dimanche 24 janvier 2010

Pedro Pablo GUERRERO/Entrevista a Julio NÚÑEZ RIVERA


Entrevista Testigo de la fragilidad de la vida
Ganador del Premio Revista de Libros Julio Núñez Rivera, poeta y fotógrafo forense
Por Pedro Pablo Guerrero

Con "El breve latido que burla al silencio", el escritor de 42 años se impuso entre más de 800 manuscritos recibidos en el certamen convocado por El Mercurio, con el auspicio de Empresas CMPC. Óscar Hahn, Adán Méndez y Cristián Warnken integraron el jurado.

"¿Quiere ganarse un Espantacuerdos ?", pregunta Enrique Lafourcade a un concursante. Corre 1993 y el jurado de "Cuánto vale el show" muestra el primer libro de un joven poeta que, resalta, tiene la modestia de no poner su nombre en la portada. Su autor, Julio Núñez Rivera (Yumbel, 1967) se lo había ido a dejar a la librería que el escritor tenía en la Plaza Mulato Gil. Profesor de artes plásticas titulado en la UMCE, Núñez cursaba licenciatura en arte en la Universidad de Chile, con especialidad en fotografía, y trabajaba haciendo reemplazos y talleres en colegios, además de ayudar durante algunos meses en la imprenta de un tío que le ofreció editar su primer libro. Una autoedición en toda regla, con portada e ilustraciones de dos amigos pintores y citas de Ezra Pound, T. S. Eliot y Rimbaud, sus lecturas de entonces.

Núñez es un autor de pocas palabras, como su obra; no integra colectivos ni pandillas de poesía y apenas ha participado en dos talleres en toda su vida: el primero, en 1981, dictado por el poeta Abel Sandoval Ormeño en el colegio donde estudiaba en Los Ángeles, ciudad en la que pasó su adolescencia, y el segundo, un taller que abrió Leonel Lienlaf en Santiago, a comienzos de los noventa.

Fueron años de precariedad hasta que, en 1994, la carrera de Julio Núñez dio un giro: ingresó a trabajar en la Policía de Investigaciones como fotógrafo forense gracias al dato de un colega profesor que compartía su gusto por la fotografía.

"Me preguntó si tenía problemas con la sangre y los cadáveres, y le respondí que no. Igual tengo un carácter bastante fuerte. Ahí me contó que se trataba de fotografiar escenas de crímenes. Antes de que el juez ordene el levantamiento del cadáver, pide que se fije el sitio del suceso planimétricamente y se levante evidencia de todas las especialidades: balística, química, bioquímica. El trabajo mío, hasta hoy, consiste en fijar fotográficamente el sitio del suceso, ya sea por muertes o por otro tipo de delitos: robo, violación, ley de propiedad intelectual, drogas, armamento. Hacer el registro de lo general a lo particular, y de lo particular al detalle".


-¿Te gusta el trabajo?
-Lo que me gusta es la estabilidad que tiene y que no hay rutina; los horarios son bastante flexibles, hago turnos. No es que me guste lo que me toca registrar. Cuesta asimilar cosas, aunque uno ya tiene un sistema de autodefensa. Cuando llego a la casa y me preguntan qué pasó, algo que en realidad no me preguntan nunca, me cuesta recordar lo que vi la noche o el día anterior. Pero cuando después de meses, incluso años, vuelvo a ver la fotografía, me puedo acordar de todos los detalles que, entre comillas, había olvidado. Sobre todo cuando tengo que ir a un juicio oral, para exhibir las fotografías del peritaje.

-"Cámaraobscura", el seudónimo con el que participaste en el concurso, también está asociado a tu trabajo.
-Es la cámara básica donde a través de un orificio pasa una imagen al interior de la cámara en forma invertida. El primer ejercicio que hago cuando enseño fotografía. En el fondo, mis poemas también son eso: una cámara oscura en donde uno recibe todo lo que está en el mundo exterior y lo extrae y reproduce. Positivar, recortar, limpiar. En poesía es casi lo mismo: cortar, pegar, resumir.

-Parece que resumes mucho. Tus poemas son breves.
-Es un formato que me acomoda. No soy buen orador, digo lo justo, me cuesta expresar lo que pienso y por eso me conviene escribirlo. A veces, con la inmediatez uno dice tonteras de las que después se arrepiente. Me desagradan las personas que hablan mucho y no escuchan. Por otro lado, ya muy poca gente lee, o lo hace rápidamente; es demasiado el bombardeo de información. ¿Para qué escribir cosas tan largas que nadie va a leer? Además tengo poco poder de concentración: me cuesta leer narrativa; leo poesía por eso mismo. Me gusta Bertoni justamente porque me puedo concentrar en cosas cortas. A pesar de que a veces es bastante anecdótico, hay algo bien profundo en él.

