

Y mientras te digo todo esto tú estás ahí, de pie, en el medio de mi alma, con mi más vieja tristeza bajo el tacón de tu zapato, diciendo a mi severidad con una sonrisa divina: -Indudablemente, nada hay más descortés que un rayo de sol.... Y lo peor del caso -¡atrevida!- es que pareces muy satisfecha de que haya cerrado mi ventana.

III
Tú dices que eres triste. Yo sé que comprendes mis tristezas. Pero a pesar de ti misma, tú eres alegre, alegre como la luz, como la flor, como el trino. Lo raro es que tu alegría es producida por mi amor. Proviene tu alegría del amor del hombre taciturno, obsedido por el Misterio y por el Arte, envenenado por la filosofía y por el Mundo.-Como yo conozco ese milagro, temo que se produzca en mí. Temo el contagio de tu celeste y poderoso júbilo. ¡Oh amada! No me arrebate tu alegría lo que me enorgullece y me define. ¡No vuelva el tiempo ingenuo de la poesía meliflua y desastrosa! En mi gravedad de crepúsculo tendré, para ti sola, luces y flores y trinos. Déjame la palabra amarga. la tristeza y la cólera son mías. Pero mi ternura sabrá mecer tu jovialidad de niña en un columpio de arrullos.

IV
Será un día cualquiera... Habrá rostros graves y rostros sonrientes. Todo ocurrirá como en un sueño y tú no sabrás qué pasa... (Tu alma será una dulce angustia y una expectación de aurora.) --¿Por qué me visten así? ¿Por qué me coronan de flores? ¿Por qué lloran y ríen? -- me preguntaras. Y yo permaneceré silencioso, para no romper con mi voz el sonambulismo del momento. Pero cuando las amigas te hayan estrujado, cuando te hayan quitado los polvos a besos, cuando tu también derrames una lagrima límpida, entonces, rodearé tu cintura con mi brazo y te diré en una palabra: -- Vamos...

V
Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias.Música la de mis palabras; perfume es de mis versos; corona, mis lagrimas sobre tu cabellera.
¿Que mejor cinturón para tu talle, que cinturón mas tierno, mas fuerte y mas justo que el que te darán mis brazos?... Para tu seno ¿que mejor ceñidor que mis manos amorosas? ¿Que mejor pulsera para tus muñecas que la que formen mis dedos al tomarlas para llevar tus manos a mi boca?
Una solo mordedura, cálida y suave, a un lado de tu pecho, será un broche único para sujetar a tu cuerpo la clámide ceñida y maravillosa de mis dedos.
Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias.

VI
Entonces...
Cuando en tu cuerpo, rendido, no vibre ya el temblor elástico de los miembros; cuando tus labios no tengan fuerzas para besar; cuando tu brazo fatigado se extienda en reposo lánguido, y en un gesto débil y esquivo de negación agites la cabellera trémula...
Entonces...
Cuando tus ojos estén borrachos de adormideras sutiles, cuando los parpados te pesen y se caigan, quemados por la mirada ardiente de toda la noche...
Entonces, a través de la fina malla de tus pestañas, verás todavía alargarse en mis pupilas ávidas un desperezamiento de panteras...


34 Y MEDIO

Te vi de pie, desnuda y orgullosa
y bebiendo en tus labios el aliento,
quise turbar con infantil intento
tu inexorable majestad de diosa.

Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus piernas de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.

Suspiró tu mutismo brevemente
cuando en la sed del vértigo ascendente
precipité el final de mi delirio:

del placer al huracán tremendo
se doblegó tu cuerpo como un lirio
y sucumbió tu majestad gimiendo.


CELOS ETERNOS

Tengo celos del pasado que son celos incurables:
desconfianza de la historia que viviste en el ayer
de los ojos que se vieron en tus ojos adorables,
de los sueños que forjaron tus instintos de mujer.

Y supongo dolorido, los innúmeros probables
cazadores que tuvieron las bellezas de tu ser,
y me asaltan, una a una, las palabras miserables
que engañaron tus oídos con promesas de placer.

