Arte poética nº171
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Poemas de Gustavo ARMIJOS MORALES. Piura
ULTIMO TRAMO EN CERRO DE PASCO
Me gustaría huir de mi hogar
por el tiempo que alcanza un periplo vital
trepar un cerco de abedules
sobre negras ramas cubriendo la nieve.
Marchar al cielo de Cerro de Pasco
arriba hasta el borde de rayos y truenos
por donde lagrimean deliberadamente
algunas gotas gruesas de agua turbia
y cuando retorne a mi casa
encontrar mayores afectos que arrebaten
el borde de los pies cubiertos
de gruesas medias para el gélido frío.
Son antiguos pobladores de las tierras cerreñas
donde no interesa si nieva o graniza
para no mirar el sol que cae
sobre calaminas calcinadas por la sal.
Quien ha estado en esta vetusta ciudad
pocos humanos pueden decir al mundo
estuve en el techo de la civilización
¿Y por qué? Alguien respondió
quién de los poetas no le cantó al mar
pero muy pocos a la incomparable sierra.
AGUA
En el remanso
delineado de la vida,
está ingenua,
la lluvia.
En el ocaso siniestro
de lo incoloro
¡no sé!
si estará
precipitada el agua.
CANTIMPLORA
Aguas arriba
el grito tiene la bravura
del mar echándose sin piedad
a las pupilas hondas
de los ojos cansados
en su espera.
Aguas abajo
la multitud de voces
lento, muy lento esfumándose
en el extenso arenal de los sueños
se va apagando
como si fuera un trasto viejo
abandonado en playas amargas.
Y en las aguas
que perduran
en los incansables
manantiales
sin duda
está tú
oscilante, pendiente
de la garrafa,
bidón,
odre o
cantimplora
de mi sed ególatra.
TRIGAL
Meteorito caído
en medio del trigal,
tú no sabes
la dicha ardiente
que llevo en cada cereal
a punto de ser triturado.
Lluvia desterrada
con tu cadavérica desolación
dejas incierta
el germinar
del fuego cuando
al estrellarse
una roca con otra
avivando el germen
permites la ausencia
de la garúa huidiza.
Mañana será
encendida cordillera
trillando al cielo
con la sinfonía verde
de maternales espigas
del trigal, trigal pan.
TORRENTERA ESCRITA
En silencio avanza impetuosa
la ingeniosa torrente
de agua límpida, sin presentir
la turbia intención
de los que percuden el alma,
dinamitando al oxígeno.
La codicia hasta el embrutecimiento
de poseer todo a costa
del indefenso
pareciera haberlos carcomido
toda filiación fraternal
¡qué importa todo!, ¡nada más que el saqueo!
Nunca más el desequilibrio
en el caudal del agua
fue buena consejera ¡ay! de las súbitas mareas
se levantan, se agigantan, arrasan todo
y con un solo chasquido sobre la tierra
empareja cuanta desigual ventaja exista.
En silencio más de las veces
las tempestades avanzan.
No fíes en el otro día cuando tronando
está el firmamento, sacude tu pasiva mano
cuando la palabra escrita intenta arrodillarse
¡la espada y pluma junto a la torrentera, pueden todo!
CIRCUNNAVEGAR
Te fuiste como ráfaga
de viento otoñal,
sin dejar siquiera
la hojarasca
de los sueños.
Calcinando íntegros
los pentagramas delirantes
donde apenas podían
sostenerse la melodía meliflua
de tus desencantos,
así pasaste cual hoguera
abatida en lejanas ventiscas.
Te perdí, es cierto
y con justeza desaté
el ancla de vaivenes.
Ahora dueño total del abandono
a tientas entre los brazos
de la barca, única viajera
de mi mediterránea existencia
vuelvo a circunnavegar.
NAVEGANTE DE AZARES
¿Eres acaso símbolo inédito
en el talismán de los sueños?
o, en definitiva
has logrado convencer
a la legendaria epopeya
de tus orígenes que tan sólo
eres inmensidad en el viaje.
Ya no oculten los cancerberos
sus meneos amígales
anunciando el retorno.
No, ya no está envolvente la pleura
que interminable jugueteaba
con el fuelle acompasado de los días,
más pudo el silencio a tu pesado
tictac cuando sin saber, volvía a partir.
Balanceándose en el infinito
la uve del renacer victorioso
vuelve otra vez a la rada
a encadenarse como baldío puerto
donde con el océano a cuestas recalan
los navegantes hipotéticos, pasajeros
para nunca más levar anclas.
¿Eres acaso la última cuenta
o canto rodado con cual el navío
sin saber de durezas, cruzó destellante
en su navegante ruta a ultramar?
CREPÚSCULO CON ARCO IRIS
Otras fueron las raíces
con las cuales
resquebrajando roca tras roca
se fue abriendo paso
hacia el mismo corazón
de agua pura.
Al final,
estabas allí
con tu cabellera de plata
enceguedora y de filigrana.
No existía entonces
la forma oblicua
de los caminos,
todo marchaba a sincronía
hasta el trino matinal era puntual.
Otro fue el cielo
que mis padres me heredaron
aquél tenía como orbe al ozono,
este cuerpo celeste perdió el arco iris
que iba iluminar la noche de bodas
antes que el crepúsculo se apagara.
