samedi 2 janvier 2010

Nicolás HIDROGO NAVARRO/La poesía sullanera & entrevista a Yulino DAVILA

.
CONGLOMERADO CULTURAL
Promoviendo integración de creadores
Lambayeque-Perú
conglomeradocultural2005@yahoo.es
Tfnos contactos. (074)978863151 / (074) 773923
Dirección de reuniones: Elías Aguirre Nº 959-Chiclayo-Perú
Dirección coordinaciones: Dos de Mayo Nº 751-Lambayeque-Perú
“Noches de cuento & poesía”
El espacio Azul Norte Poético-Narrativo
.
.

Nicolás Hidrogo Navarro sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Nicol%C3%A1s+Hidrogo+Navarro

Email:
lambayeque_cultural@yahoo.com ;culturalconglomerado@gmail.com


La poesía sullanera:
RICARDO SANTIAGO MUSSE:
Entre el sincretismo metafísico y la metapoesía
Por Nicolás Hidrogo Navarro

¿Qué puede estar pasando por un poeta a la hora de elucubrar un poema y al momento de empezar a refundirlo con pulimentos de reacomodos sintácticos y semánticos? ¿Está allí sólo su voz poética calculada y pergeñada con fines eminentemente estéticos o todas sus notas, sus emociones momentáneas, sus frustraciones, sus aspiraciones, su dogma y fe, sus creencias y rechazos, su efímera alegría o sus nostalgias melancólicas sin fin, su afán farolero de impresionar con un lenguaje caótico sintáctico o su simple fluir sin mucha pirotecnia verbal?

La poesía como acto consustancial al lenguaje y al sonido onomatopéyico, es un eco reflejo del designio figurativo de las cosas. Todas las cosas tienen sus formas de representación icónicas, semántica y la poética, en esta última descansa la única posibilidad que en el mundo, -habiendo desaparecido su gramática, su diccionario y sus símbolos grafemáticos-, sobreviva hologramáticamente, por la propia clonación del imaginario de las palabras de generación en generación y la representación figurada de las cosas.

En esa dimensión de fusión sincrética y metafísica se encuentra la poesía de Ricardo Musse. Una poesía que usa “el atavismo lingüístico” como eje gravitacional para corporeizar su voz insular. Con un enfoque metapoético, la propuesta estética de Musse intenta exorcizar y redimir el significado de la poesía entre la física fonológica del lenguaje, el factum tropológico, el simbolismo connotativo, la imagen alegórica y el pasado arqueológico mismo del verbo sígnico que permite designar al mundo y sus cosas de manera figurativa. Con alusiones por algún momento paganas y por otras con alegorías cristianas, Musse sabe que las posibilidades del lenguaje poético son ilimitadas –a diferencia del estándar- y que el signo lírico mismo es producto de un destino común histórico y que procede de una fragua sagrada impenetrable para cualquier mortal. Con un perfil canoro, lenguaje de mago, espíritu de ruinas tártaras, insuflación versicular y reminiscencias de una mímesis transaccional, tachonado de melancolías abruptas y tristezas claras, La Voz insular, de Ricardo Musse se abre abrupta como una parvada de palomas agrestes y chúcaras capaces de subvertir el lenguaje de sí mismo y la comprensión del imaginario colectivo de sus lectores.

Por algún momento hechicero de la palabra, en otros un santón evocador de sibilinos parajes, emociones solitarias y penas olímpicas; en otros instantes, un alquimista reestructurador de la sintaxis; y, epifonémicamente, como un fiel cordero cristiano, Musse eleva la palabra a la categoría de una materia insustancial cargada de poder evocador y se define como un fiel cancerbero de la poesía.

Lambayeque, diciembre 24 de 2009

“Si hundes largo tiempo tu mirada en el abismo,
el abismo acaba por penetrar en ti”.
Federico Nietzche

(Más allá del Bien y del Mal)

El que canta canciones al corazón afligido…
Proverbio 25, 20.

Traducir el silencio es pretender hacer música donde ya no existen ni la garganta ni el oído humanos.
Blanca Varela.

Nuestras voces anidarán en mis canciones.
César Gutiérrez Alva.

