
Grupo literario SIGNOS
César Boyd, Cromwell Pierre, Ronald Calle & José Abad
www.grupoliterariosignos.blogspot.com
E-mail: grupoliterariosignos@hotmail.com
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Muerte de J.D. Salinger
Este miércoles, al otro lado del muro que lo separaba del resto del mundo desde hace ya más de medio siglo, murió J.D. Salinger. El autor de El guardián en el centeno (conocida en la Argentina como El cazador oculto), un ermitaño que había construido su leyenda con un puñado de obras maestras seguidas (y coronadas) por su decisión de no publicar más y escribir sólo "para sí mismo y para su propio placer", murió a los 91 años en su casa de Cornish, un pueblo de New Hampshire. Adiós a un creador legendario:
“Aunque se había roto la cadera en mayo, su salud había sido excelente hasta que tuvo una decaída repentina después de fin de año", informaron los representantes del escritor.
Jerome David Salinger nació el 1° de enero de 1919 en Manhattan. Su vida y obra lo convirtieron en el otro gran mito de la literatura estadounidense del siglo XX. Si Ernest Hemingway, al que conoció durante la Segunda Guerra Mundial, fue el dios turista y omnipresente al que las cámaras captaban de safari por Africa, tomando mojitos en La Habana o como reportero en el frente norte de la Guerra Civil Española, Salinger eligió la ruta Zen: desapareció por completo tras publicar una novela, dos volúmenes de cuentos y otros tantos relatos sueltos.
Nada se sabe más allá de algunos rumores de su obra posterior a 1965. Ese año publicó en la revista New Yorker un largo relato titulado "Happworth 16, 1924" y le dijo adiós a la imprenta. Hasta hace algunos años, cuando un fotógrafo lo descubrió a la salida de un supermercado, tampoco había fotografías suyas posteriores a esa época. "Hay una alegría maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una invasión terrible a mi privacidad", comentó en una breve entrevista que le concedió a The New York Times en 1974.
La punta del iceberg de lo que muchos creen es una obra monumental (sus biógrafos cuentan que siguió escribiendo casi doce horas diarias, una de sus amantes habló de varias novelas terminadas y su hija de al menos dos libros guardados en una caja fuerte) son la novela El guardián en el centeno (1951), los Nueve cuentos (1953), el par de nouvelles que integran Franny y Zooey (1961) y los relatos de Levantad carpinteros la viga maestra (1963), los únicos cuatro libros que publicó en vida. En los años posteriores también se negó a reeditar o ceder derechos de traducción de los relatos que había ido publicado hasta entonces en varias revistas estadounidenses.
Si hubiera que reducirla a un tema central, la gran obsesión de Salinger fue la fractura entre el mundo de la infancia y el de la vida adulta, con especial atención a esa etapa mutante (y emblemática del siglo XX) que viene a ser la adolescencia. De alguna manera, la tarea titánica que se impuso fue darle contenido al mito alegre, pero con fondo trágico, que inauguró a principios de siglo el Peter Pan de J.M. Barrie.
Salinger, al que de niño llamaban "Sonny", empezó a escribir cuentos a los quince años, cuando estudiaba en la academia militar Valley Forge, en Pennsylvania, la institución que le dio el único diploma que recibió en su vida.
Luego ingresaría a la Universidad de Columbia, donde cursó algunos talleres literarios antes de abandonar. En 1944, Salinger, que ya ha publicado algunos cuentos en revistas como Story, integra la cuarta división de la infantería del ejército estadounidense. El 6 de junio de ese año, apenas cinco horas después del histórico desembarco, él también toca la arena de las playas de Normandía. Su trabajo era entrevistar a los prisioneros alemanes y franceses y tratar de descubrir si eran agentes de la Gestapo. Salinger continuó con las tropas a lo largo del avance sobre Alemania y, según su hija, incluso estuvo entre los primeros soldados estadounidenses en llegar a los campos de exterminio nazi.
Cuando regresa a Estados Unidos en 1946, tras una breve hospitalización y un igualmente breve matrimonio con una europea, Salinger ya trabaja en El guardián en el centeno. El título hace referencia al sueño recurrente de su joven protagonista: mientras un grupo de chicos juegan y corretean en un campo sembrado de centeno que los cubre completamente, él se imagina como un guardián que evita que caigan al acantilado vecino y los devuelve a su juego.
