dimanche 3 janvier 2010

Joaquín EDWARDS BELLO/Crónicas reunidas


El secreto de lo chileno
Crónicas reunidas
De Joaquín EDWARDS BELLO

El tomo segundo de las Crónicas reunidas de Joaquín Edwards Bello, si bien en el límite de lo portátil, es el compañero ideal para el lector en las vacaciones que vendrán: agudeza, inteligencia, sentido del humor, crítica pertinaz, personajes entrañables, historias bien contadas, viajes, algo de nostalgia.

La segunda entrega de Ediciones Universidad Diego Portales, a cargo de Roberto Merino, abarca las crónicas publicadas entre 1926 y 1930 en su mayoría en el Diario La Nación, y otro grupo menor, que está separado en el libro, publicado en el Diario Los Tiempos. El volumen se cierra con el artículo que apareció el 10 de junio de 1930 en El Diario Ilustrado, en el que Edwards Bello explica las razones de su retiro de La Nación. Las crónicas de este último diario, a su vez, están clasificadas en once capítulos, intentando -con modestia- algún orden temático que ayude a orientarse al lector en un mundo en el que imperan por igual la diversidad y obsesiones del autor.

En efecto, la crónica urbana, el género que Edwards Bello cultivó con maestría, admite múltiples modalidades por la materia misma de que se nutre, el punto de vista con que se la aborde y el estilo literario que se emplee. Edwards Bello logra, al decir del estudioso Leonidas Morales, no sólo "un registro de la vida cotidiana en la primera mitad del siglo XX, sino el más vasto y lúcido que nos ha quedado de este período de la historia de nuestra modernidad". En el largo período, con todo, en que el autor escribió incansables crónicas periodísticas, sus opiniones, estilo y forma evolucionan, aunque hay temas recurrentes como si a través de ellos se colara nuestro carácter nacional.

Así, la lectura de este tomo permite distinguir un primer grupo de crónicas (agrupadas en su mayoría en el capítulo denominado "Con Chile en la mira"), en que la preocupación del autor se centra de manera directa y visible en la sociedad chilena, su identidad (y diferencia), su modo de ser y su historia. Empleando un método comparativo (cuyas limitaciones conoce y critica), se esfuerza en ellas por generalizar, tipificar, trazar los rasgos que definen lo chileno. Su mirada se asemeja a la de un viajero que arriba a una tierra remota y se sorprende de las costumbres nativas, contrastándolas de modo permanente con las "civilizadas". ("En cambio, en Chile impera esa vanidad errónea del roto diablo, sucio y bueno para lo combos. La hombría a la chilena es fea, desbaratada y vinosa. (...) Hasta los refranes chilenos refuerzan el concepto execrable de virilidad tabernaria" o "nosotros los chilenos llevamos doquiera un lastre, un pesado arrastrar de remos por esa vulgaridad de hacer gracia nacional de la calumnia".) En estas crónicas aparece esa insuperable capacidad de observación y de crítica social de Edwards Bello, pero también las tensiones e, incluso, inconsistencias respecto de Chile y sus habitantes que Héctor Soto, en el excelente prólogo al libro, subraya con certeza.

El otro grupo de crónicas, la mayoría, está formado por textos que más que generalizar, se concentran en narrar episodios e historias, retratar personajes, evocar recuerdos, describir lugares y paisajes. La versatilidad, cultura y originalidad son aquí excepcionales. "El secreto de lo chileno", como Edwards Bello lo llama, se manifiesta de un modo indirecto, encarnado en situaciones y personas concretas. El estilo, siempre acerado, se torna más ágil, de frase corta y rebosante de humor, y a veces con sorna y acritud. En algunas crónicas, sobre todo en las relativas a Valparaíso, despunta ya la nostalgia, un rasgo que predominará en las de su período tardío, y con ella una bella frase, larga, sinuosa y elegante. ("Sobre edades es difícil de discurrir. y mi experiencia me enseña que el semblante adusto o mal talante es la peor forma de fealdad y lo que más se acerca a esa dolencia por desgaste y déficit de poder para emocionarse que se llama vejez".)

La edición de estas crónicas es ampliamente satisfactoria: cada una de ellas está fechada y se conoce el periódico en que se publicó, lo cual permite ponerla en su debido contexto. Asimismo, se conservan, en general, las marcas ortográficas de la época, aunque sabiamente se homologa la grafía de las palabras extranjeras. ("Estas citas en inglés o francés me hacen temblar la pluma por los horrores tipográficos que resultan".) Quizás a lo único que el lector aspire es a alguna señal indicativa de que se trata de una crónica no incluida en recopilaciones anteriores, sobre todo en las que llevó a cabo Alfonso Calderón, quien hasta poco antes de su muerte asesoró esta edición. Ello permitiría apreciar mejor aquella parte -de la vasta obra de cronista de Joaquín Edwards Bello- que Crónicas reunidas saca a la luz para dicha de lectores e investigadores.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 02/01/2010

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