Dedicatoria:
Al propiciador de estas atávicas palabras en el postrero corazón de los hombres y al demiurgo Cosme Saavedra Apón.


I
Las canciones con sus profundas heridas,
lastimándonos muy profundamente, sintiéndonos lacerados
por su armoniosa melancolía: De esas contritas melodías de un bebe
aprópiaselas en el viento,
trasladándolas hacia la soledad insondable de los abismos,
donde insepultas y desgarras, irredentas y desfallecientes,
habitan todas las voces las otras, las que se apropiaron los siglos
de todos los hombres.

II
Decías que la distancia se apropiará del silencio,
que el viento de nuestra atávica melancolía la dispersaría en una continua
e infinita lejanía
Intangible siempre la recóndita herida en el alma
y seguiría siendo arrastrada totalmente ya fuera de nuestro alcance,
entonces la ausencia más profunda y menos remota es la que más cercana
se encuentra del corazón,
y que impulsados por la nostalgia los latidos dejarían oírse;
no obstante, el destierro definitivo de nuestras voces irredentas.

III
El corazón lastimado y mi voz desfalleciente
con sus postreras canciones,
Esta guitarra hiriéndonos (melodías lacerantes) desangrándose
y desgarrándonos,
Sumiéndose en los definitivos abismos estos latidos agonizantes,
Estertores con su música funesta,
Entonces este último esfuerzo:
Dejando en el viento los intangibles vestigios de la muerte.

IV
La melancolía se dispersa silenciosamente dentro
del corazón:
Los latidos más profundos pronunciándolos todavía
sobre el viento de los abismos.

V
¡Cantemos en voz altas!
(que alegrías entonen enérgicamente sus tristes estrofas)
postreros silencios que estas palabras depositan en el abisal
corazón de los hombres
(que el viento sostenga levemente sus intangibles nostalgias)
vociferando su confinada soledad desde las hondas entrañas
de la tierra
(que estas piedras conserven sus ancestrales voces):
De ese común abismo emergiendo la melancólicas canciones
del mundo.

VI
¡Oh Voz Insular, cuánta soledad arrastrada
hacia nuestros abismos!,
muchas son las angustias que atesora nuestro corazón,
recónditas y dolorosas son nuestras tribulaciones,
¿A quién clamar entonces confinados dentro de esta música milenaria
sino a tu quebrantada orfandad?:
Escucha los irredentos quejidos de nuestro silencio
El eco afligido de nuestras silentes elegías
la triste resonancia de los latidos
en suma las voces de todos los siglos para pronunciar ahora
(aunque el viento enmudezca luego atávicamente las palabras)
cuán dolorosas son las insulares soledades de todos los hombres.

VII
Desde una remota lejanía,
donde sólo es estruendosa tu ermitaña melancolía,
omnipotente sin embargo emerges con el corazón estremecido
(nuestros latidos se enmudecen ante tu portentosa soledad)
con el atávico ensimismamiento de tu silencio nos poblaste,
aunque insulares, pronunciándonos y además dentro de nosotros
(por eso desde este común abismo sólo salen palabras)
tu omnipresente Voz Insular que nos suscita todavía
(porque aún es esta nostalgia la alegría más antigua)
Atesorar en nuestros corazones tus tristes melodías, Poesía.

VIII
Qué se cobija dentro de nuestros corazones:
El eco de la soledad y su silente resonancia en nuestros abismos,
palabras escindidas del espíritu vibratorio del viento,
o simplemente latidos agonizantes, durante los siglos
que nos quedan, vociferando dentro de los inefables vacíos
del silencio.

IX
La noche es tan inmensa que se cierne sobre nosotros (profundizados dentro de las entrañas de la tierra) una abisal y más intrincada oscuridad dentro del alma (solo en el corazón y desde los abismos la profundidad del silencio). El espíritu de las alegrías se desgarra en las honduras más insondables de la atávica melancolía heredada de nuestros ancestros confinados en la memoria de estas inmemoriales piedras laceradas por nuestras estentóreas voces que sobre el viento milenario se dispersan para adherirse profundamente en sus corazones profundamente en sus corazones hacia las postreras canciones de nuestros descendientes.

