samedi 2 janvier 2010

Mario Rommel ARCE/“El Aquelarre” y César “Atahualpa” Rodríguez



Correo de JINRE (
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“El Aquelarre” y César “Atahualpa” Rodríguez
Por Mario Rommel Arce

El poeta arequipeño (1889 – 1972) fue tímido y huraño, pero de una gran sensibilidad poética. Fue elogiado por Abraham Valdelomar y considerado por Manuel González Prada como la nueva expresión de la lírica nacional.

Fue rebautizado por el poeta Percy Gibson con el nombre de “Atahualpa”. Ambos fundaron la tertulia de “El Aquelarre” que funcionó en la última cuadra de la calle Puente Grau, donde vivía una de sus hermanas. Allí bajo el hechizo fascinante de la noche solían reunirse con otros escritores para conversar sobre la vida, el motivo permanente de su inspiración.

El sabático cenáculo llamado “El Aquelarre” a modo de los conciliábulos de brujos, representaba una generación de poetas, que se parangonaba con el grupo Colónida de Valdelomar (Lima); el Grupo Norte, de Antenor Orrego (Trujillo); y el grupo Orkopata, de Gamaliel Churata.

César Atahualpa Rodríguez fue llamado “el poeta del Colegio”, cuando todavía era escolar. De aquella época datan sus primeros poemas, que según se cuenta alguna vez le costaron una severa reprimenda de su madre, por el tono sensual de sus versos.

Ya en edad de optar por una carrera profesional, viaja a Lima para seguir estudios de medicina en la Escuela de San Fernando. Sin embargo, el poeta en ciernes cae seducido por la vida mundana de la capital, que lo atrapa hasta hacerlo descuidar sus estudios. Al cabo de los años, regresa a Arequipa sin título pero cargado de una amplia experiencia vital.

En la capital, el joven poeta se ha vinculado a los escritores del grupo Colónida y conoce a Abraham Valdelomar, el intelectual del momento.

Según su biógrafo Manuel Pantigoso, tres hechos marcaron la carrera en ascenso del poeta Rodríguez. El primero fue la carta que recibe de Abraham Valdelomar elogiando sus primeras composiciones literarias. El segundo momento fue cuando el poeta recitó un verso suyo: “Canto a la Raza” en una actuación literaria con motivo del cincuentenario del combate del Dos de Mayo, que le ganó el aprecio de la crítica especializada. Y, finalmente, la mención que hizo de él Manuel González Prada, al considerarlo parte de una generación de poetas que le imprimía nueva personalidad a la lírica nacional.

Estos acontecimientos, sin duda, marcaron su trayectoria como poeta, convirtiéndolo a partir de entonces en el referente más importante de la poesía en Arequipa.

Fue por aquellos años en que César Atahualpa Rodríguez comenzó a dirigir el cenáculo de “El Aquelarre”. Hasta su casa ubicada en la calle Puente Grau llegaron Percy Gibson, Luis Duncker Lavalle, Renato Morales, Belisario Calle, entre otros. Constituyéndose así, dicha bohemia literaria, en expresión del momento cultural que por entonces vivía Arequipa. De la misma manera, fundaron una revista que llevaba el mismo título y en donde colaboraron algunos jóvenes escritores de la época.

Parece ser que inicialmente se reunían en el hoy Portal de San Agustín, donde también quedaba el famoso estudio fotográfico de los hermanos Vargas. Fue, justamente, en una de esas reuniones en que el poeta Percy Gibson lo rebautizó como “Atahualpa”, como expresión del nacionalismo que por entonces experimentaba la poesía peruana.

El propio Rodríguez cuenta en una entrevista que le hizo el diario “La Prensa” de Lima en 1947, que el poeta Percy Gibson le dijo en cierta ocasión, con bastante ironía y sentido del humor, que era demasiado llevar el nombre de dos emperadores romanos (César y Augusto), siendo él tan peruano, razón por la cual, como ya se dijo, fue rebautizado como César “Atahualpa”.

Según afirma Tito Cáceres Cuadros, la poesía de Rodríguez tuvo bastante emoción social y un marcado acento regionalista. Un poema suyo le canta así a la patria chica: “Aquí, respirando ancestro, se forjó mi loco empeño: Yo no he nacido peruano; yo he nacido arequipeño”. Esto es muy importante, porque exhibe al poeta comprometido con su entorno social. Siendo la suya una poesía comprometida con la problemática nacional.

Fue huraño y de carácter hosco. Pero en el fondo fue un ser humano sensible a las cosas de la vida.