La novela protagonizada y narrada por Holden Caulfield, un adolescente insatisfecho e irónico que ve al mundo adulto como el terreno de la impostura, se publica en 1951. Ve la luz en la editorial Little, Brown, después de que el New Yorker se negara a publicar un fragmento y la editorial Harcourt Brace la rechazara. El libro, que al día de hoy lleva vendidos más de sesenta millones de ejemplares y está en el plan de lectura de todos los colegios estadounidenses, es un best-séller inmediato. A mediados de los cincuenta, con movimientos que salen a denunciar la alienación y el conformismo de la época, Caulfield es adoptado como un referente contracultural.
Aunque hay algunas excepciones, el grueso de la obra posterior gira en torno a la saga de los Glass, siete hermanos todos niños prodigios que alguna vez aparecieron en el programa radial "Es un niño sabio". Dos años después de El guardián..., Salinger publica "Un día perfecto para el pez banana" (más tarde incluido en Nueve cuentos), donde presenta y cuenta el misterioso suicidio de Seymour Glass, el mayor de los hermanos.
Con ese punto como centro, los relatos que protagonizan el resto de los hermanos, en buena parte aumentan el misterio de esa figura que para ellos era una suerte de santo, o sabio Zen. "Levantad carpinteros la viga maestra" (publicado originalmente en el New Yorker, en 1955), "Seymour. Una presentación" o su último cuento publicado, "Hapworth 16, 1924" (1965), son algunos ejemplos.
A partir de 1965, los cuentos que llegaban desde el lado de adentro de su refugio (adonde se había retirado en 1953) se detienen. Sus signos vitales hacia el exterior estarán marcadas por los juicios que les inicia a las editoriales que publican sin autorización su obra. En 2009, incluso le ganó un juicio por plagio a un escritor estadounidense, que firmaba como J.D. California, una continuación de la historia de Holden Caulfield. También hubo, claro, demandas contra sus biógrafos. La más resonante de ellas fue la que en 1984 le inició al crítico literario Ian Hamilton, que estaba escribiendo su biografía. Salinger logró que la justicia le impidiera citar o parafrasear una serie de cartas que él no quería publicar. Curiosamente, muchas de ellas trascienderon gracias a la transcripciones escritas del juicio, un giro irónico para este guardián de su intimidad”.
***
Entrevista a Raúl Heraud
Por César Pineda Quilca
Para “Cantuta Blues”
-Raúl ¿Desde qué edad empiezas a escribir, intensamente?
-No recuerdo cuándo empecé a escribir intensamente, pero creo que antes de los 18 años escribía historietas, poemas, cuentos, canciones. Era una época de descubrimiento, de experiencias que comenzaban a marcar mi vida. En esa época viajé a Brasil, viví cerca de un año ahí, la bossa-nova fue mi primera experiencia, mi primera relación carnal con la poesía, Vinicius de Moraes, Drummond de Andrade me influenciaron en la década de los ochenta, claro, antes lo hicieron Vallejo, Scorza, Machado, Salinas y los franceses.
-Una característica en tu poesía es el tema de la muerte ¿Por qué escribir desde esa óptica?
-Recuerdo que de niño tuve una experiencia directa con la muerte, eso marcó mi mundo infantil, conocí la fragilidad humana mucho antes que otras personas, eso hizo a mi parecer que a partir de ese momento viera la muerte caminando en la misma acera conmigo, después el tema de la muerte en mi adolescencia comenzó como una especie de reclamo a la vida, por su fugacidad, por su azarocidad, con el transcurrir del tiempo la temática encontró otros frentes en la filosofía, la religión, la historia, la psicología, etc.
El tema de la muerte es algo que, en particular, Occidente no ha podido resolver de forma conciliadora, yo mismo no lo he podido resolver, por eso, trato de dejar huellas, pistas, acertijos como una forma de liberación, de aceptación definitiva, como diría Robles Godoy: "tratar de hacerme amigo de mi propia muerte".
-Noto en tu poesía la presencia de una fuerte carga filosófica. Por ejemplo, hay una constante exploración a la vida, también un duro tránsito de estar caminando cada vez más ante la multitud de nuestro dolor ¿Cómo haces para convivir, exageradamente, con tantos fantasmas interiores?