X
En aquellos tiempos remotos
(donde inmovibles y oscuras, en nuestros primordiales abismos,
ya las piedras sostenían la derruida alma de las melodías)
que debíamos procurarnos, para morar en medio de esa oscuridad
inconmensurable.
Sin aquella ínsula, con las aguas murmurando muy levemente sus elegías,
donde el viento debía surcar todas esas silentes profundidades
que distan muchas unas de otras pero de donde podemos todavía pronunciar
(ahora aun después de transcurridas muchas escrituras) tus primeras palabras:
Remota Voz Insular/ Hacedora y Bienamada Poesía…

XI
Que existía en los orígenes inmemoriales
del silencio:
El tiempo remotísimo de las sutiles elegías en la
inconmensurable y vacía extensión de la palabra
callada y ensimismada,
(en aquellas inmóviles y apacibles lejanías)
confinada dentro de sus propios abismos,
con el atávico lenguaje que una vez que nombró,
fueron hechas, al instante, esas ignotas
realidades dentro de nuestros corazones.

XII
Tuvo que diseminarse hasta distancias infinitas
y nostálgicamente muy inaccesibles,
invisible dentro de la atávica oscuridad,
aunque sólo era primordial para engendrar el mundo
que tu Voz proceda de una abisal abertura provista de sutiles
cuerdas para que el viento la estremezca y suscite primero:
Ruidos guturales/ aciagos alaridos/ y luego la primera palabras
Emergida de aquella ancestral boca de orígenes para
después dentro de los insulares corazones cantar estas remotas y silenciosas
elegías.

XIII
Tengo alrededor mío sólo vestigios sonoros,
piedras remotas que laceradas por el tiempo aún
conservan la memoria de la primera vibración del viento,
que se erigen, monolíticas, sobre despejadas profundidades
donde precisamente, sobrecogidos con los inciensos en el alma,
diseminados, aislándonos dentro de estas palabras sagradas que
(con estos rudimentarios címbalos y erosionados salterios)
te ofrecemos a ti que profundamente colmaste los inefables
silencios que, en su triste vastedad, se difuminaron insondables
por toda esta poesía.

XVI
Los santuarios erigidos (portentosos y sagrados para que retumbaran en nuestros oídos tus contundentes sentencias) sólo durante un tiempo pudieron resistir, porque nuestras voces se iban confinando irremediablemente hacia el silencio de las derruidas profundidades. Pero acudimos a tus designios (a pesar que tu voz ya no repercute, como antes, en nuestras primitivas escrituras) porque queremos saber qué valor les das ahora a nuestra balbuceantes palabra, a esta discordante manera de apilar distintas sonoridades en una sola frase (pero que difícil desasirse de esta milenaria costumbre de escucharte) y qué trascendencia le confieres al acendrado entramado de lo pronunciado hasta ahora. Por eso te construimos esta pequeña gruta, para que perentoriamente nos sigas hablando (porque el mutismo de los abismos se cierne, inevitablemente, también sobre los oráculos) aunque ya desde hace mucho perdieron vigencia tus melodías premonitorias que, sobre esta piedras, siguen atávicamente lacerándose, ¿o lo que realmente cuenta para trascender (¡Contéstame! Tú, que para todos tienes una respuesta) es esta profunda resonancia de la Voz Insular dentro de nuestros abisales corazones?

XV
A estas alturas, por sus inolvidables y atávicas canciones,
sólo quiero que dispongan estas elegías dentro del ritmo nostálgico de sus corazones,
en sus postreros recuerdos la insular vastedad de la melodías primordiales,
estos latidos pronunciando el alma conmovida de nuestras remotas edades,
entonces que más fonemas si ya me han trasuntado eternamente en el corazón
de los mortales, hablándoles aunque desfallecientes, pero primigenios
sobre lo más esencial de mis complacencias:
Sobre el vestigio sonoro de los abismos.

XVI
No todo está estruendosamente desmoronado sobre nosotros. Indemne se conserva todavía, pero muy intrincado ese común abismo. Configuraciones rocosas extendiendo la memoria del viento (aunque estos túmulos sigan honrando los ruinosos silencios de nuestros muertos) que se impregna para perdurar atávicamente; conservándonos, nombrándonos y arrastrando nuestras voces que emergen (aunque desgarras y melancólicas/ primigenias y lejanamente irredentas) ahora, con diáfana sonoridad, reverentes y por las agonías inminentes de estas palabras postreramente intangibles.

