dimanche 24 janvier 2010

Héctor M. Guyot/Entrevista a Lorrie MOORE


Entrevista / Lorrie Moore
"Veo racismo en Estados Unidos"
Por Héctor M. Guyot

En su última novela, Al pie de la escalera, la escritora estadounidense narra una historia que refleja las consecuencias del ataque a las Torres Gemelas en la vida cotidiana. Aquí, habla sobre su obra y las incertidumbres del siglo XXI

Cuando terminé la nueva novela de Lorrie Moore, quise volver sobre sus viejos libros de cuentos sólo por el placer de seguir leyéndola. Escribí su apellido en el buscador de la biblioteca del diario y tras un clic experimenté un modestísimo satori. Como era previsible, uno de sus libros, Autoayuda, apareció en segundo lugar. Sin embargo, fue el libro que figuraba primero, escrito por alguien del mismo apellido pero de métodos casi opuestos, lo que se impuso a mis ojos. Su autor, el provocativo Michael Moore, se preguntaba desde el título: ¿Qué han hecho con mi país? Precisamente ese interrogante, con su carga de estupor e indignación, subyace en Al pie de la escalera (Seix Barral), el séptimo libro de esta escritora estadounidense de 52 años, reconocida como una de las voces más importantes de la literatura de su país.

Heredera del relato realista que se remonta a Anton Chejov y Katherine Mansfield, Moore es la continuadora de un estilo que en Estados Unidos es tradición -pensemos en Hemingway, Salinger y Carver- y que puede resumirse con aquel viejo lema de la Bauhaus: menos es más. Por eso, Michael el cineasta y Lorrie la escritora quizá puedan compartir el mismo interrogante, pero la forma en que conjuran las respuestas es diametralmente opuesta. Lo más sorprendente de Al pie de la escalera es la falta de énfasis y la sutileza con la que su autora es capaz de abordar narrativamente "grandes" temas como el racismo, las nuevas familias, el cambio climático y, sobre todo, las consecuencias de los atentados a las Torres Gemelas.

Rara vez Moore llama a estos fenómenos por su nombre. Su método, por el contrario, es mostrar de qué modo los miedos e incertidumbres del siglo XXI post 11-S contaminan los actos aparentemente más nimios de la vida cotidiana. Con una historia intimista, casi doméstica, llena de humor e ironía pero de alto voltaje político, devela cómo las vidas de la gente común están a merced de las decisiones, muchas veces ignoradas, que se toman en los centros de poder. "Moore puede ser la más irresistible entre los escritores estadounidenses contemporáneos: inteligente, humana, cálida y no pretenciosa; lírica sin esfuerzo aparente y graciosa", escribió Jonathan Lethem en The New York Times, en su muy elogiosa reseña de Al pie de la escalera, que la influyente crítica Michiko Kakutani incluyó en su lista de los diez mejores libros del año que pasó y que acaba de aparecer en la Argentina.

"En esta novela quise reflejar los cambios que estamos experimentando en este país. Creo que la respuesta a los atentados del 11-S, que terminó siendo una guerra, fue mucho más perjudicial que el ataque y contribuyó al colapso económico y al bajón espiritual que tantos sintieron aquí. Supongo que siempre hemos vivido con miedo e incertidumbre. Pero nunca tanto como ahora", dice Moore a adncultura desde Madison, Wisconsin, una ciudad del Medio Oeste adonde se mudó hace 25 años y donde trabaja dando clases de escritura creativa en la universidad. El intercambio de e-mails deja entrever una persona cálida pero de pocas palabras, más proclive a la observación que a las grandes sentencias, y de muy bajo perfil, presunción que queda confirmada por lo primero que le soltó un periodista de Madison en una entrevista publicada por una página web local: "Usted es un misterio". Definición que ella, por supuesto, desmintió sin demora.