-He sido siempre una persona espiritual, no religiosa, he tratado durante muchos años de mi vida de encontrar respuestas a mis preguntas, sin embargo, siento que con el pasar de los años tengo más dudas que certezas, es algo que me ha costado asimilar, entender, aceptar, hablo de esto en mis textos, no sólo de lo que me pasa a mí como ser humano, sino también lo que entiendo le pasa al común de la gente, yo lo he visto como psicólogo, está ahí, todo ese dolor a veces dormido, pero cuando despierta es muy difícil de manejar.
-Hace mucho tiempo atrás estudiaste en la universidad Inca Garcilaso de la Vega ¿Qué recuerdos tienes tú de ella? ¿Qué grupos literarios existían en ese entonces y quiénes promovían la movida cultural en ese momento?
-Yo estudié en la facultad de psicología en la década de los 90, allí existía poca movida cultural, algunos compañeros y yo creamos un taller de poesía donde la pasamos genial, eran conversaciones y lecturas que hacíamos cuando terminábamos las clases, sacamos una pequeña revista, hicimos una que otra presentación en público pero duró poco, fue así que conocí a otros poetas garcilasinos de otras facultades, ellos ya habían egresado, pero se interesaron por nuestro taller. Jorge Ita Gómez fue uno de los poetas que estuvo cerca nuestro apoyándonos y asistiendo cada vez que lo invitábamos.
-Tú eres psicólogo, no es así ¿De qué manera la psicología te ha servido para crear tus poemas? ¿Hay alguna correspondencia entre tu profesión y la creación poética?
-La psicología es un arte como la poesía, la palabra es su herramienta principal, el descubrimiento de hombres vinculados a este campo como Pearls, Freud, Rogers, Ellis, Fromm, entre otros, aportaron en gran medida a cimentar mi filosofía humanizadora, a observar desde dentro de la persona, creo que en esa medida ha hecho más rica mi concepción de la vida y ha nutrido tremendamente mi universo poético.
-Eduardo González Viaña refiriéndose a dos de tus poemarios anteriores “"Hecho de Barro" y "Respuesta para tres o cuatro" sostiene que tú eres un poeta metido en la tormenta ¿Qué piensas tú al respecto?
-Siento la necesidad de escribir sobre aspectos que humanizan y deshumanizan al hombre, la violencia psicosocial en la que estamos inmersos, las guerras diarias que el ser humano pelea en su cotidianidad, no sólo desde una visión catastrófica, sino más bien siendo testigo del caos y la enajenación que encontramos a diario en la calle, no es necesario ir a un hospital psiquiátrico para encontrar personas que cargan a cuestas sus fantasmas, escribo sobre esas tristezas, sobre esos miedos con los que convivimos cada uno de nosotros.
-No hace muchos años, radicaste en España por cuestiones de estudio. Tengo entendido que la revista “Vulture” sacó una edición con un número completo de tu poesía ¿Cómo se produjo esta publicación? ¿Cuánta diferencia existe en publicar un libro por aquí y por allá?
-Estuve hace algunos años estudiando en la universidad de Alicante, por casualidades de la vida llegó a mis manos una de estas revistas literarias que se editan allá con un tiraje de 25 mil ejemplares, me llamó la atención el hecho de que se distribuyeran gratuitamente en las universidades, bares, centros culturales, incluso en otras ciudades como Valencia, Murcia, Barcelona. Me pareció una oportunidad propicia para llegar al lector español, así que me comuniqué con ellos y tuvieron a bien publicarme.
En España encuentras una editorial en cada esquina, hay lectores para todos los gustos, se lee muchísimo, más que acá, eso no es una revelación, el simple hecho de publicar en “Vulture” me acercó a gente de estos lugares, he recibido cartas de gente que había leído mis poemas en un bar en Alicante o en una universidad en Valencia, eso es tremendo.
-¿Cómo surge “El Arte de la Destrucción”? ¿Cuáles fueron los leiv motiv de este poemario? ¿Y qué tanta destrucción hay en ese mundo (in)humano que tú describes en tu poetizar?