XVII
¡Qué estampido fue eso, Dios mío!:
A causa de su inmensa oscuridad al cielo se le ha desbordado sus latidos,
donde las ruinosas piedras resplandecen para dejar pasar
esta instantánea luz hacia la ensimismada residencia de los ecos insulares,
suscitando, dentro de los atavismos verbales, estos irrefrenables impulsos
por pronunciarlos dentro de tu inmanente corazón,
para que estas estruendosas melodías conmuevan,
con su atronadora melancolía, nuestras solitarias escrituras.

XVIII
¡Prendan los cirios de todos los irredentos aposentos!
que iluminen las milenarias inscripciones de estas piedras, que sus oscuras plegarias invoquen esa armonía perdida de nuestro atribulado corazón, Muchos ya han expirado despojados fatalmente de estas acústicas vestiduras, este abisal osario sólo amontona los desafinados estertores de los agonizantes que, incluso ya yertos sobre estos murmullos mortecinos, se resistieron a que resida dentro de sus contritas canciones tu ritmo consolador:
Por eso Adorada Voz Insular ten compasión de esta nuestra condición y derrama tus genuinas sonoridades sobre estos frágiles latidos que no desean morir sin esa remota y misteriosa armonía tuya…

XIX
Nosotros los elegidos por tu saliente omnipotencia,
te estamos en absoluto silencio escuchando,
en esta rumorosa noche de premoniciones,
nosotros los privilegiados oyentes de tus arcanas palabras,
los irredentos profanadores de tus inefables designios,
los lacerados por estas piedras que siguen depositándose
dentro de nuestros clamorosos latidos,
los que durante los conmemorativos rituales del verbo primordial
te entonan estas profundas alegrías:
nosotros los consagrados para oír por toda la eternidad el insular silencio
de tus remotas escrituras.

XX
Necesitamos internarnos dentro de ti,
durante estos misteriosos rituales de la palabra
donde ya desde tiempos inmemoriales todo se ha consagrado
a la sobrecogedora consubstanciación de las almas,
estremecido el corazón dentro de las elegías trasmitidas por el oral atavismo de esa milenaria voz de la memoria,
pronunciándonos dentro de los ininteligibles signos depositados en los latidos eternamente fundidos a estos versos que resonarán dentro de las remotas sonoridades de tus salientes designios.

XXI
Aún se internan de estas palabras prontas a desfallecer y silenciarse
en el insular destino del postrer lenguaje;
y que, surcando los abisales latidos, no extienden sus etéreas alas
a lo largo de estas profundas y remotas escrituras;
remotando hacia los nostálgicos corazones
y emprender entonces, juntos el vuelo eterno
a la primordial consubstanciación de la palabra.

XXII
Estamos congregados delante de ti
(ustedes ni se imaginan qué ininteligibles resonancias
son invocadas)
para renovarte estas antiguas ofrendas que no son más que
los atávicos latidos que se convocaban antaño al solo golpe
de las insulares persecuciones del corazón,
legados por el primordial espíritu que tocamos todavía con nuestras
manos cadenciosas esta blancas superficies para procurar colmarlas con la omnipotencia
de tus palabras.

XXIII
En aquellas piedras graben todas esta palabras y con sus lacerantes latidos conmuevan estas escrituras par que sean pronunciadas por este omnisciente oráculo y entonces las transcriban en el silencio de sus almas y sean leídas de manera postrera por sus remotos y petrificados (dentro de los insulares corazones) descendientes…

XXIV
Pero tan confinados y abatidos estamos que tan solo queda contemplar este mundo con esta irredenta mirada y ya no proferir palabras para no lacerarlas con estas retóricas (hurguemos dentro de la garganta primordial los inefables fonemas) que se emitan sólo para guardarse dentro de sus lóbregos pentagramas pero sin pronunciar no obstante, con abismados vocablos tu remota voz (derramando sus abisales silencio sobre nuestras consagradas nostalgias) ahora ya con el viento cobijándose dentro de su omnipotente melancolía, por lo aún no escrito en toda su atávica plenitud en nuestros remotos corazones.

