dimanche 3 janvier 2010

Patricia & Renard/Poesia para conjurar los tiempos que corren


Correo de: Adriana Goñi (agonigodoy@gmail.com)


Poesia para conjurar los tiempos que corren
(o poema para ir más allá de la coyuntura)
Por Patricia y Renard

Hemos abierto la mano
para dar rienda suelta a la escritura
/y el tiempo corre fascinándonos.

Hay poesía en esta desesperación.

Nos interroga un cielo donde el sol resplandece
y es primavera en la ciudad.

Escribimos entrecortadamente, al ritmo de los pasos
y del vértigo imperante.

Es el tiempo en que duele lo mundanal,
la tragedia ambiente y humana.

¿O se trata de una comedia?

Alguien dijo que la diferencia entre tragedia y comedia estriba
en que la primera empieza bien pero acaba mal
y la segunda empieza mal y termina bien.

¿Será posible que todo esto tenga un buen final?
Está por verse.

Aunque sabemos que nada termina realmente
sino que más bien todo se transforma.

Nosotros no lo veremos –el horizonte trocado en futuro palpable-
pero se trata de poner manos a la obra.

Siempre hubo quienes pusieron no sólo sus manos en la obra de la vida
/sino también...

¡Seamos por fin realistas y hagamos lo imposible!
-eso dice una muralla en un rincón de la ciudad.

Nuestros hijos y nietos tendrán un esbozo de lo que finalmente
sobrevendrá.

¿Quiénes somos realmente, hacia dónde vamos
y por qué?

¿De dónde realmente somos originarios?
¿Acaso tarde o temprano pondremos pie otra vez
en las inmediaciones del universo?

Escribimos al ritmo de los vandazos de la era,
mientras vamos a salto de mata sorteando los escombros
/que deja la catástrofe mundial.

Buscamos una vía de escape, una brecha
que nos lleve al más acá
y al más allá de una revolución en la vida.

No sólo hay que salvar el planeta y a los seres que lo habitan,
para ello habrá que revolucionar la conciencia humana o la tragedia
/se habrá consumado y todo acabará muy mal.

En cierto modo, ya todo está acabando muy mal…
No hay tiempo que perder.

Y el tiempo corre fascinándonos. Y ahora la poesía es desesperar.

Pero el poderío no pierde el tiempo –nuestro tiempo-
y tiene fuertemente asidos entre sus manos
los hilos de cómo debemos ver, imaginar
y hacer la vida sobre la tierra y sus alrededores.

He ahí el gran secreto que, sin embargo, no es ningún secreto.
Es un hecho a ojos vistas.

Pero impera la ceguera.

Y vivimos en la sociedad del espectáculo,
donde el poderío gesticula a su amaño
moviendo las piezas del tablero de lo que ha hecho con la vida
–nuestras vidas-.

Esto hemos llegado a ser: ¿peones en un tablero de ajedrez?

Y al revés, ¿acaso hay que hacerse del poder? ¿Y para qué?

Además, ¿es esto poesía?

Hay poesía en esta desesperación.
Y resplandece el sol de primavera.

Y nos tienen sin cuidado las coyunturas electorales
cuando en ellas no está en juego sino una vez más
el artificio del poder
/y la escenografía de su espectáculo.

Se trata al fin y al cabo
-hay que decirlo de una vez- de una lucha palaciega
donde se retan a duelo príncipes y consortes
duques y virreyes
señores de alto rango
unos y otros señoritos y cabrones
bufones y purpurados
a la caza del trono desde donde seguir profitando
-todos de común acuerdo y de antemano-
de la enorme ceguera a que se ha sometido al inmenso
/pueblo llano.

En cambio,
es la hora urgente de no poner los pies en polvorosa,
se trata de no cejar,
inventar un tiempo bravo de resistencia,
ganar en coraje,
devolver la mirada de cara a los que luchan,
mapuche,
pobre del campo o la ciudad,
mujer,
aceptar el desafío,
trabajadores sin trabajo,
trabajadores y albañiles,
desposeídos y vilipendiados,
marginales y soñadores,
aunar aliento y desesperar,

compañeras y compañeros,
reinventar lo combativo
en ese territorio mundial
del que hablaba la vieja canción:
unidos los pobres del mundo…

Sepan ustedes que en toda desesperación
arde la poesía
como una llamarada en busca de un gran corazón humano,
corazón multitudinario
queriendo palpitar al compás del presente
/para inventar lo que vendrá.

En síntesis, como dicen y dijeron nuestros vecinos
de alma:

habra patria para todos o no habrá para ninguno,
y lo mismo diremos del mundo.

Diciembre de 2009, Santiago Chile.
Patricia y Renard.

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