-¿También lees filosofía?
-Cuando estaba en la universidad. Me gustaba Nietzsche. Sobre todo Humano, demasiado humano , porque eran textos breves, pensamientos.

-¿Por qué elegiste como epígrafe los versos de Teillier: "Aún se pueden ver en el barro/ las pequeñas huellas del queltehue / muerto esta mañana"?
-Teillier es el que más me gusta de los poetas chilenos. No lo conocí, pero una vez vi un documental en televisión y empecé a interesarme en él. Como además soy del sur, me anduve identificando con su manera de escribir y lo melancólico de su poesía. Ese texto, en especial, me gustó porque tiene que ver con lo que escribo: la fragilidad de la vida.

-Esa idea, ¿nace por tu trabajo?
-Ya antes tenía algunas cosas escritas con esa temática. No sé de dónde vino, a lo mejor por el cine y lo que leía. Pero en relación con mi trabajo yo creo que es una manera de sacar lo que uno va acumulando durante muchos días. Se ve de todo. Te das cuenta de que nada podemos retener para siempre.

-¿Eres el coleccionista "empecinado" que aparece en otro de tus poemas?
-Soy obsesivo, trato de darle un orden a algo que nunca tuvo relación entre sí. Tengo afición por la fotografía patrimonial. Colecciono fotos de tranvías, trenes, fotos de cámaras de cajón con fondos pintados, cuando la gente se ponía detrás de un avión o un barco. Esos personajes no identiticados que uno encuentra en los anticuarios. Ya no existen ni importan y a sus familias parece que tampoco les importaron, porque esas fotos terminaron botadas en cualquier parte. Me interesa la fotografía anónima, por el lado de quien la toma y por el de quien es retratado. Al final, todos vamos a desaparecer.

-¿A qué "nosotros" te refieres en tus poemas?
-Trato de no ser tan egocéntrico en lo que escribo, porque es para que lo lean otras personas y se identifiquen. El "nosotros" las hace parte del texto.

-¿Dónde escribes?
-En cualquier lado. A veces estoy viendo una película o escuchando música y hay una idea que me queda dando vueltas y tengo que anotarla. Algunas se transforman en poemas. Tomo citas de todo: algo que veo a través de la ventanilla del auto o en el metro. No siempre puedo anotar lo que estoy pensando, porque generalmente no ando con libreta. Lo que uno registra por escrito es muy poco; todo lo demás se pierde. A veces, en la noche, con la luz apagada, me llega algún pensamiento y, por no molestar, no lo escribo, y al día siguiente ya no me acuerdo.

-¿Qué significa este premio para tu escritura?
-Tomarla más en serio. Antes era casi un pasatiempo. Escribía cuando podía. Ahora voy a escribir cuando quiera. Hace poco leí un artículo que decía que hay mucha poesía y pocos poetas. Como todo se ha farandulizado, importan más los poetas que lo que escriben. La idea mía no es figurar. Lo que más me interesa del concurso es ver qué dice el jurado. Ése es el primer premio: tener la opinión de personas especializadas, saber por qué se fijaron en esos textos entre tantos.


Arte poética

"Mis escritos hablan de la insignificancia de la vida humana frente a la inmensidad del universo, de la fugacidad de la existencia, de la fragilidad de todo, del ensimismamiento cotidiano, de la rutina como engranaje que no nos suelta, que no nos permite alejarnos para ir hasta un punto lo suficientemente distante que nos deje vernos a nosotros mismos con mayor objetividad. Desde lejos, el ser más poderoso frente al más miserable son exactamente iguales y si nos alejamos aún más, como la visión que pueda tener un astronauta desde el espacio exterior, ya no es posible percibir nuestra presencia, sólo somos parte de un todo en constante movimiento, en transformación permanente, tan frágiles y vulnerables como el hogar que nos alberga, tan autodestructivos como el propio universo. ¿Pero a quién le gusta pensar en eso? Es más sencillo gozar o sufrir con la teleserie diaria, con las seudoestrellas con que nos bombardean los medios, es más fácil soñar que experimentar, es tanta la pirotecnia que nos rodea que hemos perdido la visión hacia el infinito, tal vez ahí esté la respuesta a nuestras interrogantes".


