dimanche 3 janvier 2010

SECH/Poeta chileno: Augusto D´HALMAR


No me ha pasado nada sino la vida
Augusto D´Halmar (1882 - 1950)

Augusto Goemine Thomson, más conocido como Augusto d'Halmar por el apellido de su bisabuelo materno, el
barón d'Halmar (Valparaíso, 23 de abril de 1882 - Santiago de Chile, 27 de enero de 1950). Escritor chileno, Premio Nacional de Literatura de 1942, creado ese mismo año.

Biografía

Hijo del navegante francés
Auguste Goemine y de la chilena Manuela Thomson, nació en Valparaíso y murió en Santiago. Quedó huérfano a los 10 años y lo criaron sus hermanastras. Fue alumno del liceo masculino Miguel Luis Amunátegui desde 1896 hasta 1898, año en el que se trasladó al Seminario Conciliar de los Ángeles Custodios, que abandonó en 1899 para dedicarse a las letras. Sus primeras publicaciones las hizo como periodista en el periódico La Tarde y en La Ley; en el primero publicó su primera pieza literaria, "La Tía". En 1900 se incorporó como redactor a la revista Luz y Sombra, que había sido fundada por Arturo Melossi el 24 de marzo de 1900. Posteriormente, cuando se fusionaron Luz i sombra e Instantáneas para fundar Instantáneas de Luz i sombra, Augusto D'Halmar creó la serie Los 21 en 1901. Se trata de una serie de ensayos crítico-biográficos sobre diversos autores, entre los que se encuentran: Hans Christian Andersen, Víctor Hugo, León Tolstoy, Henrik Ibsen, Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Francis Bret Harte, Émile Zola, Alphonse Daudet, Edmundo D’Amicis, Guy de Maupassant, Óscar Wilde, Eça de Queiroz, Pierre Loti, Rudyard Kipling, Máximo Gorki, Carlos Pezoa Véliz, Lubisz Milosz, Federico García Lorca, Antonio Machado y Joseph Conrad. En 1902 publicó La Lucero (Los Vicios de Chile), más tarde titulada Juana Lucero, un acabado testimonio del Santiago de 1900 y en forma más específica de la vida en el barrio Yungay, dentro de la estética del naturalismo de Émile Zola.

Junto a
Fernando Santiván y Julio Ortiz de Zárate fundó la Colonia Tolstoyana en 1904, que fue frecuentada por pintores, escritores y escultores del país. Al fundarse la revista Zig-Zag en 1905, publicó muchos cuentos, algunos de los cuales recogió años después en Cristián y yo. También fue redactor de El Mercurio y secretario del ministro de exteriores Federico Puga, quien le nombró en 1907 cónsul general en la India iniciando así su carrera diplomática. En 1909 le nombran cónsul en Perú en Petén, donde estuvo hasta 1915; separado de la carrera diplomática por razones poco claras, hizo un breve viaje a Chile y dictó una serie de conferencias en el Salón de Honor de la Universidad de Chile organizadas por el Ateneo de Santiago; dio a conocer los originales de Gatita, conjunto de 27 relatos breves inspirados por una joven peruana y cargados de honda tristeza y melancolía. Algunos de estos relatos fueron editados en la revista de Los Diez, para luego en 1917 ser publicados en forma completa y en 1935 formar parte de una reedición a la que fueron agregadas otras narraciones breves. Marchó después a Francia, con la decisión de no regresar. Aceptó el cargo de corresponsal de guerra para los diarios La Nación de Buenos Aires y La Unión de Santiago y se estableció en París; fue herido, permaneciendo enfermo de gravedad durante varios meses. A raíz de eso el gobierno francés lo condecoró.

En 1917 emprendió rumbo a Buenos Aires y luego, terminada la guerra en 1919, a España, donde permaneció hasta 1934 trabajando como traductor, periodista y conferenciante. Allí publicó entre los años 1918 y 1924 Nirvana (Viajes al extremo Oriente) y Mi otro yo, libros de viajes protagonizados por Zahír, un muchacho egipcio que conoció en su viaje a las Pirámides, "guía, enfermero, ratero y prestidigitador", según palabras del propio autor, y que lo acompañó en una travesía por el Mar Rojo y el Océano Indico junto al pintor
Rafael Valdés, aparte de haberle cuidado en Calcuta cuando cayó postrado por una grave enfermedad. Más tarde también viajó con él a Turquía, Grecia, Italia y Francia. En España publicó también La sombra del humo en el espejo. También en 1924 publicó Pasión y muerte del Cura Deusto, una novela organizada en tres partes: "Albus", "Rubrus" y "Violaceus" (blanco, rojo y añil), cuya intención es, por una parte, reflejar un mundo de pasiones ocultas e inconfesables y, por otra, caracterizar el espacio sevillano de la época como uno universal. Es la obra de d'Halmar que mejor recepción ha tenido, en general, y fue escrita en España en 1920, cuando d'Halmar vivía en España; llamó la atención por su estructura perfecta y sus bien diseñados y estudiados personajes, por lo que se la ha calificado de novela psicológica. También es considerada la primera novela que trata explícitamente el tema de la homosexualidad en lengua española.

