samedi 6 mars 2010

Con-fabulación nº125/Entrevista à Julio ORTEGA


Con-fabulación nº125
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Entrevista à Julio ORTEGA
Por Marcos Fabián Herrera Muñoz

El ensayo encuentra en sus libros la más lograda concreción literaria. Todas sus obras desentrañan los rastros seminales de nuestra ficción continental. En su escritura, la tan macerada crítica literaria, adquiere un nuevo cariz de deleite, se transmuta en pensamiento y se emparenta con la historia y la filosofía. José Lezama Lima anotó que “su crítica recorre una metamorfosis paralela con la obra estudiada. Una metamorfosis no en el sueño sino con la lucidez de un metal que absorbe y refracta el corpúsculo solar”. Julio Ortega es desde su inaugural libro, La contemplación y la fiesta, quien descifra, siempre con perspicacia, la génesis de nuestras letras hispanoamericanas. Nacido en Perú en 1942, su vida es un agitado periplo por las más prestigiosas universidades del mundo. Entre sus múltiples publicaciones críticas sobresalen: El discurso de la abundancia (1992), Una poética del cambio (1992), Arte de innovar (1994), Retrato de Carlos Fuentes (1995), El principio radical de lo nuevo (1997) y Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno (2000).

En ese libro angular para la crítica literaria latinoamericana Una poética del cambio, señalas que: "No es poco lo que hemos tenido en América Latina de escisiones y maniqueísmos, monstruos engendradores de las conciencias culpables y las posturas grandilocuentes y frustradas". ¿Continúa Latinoamérica castigada por un letargo de demagogias y endogamias culturales?

Yo creo que estamos viviendo los peores tiempos: la corrupción, que es el otro lado del mercado neoliberal, exento de controles; y, también la violencia contra la vida cotidiana, tanto de los habitantes de la ciudad, que pierden su calidad de hábitat, como en contra de los campesinos, indígenas y migrantes internos, cuyos espacios son expoliados y sus estilos de vida criminalizados. El neoliberalismo es una conquista con buena conciencia, impune y hecha a nombre del mito de la modernidad. Y sin embargo, la literatura es uno de los pocos espacios capaces de cierta libertad y ejercicio crítico, donde se resuelven los dramas que ni la justicia ni el estado de derecho pueden resolver. La literatura se ha convertido en la prueba de nuestra sobrevivencia moral.

-En un reciente artículo haces una defensa de Alfredo Bryce Echenique, ante las acusaciones de plagio que enfrenta este autor. En la nota de prensa anotas que: "Los ataques descarnados que se hacen a Bryce dicen más de los indignados sin dignidad que de los mismos autores glosados, reapropiados o reescritos en la minucia de unas notas de prensa, cuyos autores no se han quejado con tanto odio como estos odiadores del talento ajeno" ¿Lo de Bryce es un divertimento intelectual, palimpsesto escritural o desvarío etílico?
-No es inteligente hacer de juez de la intimidad de un escritor. Mi defensa de Bryce es, primero, la de un amigo, que fue abandonado a la furia vindicativa de los defensores de la propiedad privada, entre ellos, connotados marxistas; y, segundo, la de un lector, que demanda las proporciones debidas a un escritor íntegro, antiautoritario y fundamentalmente noble. De pronto, se llenó de jueces; alguien tenía que denunciar esa violencia. En la actual conversión de la vida cotidiana en mercado, también la vida literaria se ha hecho inamistosa, y hasta feroz.

-También has dicho que es nula la participación de Suramérica en el debate de las estéticas contemporáneas…
-Quizá hasta antes de las vanguardias y el "boom" de la novela latinoamericana. Lo que se puede hoy decir es que no nos debemos a una genealogía sino a un proceso en construcción, no a un archivo construido o un museo autorizado, sino a espacios abiertos al flujo procesal de una fuerza de reinscripción. Es claro que la gran poesía nuestra, desde César Vallejo hasta Nicanor Parra, desde Lezama Lima hasta José Emilio Pacheco, así como la narrativa, desde Borges y García Márquez, hasta Fuentes y Diamela Eltit, han construido escenarios de lectura operativa donde la estética de la lectura ha reformulado las articulaciones y codificaciones canónicas con una capacidad subversiva que otras literaturas no han conocido. Nuestra literatura es la mayor refutación de lo real tal cual, y la más poderosa convocación del "homus dialogicus," del sujeto de las comunicaciones, de la apuesta por un lenguaje capaz de rehacernos.