-“El Arte de la Destrucción” se escribió en una etapa de mi vida donde sucedieron muchas cosas duras, andaba mal económicamente, no tenía trabajo, entré en un estado de desesperanza total, creo que me volví dipsómano, jajaja, literalmente me autodestruí, el único refugio era la poesía.
-El poeta Paolo Astorga en una reseña que hace de tu libro “EADLD” sostiene que tu poemario en mención “nos avienta desde sus primeros versos a un infierno sin idea de retorno”, mientras que el historiador literario y también vate peruano César Toro Montalvo manifiesta que tú eres “un poeta orfebre de la deshumanización del hombre, sartreano y un defensor de la vida” ¿Qué tanto de cierto encuentras en todo esto?
-Soy sartreano y amante de la filosofía de Krishnamurti, shakespeareano desde y hasta Hamlet, nauseabundo como Leopoldo María Panero, no creo en la humanidad, pero abrigo esperanzas como LinYu Tang; creo en Dios, pero no en la iglesia católica, desde ese cúmulo de contradicciones se ha cimentado no solo mi poesía, sino más bien mi vida.
-El año pasado fuiste al Festival de Poesía de la Habana donde participaron numerosos poetas del mundo ¿Qué tan agradable resultó esa experiencia y qué otros escritores peruanos estuvieron por ahí, compartiendo su “ars poética”?
-Asistir a un festival poético internacional siempre es una experiencia mágica, en este caso la experiencia en Cuba fue única, el público es diferente, se involucra muchísimo con el poeta, es muy sensible, además el pueblo cubano es muy amical, completamente entregado, hice muchos amigos allá no sólo poetas, sino también estudiantes, músicos, en fin, fue creo la mejor experiencia internacional que he tenido; de los peruanos que asistieron estuvieron Césitar Toro Montalvo, Winston Orrillo. Con ellos compartí algunas mesas de lectura. Fue para mí, aparte de un honor, una experiencia inolvidable.
-No quiero equivocarme, pero ¿Cuánto de autobiográfico hay en tu poesía?
-Hace poco conversábamos de ese tema, no soy un autor autobiográfico, algunos de mis poemarios tienen una carga personal, íntima, pero no todo mi trabajo, por ejemplo, mi nuevo poemario “Teatro de la Crueldad” está dedicado a pacientes y amigos, escrito por y para ellos.
-¿Qué significa, para ti, ser poeta en el Perú?
-Para mí ser poeta además de serlo en el Perú, creo que involucra muchas cosas, es muy difícil cuando no encuentras un público lector ávido que se interese no por tu trabajo, sino por el trabajo poético en general, vivimos en una sociedad donde la poesía no tiene lugar, los educadores quizá tengan mucha culpa en esto, los políticos sobre todo, siento que no se le da la trascendencia social y humana que tiene el decir poético, su palabra es arma de cambio, sin embargo, cada día se lee menos poesía, se compra menos poesía.
-¿Qué escritores han influenciado más en tu creación? ¿Te sientes deudor de alguno(s) en especial?
-Indudablemente que muchos poetas, Cesar Vallejo fue sin temor a equivocarme la principal influencia, sobre todo el Vallejo de “Poemas Humanos”, Manuel Scorza, Eielson, Ojeda, Verástegui son algunos de los poetas a los que admiro mucho y que también influenciaron en mi creación, de los extranjeros los malditos Rimbaud, Baudelaire, la claridad de Eliseo Diego, y el maestro Antonio Machado.
Me siento deudor de muchos poetas que han estado conmigo en los comienzos, Jorge Ita Gómez, Miguel Ángel Guzmán, Antonio Sarmiento, César Toro Montalvo, Winston Orrillo. Agradezco la amistad y el apoyo de los antes mencionados.
-¿Cómo ves el rumbo de la actual literatura peruana y qué autores de los nuevos te seducen un poco más de lo normal?
-Yo creo que la poesía actual está viva, los jóvenes están escribiendo y publicando revistas y plaquetas como nunca, conozco grupos que hacen cosas interesantes en universidades, en Lima y provincias, sin embargo, siento que la poesía no tiene un gran público lector. Enrique Verástegui decía hace poco que mientras los políticos no entiendan que el decir poético es importante y necesario para el pueblo la poesía está condenada a volverse sectaria, si es que ya no lo es.
