dimanche 3 janvier 2010

Héctor ”El Perro Vagabundo” CEDIEL/A la sed de tu Ecuador ardiente


Héctor Cediel Guzmán
Tel. directo (571) 2533571 Bogotá Colombia
Televisión-Radio (571)4823936
Prensa-Productos Impresos (571) 2530692
E-mail:
hcediel@yahoo.com hcediel1@hotmail.com



A la sed de tu Ecuador ardiente
Por Héctor ”El Perro Vagabundo”

Posees el encanto de los amores tardíos y reconozco, el amargo del fuego que saborearé, por cruzarme en tu camino. Sé que nos seduce, el sabor de lo prohibido y las horas de los saxofones, que nos insinúan caderas y senos sensuales, como los cuerpos de las negras, en el antiguo harlem. Cuando me excito, te busco como un gato por los tejados y le aúllo a la luna, al sol y a las forasteras, que vienen a la ciudad en busca de aventuras o a perder su virginidad, como un lobo estepario o como esos solterones, que se crían bajo las enaguas de sus madres castradoras.

Has sido la gran ilusión de mi vida; esa amante que se esconde y me coquetea, desnuda desde el imaginario; la que me embosca, para que no descubra, los alcances de su maldad y me acecha, con la paciencia de los cocodrilos. Solo añoro embriagarme, en la fuente oscura de tus hermosas dunas, bancos de arenas y arcillas ardientes, como los dientes de tus besos o las enredaderas en las que mutan tus piernas, mientras me arrancas: ¡el último suspiro! Deseo recorrerte como un caballo árabe, desbocado como el viento del desierto y confundido, como un ovillo de sueños y desengaños.

Sé que muero como el equinoccio; por engendrar versos, con el sentimiento rojo, de un corazón herido y desengañado, por el ardid de tus artimañas. La poesía es el cuerpo de mi enamorada, es la mujer que siempre me esquiva, por creer que soy un perro vagabundo y no un solitario que vive de sus ilusiones, de sus utopías, en un mundo fantástico, donde solo las ilusiones son las realidades que se viven. Quiero perderme en el vértigo del grito; si no puedo llegar a amarte, porque es un absurdo imposible, el amar en una sola vía; sé que todas las respuestas, son necedades; simples respuestas, que pretenden apagar el incendio, de los grandes interrogantes del alma.

He buceado sentimientos profundos y ninguna respuesta, me satisface; creo en la sabiduría de los filósofos, de los libros y de los alcohólicos de las cantinas – la sabiduría popular, es infalible - . Quiero que mane con fervor, el magma del espíritu de mis sueños; que pueda interpretar a la luz, que otros añoran y ser el Sol ¡La gran estrella de los ciegos! Llueven olas de los corales del miedo y mis zapatos limpios, se erizan con tu sola mirada. Hay cicatrices oscuras que jamás sanan, como la noche en la que le arranqué el miedo a tu espinazo y te regalé, un pasaporte múltiple, hacia el libertinaje.

Me asomé con pasión por la rendija negra y no pude, vislumbrar tu alma ¡Solo la sed de tu corazón! Sondee tus raídas vestiduras y solo encontré: envases vacíos y recuerdos agónicos. Me he levantado del fango, pero nada me ilusiona, ni me hace feliz; me he desplomado, como el silencio entre tus piernas, pero me fastidia la hambruna y la hediondez, del osario de recuerdos ¡Solo nombres de la barbarie y ADNs revueltos, como una sopa de huesos! No sé si es mucho, el pedirte que me ames un poco. Las puestas de Sol, siempre me recuerdan, a tu adiós inconcluso, ahora me bebo a bostezos, lo que me resta de vida y le juego a la parca mi alma, sin marcar las cartas como los cobardes.

Me encanta besar las mejillas de tu vientre e intentar pisar, en zonas aún no descubiertas, para levitar como tus primeros conquistadores. Quiero atravesarte como un obús o una flecha amorosa; seducirte con el ritmo de la adrenalina y con los vasos azules, de tus caprichosos orgasmos; no sé, cual es mi itinerario contigo; solo me permites conocerte con absurdas sílabas o por la desnudez de tu cuerpo. Quiero soñarte, cuando te golpeo con mi sexo las nalgas y tu espalda, nos separa como un muro de púas y silencios.

Quiero llenarte la boca de peces. Juguemos, como las heridas solitarias, con los cabellos del tiempo; solo quiero rescatarte, de ese falso jardín en el que habitas; quiero romper las cadenas, de esa nostalgia carcelera, que te esconde como a una peligrosa hoguera. Eres como el grito de guerra, que callan las trampas; yo solo sueño, con llenar con versos, tu cuerpo y regalarle un salvoconducto a tu sexo, para que nadie te censure. Quiero tocarte esta noche, como a las cuerdas de mi melódica guitarra, para que jadees, como las luciérnagas enamoradas del mar. Quiero que revivamos las figuras, que se han secado por culpa e tus indecisiones.

Soy el grito esgarrado de la carne, que intenta poner a salvo, al menos los mejores versos. Me siento humillado, por las caracolas de las impenetrables doncellas, que me ven como a un dinosaurio o esa desesperada melancolía, que me envenena con sus besos. Mis versos ya no tienen la música, de las ilusiones de los corazones enamorados; contemplo como la epilepsia, a los esqueléticos arrecifes, soportando las embestidas diabólicas de los espolones, que tiñen con dolor al sexo, como transeúntes penes o simplemente: como los amores suicidas.