Es inútil: nadie podrá borrar ya lo que ha pasado,
y tus besos me recuerdan otros besos que tú has dado
y anticípanse mis celos en el mismo porvenir.

Porque en vez de consolarme, cada vez estoy más triste
presintiendo que los años de placer que tú viviste
son los años de martirio que me quedan por vivir.


MENSAJE LÍRICO CIVIL
(A José Torres Vidaurre, poeta peruano. En Madrid)

José Torres Vidaurre: ¡Salud! Salud y gloria,
hermano apolonida: Salud para la escoria

miserable del cuerpo y gloria para el alma
exquisita y doliente; que el beso de la palma

y del laurel descienda sobre tu sien fecunda.
¡Lucha con las tormentas! ¡Que tu bajel se hunda!

¡Quizás qué bella playa deparará el naufragio!
Lucha y confía siempre: tu apellido es presagio

de brillantes combates y de triunfo sonoro;
que sobre las anónimas tinieblas del Olvido,

Vidaurre, Vita aurea, por su vida de oro
Fulgirán las simbólicas torres de tu apellido.

(Otra etimología, de origen vizcaíno,
me da también Vidaurre como "primer camino")

Y tras de mi saludo, te contaré mis penas
por las cosas de Cuba que no te son ajenas,

y que no pueden serte ajenas por hermano
mío, y por tu fervor de sudamericano.

Yo bien sé que la tierra de los Inca-Yupanqui
no padeció del triste proteccionismo yanqui,

—aunque un temor futuro bien que lo justifica
el apelar a Washington sobre Tacna y Arica—

pero la patria mía, que también amas tú
como amo yo los timbres gloriosos del Perú,

nuestra Cuba, bien sabes cuán propicia a la caza
de naciones, y cómo soporta la amenaza

permanente del Norte que su ambición incuba:
la Florida es un índice que señala hacia Cuba.

Tenemos el destino en nuestras propias manos
Y es lo triste que somos nosotros, los cubanos,

quienes conseguimos la probable desgracia,
adulterando, infames, la noble democracia,
viviendo entre inquietudes de Caribdis y Scila,
e ignorando el peligro del Norte que vigila.

Porque mires de cerca nuestra demencia rara
te contaré la historia dulce de Santa Clara,

convento que el Estado -un comerciante necio-
quiso comprar al triple del verdadero precio.

Y si en el gran negocio existía un "secreto"
con un cambio de letra se convirtió en "decreto".

Tal cosa llevó a cabo el señor Presidente,
Comprar ¡y por decreto! devotísimamente,

si bien que nuestra Carta, previendo algún exceso,
dejó tan delicada facultad al Congreso.

(Mas el Jefe Honorable respecto a Santa Clara
dijo que se adquiriera, mas no que se pagara).

Así, como abogado, se encomendó a San Ivo,
urdió su fundamento, improvisó un motivo,

y consecuente para sus propios desatinos,
se amuralló en sofísticos razonamientos chinos.

Mas, como entonces era secretario de Hacienda
Un coronel insigne de la noble contienda,

que portaba las llaves sagradas del Tesoro
con méritos iguales a idéntico decoro

que sus galones épicos y su apellido inmáculo
el Honorable Jefe neutralizó el obstáculo,
y esto fue lo que vimos con unánime pasmo:
¡le refrendó el decreto al seráfico Erasmo!,

señor incapaz hasta el Pecado y el Vicio,
con un delito máximo: su drama "El Sacrificio".

Así la triste fábula del antiguo convento
fue bochornoso pacto de zorra y de jumento,

pues que la vil astucia y la imbecilidad
se unieron a la sombra de una sola maldad.

Y ¿quién te dice, amigo, que porque hice uso
de un derecho de crítica a lo que se dispuso

por el decreto mágico, y al mismo Secretario
le dije frente a frente cómo era de contrario

el pueblo a tal medida, me juzgan criminal?
¡Vivo en el primer acto de un drama judicial!