XXV
Nos han derramado estas melodías para consagrarnos, provistos de reverentes estribillos, en la composición aunque, es obvio, sin la sonora resonancia tuya de estas remotas epifanías y solemnes himnos cantando con los nostálgicos corazones (profundamente hendidos los latidos) que te invocan en cada elegíaca estrofa para recogerse algún día (según los designios de tu insular voluntad) sobre tus consoladores abismos…

XXVI
Estos canticos que ofrecemos nacen de nuestras soledosas profundidades, de ésas que tertulia perpetua de nuestros suplicantes corazones aún pronuncian aunque los remotos pentagramas, por le paso del tiempo, ya nos sean ilegibles las abisales tribulaciones de los latidos y las inconmensurables tablaturas del viento; arrastrando, sin embargo, hacia tus complacidos oídos (afligidas esta voces que repercuten todavía dentro de nuestras atávicas elegías) con la milenaria nostalgia confinada dentro de estos abismos; estas mortales y por lo tanto imperfectas palabras.

XXVII
Estoy muy, pero muy triste,
Esta quejumbrosa noche impone contritamente a mi alma:
Los implacables resueltos de su melancolía,
los atribulados gemidos de su mortecino corazón,
los irredentos cantares de sus más oscurecidas nostalgias,
inaudibles palabras diseminadas por la inmensa soledad de nuestros latidos;
pero qué palabras son entonces las que nos conmueven,
eternizándose, arrastrándonos compasivas, condoliéndose
por esta sollozantes elegías hacia una ¿intangible y eterna
y consoladora insularidad?...

XXVIII
Excelsa y Remota Voz Insular
apiádate de estos tus afligidos consagrados,
de tus lamentos y toda esta inmensa vacuidad
de palabras;

Excelsa y Aclamada Voz Insular
Compadécete de estas solemnes recitaciones que
Silenciosamente te ofrecemos,
dígnate a escribirnos en los pentagramas eternos
de tu alma;

Excelsa y Primigenia Voz Insular
Enaltece con tu ermitaña omnipotencia estos solitarios latidos,
que mi garganta proclame los versos más agradecidos
solo para mí


Excelsa y Alabada Voz Insular:
Y de tu bendita promesa no te olvides, la que tienes reservada
para los que entonan intensamente al mundo sus más vastas elegías;
Honrada seas por siempre mi Excelsa y Consolada Voz Insular,
que estas humildes letanías me hagan indigno merecedor algún día
de tu Plena y Misericordiosa Poesía.

XXIX
En ti esperaré,
aunque esta indecible tribulación silencie
nuestras trémulas escrituras:
Propiciatoria vastedad entristeciendo la silenciosa
Sonoridad de estas palabras;
sólo completamente solo insularmente abismado,
aunque estas piedras resuenen todavía dentro de
la atávica vos de nuestras almas;
no obstante, confiaré en Ti para que restaures estas
enmudecidas cuerdas con tu vibratoria omnipotencia.

XXX
El origen de nuestras ceremonias conmemora:
Todos sobrecogidos después atesorar la saliente y primitiva eternidad
que heredaremos ya dentro de la oquedad definitiva
(postreros suspiros del alma y onomatopeyas surgiendo de las bocas primordiales),
en torno nuestro las sombras resplandeciendo las partituras
donde se registran las remotas elegías y estos cánticos
(ininteligibles y dispersándose a través de las abisales vibraciones)
que entonan con apasionada reverencia, ya en su último esfuerzo sonoro,
el atávico deseo de silenciarnos, Poesía, dentro de tus insulares abismos.

***
A 40 AÑOS DE HORA ZERO- DESDE CHICLAYO
Entrevista a Yulino Dávila
Por Nicolás Hidrogo Navarro

Chiclayo fue y ha sido un centro de inspiración y de reunión de poetas y narradores del Perú entero desde el siglo pasado. Hasta acá llegaron alguna vez Abraham Valdelomar Pinto, José Santos Chocano, Javier Heraud, Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, entre otros. Los horazerianos Jorge Pimentel y Enrique Verástegui, junto a Juan Ramírez Ruiz, en algún momento -como figura en una fotografía histórica en el parque principal de Chiclayo- estuvieron una temporada animando a nuevos poetas de provincias a conformar el grupo.

