dimanche 24 janvier 2010

Patricio TAPIA/Elías CANETTI: metamorfosis de la concisión


"Apuntes" Destilados del Premio Nobel 1981
Elías Canetti: metamorfosis de la concisión
Por Patricio Tapia

Además de sus ensayos, obras de teatro, una novela y su autobiografía, Elías Canetti (1905-1994) escribió infatigablemente miles de "apuntes". Un libro recoge la totalidad de los publicados por el escritor búlgaro.

El controvertido crítico Marcel Reich-Ranicki cuenta en su autobiografía cómo, en 1964, cuando llamó por teléfono al escritor Elías Canetti para concertar su primer encuentro en Londres, éste lo instruyó para seguir un procedimiento tan preciso como intrincado: llamarlo en determinado día, entre determinadas horas, dejarlo sonar determinado número de veces, colgar, volver a llamar. Era un método para que no lo interrumpieran extraños, aunque a Reich-Ranicki le intrigó cómo era que había contestado de inmediato a su primera llamada, sin ninguno de esos códigos.

Ya reunidos, al crítico le llamó la atención su carisma y vanidad: "En cuanto hablaba de su obra y su vida, en cuanto trataba de su propia persona y la esbozaba para el invitado, se advertía cierto tono solemne. Me dijo que nadie había leído aún grandes partes de sus diarios, escritos hacía años, y de distintos apuntes, y que, por medidas de seguridad, es decir, para impedir el acceso a ellos de periodistas y críticos y demás curiosos impertinentes, los había redactado en una escritura secreta". Reich-Ranicki se preguntó si habría alguien tan interesado en esos apuntes o si no sería otra fanfarronería, como sus reglas para las llamadas telefónicas.


Escape y necesidad

Al momento de esta visita, Canetti aún no recibía la serie de premios y reconocimientos (incluido Premio Nobel, en 1981) que vendría después. Aunque había publicado en 1935 su novela Auto de fe (que hay quienes, algo exageradamente, consideran de las más importantes del siglo) y, en 1960, la "obra de su vida", Masa y poder , Canetti era entonces un autor marginal. Un año después, en 1965, publicó su primera entrega de esos apuntes tan secretos como libro (luego recogido en La provincia del hombre ), y los seguiría publicando periódicamente, sobre todo a medida que su fama fue en aumento, hasta constituir una parte importante de su obra.

En su única novela, Auto de fe , un sinólogo pierde el sentido de la realidad después de leer demasiados libros. Poco después de instalarse en Londres, huyendo del nazismo, Canetti se obsesionó con escribir una obra sobre las masas y el poder, cuyo estudio y elaboración le tomaría décadas, y para la cual leía infatigablemente. Como un "alivio mental" o "válvula de escape", Canetti anota cada vez con más regularidad unos "apuntes", término que ampara aforismos, retratos, algunas citas, notas de lectura, fantasías, relatos breves.

Pero lo que comenzó como una forma de descanso se transformó en una actividad cotidiana y necesaria. La gran masa de los apuntes inéditos de Canetti quedó en su legado que se conserva en Zúrich. Parte de los materiales (fundamentalmente, los diarios) será inaccesible al público hasta 2024, pero otra parte, como los cuadernos de apuntes, es posible consultarla desde 2004. Así lo ha hecho el biógrafo oficial de Canetti, Sven Hanuschek, quien considera los apuntes como "el macizo central" de su obra y según sus estimaciones lo publicado constituye una décima parte de la totalidad. Con todo, el conjunto de sus apuntes publicados es imponente. La edición de Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores reúne todos los apuntes publicados por Canetti en vida, así como los que aparecieron de manera póstuma. La edición de Debolsillo en dos volúmenes reúne el mismo material, pero con una versión reducida del prólogo de Ignacio Echeverría y sin un ensayo sobre el aforismo fantástico ni el índice de nombres y de conceptos.


Medio siglo de notas

En Apuntes están, entonces, los libros La provincia del hombre (1973), El corazón secreto del reloj (1987), El suplicio de las moscas (1992), los apuntes rescatados de 1954-1971 en Hampstead (1994), las colecciones Apuntes 1973-1984 (1996) y Apuntes 1992-1993 (1999), y el cuaderno Apuntes para Marie-Louise (2005), que le regaló a su amante, Marie-Louise von Motesiczky, en 1942.