Y como me apoyaron doce ilustres amigos
padeceremos juntos enérgicos castigos.

¡Al Ministro seráfico le mordieron las Furias:
sufrimos un ridículo proceso de injurias!

Pero esto es sólo un síntoma: hace falta una valla
para salvar a Cuba del oleaje maldito:

hay la aspiración de perpetuar el delito
y la feroz política se rinde a la canalla.

Hay patriotismo falso, de relumbrón y pompa,
con acompañamiento de timbales y trompa;

se cambian Secretarios en situación muy crítica
por mezquinas "razones de elevada política".

Mas, ¿adónde marchamos, olvidándolo todo:
Historia, Honor y Pueblo, por caminos de lodo,

si ya no reconoces la obcecación funesta
ni aún el sagrado y triste derecho a la protesta?

¿Adónde vamos todos en brutal extravío
sino a la Enmienda Platt y a la bota del Tío?

¡José: nos hace falta una carga de aquéllas,
cuando en el ala bélica de un ímpetu bizarro,

al repetido choque del hierro en el guijarro,
iba el tropel de cascos desempedrando estrellas!

Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos, que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución;

para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;

para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,
para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos
la patria que los padres nos ganaron de pie.

Yo juro por la sangre que manó tanta herida,
ansiar la salvación de la tierra querida,

y a despecho de toda persecución injusta,
seguir administrando el cáustico y la fusta.

Aumenta en el peligro la obligación sagrada.
(El oprobio merece la palabra colérica).

Yo tiro de mi alma, cual si fuera una espada,
y juro, de rodillas, ante la Madre América.

***
Rubén Martínez Villena
La patria peñas arriba
por Madeleine Sautié Rodríguez

De Villena suele decirse que fue el poeta que renunció a sus versos para servir a la Patria. Si poesía es, además de coqueteos con ritmos, rimas y compases, la entereza de comprender el tiempo que nos toca vivir y asumir la necesidad de renovarlo; si cambiar esa realidad contempla el canto de todo un pueblo; si más allá de las penas personales "se dicen los poemas de quienes piden ley para aquello que sienten excesivo", entonces la actitud de Rubén no significa que la haya abandonado, porque al entregarse totalmente a su Patria como él lo hizo, halló este patriótico bardo su auténtica manera de hacer poesía.

A 110 años de su natalicio, el 20 de diciembre de 1899.

Demasiado al pie de la letra lo creyeron algunos cuando aclaró que no era un poeta aunque escribiera versos. Quizás una pueril vergüenza ante un mundo ávido de escuchar mucho más que aflicciones íntimas lo hizo, en polémicas circunstancias, afirmarlo.

La "luz plena de mediodía" que le auguró el General Máximo Gómez al conocer a Rubén en uno de sus frecuentes viajes a La Habana y descubrir en la clarísima mirada del niño la recóndita verdad de su futuro, sería el más acertado vaticinio: una vida que más allá de ella misma, contaría con una permanente luz.

Trabajó como maestro en una escuela donde su padre era el director y alfabetizó a 21 niños. Fue esa labor, que consideraba una forma de hacer patria,también una oportunidad para beberse la historia de las luchas por nuestra independencia y degustar la epopeya mambisa cuyos héroes posarían después por su poesía en sonetos enardecidos como El rescate de Sanguily o San Pedro. Matricularía entonces en la escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, en 1916, por petición de su madre y se graduaría después con notas de sobresaliente.

Por este tiempo se le ha revelado el enigma de la poesía. Sorprendido por esa posesión de las formas, el adolescente escribe en las pizarras de las aulas cada día versos, epigramas, y gana entre sus amigos el sobrenombre de "El Poeta".

La Protesta de los Trece sería la escalada inicial cuando en plena Academia de Ciencias de La Habana acontecería el singular hecho en el que un grupo de jóvenes, con Rubén al frente, desenmascararían el sucio negocio que con el convento de Santa Clara había ejecutado un funcionario del Gobierno de Alfredo Zayas.