Un caso muy especial es que como docente de Lengua y Literatura cada vez que le pregunto a algún colega en la calle o en alguna reunión tanto de colegio o de universidad qué tanto saben de Juan Ramírez Ruiz y el movimiento Hora Zero, me escupen una inverosímil y desconcertante respuesta ¡Qué grupo de rock es ese! ¡No los he visto jamás en el prospecto ni libro alguno! Estas dos respuestas nos dan una idea de lo chatas que pueden resultar nuestras universidades nacionales y particulares para vincularse a la literatura viva y en cuanto a investigación literaria de los fenómenos acontecidos y de los cuales todavía no hay libros.

Este movimiento Hora Zero que tuvo en algún momento un alcance nacional y continental no dista de la pretensión de algunos grupos, como Conglomerado Cultural, de ser un movimiento integrador.

Después de conocido el deceso de Juan Ramírez hace un par de años atrás, y cumpliendo ya cuarenta años de fundado el grupo, surge el interés y el estudio por qué significó realmente este movimiento en su momento y qué impacto colateral tiene hasta ahora. En la presente entrevista realizada el 24 de noviembre de 2009, trato de escarbar algunos detalles en torno a ello con Yulino Dávila.

NHN = Nicolás Hidrogo Navarro
YD= Yulino Dávila

-NHN: Esta aquí por Chiclayo un Miembro Fundador del Movimiento Cultural Literario Hora Zero, Julino Dávila. Estamos en el segundo piso, entre loa pasillo del Poder Judicial, pero no por un asunto de litigio, sino por una velada literaria convocada por el X Aniversario de la desaparición física del poeta y periodista Enrique Elías Ortiz. Yulino ha venido con su esposa y han estado presentes en esta significativa ceremonia de recordar a la gente de literatura leyendo poemas y evocar su legado y memoria. -Yulino ¿Qué te trae por acá por estas tierras norteñas, tierra de Juan -Ramírez Ruíz?
-YD: Antes de pasar por Chiclayo he pasado por Lima. Mi visita es familiar. Tengo a mi madre ya muy mayor con delicado estado de salud y aprovechando la visita, me salieron dos ofertas para exponer mi obra histórica. Se han realizado estas dos. Ahora mismo se está realizando una en la galería del Café Habana en homenaje precisamente a Juan Ramírez Ruíz. Y al final de este mes sale una publicación de mi último libro que se llama “Monasterio de Palabras”. Como he venido con mi señora estoy aprovechando para hacerle conocer la tierra de Juan Ramírez Ruíz y de paso ser el representante de todos los compañeros de Hora Zero, para hacerle la entrega de un libro que es la primera vez que acaba de aparecer un libro que se llama “Los broches mayores del sonido” esfuerzo de Tulio Mora, y hacerle llegar a la familia de Juan Ramírez, forjador del Movimiento Hora Zero.

-NHN: Este texto recopilatorio, los broches mayores, que lo edita Tulio Mora, ¿qué significado tiene para ustedes, como un movimiento que obviamente marco huella y que se ha convertido en todo un mito en la literatura peruana?
-YD: Supongo que para cada uno debe tener un significado muy particular, pero yo te voy a decir el mío. Sé que es redondear todo ese bagaje de historia que se ha ido sucediendo desde los años 70, cuando se dio a conocer el manifiesto de Hora Zero. Yo conocí a Jorge Pimentel, a Juan Ramírez Ruíz, a Enrique Verástegui, justo ese mismo año que salieron. Fue una época memorable para todos nosotros porque cimentamos nuestra carreras.