En cierta ocasión Mario Polar Ugarteche lo visitó para solicitarle un consejo literario. El poeta se mostró displicente al principio, pero luego iniciaron juntos una larga y entrañable amistad, que lo llevó a decir a Mario Polar que con él había aprendido quizás más que en la Universidad.

César Atahualpa Rodríguez, cuyo nombre verdadero era César Augusto Rodríguez Olcay, trabajó muchos años en la Biblioteca Pública Municipal de Arequipa, donde llegó a ser director, hasta su jubilación en 1955. De ese periodo de su vida existen varias anécdotas. Se cuenta, por ejemplo, que en cierta ocasión Don César revisando las estanterías de los libros advirtió que un lector extraía uno de ellos, a lo que el poeta repuso diciendo: ¡No lo toque! ¿La razón? Había sido revisado en otro momento por el poeta Oquendo de Amat que se asegura murió tuberculoso.

Como testimonio de su paso por la Biblioteca Municipal, se conservan hasta hoy una extensa colección de volúmenes bajo el título de “Anales de Arequipa”, que recapitula cronológicamente varios años de la historia de Arequipa, sobre la base de la información periodística del momento. Se trata, entonces, de una importante fuente de información que debería ser más consultada.

El poeta “Atahualpa” Rodríguez fue invitado también a enseñar en la Universidad Nacional de San Agustín. Se cuenta que antes del inicio de sus clases, fue al local de la Universidad en la calle San Agustín, y se ubicó en uno de los arcos del patio de Letras para observar desde allí a sus futuros alumnos. Cuando los vio sintió una inexplicable confusión de sentimientos que hicieron que no regresara más a la Universidad.

Su carácter solitario seguramente lo empujó a tomar esa decisión. Imagino que se sentía más cómodo en la biblioteca rodeado de libros y a solas con sus pensamientos. Que además era el espacio adecuado para la inspiración poética.

En reconocimiento a su trayectoria poética recibió durante el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry la Orden del Sol del Perú, que le fue otorgada personalmente por Mario Polar Ugarteche, que entonces era Segundo Vicepresidente de la República. Lo inusual del hecho fue que se le entregó dicha condecoración en su propio domicilio de la ciudad de Arequipa. Ya para entonces vivía en la calle 28 de julio, en la Urbanización “El Vallecito”. Hasta allí llegaron representantes del gobierno para tributarle un merecido homenaje al poeta de “El Aquelarre”. a en el periodo otoñal de su vida, viajó a Europa, donde visitó España, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania. A su regreso a Arequipa, dio una de las pocas entrevistas que se recuerdan de él. Dijo entonces: “Regresé más peruano que nunca, más arequipeño que jamás”. Y agregó: “En el viaje entendí que el Perú es uno de los pueblos de América mejor dotados por la naturaleza para ser un gran país”.

Durante esta época, Don César hacía tertulia en la casa de Carlos Augusto Meneses Cornejo, padre del actual director del diario “El Pueblo”. Hasta allí iba el poeta llevado por su hija Berta, alrededor de las 11 de la mañana.

Según refiere Carlos Meneses (hijo), la amistad entre ambos amigos se hizo entrañable. Luego que conversaban sobre asuntos domésticos, el poeta se quedaba velando el sueño del amigo. Cuando venía por él su hija Berta, recogía todos los papeles que el poeta había desechado. Así era César “Atahualpa” Rodríguez, un repentista en constante inspiración poética.

Fue autor de los libros “La Torres de las Paradojas”, “Sonatas en tono de silencio”, “Los últimos versos”, “Dios no nos quiere” y “Cien poemas”.

Un buen día murió el poeta en su casa de “El Vallecito”. Años más tarde Mario Polar Ugarteche había dicho de él: “Este hombre huraño que, como dije alguna vez, es de los tímidos que atacan con el escudo, esconde detrás de su hosquedad una naturaleza generosa y apasionada; y los que logran traspasar la muralla de su aislamiento, descubren un conversador extraordinario y fascinante”.

La figura de César “Atahualpa” Rodríguez subyuga al igual que la de Benigno Ballón Farfán. Uno en el campo de la poesía y el otro en la música. Pero ambos tienen en común que comparten el sentimiento arequipeño, de la patria chica.

http://www.mariorommelarce.com/portal/%E2%80%9Cel-aquelarre%E2%80%9D-y-cesar-%E2%80%9Catahualpa%E2%80%9D-rodriguez/

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