En una muestra tan amplia es posible encontrar desde flojos lirismos con laca mística ("Las intuiciones de los escritores son las aventuras olvidadas de Dios") hasta golpes de agudeza ("Amamos como autoconocimiento lo que odiamos como acusación"), unos y otros están presentes en todo el período, aunque hay un gusto por cierta sequedad y una concentración progresiva ("Un poco más de concisión y podré decirme que escribo en chino", apunta en 1971); a veces duda de la brevedad: "Quizá no habría que comprimir las frases, tal vez no debieran ser destilación, sino plétora inagotable" ( El suplicio de las moscas ), y entrega en un largo apunte tardío un retrato de su amigo Franz Steiner, a quien trató en Londres (y allí está la única mención, fría y distante, en los apuntes, de Iris Murdoch, de la que fue amante y a quien trata con acrimonia en Fiesta bajo las bombas ). Se jacta de no estar a la moda intelectual ("¿Por qué aborrezco la palabra discurso ? ¿Por la misma razón por la que he odiado texto , porque todo el mundo la adopta para ir bien vestido?"). No teme ser contradictorio y sabe que es inevitable repetirse. Señala en 1971: "Sólo se puede hablar una y otra vez sobre las mismas cosas. Es bueno que no sean demasiado pocas". Todos los temas fundamentales de Canetti (el odio a la muerte, las dicotomías entre masa e individuo, entre poder e indefensión, la metamorfosis) están presentes y recorren estos apuntes. Nos enteramos de sus devociones (los maestros chinos, los presocráticos, Stendhal, Lichtenberg, Joubert, Kafka), de su aversión a los sistemas, de que no le gustan Sartre, ni Joyce, ni Borges, ni Lévi-Strauss. De los sucesos de su vida habla poco, pero bastante de su obra, de Masa y poder y la importancia que le da: con él "he conseguido agarrar a este siglo por el cuello". Habla de la desazón por un libro contra la muerte que nunca escribió. Y es posible rastrear en sus apuntes entre 1970 y 1994 su actividad como memorialista ("La historia de mi vida, que seguramente se valorará como una de las obras de mi vida, ha sido escrita por la avidez de la vejez ").


Metamorfosis continua

Canetti habló alguna vez del escritor como "custodio de la metamorfosis". Y la idea de metamorfosis, aunque nunca la precisa demasiado, atraviesa su obra ("uno de los mayores enigmas" de la humanidad, señala en Masa y poder ) y en particular estos "apuntes". En 1985 escribe: "Haz realidad la palabra que más has utilizado: metamorfosis ", y en El suplicio de las moscas : "Se le perdonan muchas cosas a causa de la mística palabra metamorfosis ". Claudio Magris cuenta (en Ítaca y más allá ) que poco antes de que Canetti recibiera el Premio Nobel lo llamó por teléfono a Zurich y luego a Londres, donde le respondió una anciana inglesa, luego de indagar quién llamaba le dijo que Canetti vendría de inmediato. Ya él le contó que se había marchado a Inglaterra para terminar un libro y reconoció que, en realidad, antes había sido él mismo quien había hablado fingiendo. Canetti, quien tanto había escrito sobre la metamorfosis, se había transformado, por un momento, en su imaginaria ama de llaves.


Una vida de desplazamientos

Se lee en un apunte de Canetti: "Él se escribió a sí mismo en trozos", quizá pensando en sus propios apuntes. Pero a la muerte de su hermano menor, él se dedicó a escribir su autobiografía -en tres entregas: La lengua salvada (1977), La antorcha al oído (1980) y El juego de ojos (1985), publicadas en un volumen como Historia de un vida (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2003)-, que cubre desde su infancia hasta la muerte de su madre en 1937, poco antes que él deba huir de Viena por el nazismo. Nacido en Bulgaria en 1905, en una familia de origen sefardita, fue expuesto a una serie de desplazamientos geográficos e idiomáticos: Rustschuk, Manchester, Viena, Zurich, Frankfurt y Viena otra vez. Allí fue testigo y participó del levantamiento contra el Palacio de Justicia que terminó en incendio y matanza, hecho que marcaría toda su obra. Su autobiografía presenta una galería de retratos, de personajes conocidos (Karl Kraus, Bertolt Brecht, Isaak Babel, Robert Musil, Hermann Broch, Alma Mahler, Avraham Sonne) y otros menos célebres.


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 10/01/2010

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