La historia de Al pie de la escalera comienza cuando la protagonista y narradora, Tassie Keltjin, una estudiante universitaria de veinte años, hija de granjeros, es contratada por un disfuncional matrimonio de clase media alta como futura baby sitter de la niña negra (hija de una pareja mixta) que están por adoptar. En el otoño boreal de 2001, cuando la estela de los ataques a las Torres Gemelas aún está fresca, Tassie oscila entre su casa familiar en el campo, su vida universitaria -en la que se enamora de un falso brasileño- y su trabajo junto a los Brink, que ejercen sobre ella una rara fascinación. Es una suerte de bildungsroman, una novela de formación en la que Tassie -cuyo hermano se enlista como soldado y es enviado a Afganistán- se asoma a la vida adulta en un mundo que parece estar transformándose ante sus ojos tanto como su propia existencia.

Personaje atrapante, Tassie es sobre todo una sensibilidad desde la que se despliega una mirada lúcida, atenta a los detalles. Hay quienes la han comparado con Holden Caulfield, el personaje de Salinger. Pero Moore toma distancia. "Con ella traté de acceder al escepticismo y al poder de observación de una persona joven -dice-. Como personaje y como narrador, Tassie es mayor que Holden Caulfield. En cuanto a edad y sabiduría, está más cerca de la Esther Greenwood de The Bell Jar [La campana de cristal, la novela de Sylvia Plath]. Ella está en la cima de su lucidez, de modo que confié mucho en su vida interior y en su decidido esfuerzo por separarse de sus orígenes. También, en su incapacidad para conectarse completamente con lo que ve en el mundo al que acaba de acceder."

Tassie es un personaje en transición en un mundo en transición. La mezcla de lo urbano y lo rural, de lo (pos)moderno y lo tradicional, es tanto una característica del Medio Oeste que pinta la novela como una condición del personaje principal. Cuando se le sugiere a Moore que Tassie quizá condensa en sí misma esas dos formas tan distintas que los estadounidenses tienen de mirar su país (la rural y la urbana), ella deja la sociología a un lado y responde como una novelista: "Sí, claro, ella es muchas cosas, como la mayor parte de la gente. Puede que ella represente eso, aunque las categorías no se alinean tan prolijamente aquí en Wisconsin; o en cualquier otro lado, presumo".

Criada en el campo, Tassie es sensible al clima. O, mejor, a las extravagancias del clima en estos tiempos de calentamiento global. "Una mosca pequeña zumbó junto a mi oreja y después desapareció -narra durante una de sus visitas a la casa paterna-. Nunca antes había visto una mosca en Navidad. Agité una mano en el aire, siendo consciente, como nos habían enseñado a serlo en Arte II, de ese surrealismo que caracteriza a dos cosas corrientes pero que juntas no cuadran. El surrealismo era el futuro." Moore sostiene que el cambio climático ya está afectando la vida de la zona donde vive, y por eso quiso registrarlo en su libro: "El calentamiento global es parte de esa atmósfera de incertidumbre en la que vivimos y va a continuar siéndolo durante muchos años", advierte.

El humor agridulce tan característico de la prosa de la escritora, así como su filosa ironía, aparece sobre todo cuando la novela se centra en el tema del racismo. Allí es donde media la mayor distancia entre lo que los personajes dicen y la forma en que actúan. Tassie se encariña con Mary-Emma, la niña afroamericana de dos años a la que cuida, pero cada vez que la saca a pasear debe soportar los prejuicios de la ciudad universitaria y supuestamente progresista en la que viven. También, las desorientadas reuniones que el matrimonio que adoptó a la pequeña (y que oculta un episodio de su pasado) mantiene con parejas mixtas que tienen hijos de la misma condición, donde las cuestiones de segregación se mezclan con aspectos religiosos. La escritora afirma que, en parte, los privilegios de los blancos continúan en Estados Unidos, aunque vayan disminuyendo de a poco. "Veo racismo en mi país -dice-. El hecho de que Obama haya ganado las elecciones es algo, aunque no lo es todo. El mismo Obama es y seguirá siendo un target del racismo. De todos modos, es bueno tenerlo como presidente."