-Sostienes una profunda amistad con Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, además de ser uno de los más autorizados intérpretes de sus obras. ¿Has rastreado las aristas de la esquizofrenia y el paroxismo político que a diario derrochan?
-Con Fuentes, en efecto, somos amigos cercanos desde 1969. Yo llegué a México el año que el hombre llegó a la luna, y siempre digo que mi única virtud ha sido mantener las mismas amistades: Pacheco, Monsiváis, Margo Glantz...Con Mario tuve un largo diferendo, de orden político, aunque hace un par de años nos hemos reconciliado. Ocurre con ellos que son intelectuales públicos, obligados a escribir y opinar permanentemente, porque conciben su función intelectual como un debate abierto, y muchas veces pasional. Tienen, claro, grandes diferencias. Pero probablemente no habrá en el futuro otros intelectuales tan públicos como ellos.

-El hipertexto, el ciberespacio y los nuevos alfabetos virtuales plantean un desafío a las pétreas coordenadas del lenguaje ¿Estamos presenciando una reinvención de los géneros?
-Sobre todo, una ampliación del ejercicio de la comunicación y de la escritura. El lector que se está creando en la tecnología me parece más importante que el escritor; ambos se confunden y amplían ese escenario de una palabra fluida, documentada como un presente perpetuo, que crece como nuestro nuevo sistema de referencia, casi como una nueva naturaleza.

-Has sentenciado que "el Hispanismo es una agencia de espíritu creativo y crítico". ¿Nos estará permitido atisbar la soñada raza cósmica de Vasconcelos?
-No necesariamente, aunque América Latina, como dijo Bolívar, es una "pequeña humanidad." En todo caso, el Hispanismo es hoy internacional, incluye las culturas latinoamericana, española y latina de los EEUU. Ese triángulo del español futuro me interesa como el espacio donde las obras latinoamericanas adquieren nueva fuerza, transformación, irradiación. Leídas en su escenario nacional su sistema de información se agota y reduce; leídas en ese ámbito atlántico, se encienden como un precipitado químico, ganando nuevo lugar en el diálogo.

-Octavio Paz aseguró que "Julio Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso." ¿Crees al igual que Auden que "reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter"?
-Lo lamentable es que la reseña ha perdido valor. Me dicen los amigos en España que una reseña ya no vende un libro más. Y lo peor es que los suplementos literarios hoy están plagados de falsos críticos, cuyas reseñas revelan que no leen los libros. Empiezan comentando el título, se demoran en los epígrafes, cuentan historias del autor, lugares comunes de la crítica, y terminan sin una sola referencia a lo que hay en el libro. Felizmente, en América Latina todavía hay críticos que leen los libros y dicen lo que piensan. Yo lo que creo que es un peligro para la salud intelectual es reseñar libros que a uno no le gustan. Incluso para cuestionarlos. Al menos en mi caso, sólo escribo sobre libros que me gustan, interesan, comprometen. Hay demasiada buena literatura como para ocuparse de la mala.

-Con motivo de un evento de relumbrón, publicitado hasta el cansancio, aseveraste que en Colombia a falta de una mejor literatura se están prodigando las escenas de protagonismo, reemplazando a la buena escritura. ¿Se sobrepuso la promoción editorial a la gravidez literaria?
-Me parece asombroso el derroche de recursos en un activismo cultural que ocurre en medio de la pobreza, que convierte a la literatura en espectáculo y al escritor en parte del entretenimiento. No entiendo por qué estas empresas culturales han elegido a Bogotá o a Cartagena como centros decorativos de una cultura autocomplaciente y de un público confirmado en su papel de masa satisfecha. Es una falta de respeto al público, al escritor y al libro. Lo más lamentable es que los protagonistas terminan luciendo más provincianos que nunca: se declaran los mejores y creen que su festival es el mejor del mundo. Evidentemente, son gente hecha de grandes desbalances afectivos, que requieren de reparaciones y compensaciones. Cada uno de estos festivales los retrata con horror.

-Eres el mayor defensor de la conversación literaria como una de las bellas artes. ¿Tus postulados le son endosables a este diálogo?
-Dentro de la conversación literaria siempre hay otra conversación literaria. Cuando Garcilaso de la Vega dialoga con Petrarca crea una interlocución en la cual el Inca Garcilaso y León Hebreo discurren sobre el platonismo y el amor de las partes contrarias en suma. Cuando Darío dialoga con el francés, incluye en su conversación las formas hispánicas y las músicas criollas, esa trama de sensorialidad y formas plenas. Y cuando Reyes dialoga con los clásicos, incluye a Borges, que a su vez incluye al inglés, y nos suma a los asombros y riesgos de su diálogo inventivo. Somos hechos en esa inclusividad abierta y liberadora.