Por tal osadía, Rubén guardaría prisión pocos días después, acusado de injurias, cuando en verdad había denunciado grandísimas y tristes verdades.

Será esta circunstancia ideal para estrenarse el joven abogado en el ejercicio de su profesión y asumir propiamente su defensa; será este sitio fecundo para inspirar aquel Mensaje en que reclamó, no sin lirismo, la necesaria "carga para matar bribones" con que poder finalmente "acabar la obra de las revoluciones".

A partir de esa irrupción política, lloverán ininterrumpidamente los hechos que engrosan su misión.

Conocer a Mella es trascendental en su vida, no solo por la entrañable amistad que los unirá sino por la ideología que comparten y por la cual están dispuestos, como en efecto hacen, a ofrecer sus vidas. Con él funda la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista de Cuba. Heroicos y generosos actos de lealtad que recoge la historia unirán a estos jóvenes. El epíteto que ganara Gerardo Machado de boca de Rubén se había generado al calor de una discusión que sostuvo con el "asno con garras" mientras defendía a Julio Antonio de las ofensas que le profería el dictador. Los desvelos con que procedió demandando al gobierno su inmediata excarcelación mientras sufría Mella su heroica huelga de hambre fueron muchos y muy sentidos.

Entonces su verbo fluye como nunca antes en la Sociedad de Torcedores de La Habana, o en el Sindicato de motoristas y conductores de La Habana, o en la Federación Obrera de Bahía de La Habana. Esto condiciona un contacto aún más estrecho con los obreros.

Sufre en mayo de 1927 una congestión pulmonar aguda. Lo remite Gustavo Aldereguía, amigo y médico suyo, para la Quinta de Dependientes. Desde allí, adonde había ido supuestamente a recuperarse, solicita su ingreso al Partido Comunista de Cuba y al respecto de este trance en su vida ha referido: "No haré un verso más como esos que he hecho hasta ahora. Ya no siento mi tragedia personal. Yo ahora no me pertenezco. Yo ahora soy de ellos y de mi partido". Escribiría, en cambio, con el lenguaje de la acción. Y desde su lecho de enfermo siguió redactando artículos, manifiestos, propaganda, haciendo que su palabra bella y certera llegara a todos.

Después de superada la crisis continúa dando riendas a sus útiles anhelos. Dirige la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y allí asiste a los trabajadores usando como vía fundamental el diálogo hombre a hombre. Más que un asesor es un orientador político. Es brillante su actuación como aglutinador de los gremios y sindicatos obreros.

Y desde esos horizontes echa el dirigente un singular vistazo a la juventud y comprende que tiene un importante papel que desempeñar, sobre todo la juventud obrera. Es necesario preparar el relevo de ese proletariado naciente. Entonces se propone unificarla. Se fundan las Juventudes Culturales y Deportivas Obreras. ¿Acaso no fueron estos los cimientos de la actual Unión de Jóvenes Comunistas? Rubén dirigió el periódico Juventud Obrera que divulgaba las actividades de la futura liga Juvenil Comunista.

Organiza y dirige la huelga del 20 de marzo de 1930 que hubo de durar 24 horas, a pesar de que el tirano había alardeado de que en su gobierno ninguna manifestación de este tipo sobrepasaría el cuarto de hora. La huelga fue un éxito político como lo sería la de agosto tres años después que derrocaría a Machado y que con sus escasas y casi últimas fuerzas también encabezaría.

Pero su vida se aniquilaba. Fue enviado a la URSS a un sanatorio del Cáucaso. Arribó primero a Moscú, donde llegó a creer que moriría por no poder siquiera soportar el viaje hasta el hospital. Desde allí le escribe a su esposa Asela Jiménez. "Diles a mis compañeros, Chela mía, que mi último dolor no es dejar la vida sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el partido".