Tras un largo silencio, en
1934 dio a la luz Capitanes sin barco, el mismo año en que regresó definitivamente a Chile para trabajar como funcionario de la Biblioteca Nacional y director del Museo de Bellas Artes de Viña del Mar en 1939. Su retorno a Chile le valió una serie de homenajes y tributos por parte de la intelectualidad del país; ganó en 1942 el Premio Nacional de Literatura creado entonces. Sus últimos libros, Mar y Palabras para canciones pueden leerse como poesía en prosa. Falleció de cáncer de garganta en casa de su amiga de toda la vida, la actriz Sylvia Thayer, el 27 de enero de 1950. En su epitafio escrito por él mismo se lee: "No vi nada, sino el mundo; nada me pasó, sino la vida".

Es considerado uno de los iniciadores de la tendencia literaria llamada
imaginismo, que nació como alternativa al criollismo de la mayoría de los escritores de la época. Alone lo consideró como uno de los nombres más importantes de la literatura chilena. Su prestigio alcanzó amplios círculos intelectuales europeos. Aunque sus Obras completas (que no recogen con exhaustividad toda su producción) se publicaron entre 1934 y 1935, entre su obra no recopilada se encuentra una serie considerable de artículos, crónicas y relatos publicados en Chile, España y Argentina desde 1899 hasta su muerte en 1950. Los temas son diversos: la política interna de Chile, la guerra civil española, los acontecimientos sobresalientes en la sociedad chilena, comentarios sobre libros, crítica de teatro, etc. Sus posiciones políticas fluctúan entre una actitud redentora y hasta simpatizante con la postura comunista, y una posición aristocrática, por la que ha construido de sí mismo un personaje descendiente de nobles suecos trasplantados a tierras chilenas gracias a legendarios avatares; hasta el esoterismo, otra de las obsesiones que nutren las construcciones simbólicas de sus ficciones y ciertos criterios en los que basa sus textos hemerográficos


Obras

Juana Lucero, novela (
1902); en 1934 se publicó con el nombre de La Lucero.

Vía crucis, (1906)
Al caer la tarde, teatro, (1907)
La lámpara en el molino, novela (
1914).
Los Alucinados, novela (
1917).
La Gatita, novela corta, (1917).
La sombra del humo en el espejo, novela, (1918).
Nirvana, poesía (
1918)
Mi otro yo, poesía (1920).
Cuatro evangélicos en uno, edición de lujo (
1922).
Vía Crucis, edición ilustrada (
1923).
Pasión y muerte del cura Deusto (1924)
La Mancha de Don Quijote (
1934)
Capitanes sin barco, tres novelas, novela (1934).
Catita y otras narraciones, cuentos (
1935).
Amor, cara y cruz, novela y cuentos (1935).
Lo que no se ha dicho sobre la actual revolución española, poesía (
1936).
Rubén Darío y los americanos en París (
1941) ensayo.
Palabras para canciones, poesía (
1942).
Mar, novela poemática, (
1945).
Carlos V en Yuste y Castilla (1945).
Cristián y yo, cuentos (
1946).
Los 21, ensayo (
1948)
Cursos de oratoria, (
1949).
Recuerdos olvidados, poesía (
1975).