*Escritor y periodista colombiano

***
Leonardo Padrón: “Los materiales humanos”
(Caracas, Venezuela, 1959). Poeta, ensayista, guionista de cine y televisión, cronista, editor. Ha publicado los poemarios La orilla encendida (1983), Balada (1993), Tatuaje (2000), Boulevard (2002), El amor tóxico (2005); así como Crónicas de la vigilia (ensayo, 1990), Manuela Sáenz (guión cinematográfico, 2001) y Los imposibles 1/ conversaciones al borde de un micrófono (2006), Los imposibles 2 (2007) y Los imposibles 3 (2008). Ha sido Premio de Poesía UCAB, Premio Fundarte de Ensayo, Premio Municipal de Cine, Premio de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos y Premio Fundavisual Latina. Fue miembro de Guaire, grupo literario de decisiva influencia en la década de los ochenta en la literatura venezolana. Ha sido director de varios talleres literarios y articulista de los principales periódicos y revistas culturales del país y su obra se encuentra vertida a varios idiomas. Dirigió la colección “Llámalo amor, si quieres”, del sello Aguilar.

Padrón catalogado como uno de los escritores más exitosos de la televisión venezolana, con más de 25 premios en su haber, fue creador de Los imposibles, programa de entrevistas a personajes internacionales, una experiencia radial que devino en aventura editorial convirtiéndose en el libro venezolano (tres volúmenes) más vendido por la Editorial Santillana en los últimos años;. Los materiales humanos antología de autor, es el título publicado por la colección internacional de literatura Los Conjurados.

De la supervivencia
Poner algo de lluvia en un vaso.
Esperar dos o tres minutos que se asiente la arenilla
de las nubes.
Luego ingerir, a tragos largos, siempre antes de dormir.

Reunir el mayor silencio posible en un recipiente
de aluminio.
Dejarlo secar, al sereno, tenazmente.

En caso de ausencia, colocar su equivalente:
una metáfora.

Hacer de la noche un fervor, una religión, un aullido.

Todas ellas, instrucciones al dorso:

Para que aparezca, para que seas,

descalza como un incendio.


Carlos Fajardo Fajardo: “Navíos de Caronte”
(Santiago de Cali, Colombia, 1957). Filósofo, Magíster y Doctor en Literatura de la UNED, España. Profesor universitario. Cofundador de la Corporación “Si Mañana Despierto”, dedicada a la investigación y creación artística y literaria. Autor de los poemarios: Origen de silencios (1981), Serenidad sitiada (1990), Veraneras, (1995), Atlas de callejerías (1997) y Tierra de sol (2003). Entre sus libros de ensayos se encuentran: Estética y posmodernidad (2001), Estética y sensibilidades posmodernas (2005), la obra colectiva Real/Virtual en la estética y teoría de las artes (Paidós, Barcelona, 2006), y múltiples ensayos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Su poesía figura en varias antologías. Poemas y ensayos suyos han sido traducidos al inglés, italiano, francés, serbio y portugués. Ganador del premio de poesía Antonio Llanos (1991); segundo premio en el Concurso Nacional de Poesía ICFES (1984); Mención de Honor en el Premio Jorge Isaacs (1996 y 1997); Mención de Honor Premio Ciudad de Bogotá (1994), y premio de poesía Jorge Isaacs (2003). Navíos de Caronte, es su poemario editado por la colección Los Conjurados.

1.
Hemos partido de nuestra tierra de sol
para ver este paisaje de chopos y de encinas
y una ciudad entre un valle de olivares.

No hemos encontrado paraíso alguno
sino cuartos oscuros, calcinados.

Aquí se ha detenido nuestra vida.
No hay otro cielo
ni promesas azules de muchachas.

Sólo este otoño que de prisa pasa


Juan Sebastián Gaviria: “Cicatriz Souvenir”
(Bogotá, Colombia, 1980). Viajero y Poeta. Autor de Inti Manic (2004), Música mecánica (2006) y Cicatriz Souvenir (2009). Su obra abarca poemas escritos durante un viaje de cuatro años por Suramérica y su trayecto en motocicleta (Bogotá- Alaska, Alaska- Bogotá), así como escritos realizados durante temporadas de cautiverio. Actualmente acaba de regresar de un viaje de diez meses realizado entre Bogotá y La Patagonia. Prepara un libro de sus crónicas de errancia.

POTRO ALISIO

Le fui infiel a todos los venenos,
ninguno volverá a adoptarme,
prometí morir con una mano en tu entrepierna
y la otra en el volante.
Le fui infiel a todas las doctrinas y ninguna
quiere ser mi excusa.
Clasifico los incendios de uno a diez
como un invierno eligiendo
uno de los dedos de tus pies.
Mi sed cabalga un Potro Alisio hacia tu seda,
una casa sin puerta es mi filosofía,
una puerta sin casa es mi poesía,
y todo lo que espero es que la ventana
en la que el pájaro ataca su propio reflejo
se rompa a tiempo.