Goza de una increíble mejoría que aprovecha para trabajar en la Sección Latinoamericana del Comintern, en Moscú. Recibe en 1932 el diagnóstico mortal de su enfermedad —tuberculosis— y decide regresar a su patria.

En 1933, en Nueva York, se reúne con los emigrados cubanos y el Partido Comunista de EE.UU. Desde allí retorna a su prosa que ve la luz en distintas publicaciones revolucionarias. Está consciente de su brevísimo tiempo y solo con el fin de derrocar a Machado vuelve nuevamente a Cuba.

Todavía habla, ya con un pulmón de menos y el otro prácticamente destrozado, apenas sin poder proyectar la voz al público, cuando se reciben las cenizas de Mella procedentes de México, donde fue asesinado por órdenes del asno.

Su cuerpo está próximo a expirar, su pensamiento se debate en el curso del evento que se estaba efectuando a la par de sus últimas horas —el 4º Congreso Obrero de Unidad Sindical. Al saber por Aldereguía, también delegado del Congreso, la culminación victoriosa de la jornada, hizo saltar de sus ojos un chispazo de júbilo y respiró mejor. Minutos después se apagaba una vida en consonancia perfecta con el útil anhelo ya cumplido.

Y fue el entierro. Su cadáver envuelto en la roja bandera del Partido Comunista, la Internacional estremecedora entonada por la conmovida muchedumbre, su párpado cerrado ya, contrastando con su pupila eternamente insomne, conformaban las estrofas cruciales de aquella cantata que fue la vida de un hombre que "en la pugna forzada y hermosa" por construir un mundo limpio de fealdades consiguió rimar poesía y patria y supo llevarla honrosamente sobre sí peñas arriba.


EL MEJOR SONETO

¿Recuerdas la fontana luminosa
en la cual una tarde del estío
un soneto compuso a tu desvío
con musa delicada y candorosa?

La música sutil y cadenciosa
se juntó de la fuente al murmurío,
y al terminar dijiste con hastío:
este soneto me parece prosa.

y se pintó en tu boca y en tus ojos
un mohín de impaciencias y de enojos
que convidaban a todos los excesos;

entonces, comprendiendo tus agravios,
te compuse un soneto de mis besos
y lo grabé en tu cuerpo con mis labios.
.
http://www.granma.cubaweb.cu/2009/12/18/nacional/artic01.html


La Habana que me enseñó Rubén
por Jennifer Piñeiro Roig

Yo no nací en La Habana, pero la conocía desde mucho antes de venir a estudiar aquí.
Y no me refiero a las imágenes frías tomadas por los periodistas y mostradas en el noticiero de televisión, ni a las visiones fugaces de cuando la atravesaba para ir a Matanzas de vacaciones.

Hablo de la textura, la esencia, la fragancia, de lo que penetra por los cinco sentidos y hace que realmente se sienta que se conoce algo.

No hubiera podido decir dónde se hallaba la Plaza de Armas, la Avenida de los Presidentes o el Palacio de las Convenciones; sí adivinaba el tráfico y el bullicio de sus calles, la multitud desconocida y los edificios suntuosos.

Soñaba una ciudad nocturna, las casas y los parques iluminados; diversiones, conciertos, toques de santo, un malecón repleto de quienes salían a buscar la brisa. Una ciudad salada, donde el metal se corroe rápido y se teme la furia del viento y del mar.

Pero hubo una Habana que se me reveló vieja, dolida y a la vez recuperada, mientras leía la “Sinfonía urbana” de Rubén Martínez Villena.

Quizás por la indiscutible excelencia del poema, quizás por lo inesperado de descubrir un poeta en quien hasta el momento conocía sólo como luchador social..., el caso es que la “Sinfonía” trazó en mi mente un dibujo totalmente distinto a la representación que yo había guardado de la capital.

Rubén cantó como nadie el espíritu de la gente de a pie, de los comunes, los que se levantan en la mañana sabiendo exactamente cómo terminará su día.