De los jóvenes, sin duda, Paolo Astorga ha demostrado gran madurez en su trabajo como escritor, su temática es actual y su decir revelador cargado de una gran fuerza poética.
-¿Qué opinión tienes de la crítica? ¿Te llevas bien? ¿Realmente crees que está cumpliendo con su papel o su deber?
-Realmente no creo que haya un trabajo crítico literario en Perú, ya que nadie se da tiempo para leer en este caso poetas actuales y hacer una crítica a la altura que merece cada trabajo. Este último año he sido testigo de una gran aparición de poetas jóvenes y algunos no tan jóvenes, sin embargo, no encontramos por ningún medio de comunicación nada que se parezca siquiera a un comentario, apenas una nota de tres renglones si tienes suerte anunciando alguna presentación y punto.
En la medida en que los poderosos le quiten páginas y titulares a lo farandulero, al sensacionalismo, a lo intrascendente como gran noticia y que se den cuenta que la poesía es necesaria porque integra, revela y dice, entonces habrá público, lectores, más casas editoriales que apuesten por la poesía y por supuesto más poetas.
-Tú llevas varios años en este duro oficio de ser escritor ¿A qué se debe que tus libros no formen parte del exquisito plato de la crítica peruana, sabiendo que tú has sido premiado en Argentina con el premio “Hermandad Latinoamericana”? ¿Sientes que, de alguna forma, te han relegado, ninguneado o menospreciado?
-Siento que no se dan los espacios a todos por igual, de todos modos sabemos que esto funciona en base a uno de los deportes de la sociedad peruana, el amiguismo, yo te invito y tú me invitas, yo hablo bien de ti y tú haces lo mismo, esa es la filosofía de muchos que están metidos en esto, sin embargo, yo no escribo para los críticos ni para medios.
-Una pregunta que se hacen millones de lectores y que tú obligatoriamente tengas que responder en algún encuentro, es la siguiente, a sabienda de que los dos son poetas y familiares a la vez ¿Javier Heraud resulta ser un estigma a quién vencer? ¿Compartes tú esa apreciación?
-De ninguna manera, yo creo que la trascendencia de Javier es inigualable debido a que él vivió un momento irrepetible en la historia de nuestro país. Yo no considero que sea un estigma, siento respeto por su obra. Aunque te aseguro que es un poco incómodo tener que responder a la pregunta si soy sobrino de Javier, la debo de haber respondido en mi vida unas 2 millones de veces.
-¿Qué otros proyectos literarios tienes, muy aparte de tus poemarios? Cuéntanos.
-Ahora mismo estoy trabajando con el músico Carlos Alberto Cárdenas la puesta en escena de un trabajo compartido basado en mi poemario “Teatro de la Crueldad”, que incluye video poemas y la musicalización por parte de Carlos Alberto de mis textos de manera especial usando elementos como el beat boxing y la música electrónica, intentamos que esto sea presentado a mi regreso de La Habana.
-Hablemos ya un poco sobre tu último poemario “Teatro de la Crueldad” qué está en prensa. Primeramente ¿Por qué este título?, luego, ¿En qué editorial saldrá?
Es una alegoría sobre la condición humana, basada en que el hombre vive su humanidad en un inmenso teatro que es la vida y que todos los seres humanos somos personajes de esta universal puesta en escena. El título es en honor al maestro Antonin Artaud y saldrá por "AFA editores" que es una editorial peruana que apuesta por la poesía.
-¿Por qué y para quién escribes?
-Escribo porque es imprescindible y necesario hacerlo, escribo para mí primero que nada. Lógicamente sé que existe un público lector que puede gustar de tu trabajo, sin embargo, escribo sin pensar en agradar o desagradar al lector.
-¿Qué libros estás leyendo últimamente?
-Acabo de leer “El Pez Dorado” de Le Clezio, actualmente estoy leyendo una pieza teatral de Enrique Verástegui titulada “El exorcismo de Bellmer” que apareció en el noveno número de la Revista Hispanoamericana de Literatura de Toro Montalvo.
-¿Qué comentario te generan los blogs literarios? ¿Cumplen algún cometido?
-Los blogs literarios cumplen con la función de difundir básicamente a los nuevos escritores y las movidas culturales que están ocurriendo ahora mismo en cualquier lugar del planeta, son importantes en la medida de la llegada y difusión que cumplan para promover e incentivar la lectura y el interés por la literatura como ente vivo y activo.