-NHN: ¿Qué recuerdos tienes tú de Juan Ramírez Ruíz, entendiendo que fue uno de los ideólogos, uno de los voceros de este movimiento que ya está llegando a los 40 años, qué recuerdos personales de Juan Ramírez Ruíz?
-YD: Todos los recuerdos que se han ido acumulando con respecto a Juan, no solamente a Juan sino es a todo el grupo de amigos. Mi relación con Juan fue así una relación más o menos estrecha, desde que lo conocí yo lo frecuentaba a cada uno de ellos. Mi relación con Juan era las visitas que yo le hacía a su habitación, a su departamento en Ancash 444 (Lima).Aparte de encontrarnos todas las noches, porque nos veíamos casi a diario todas las noches, frecuentábamos el Bar Palermo luego frecuentábamos el Tíboli y por último el Woni. Ya en el año 77 yo marcho a Europa.

-NHN: ¿Qué impresión tuviste cuando te enteraste por los medios de comunicación del deceso de Juan Ramírez Ruíz?
-YD: Me enteré primero por los amigos. Al yo vivir en España, en Barcelona, fue una desagradable sorpresa, casi era como para no creérselo. Yo he realizado varios viajes durante estos 33 años y solo pude contactarlo en dos de ellos. En los últimos viajes, siempre lo iba a buscar -y de eso es testigo mi mujer-, nunca lo pude encontrar en su habitación. Luego me dijeron que ya no estaba allí y que se había regresado hacia el Norte, a su tierra Chiclayo. Y desde allí no supe nada. Cuando me dieron la noticia, claro fue muy triste, saber además en las circunstancias y de la manera como había sucedido.

-NHN: Se está cumpliendo un 40 aniversario después de que se gestó este grupo y de la salida de su primer manifiesto literario, ¿qué significado tiene este reencuentro de todo esta falange de poetas, para ti como artista plástico y como poeta? ¿Qué sentido tiene este reencuentro emotivo, por los cuarenta años de Hora Zero?
-YD: En primer lugar constatar que estamos vivos y vigentes. Por otro lado nos darnos cuenta que todo ese esfuerzo y toda esa acumulación de nuevas ideas que traíamos para refrescar el panorama cultural poético ha valido la pena y que todavía damos pelea.

-NHN: ¿Y qué significó en su momento el manifiesto de Hora Zero, después de todo un balance después de cuarenta años. Podríamos decir que cambió algo en la literatura peruana a raíz de este manifiesto literario?
-YD: Tomó otro rumbo la literatura peruana. Porque pusimos los primeros ladrillos a lo que vendría ser a un nuevo edificio de expresión verbal, de expresión de imágenes, de expresiones totalmente diferentes al lado de la realidad. Hasta ese entonces más o menos la poesía que se siguíae en el Perú era una poesía más o menos un tanto académica o casi inconsistente de alguna manera, por eso se nos tildó de parricidas. No dejábamos casi títeres con cabeza salvo Vallejo y un par de poetas más. Pero mirando las cosas con calma uno se da cuenta de que sí habíamos puesto una parte de esa sustancia que es el edificio nuevo de lo que luego se ha convertido como una especie de vanguardia y ahora es, casi se podría decir, casi de libre acceso para llegar a la poesía que era hablarle de las cosas inmediatas, de la vida cotidiana inmediata, el diálogo de inmediato, la palabra coloquial, la palabra que pasaba por nuestra vista, por nuestro sentido. Nunca se había poetizado con palabras que toda la gente hablaba cotidianamente. Había que llevar esta palabra cotidiana al texto de una manera que podría reflejar la realidad en la que uno estaba insertado, tanto así de que no solamente se da esto en Lima, pero todos los integrantes, muchos de ellos y la mayor parte venía fuera de Lima.

-NHN: Tú sales hace 33 años del Perú a radicar en Barcelona, la experiencia de Hora Zero la llevas hacia un nuevo territorio, un nuevo espacio, nuevos amigos, un nuevo contexto, ¿cómo fue la recepción, que impresión causó cuando tú obviamente cambiaste de espacio geográfico, espacio mental, nuevas amistades, el enfoque europeo, la cultura española, qué significo para ti ese cambio?
-YD: Para mí y para otros compañeros también, porque en el año 76 más o menos del mundillo cultural que se daba en Lima, casi la mitad de la gente salió hacia fuera, muchos de ellos se reunieron en Paris, yo opté a España por la sencilla razón para no repetir a la misma experiencia que yo había repetido en Lima y seguí un camino personal, me enriquecía el viaje como a cualquiera. Todos los viajes te enriquecen, y para mí solamente era acumular más experiencia, otro tipo de lenguaje y otro tipo de lecturas que todavía no podían tener en Lima. Ya se había agotado y casi todo los amigos habíamos agotados las lecturas que sucedían en toda la vanguardia que llegaba a las librerías, ya la teníamos bien almorzada y digerida.