Prefirió la Habana de “la ropa blanca tendida en la azotea” y de las sombras que el sol proyecta “y traza en las aceras siluetas de balcones / que duermen su modorra sobre los transeúntes”.

Tal vez las mismas sombras que le permitían andar protegido del sol mientras se dirigía al Café Martí para reunirse con los demás jóvenes intelectuales, o más tarde, cuando preparaba manifestaciones contra el régimen.

A la Cuba de inicios de siglo no llegaron las vanguardias artísticas europeas y latinoamericanas, apenas un eco de lo que en materia política y filosófica se pensaba. Los autores asumían el Modernismo como la única forma de expresión. Los jóvenes intelectuales que habían nacido con la República, optaban por recurrir a las mismas estructuras que los grandes maestros del Modernismo practicaran veinte años atrás.

Rubén, y los de su grupo, tuvieron la virtud de readaptar un estilo decadente, por principio escapista y exótico, y expresar con sus formas el reflejo de lo que les rodeaba.

“Sinfonía urbana” es eso: un cuadro realista de La Habana de los años veinte, pero tan vívido, que parece trascender en el tiempo y repetirse infinitamente. Cuatro cantos van marcando las pautas del ritmo particular de su ciudad, “Crescendo matinal”, “Andante meridiano”, “Allegro vespertino” y “Morendo nocturno”.

Posiblemente él, que se vio lejos de su tierra cuando lo obligaron a huir, pudo percibir como nadie el sentimiento de la gran urbe.

Él sabía que La Habana nació y creció alimentada del dinero de la caña de azúcar, del tráfico de negros y de la inminencia del mar.

El cansancio, la tristeza de siglos se escondía detrás de la belleza de sus construcciones y de la “profusión callejera de mujeres hermosas: / unas que van de compra y otras que van de venta”.

Después de haber sido obrero en las fábricas estadounidenses, fue detenido en la Florida por participar en una conjura que pretendía bombardear el Palacio Presidencial y para lo cual él mismo se entrenaba como aviador.

Quizás allí supo cuál era la verdadera razón por la que cada mañana la ciudad despertaba, “en tanto que ella misma, para la brega diaria, / se pone en movimiento como una maquinaria, / movida por la fuerza de la necesidad”.

También yo aprehendí una Habana diferente, mucho más rica que las siluetas de la Rampa o de la Giraldilla.

Una capital que respiraba el humo por la mañana, recuperaba el aliento al mediodía, se engalanaba en la tarde y gozaba la noche, lista para emprender un nuevo día.

Más tarde, al compartir la nostalgia de Dulce María por una Habana que ya no tenía la inocencia que ella le prestó, sospechaba que de todos modos la misma razón centenaria compartida por muchos era la que incitaba a la marcha en las mañanas.

Publicado en CubaLiteraria, Enero 28, 2005
http://www.cubaliteraria.cu/delacuba/ficha.php?Id=1636


SINFONÍA URBANA
1
CRESCENDO MATINAL


Una incipiente lumbre se expande en el oriente;
uno tras otro, mueren los públicos fanales.
Ya la ciudad despierta, con un rumor creciente
que estalla en un estruendo de ritmos desiguales.

los ruidos cotidianos fatigan el ambiente:
pregones vocingleros de diarios matinales,
bocinas de carruajes que pasan velozmente,
crujidos de maderas y golpes de metales.

Y elévase en ofrenda magnífica de abajo
el humo de las fábricas -- incienso del trabajo -- ;
rezongan los motores en toda la ciudad,

en tanto que ella misma, para la brega diaria,
se pone en movimiento como una maquinaria,
movida por la fuerza de la necesidad.


2
ANDANTE MERIDIANO


Se extingue lentamente la gran polifonía
que urdió la multiforme canción de la mañana
y escúchase en la vasta quietud del mediodía
como el jadear enorme de la fatiga humana.

Solemnidad profunda, rara melancolía.
La capital se baña de lumbre meridiana,
y un rumor de colmena colosal se diría
que flota en la fecunda serenidad urbana.