Cada vez que se tilda a sus ficciones de autobiográficas, Moore desestima o relativiza la idea. Esta novela no es la excepción, a pesar de que la escritora, hoy divorciada, vive con su hijo adoptivo, Benjamin, un adolescente en parte afroamericano que se ha convertido en una de las promesas del fútbol de su país al ser convocado al seleccionado junior. "Yo soy presentada como su madre todo el tiempo", bromea Moore, que admite que algunas escenas del libro han sido disparadas por hechos que le tocó vivir, aunque insiste en que la novela es fruto de su imaginación, que explora a partir de un núcleo de realidad. "Escribir sobre mi propia experiencia sería demasiado aburrido", ha dicho.

Al pie de la escalera es el primer libro de Moore en diez años. En todas las entrevistas le han preguntado por qué dejó pasar tanto tiempo desde su último libro, la colección de cuentos Pájaros de América (también traducida al español como Es más de lo que puedo decir de cierta gente, título carveriano, si los hay). La respuesta más sincera parece ser la que le dio al periodista de la página web local (
host.madison.com ): "Estaba enseñando. Me divorcié. Era una madre criando a su hijo sola. Busca en el mundo y trata de encontrar a una mujer sola que esté enseñando, criando a su hijo y escribiendo libros y reseñas de libros. Cuando encuentres a esa persona, quiero beber su sangre".

Miembro de la Academia de Artes y Letras de su país desde 2006, Moore logró el reconocimiento principalmente por sus cuentos y relatos, contenidos en los libros Pájaros de América, Como la vida y Autoayuda, que hasta hace poco podían conseguirse en las mesas de saldo de algunas librerías de la avenida Corrientes. Al pie de la escalera es su primera novela con todas las letras, si consideramos que Hospital de ranas es una nouvelle y que en Anagramas ensayó variaciones alrededor de un único motivo. En su crítica, Lethem señala que, a raíz de este libro, la época en que Moore era celebrada sólo como una "miniaturista" ha quedado atrás. Deborah Treisman, la editora de ficción de la revista The New Yorker, donde Moore ha publicado varios relatos, la ha ubicado en la tradición del realismo del siglo XIX.

-¿Considera su escritura parte de una tradición?
-Oh, ¿hay una tradición en el realismo satírico? No lo sé. En esta novela sentí que estaba tomando cosas prestadas de la tradición de la novela gótica con niñeras, como Otra vuelta de tuerca o Jane Eyre, pero en otros sentidos es una novela de crecimiento, con grandes temas de fondo y hasta en primer plano, como ocurre en La decisión de Sophie o en The Bell Jar. Sin embargo, ésos son verdaderamente grandes libros y yo no pondría el mío en su compañía. Ése es el problema cuando uno trata de ver su propia escritura como parte de una tradición: esa tradición está demasiado poblada de grandeza. Y yo principalmente estoy intentando crear algo nuevo e interesante.

-¿Con qué escritores aprendió a escribir?
-Amo a Alice Munro y aún trato de aprender de ella.

A pesar del humor que destila el libro (que Rodrigo Fresán, buen lector de Moore, consideró excesivo), y de la inmediatez que genera la voz de la protagonista, se trata de una historia dura y sombría, aunque no necesariamente fatalista. En su idioma original, la novela se llama A Gate at the Stairs (Una puerta en la escalera). Y Moore explica el título así: "Pensé en una puerta en una escalera como un símbolo de una barrera para ascender, un obstáculo para llegar a los lugares más altos a los que podemos aspirar. Por otro lado, una puerta supone una bisagra y puede abrirse. De modo que hay maneras en las que una barrera puede ser superada o no".

© LA NACION

Inteligencia y sencillez Nacida en Glens Falls (Nueva York) en 1957, Lorrie Moore se ha convertido en una de las escritoras más respetadas de su país. Es autora de tres libros de relatos, Autoayuda (1985), Como la vida (1990) y Pájaros de América (1998). También escribió Anagramas (1986) y Hospital de ranas (1994). Su última novela es Al pie de la escalera. Fue elogiada por John Updike y Julian Barnes.

Articulo:
http://www.lanacion.com.ar 09/01/2010

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