-NHN: En esta experiencia cultural tú compartiste la parte plástica con la parte lírica, ¿qué proyectos en lo plástico y en lo lírico tienes ahora?
-YD: A principios de diciembre de 2009, aparece un nuevo poemario mío aquí en Lima. Se presentará también en el mismo sitio donde se está exponiendo este homenaje a Juan Ramírez Ruíz, y pues en cartera tengo como unos nueve libros inéditos que se han ido haciendo. He publicado, muy poco realmente en España, porque yo creo que la deuda que yo tengo es con el Perú, es con el inicio donde yo me he forjado. Pero estoy viendo la posibilidad de ampliar esto hacia España.

-NHN: ¿A tu percepción cuál es el concepto que tienen los poetas, lo narradores españoles sobre la literatura peruana desde allá?
-YD: Se ve poco, porque se conoce poco. Las publicaciones de autores peruanos salen a cuentagotas. Siempre más o menos han dominado la escena a partir del Boom con Vargas Llosa en la narración. En poesía salvo José Guatanabe es el único que ha podido pasar la frontera. Hay otro muchacho que vive también en Estados Unidos que ha sido publicado también en España. Pero realmente no tienen muy claro que es lo que va sucediendo en el panorama actual. Es una manera más bien académica. En las universidades si hay. Conozco de gente que ha hecho tesis sobre Hora Zero, pero son trabajos bastante muy tangibles. Se puede decir con respecto a todo lo que es la difusión a nivel popular es limitado, más bien casi se ha quedado en lo académico.

-NHN: Tú has venido Chiclayo con un propósito específico, aparte de ser un tours personal, conocer la tierra lambayecana y entregar personalmente unos textos de homenaje a la familia de Juan Ramírez Ruíz. ¿Qué mensaje traes a la familia de nuestro poeta Juan Ramírez?
-YD: Estoy representando a todos los compañeros de Hora Zero y vengo trayéndole esta primera y novedosa antología de más de 670 páginas, con todos los textos colectivos que no habían aparecidos todos juntos. Recopila toda la mayor cantidad de obras posibles recogidas de todos los que han estado y no están entre nosotros, de Hora Zero. Igual que los compañeros infrarraelistas de México, y palabras para la familia de Juan Ramírez Ruíz. Hacerles recordar sobre todo a José Ramírez –hermano de Juan Ramírez- que lo conocí personalmente en Lima por los años 70, que no lo olvidamos, que estamos con él, que él – Juan- está presente siempre y seguirá estando presente porque él ha sido un forjador ideológico del movimiento Hora Zero.

-NHN: Aquí en la región Lambayeque, tierra de Juan Ramírez Ruíz, lamentablemente la bibliografía que hay sobre él es muy escasa. Te haría un pedido especial, ya que se ha editado, por parte de Tulio Mora este texto, ojala que puedan hacer llegar a las biblioteca municipales de Chiclayo, Ferreñafe y Lambayeque, a la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, instituciones de concentraciones masivas de lectores. Creo que debería conocerse más la obra de Juan Ramírez Ruíz. He visto que el texto bastante voluminoso y se ve bastante completo y plural. Me gustaría que les transmitas a la gente de Hora Zero que podrían hacer una donación del texto a estas instituciones para honrar la memoria de Juan Ramírez y todo el movimiento horazeriano. Te hago ese pedido a nombre de toda la gente de literatura de la región Lambayeque. No queremos que sean regalos personales, sino que se hagan a bibliotecas colectivas, públicas, municipales para que se pueda acceder a ellos. En el momento en que se dé este hecho lo haremos en ceremonia pública con la presencia de algunos horazerianos y hasta podríamos hacer algunos conversatorios en universidades sobre este fenómeno literario de los 70 llamados Hora Zero.

Chiclayo, noviembre 24 de 2009.

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...