-¿Qué consejos les darías a los chicos que se sumergen al hermoso mundo de la poesía y la escritura?
-Que si lo van a tomar de forma profesional busquen otra actividad de lucro, porque aquí todo es por amor.
-¿Qué es lo más preciado que te ha dado la poesía?
-Definitivamente los amigos, los manuscritos, libros, poemas y poetas que he conocido y leído con gozo y admiración, las enseñanzas que me han dejado cada una de estas cajas de Pandora y por supuesto la posibilidad de poder viajar y disfrutar de lugares y gente maravillosa en el mundo.
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Premios y escritorzuelos
“Es muy probable que los premios literarios hayan sido creados por algún demiurgo sarcástico para subrayar la carcajada con que el tiempo se venga de las certidumbres”.
José Donoso.
Los premios literarios siempre han sido objeto de sospechas, envidias y sabotajes de todo tipo. A veces despiertan el odio o son pasto de una serie de requisitorias e ironías para banalizarlos y quitarles prestancia. En ocasiones se argumenta que tal o cual premio es político o responde a siniestros y conspirativos intereses.
En una oportunidad una amiga periodista presentó un libro del poeta Francisco Arévalo y sin aviesa intención expresó que el poeta tenía más premios ganados que libros publicados. Cuando esta amiga ganó el premio Monseñor Pellín de Periodismo le envié un correo electrónico felicitándola y de paso le aconsejé un buen ensalme porque un premio con nombre de cura tenía que ser pavoso. Como es lógico mi amiga se sintió ofendida y se molestó conmigo por un buen tiempo.
Cuando se empieza a escribir, los premios son una posibilidad de espantar aquella frase de Quevedo: “El que escribe para comer ni come ni escribe”. Roberto Bolaño, en un cuento, “Sensini”, relata las peripecias de un escritor dedicado a la caza de premios literarios. Sus recomendaciones son burdas y enmarañadas de trampas para hacerse con algún dinero. Así lo expone el narrador: “Insistía en que participara en el mayor número posible de premios, aunque sugería que como medida de precaución les cambiara el título a los cuentos si con uno solo, por ejemplo, acudía a tres concursos cuyos fallos coincidían por las mismas fechas. (...) Nadie se enteró de que Los gauchos y Sin remordimientos eran el mismo cuento con el título cambiado, aunque siempre existía el riesgo de coincidir en más de una liza con un mismo jurado, oficio singular que en España ejercían de forma contumaz una pléyade de escritores y poetas menores o autores laureados en anteriores fiestas. El mundo de la literatura es terrible, además de ridículo, decía. Y añadía que ni siquiera el repetido encuentro con un mismo jurado constituía de hecho un peligro, pues éstos generalmente no leían las obras presentadas o las leían por encima o las leían a medias”.
Ernest Hemingway siempre habló muy mal del premio Nobel, antes que se lo otorgaran. Decía que muchos escritores que lo obtuvieron se habían vueltos después en invisibles y algunos se habían convertido con el tiempo en clásicos enmohecidos que ya nadie leía, o lo peor, que un polvo atelarañado de olvido los cubría por completo.
A veces sucede que son los premios los que necesitan a determinado escritor para obtener categoría e importancia. A Camilo José Cela le dan el Premio Cervantes después de obtenido el Nobel. Por eso don Camilo en su discurso escribe: “Nunca se llega tarde a ningún sitio, jamás se nace ni se muere cinco minutos antes, y todos los puertos son seguros tan pronto como se rinde en ellos la más azarosa y difícil singladura. El tiempo lima las asperezas de la conciencia y amansa la voz del hombre si se acierta a ponerla a remojo en el benevolente rocío de la paciencia; aliado con el tiempo, al decir de Shakespeare, al miserable no le queda más medicina que la esperanza: ni siquiera la caridad ni el azar aunque quizá sí el amor y la fe, esas dos palancas que sólo los más clementes dioses enseñan a manejar a los elegidos”. Toda esta monserga no es más que el resentimiento enmascarado de Cela. El premio llegó tarde, pero el Cervantes necesitaba a Cela y como el tiempo todo lo ablanda el escritor no iba desentonar ni ser altisonante. Además él siempre estuvo detrás de la calderilla, si no recuerden aquel incidente de su novela La Catira y su coqueteo pesetero con Marcos Pérez Jiménez.