Opiniones del jurado

Óscar Hahn
Hay libros de los cuales es posible inferir una determinada estética, aún cuando el autor no haga ninguna referencia explícita a ella. Es el caso de "El breve latido que burla al silencio", de Julio Núñez. Veamos, por ejemplo, los siguientes versos: "Nuestra voz es apenas un suave susurro / en esta ventisca tremenda". Este hablar en sordina nos da la clave de la filosofía que preside el libro y que se caracteriza por un rechazo a todo lo que es excesivo. A los "fuegos de artificio" Julio Núñez opone una temperatura dolidamente cálida; una forma límpida, ajena a las manipulaciones retóricas. En un tono sentencioso y desencantado, el poeta reflexiona sobre la brevedad de nuestra existencia, que está siempre al borde del abismo.

El libro está constituido por una serie de fragmentos sin título, que tanto pueden ser leídos independientemente o como parte de un todo mayor. Esta organización es consecuente con la idea suya de que en el mundo moderno "los nexos se han atrofiado" y los individuos andan flotando como fragmentos a la deriva. Un merecido galardón para una poesía que se atreve a meditar en serio y sin estridencias acerca de la precaria condición humana.


Adán Méndez
Cuando se abrió el sobre y los jurados nos enteramos de que el ganador era fotógrafo forense, una luz alcanzó zonas opacas del libro escogido. Consiste en una serie de instantáneas, protagonizadas por un "nosotros" náufrago, amenazado, traumado, "sencilla e infinitamente vulnerable". Entre una media docena de finalistas, se impuso sin dificultades, por varios motivos. Su verso, si no medido, estricto, impone su ritmo en la primera lectura. Se desmarcaba también por no ser un libro especializado: Julio Nuñez no hace poesía de algún aspecto determinado del ente, sino poesía que diríamos parte de toda experiencia. Tiene un inusual rigor hiriente, que se confunde varias veces con la máxima o el aforismo: "Los nexos se han atrofiado// Perdimos la semejanza con el modelo/ y la correspondencia con el entorno", y que llega incluso a esa especie de ramplonería consciente que los buenos poetas saben permitirse: "Por creer hacer las cosas bien/ no he hecho más que equivocarme en todo". Impresiona también un elemento narrativo, muy bien manejado dentro de límites estrictamente líricos, de modo que de la anécdota se nos entrega sólo su ecuación. Y en fin, algo para mí muy importante, no parecen ser poemas de un tipo que se siente a escribir poemas.


Cristián Warnken
Es raro que un texto deje sin respiración al jurado que lo lee. "El breve latido que burla al silencio" burló el silencio, el anonimato, la dispersión de la carrera de miles detrás de un premio o reconocimiento (como polillas detrás de la luz) para marcar su propio pulso, su factura impecable, para dejar sus rastros, sus huellas, después de desaparecer. No cabe duda: estamos ante un poema metafísico inclasificable e inquietante. "Hacemos ruido/ sin duda que mucho ruido/ pero al final/ todas las voces quedarán en silencio/ desfiguradas y sin pulso/ dispersas/ echadas a la suerte/ para ser rearticuladas y descifradas". Sin embargo, este poema no "hace ruido". Sin grandilocuencia, al borde de lo sapiencial (de lo sapiencial desesperado), la voz que habla es casi siempre un "nosotros" misterioso y efímero. Estamos ante un hallazgo: el de las pequeñas huellas (los breves y contundentes poemas inscritos en el blanco de cada página) de una voz que se nota ha "tocado" un límite. Huellas sobre la nieve, el barro y la luz de nuestro frágil ser que cuelga del precipicio desde donde el poema habla.


Selección de poemas

Quitamos las corazas que nos revisten pero nunca logramos dejarlas atrás siempre a cuestas aumentando la carga para cuando acorralados y atrapados las volvamos a necesitar

No existen escalas de medición capaces de dar cuenta de nuestra insignificante presencia sólo somos la gotera que forma débiles olas centrífugas. A mayor expansión menor el volumen que empujamos hacia nuestro propio fin

La libertad es una de las más bellas y piadosas mentiras. Quién es el autor de esta fotografía anónimo es el registro como desconocido e improvisado el modelo unos entran otros salen de este fondo pintado breve es la pose insignificante el gesto imperceptible la mueca débil el surco ingenuo el consuelo de permanencia antes que la descendencia entera nos deseche en el olvido.

No podemos más que detener la función y roer las cuerdas que violentamente nos sacuden


Articulo:
http://diario.elmercurio.com 10/01/2010

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