Flamear de ropa blanca sobre las azoteas;
los largos pararrayos, las altas chimeneas,
adquieren en la sombra risibles proporciones;

el sol filtra en los árboles fantásticos apuntes
y traza en las aceras siluetas de balcones
que duermen su modorra sobre los transeúntes.


3
ALLEGRO VESPERTINO


¡Ocasos ciudadanos, tardes maravillosas!
Pintoresco desfile de la ciudad contenta,
profusión callejera de mujeres hermosas:
unas que van de compra y otras Que van de Venta.

Tonos crepusculares de nácares y rosas
sobre el mar intranquilo que se adosa y se argenta,
y la noche avanzando y envolviendo las cosas
en un asalto ciego de oscuridad hambrienta.

(Timbretear de tranvías y de cinematógrafos,
música de pianolas y ganguear de fonógrafos.)

¡La noche victoriosa despliega su capuz,

y un último reflejo del astro derrotado
defiende en las cornisas, rebelde y obstinado,
la fuga de la tarde, que muere con la luz!
.
.
4
MORENDO NOCTURNO


Un cintilar de estrellas en el azul del cielo
y una imponente calma de humanidad rendida,
mientras el mundo duerme bajo el nocturno velo,
como cobrando fuerzas para seguir la vida.

Alguna vaga y sorda trepidación del suelo
rompe la paz augusta que en el silencio anida,
y la lujuria humana, perennemente en celo,
transita por las calles de la ciudad dormida.

Ecos, roces, rumores... Nada apenas que turbe
el tranquilo y sonámbulo reposar de la urbe;
y todo este silencio de noche sosegada,
en donde se adivinan angustias y querellas,
es el dolor oculto de la ciudad callada
¡bajo la indiferencia total de las estrellas!


MÁS DE LA POESÍA DE RUBÉN MARTÍNEZ VILLENA

LA PUPILA INSOMNE
.
Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
De atisbar en la vida mis ensueños de muerto
¡Oh la pupila insomne y el párpado cerrado!
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto!)


EL ANHELO INUTIL

¡Oh mi ensueño, mi ensueño Vanamente me exaltas!:
¡Oh mi inútil empeño por subir donde subes!
¡Estas alas tan cortas y esas nubes tan altas!
¡Y estas alas queriendo conquistar esas nubes!


INSUFICIENCIA DE LA ESCALA Y EL IRIS

La luz es música en la garganta de la alondra,
mas tu voz ha de hacerse de la misma tiniebla;
el sabio ruiseñor descompone la sombra
y la traduce al iris sonoro de su endecha.
El espectro visible tiene siete colores,
la escala natural tiene siete sonidos:
puedes trenzarlos todos en diversas canciones,
que tu mayor dolor quedará sin ser dicho.

Dominando la escala, dominador del iris,
callarás en tinieblas la canción imposible.
Ha de ser negra y rauda. Que a tu verso le falta

para expresar la clave de tu angustia secreta,
una nota inaudible, de otra octava más alta,
un color, de la oscura región ultravioleta.


EL GIGANTE

¿Y qué hago yo aquí donde no hay nada
grande que hacer? ¿Nací tan sólo para
esperar, esperar los días,
los meses y los años?
¿Para esperar quién sabe
qué cosa que no llega, que no puede
llegar jamás, que ni siquiera existe?
¿Qué es lo que aguardo? ¡Dios! ¿Qué es lo que aguardo?
Hay una fuerza
concentrada, colérica, expectante
en el fondo sereno
de mi organismo; hay algo,
hay algo que reclama
una función oscura y formidable.
Es un anhelo
impreciso de árbol; un impulso
de ascender y ascender hasta que pueda
¡rendir montañas y amasar estrellas!
¡Crecer, crecer hasta lo inmensurable!