William Osuna obtuvo (2006-2007) el Premio Nacional de Literatura y en tal sentido dicha premiación ha sembrado el camino de migas críticas tanto a favor como en contra. En una entrevista publicada en la revista Poda, el poeta ataca y se defiende: “En cuanto al Premio Nacional de Literatura, me coloca frente al foco de los vigilados. Le cuento: en este momento, me suspendo encima de las aguas podridas de gente opaca, frustrada en argumentos y razones literarias que ocupan inventario propio de la necedad. No se toman un trago tranquilos. La designación, como usted dice, les cuelga como piedra de molino”. El poeta maldito, en el caso de Osuna de la mala calle, que viene siendo igual o casi, siempre resulta incómodo y concita los odios en muchos frentes. Lo que Osuna no parece tener claro es que el titulo de poeta maldito (o de la calle del medio) proporciona más perdurabilidad y cosa que un premio nacional. Además aquellos versos de Fernando Pessoa son paradigmáticos: “A eso van todos, porque nacieron para Eso, / Y sólo se llega al Eso para el que se nació... / A eso van todos... / Marinetti, académico... / Las Musas se vengaron con focos eléctricos, mi viejo...”.
Mi experiencia con los premios tampoco ha sido ni heroica ni edificante. El primer premio que gané fue por carambola. Luego de terminado mi tercer libro de ensayos, De ciertos peces voladores, me encuentro que el editor ha podado el libro, dejando algunos ensayos a la intemperie. Con casi 30 páginas sin saber qué hacer con ellas me entero de un concurso literario que se realiza en Maracay y cuyo premio en metálico era de 250 mil bolívares y la publicación de la obra ganadora. Agregué otros ensayos y completé alrededor de ochenta páginas, para ceñirme al número de cuartillas estipulado en las bases, y mandé el dichoso librito a concurso. Al mes me entero que obtuve el premio. El libro se publicó. Una licenciada en arte le hizo una crítica con muchas espinas y me acusaba de nostálgico, que no tenía en cuenta para nada la postmodernidad y cuestiones por el estilo sin saber, claro, las peripecias de un libro más bien accidental que pensado para obviar esa moda de lo postmoderno.
Lo peor es quizá lo que le sucedió al escritor Thomas Bernhard al recibir el Premio Grillparzer de la Academia de Ciencias en Viena. Todo fue de un boato agobiante y de almidonado protocolo, pero así lo cuenta en su libro Mis premios el escritor: “Creo que la Filarmónica tocó una pieza de Mozart. Luego se pronunciaron conferencias más largas o más breves sobre Grillparzer. Cuando la miré una vez, vi que la señora ministra Firnberg, así se llamaba, se había dormido, lo que tampoco se le había escapado al presidente Hunger, porque la ministra roncaba, aunque muy suavemente, roncaba, roncaba con el suave ronquido de los ministros, conocido en el mundo entero. Al cabo de un rato, la ministra miró a su alrededor y preguntó con voz de arrogancia y estupidez inimitables: Bueno, ¿dónde está el escritorzuelo? Yo estaba justo al lado de ella, pero no me atreví a darme a conocer”.
Hay una caricatura de Mario Vargas Llosa, que sigue recibiendo premios y reconocimientos, que ilustra un poco todo esto. Viene Vargas Llosa con una carretilla cargada de premios. García Márquez está sentado escribiendo. Vargas Llosa le dice al escritor colombiano: Le cambio todos estos premios por el Nobel. García Márquez no le presta atención y piensa: Ah, que muchacho este.
Uno termina por darle la razón al personaje de Bolaño cuando apunta que el mundo de la literatura (aparte de lo siniestro) es de un ridículo aparatoso. Además un premio no es garantía de nada. Un premio no te convierte en mejor o peor escritor y si ganas te alimenta en algo de confianza y si pierdes te conduce directo al insomnio, la depresión y la barra del bar más cercano. Aunque tengo amigos escritores que con el premio en el bolsillo también se van al bar para exorcizar cualquier mala influencia que todo premio al fin y al cabo tiene.
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