dimanche 7 février 2010

Mariano ESTRADA/La noche y los tranvías de Madrid


Mariano Estrada Vázquez Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado Justel. Es natural de Muelas de los Caballeros (Zamora) y ha publicado los poemarios «Mitad de amor, dos cuartos de querencias» (1984), «El cielo se hizo de amor» (1986), «Tierra conmovida» (1987), «Trozos de cazuela compartida» (1991), el ensayo «Paco Llorca, semblanzas del arte» (1993) y «Azumbres de la noche» (1993).Ha publicado en papel los poemarios "Desde la flor del almendro" (1995), "Hojas lentas de otoño" (1997) y "Amores colaterales".

Por otra parte, algunos libros que han sido parcial o totalmente publicados en Internet, como "Vientos de soledad", "El limón hespérico" y actualmente escribe "Gotas de hielo" y también un ensayo titulado "Aguablanca, caminos de ida y vuelta", otro titulado "La patrias de dulcinea", junto ha algunos cuentos y numerosos artículos de variada índole

Sitio :
http://www.mestrada.net/
E-mail : maritos@telefonica.net

Sobre
Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mariano+Estrada+V%C3%A1zquez+


La noche y los tranvías de Madrid

La noche, que sin duda es hermosa no sólo para los poetas y los enamorados, sino también para el conjunto de la humanidad, puede ser un tormento para muchísimas personas. En estos días de fríos, de lluvias, de nieves y de hielos, que en algunos lugares dejan temperaturas extremadamente bajas, las noches al raso son insoportablemente horrorosas. Desde luego, poco lirismo percibirán, en los pálidos resplandores de la luna, los que duerman acurrucados entre cartones debajo de un puente o en el frío anteportal de un edificio o en los entornos apestosos de la basura.

El poema que dejo hoy aquí, trata sobre este gélido asunto. Debió de ser publicado en el libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias” (1984), pero quedó durmiendo sus días y sus noches en la oscuridad de un cajón, como tantos otros, y ahora su autor no sabría explicar el porqué. Es más, hoy suprimiría algunas partes de ese viejo libro y, sin embargo, incluiría este poema. No es que se salga de bueno, pero tiene su gracia. Hay que verlo con los ojos de hoy, por descontado, pero sabiendo las lógicas limitaciones de un recién iniciado en los altos secretos de la lira. Lo escribí en Villajoyosa, ciudad en la que vivo, pero el escenario de mis pensamientos era la Ciudad Lineal de Madrid, donde viví algunos meses y donde solía tomar el tranvía que paseaba su ruidosa lentitud por la entonces destartalada calle de Arturo Soria, hoy habitada por millonarios (1).

Un abrazo


La noche

Olvida la noche,
-la más aterida-
que el alba deshoja el misterio
que oculta su manto a la vida.

Abierto un boquete,
converge la luz en el día.
Destapa los sueños
-algunos-
Algunos reciben la aurora
subiendo al tranvía.
Rozando la brisa temprana
¡tan fría!

La noche no ciega ventanas
que abriguen los puentes
helados.
Ni sueña comidas
que llenen los vientres
cansados.

La noche engalana a la luna
-la suya-
con luz delicada.
La noche derrama el silencio
que guardan las casas.
Y bullen en él otras lunas
de luz apagada.
Lunas de cuerpos errantes,
sombras oscuras
sin cama.