Rescate Reedición de novela y un ensayo en torno a su obra

Augusto d'Halmar, el dandy errantePor Óscar ContardoUna nueva edición de La sombra del humo en el espejo y la publicación de un ensayo académico reflotan el interés por la obra del primer Premio Nacional de Literatura. Líder de su generación, d'Halmar (con "d" minúscula como siempre hizo notar) es visto bajo una nueva luz por Ricardo Loebell y Jaime Galgani.En 1881, el marinero francés Auguste Goemine desembarcó en Valparaíso. Un año después nació Augusto, su hijo chileno. El hijo de Goemine nunca conoció a su padre, su madre murió cuando era niño y su abuela se encargó de criarlo. Augusto arrinconó su apellido paterno en una inicial, luego usó durante un tiempo el materno, Thomson, con el que firmó su primera novela. Pronto se inventó un apellido propio. Así nació Augusto d'Halmar.El autor de la novela Juana Lucero -el aterrizaje del naturalismo en Chile- no sólo creó su apellido, también autogestionó su propia familia con los escritores del siglo nuevo, hombres que leían las nuevas tendencias literarias en francés, el idioma del padre inexistente. Entre esos escritores del 1900, d'Halmar fue el predilecto, lo más parecido a un líder. Uno que nunca fue a la universidad y a los 17 años se hacía cargo de una revista cultural.Dos libros recientemente publicados vienen a refrescar la figura del primer Premio Nacional de Literatura (1942): el ensayo Augusto d´Halmar: un proyecto cultural y literario a comienzos del siglo XX (Ediciones U. Católica Silva Henríquez), de Jaime Galgani, y la reedición de La sombra del humo en el espejo (Ed. Sangría), prologada por Ricardo Loebell.D'Halmar no sufrió del mal de los no reconocidos, "fue el niño mimado de los salones literarios -cuenta Jaime Galgani-, el genio cautivante de las reuniones sociales". También un prodigio adelantado. "Ya en 1900 forma parte de la redacción de la revista Luz y Sombra, precursora de Zig Zag", añade Ricardo Loebell.Tal vez el único momento en que no surtió efecto su atractivo de orador ni su estampa de dandy fue cuando publicó Juana Lucero (1902) -subtitulada "los vicios de Chile"- y la sociedad santiaguina sintió que el jovencito talentoso estaba mordiendo la mano que le daba de comer. "La respuesta de la crítica fue el silencio, pese a que era una obra tan anunciada", explica Galgani.El estudio de Galgani se circunscribe a los primeros años de su obra, cuando arranca la generación de 1900, los primeros brotes artísticos después de la revolución del 91, que dejó trunco un proyecto político que también tuvo un ala cultural. Eran escritores distintos, de orígenes lejanos del poder, una cierta "mesocracia" incipiente. "Es el primero que muestra nítidamente la figura del escritor de nuevo cuño", apunta Jaime Galgani: ajenos a la clase alta y consagrados a la escritura y oficios relacionados como forma de ganarse la vida.Pero d'Halmar cambió. El Zola chileno, el líder de la fracasada colonia tolstoiana y el predilecto de la generación sucumbió al modernismo y el simbolismo, tendencias que marcaron sus nuevas obras. Sus compañeros de generación no lo siguieron en la aventura. Tampoco su amigo Fernando Santiván, quien después de poner todo su empeño en mantener la colonia tolstoiana en San Bernardo conoció a la media hermana de d´Halmar y se casó con ella. El autor de Juana Lucero no lo toleró. "Nunca se recuperó de eso; al menos a nivel literario", afirma Ricardo Loebell. Era 1906. Un año después se fue de Chile.Deben existir pocas imágenes que tan nítidamente reflejen algo inasible como lo hace la frase "La sombra del humo en el espejo". El título que escogió d'Halmar para su bitácora de viajes por Egipto y la India es un anuncio de lo que viene dentro. Ricardo Loebell prologó y editó la nueva edición de este libro con el capítulo del paso de d'Halmar como cónsul en Perú. Esta última parte había sido sacada de ediciones anteriores -la primera de 1924 y a la que han seguido muchas otras-, quizás para conservar la unidad escenográfica en Oriente. Loebell sostiene, por el contrario, que es parte del mismo viaje y que hay una continuidad incluso en la relación con el compañero de travesía. Si en Oriente fue el joven egipcio Zahir, en Perú será la amiga Catalina o Gatita. "Cuando el narrador advierte que Gatita le roba objetos que Zahir alguna vez le dio, se da una continuidad", explica Loebell. Zahir y Gatita se funden así en una figura andrógina.Otro aspecto central es el homoerotismo en la relación con Zahir, un tema que d'Halmar abordará frontalmente en Pasión y muerte del cura Deusto , considerada la primera novela hispanoamericana en tratar el tema del sujeto homosexual, advierte Jaime Galgani.El detalle pareció no incomodar a la comunidad literaria local que lo recibe con entusiasmo una vez que d'Halmar vuelve a Chile en 1934. Un entusiasmo curioso, sobre todo si se piensa que eran años en los que Alone hablaba del "uranismo" como de un conjuro fatal. Ricardo Loebell tienta una explicación: "Creo que el lector busca identificarse con las propuestas del autor. Probablemente, el lector chileno del momento no se hallaba tanto detrás de un Edwards Bello, como de un d'Halmar". A diferencia de lo ocurrido con el autor de El Roto , d'Halmar fue reconocido en vida. Incluso su amigo Oreste Plath se sorprendía al constatar que durante años d'Halmar fue invitado todos los días a almorzar a distintas casas. El dandy errante seguía siendo un éxito. El escritor, sin embargo, continuaba dando manotazos a lo inasible y envidiando la simpleza de la gente como Zahid, su joven compañero de viaje en La sombra del humo en el espejo . Personas que sufren sin saberlo, sin intentar transformar su tristeza en literatura. Sufren "sin la explotadora doblez del artista, de los pobres hombres como yo".Material inédito En 1906 y preparando su primer viaje fuera de Chile, Augusto d'Halmar inició una maratónica sucesión de columnas en El Mercurio y otros diarios. Se iba como cónsul a Calcuta, en el viaje que después inmortalizó en La sombra del humo en el espejo . La reunión de estas columnas fue llamada "La cadena de los días", pero nunca se publicó. Ahora, Ricardo Loebell rescata este material. "Estas columnas son el preámbulo de la segunda etapa de su obra. Ya está metido en el modernismo, en Rubén Darío y en la obra de Pierre Loti", afirma Loebell. Jaime Galgani, en tanto, descubrió en la Biblioteca Nacional de España 159 columnas del autor publicadas en ese país durante 15 años. La primera de ellas apareció el 24 de diciembre de 1926 en el diario Informaciones de Madrid bajo el título "Aniversario de Oscar Wilde".


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