Ahora mis oraciones, no son más que guturales lamentaciones, como las súplicas en la ceremonia del desvirgue y la tozudez, para que hoy te cincele, como una escultura esculpida por la diosa Claudel, para que un animalejo como Rodin, te abandone sobre la hierba, como cualquier vulgar puta embriagada. He abortado casi todo lo que pienso, sobre la piel de las páginas en blanco. Soy como las victorias del Quijote, estrelladas contra las aspas del molino de los suspiros. No quiero sumergirme, en un silencio sordo e irrespirable; solo quiero naufragar en un mar de vino y ahogarme cantando, todos mis secretos.

Hoy solo añoro, lapidar con besos, todos los puntos cardinales de tus deseos; festejarte hasta eclipsarme dentro de tu carne, como un ciego, sordo y mudo, para poderme liberar de todas mis miserias. Me siento como una bestia, acosada por los cuervos y los hediondos murtes, alimañas indeseadas engendradas por la última menstruación del resentimiento; solo me compadezco de las metamorfosis de las putas, que desandaron sus pecados con dignidad y ahora se dan, golpes de pecho en los templos y piden perdón, por ser ahora tan buenas. Ya no suenan sus cuerpos, como tambores de guerra.

Quiero beberme toda la sed de tu Ecuador fogoso y apasionado, como carbones ardientes; como las caricias que transforman en talismanes, a mis besos. Eres la caracola, con sabor a venenoso mar; la amiga que solo me ofrece migajas y la sangre coagulada de sus desastres. Sin disimulo ni limitaciones, quiero que me expreses tus apetencias secretas, tus fantasías sublimadas. Eres el encantador placer que se doblega, como una mórbida orgía de ósculos, irreverentemente ardientes, como los ruegos negros de tu estrella.

Ahora el tiempo es más que una larga sombra y la esperanza… ¡Una pizca de felicidad!!! Todos mis recuerdos se transformarán en lágrimas y se abrazan a las entrañas del puñal, que me asesina poco a poco, como las noches que solo dan tumbos locos y las horas dementes, que se emborrachan, dándonos vueltas y revueltas, como una noche más, excitante y quimérica. ¡Calla! No quiero escuchar las justificaciones, ni a la sabiduría de tu fuego; el esplendor que podría ofrecernos el espejo celestino, solo expresa imágenes fatigadas, muertas, como los versos que expresan, los últimos orgasmos de las hembras envejecidas; como aquellas que lucen como maderos secos, casi fosilizados, sobre las playas… ¡Déjame envolver a tu soledad, con mis brazos! Enséñame antes de morir las palabras mágicas, para beberme la sangre, de las almas hermosas, sin piedad.

Eres hermosamente agraciada, atractiva y transparente, como el cristal límpido de Murano; como la primavera que florece en invierno, como una rosa de sharon; como la mujer que me rescató en el naufragio y ahora, es la capitana de mis nostalgias. Déjame golpearte a babor y a estribor, como las nalgadas del mar, porque estoy casi seguro que seré, el último sendero, de tus arrogantes historias. Tú lograste hacer, lo que no pudieron los vicios: ¡Destruirme! Y encerrarme ¡en una cárcel de fuego! Vivamos cada día, ¡como un reencuentro de amantes!

Necesito una mano que acaricie: mis palabras y mi cuerpo. Nunca serví para acariciar perros, ni gatos, ni mujeres mascota. No quiero quedarme solo, escuchando boleros o tangos, como la escoria mundana que brinda y bebe con las rocolas. No quiero volverle a arrancar, ni una lágrima a tus ojos. No intentes rescatar, ni desenterrar a mis malolientes infidelidades; ni vuelvas a escupir al piso, después de maldecirme con conjuros gitanos, como una rata murte, como una despreciable alimaña, o una sierpe confinada al infierno.

Las flechas venenosas de tu ausencia, azotan con las espinas de la rosa, al gladiolo; para satisfacerse con la tortura morbosa como los guerrilleros o los peones de los sistemas corruptos. Pasaron las luciérnagas, como caballitos de fuego, guiándome como faros sobre el mar; ignoré a las medusas mensajeras, que escribían malos versos y le encendí una hoguera al viento, para ubicarle mi alma.

Al borde del barranco, solo fluyen voces necias y los corazones que se exilian, rebuscando una caricia samaritana. Nadie rompe los ventanales de la buhardilla, así como no se le puede negar el cordel a las cometas. Algún día el mar, sepultará mis composiciones y el mundo añorará, a la fuente de mis versos. Un día…algún día… mañana quizás… regálame unos pelos de tu pubis para memorizar tu recuerdo; déjame embalsamarte con mi semen, como si esta noche, fuera la última… déjame desollar tu clítoris y beber coñac sobre tu ombligo…

He disparado todas las flechas esta noche y te he galopado como a una mujer de viento. Tu desnudez ya no es una alfombra con ojos, ni un vitral e llantos. Eres el puente entre la realidad y mi memoria. Me he sonrojado, por culpa de las mordazas que me quitaste y por la música del hermoso sexo, que me ofrendaste. Eres la mirada más hermosa, de todas las noches que he conocido; la alucinación de la espuma y los silencios de las sirenas, cuando se masturban sobre las playas, para arrancarse las flechas y vendar sus pieles, con besos de fuego.

Héctor”El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com
2008-01-28


Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...