No por el suave
placer de la ascensión, no por la fútil
vanidad de ser grande…
sino para medirme, cara a cara
con el Señor de los Dominios Negros,
con alguien que desprecia
mi pequeñez rastrera de gusano,
áptero, inepto, débil, no creado
para luchar con él, y que no obstante,
a mí y a todos los nacidos hombres,
goza en hostilizar con sus preguntas
y su befa, y escupe y nos envuelve
con su apretada red de interrogantes.

¡Oh Misterio! ¡Misterio! Te presiento
como adversario digno del gigante
que duerme sueño torpe bajo el cráneo;
bajo este cráneo inmóvil que protege
y obstaculiza en dos paredes cóncavas
los gestos inseguros y las furias
sonámbulas e ingenuas del gigante.
¡Despiértese el durmiente agazapado,
que parece acechar tus cautelosos
pasos en las tinieblas! ¡Adelante!

Y nadie me responde, ni es posible
sacudir la modorra de los siglos
acrecida en narcóticos modernos
de duda y de ignorancia; ¡oh, el esfuerzo
inútil! ¡Y el marasmo crece y crece
tras la fatiga del sacudimiento!
¡Y pasas tú, quizás si lo que espero,
lo único, lo grande, que mereces
la ofrenda arrebatada del cerebro
y el holocausto pobre de la vida
para romper un nudo, sólo un viejo
nudo interrogativo sin respuesta!

¡Y pasas tú el eterno, el inmutable,
el único
y total, el infinito!,
¡Misterio! Y me sujeto
con ambas manos trémulas, convulsas,
el cráneo que se parte, y me pregunto:
¿qué hago yo aquí, donde no hay nada, nada
grande que hacer? Y en la tiniebla nadie
oye mi grito desolado. ¡Y sigo
sacudiendo al gigante!


CANCIÓN DEL SAINETE PÓSTUMO

Yo moriré prosaicamente, de cualquier cosa
(¿el estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?),
y como buen cadáver descenderé a la fosa
envuelto en un sudario santo de compasión.

Aunque la muerte es algo que diariamente pasa,
un muerto inspira siempre cierta curiosidad;
así, llena de extraños, abejeará la casa
y estudiará mi rostro toda la vecindad.


Luego será el velorio: desconocida gente,
ante mis familiares inertes de llorar
con el recelo propio del que sabe que miente
recitará las frases del pésame vulgar.

Tal vez una beata, neblinosa de sueño,
mascullará el rosario mirándose los pies;
y acaso los más viejos me fruncirán el ceño
al calcular su turno más próximo después.

Brotará la hilarante virtud del disparate
o la ingeniosa anécdota llena de perversión,
y las apetecidas tazas de chocolate
serán sabrosas pautas en la conversación.

Los amigos de ahora -para entonces dispersos-
reunidos junto al resto de lo que fue mi "yo",
constatarán la escena que prevén estos versos
y dirán en voz baja: -¡Todo lo presintió!

Y ya en la madrugada, sobre la concurrencia
gravitará el concepto solemne del "jamás";
vendrá luego el consuelo de seguir la existencia...
Y vendrá la mañana... pero tú, ¡no vendrás!...

Allá donde vegete felizmente tu olvido
-felicidad bien lejos de la que pudo ser-,
bajo tres letras fúnebres mi nombre y mi apellido,
dentro de un marco negro, te harán palidecer.

Y te dirán: -¿Qué tienes?... Y tú dirás que nada;
mas, te irás a la alcoba para disimular,
me llorarás a solas, con la cara en la almohada,
¡y esa noche tu esposo no te podrá besar!...


SONETO

Te vi de pie, desnuda y orgullosa,
y bebiendo en tus labios el aliento,
quise turbar con infantil intento
tu inexorable majestad de diosa.

Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus muslos de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.

Suspiró tu mutismo brevemente,
cuando la sed del vértigo ascendente
precipitó el final de mi delirio;

y del placer al huracán temiendo,
se doblegó tu cuerpo como un lirio
y sucumbió tu majestad gimiendo.

Rubén Martínez Villena
La Habana, CUBA
20.12.1899 / 16.01.1934

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