dimanche 24 janvier 2010

Ana María VARA/ Una razón fundamentalista


Crítica :
Una razón fundamentalista
Por Ana María Vara
.
En Más allá de las imposturas intelectuales , el físico Alan Sokal retoma su pasión por combatir el pensamiento posmoderno, las pseudociencias y la religión, pero incurre en algunas torpezas que sólo compensa su savoir faire

Más allá de las imposturas intelectuales
Por Alan Sokal
Paidós
TRAD.: Miguel Candel
576 Páginas
$ 149


Si el asesino siempre vuelve a la escena del crimen, el intelectual lo hace al escenario de su consagración. Alan Sokal, el físico de la New York University que provocó uno de los escándalos académicos más divertidos -y reveladores- de los últimos años, retoma su batalla contra el pensamiento posmoderno, afila sus armas filosóficas y las dirige contra dos nuevos blancos: las pseudociencias y la religión.

Primero, el ayuda memoria. En 1996, Sokal publicó en la influyente revista de estudios culturales Social Text un artículo titulado "Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica". Pronto confesaría que era sólo de una parodia. Con una retórica oscura y presuntuosa, el texto simulaba ofrecer fundamentos físicos a la idea de que no hay una realidad exterior, ridiculizando los extremos del posmodernismo en su apropiación de teorías científicas.

El chasco tuvo amplia repercusión y convirtió a Sokal en conferencista internacional (incluso llegó a Buenos Aires en 1998). También dio como resultado dos libros. En Imposturas intelectuales (Paidós, 1998), el estadounidense se unía a su colega francés Jean Bricmont para hacer una antología de citas absurdas salpicadas de vocabulario técnico, tomadas de autores como Jacques Lacan, Julia Kristeva, Luce Irigaray, Jean Baudrillard, Paul Virilio, Gilles Deleuze y Felix Guattari. La periodista española Rosa Montero celebró el asalto a "unos cuanto santones atrincherados en sus jergas sagradas", y Didier Eribon, biógrafo de Foucault, consideró el libro "una obra de saneamiento público". De mayor enjundia fue el segundo libro derivado del " affaire Sokal", editado por Harry Collins y Jay A. Labinger, que incluyó tres contribuciones del autor, además de aportes de otros científicos y de expertos en estudios sociales de la ciencia. The One Culture? A Conversation About Science , publicado por University of Chicago Press en 2001 y sin traducción al español, fue considerado un intercambio enriquecedor, una suerte de balance de las "guerras de la ciencia" de los años noventa.

En Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura , publicado originalmente por Oxford University Press, Sokal retoma el affaire : están el artículo original, la revelación y profusas notas, que su colega Peter R. Saulson comparó en la revista Physics Today con las explicaciones que terminan por arruinar un chiste y convierten al parodista en "una parodia de sí mismo".

El comentario lapidario de Saulson tiene eco en otro igualmente duro del propio Sokal, quien cree que, no importa lo que todavía logre en su carrera, la anécdota de Social Text abrirá su obituario. Sin dudas, ese episodio ha transformado al físico en una celebrity académica, haciendo del experto un intelectual.

¿Pero por qué otra vez la provocación? ¿Cuál es la urgencia? Sokal argumenta que su preocupación es "la centralidad de la evidencia científica en todos los temas de debate público", que se encuentra nuevamente amenazada. Si su primer "experimento" -como lo llama- buscaba aclarar los tantos dentro de la propia izquierda, contribuyendo a "defenderla de un segmento sectario de ella misma", ahora lo moviliza el avance de la derecha. En el "Prefacio" sostiene que la ciencia está siendo asaltada por una "alianza entre grandes empresas que tratan de eludir normativas ambientales y de seguridad, por un lado, e integristas religiosos que tratan de imponer sus dogmas en la política educativa y sanitaria, por otro". En sintonía con sus antecedentes, Sokal elige abordar el problema desde la epistemología. En este sentido, cuatro capítulos son esenciales.

Dos son conceptuales: "El relativismo cognitivo en la filosofía de la ciencia" y "Defensa de un modesto realismo científico" son acabados exponentes del realismo, la postura filosófica más extendida entre los científicos practicantes, quienes suelen decir que el "método científico" es puro sentido común y puede ser aplicado a todos los ámbitos de la vida. Sokal lo llama "enfoque racional": "Estudiar, lo más cuidadosa y objetivamente posible, los datos disponibles que tengan que ver con la verdad o la falsedad de la afirmación en cuestión; sopesar dichos datos racionalmente en la medida de la propia capacidad; y debatir los resultados con otras personas que empleen el mismo método".

La extrema idealización de este modelo hace que sus análisis en los otros dos capítulos resulten un pálido reflejo de sus primeras victorias. El embate contra el "toque terapéutico", una forma de medicina alternativa bastante difundida en Estados Unidos, es revelador: no encuentra pruebas de su eficacia. Pero reflexiona poco sobre las cuestiones institucionales; minucias como que la fundadora de la técnica haya sido una profesional de su propia universidad.

En su ataque contra la religión repite argumentos muy socorridos, similares a los del británico Richard Dawkins. Compara las afirmaciones religiosas con las "relativas a la historia, la ciencia y la vida cotidiana": a todas les impone el mismo "enfoque racional". Claro que la virginidad de María o la creación del mundo en seis días no lo resisten, y entonces Sokal lanza una diatriba contra la noción de fe.

Los límites de su metodología, sin embargo, no son los de sus actitudes. Sokal es más flexible, más generoso, más astuto, cuando cuenta aspectos de su voluntariado en Nicaragua o cuando elige un editor. Hay un fundamentalismo en sus análisis que no se repite en su conducta; que en estos extremos del mundo reconozcamos su nombre y no el de otros físicos estadounidenses muestra un savoir faire que supera ampliamente las torpezas de su cientificismo.


© LA NACION
Articulo:
http://www.lanacion.com.ar 09/01/2010

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