Olga Malaver: “Objetos que nos miran”
Nació en Armenia (Colombia), permaneció en Chile (1971-72) y actualmente reside en Villavicencio con domicilio alterno en Bogotá. Doctora en Derecho egresada de la Universidad Externado de Colombia. Ha publicado: El mismo poema (Editorial Lucía Muelle, 1998), Esa sustancia tenue (Editorial Magisterio, Colección de Poesía Piedra de Sol, 2001), Mudanza a sentidos nuevos (Editorial Magisterio, Colección de Poesía Piedra de Sol, 2003), He perseguido mis ojos (Editorial Entreletras Colección de Poesía, 2005) y Entredosluces - Sombras y Cristales (Tercer Mundo Editores, 2007).
Ha participado en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (2001), en el Festival Internacional de Escritores de Bogotá (2002 y 2003) y en el de Casa de Poesía Silva “Alzados en Almas”. Objetos que nos miran, de reciente aparición, pertenece a la colección Los Conjurados.

LA BALANZA

Declina la tarde
intuyo que el cielo y la tierra van a copular
como en los tiempos primitivos

la cabeza se desnuda
se hace vivaz como la red del pescador
en un banco de salmones

para descansar
me acomodo en la silla del balcón
una balanza de cobre
calibrada por resortes
forjada a mano
cuelga del techo
su platón luce remendado
tal vez su magnitud
fue usada en demasía

Animados por nuestra intimidad
los matices dan vida a la imagen
entonces
surge la balanza de oro
dando paso a la justicia

Expectante asumo su presencia
cuando en ella se pesa
el corazón del hombre

los astrónomos
unifican su reflejo espacio adentro
en el cielo la balanza está signada
en la constelación de Libra
y en la tierra en la columna vertebral
del ser humano

cuentan que desde hace siete mil años
el hombre pesa materias y sustancias
para buscar un estado de equilibrio
en el acontecimiento de dar y recibir

la balanza evita confusiones
en el dormir
en el comer
en el trabajar
en el sufrir
en el amar
en el recordar ese destello
que nos aleja de los otros animales
si se pone lo justo

desde el altiplano desnudo
vislumbro la llanura que se curva con el cielo
extiendo de nuevo mi presencia
y soy balanza
abriendo mis extremos
hacia los cuatro puntos cardinales.

***
La academia sueca, cuyas decisiones anuales son tan controvertidas como ineludibles, y a la que acostumbran hacer “lobby” las grandes luminarias de la literatura del mundo, favoreció en 2009 a la escritora rumana Herta Müller con el premio Nobel de literatura, lanzándola a un súbito estrellato, que pone ahora sus libros en las listas de los más vendidos por las prestigiosas librerías. Y, como siempre, aparece una horda de seguidores, adeptos y estudiosos de sus creaciones, que hasta hace unos meses ni siquiera la conocían. De todas maneras, se trata de un reconocimiento a una autora que, más allá de los méritos estéticos, poéticos y ficcionales, ha librado una constante batalla a favor de los desposeídos y excluidos de su nación, especialmente la población rumana de ascendencia germana. Nacida en 1953 en Nitzydorf, descendiente de suabos emigrados a Rumania, Müller sufrió las cruentas persecuciones de los regímenes totalitarios, y el gobierno del aborrecible Ceausecu que prohibió la circulación de sus libros, lo que precipitó su exilio a Alemania. Sus obras traducidas al castellano son La bestia del corazón, El hombre es un gran faisán, La piel del zorro y En tierras bajas. El premio Nobel de literatura ha recaído en los últimos tiempos en varias mujeres, entre ellas Nadime Gordimer, Elfriede Jelynek y Doris Lessing. La siguiente pieza fue traducida exclusivamente para Con-fabulación por el poeta bogotano Hellman Pardo.

***
LA LÁGRIMA

Amelia salió del patio. Comenzó a andar por la hierba llevando una pequeña caja en la mano. La olió. Windisch vio la falda de Amelia proyectar su sombra sobre el forraje. Sus muslos eran blancos. Windisch vio que Amelia mecía las caderas.

La caja estaba enlazada con una cinta plateada. Amelia se miró en un espejo. Buscó en él la cinta y haló de ella. “La caja estaba en su sombrero”, dijo.

En el interior crujió un papel de seda blanco. Sobre el papel había una lágrima de cristal, y tenía un orificio en la punta, así como una ranura en su interior. Bajo la lágrima había una hojita de papel. Rudi había escrito en ella: “La lágrima está vacía. Llénala de agua, agua de lluvia, si es posible”.

Amelia no lograba llenar la lágrima. Era verano, todo el pueblo se había quedado seco, estéril, y el agua del estanque no era agua de lluvia. Amelia acercó la lágrima a la luz de una ventana. Por fuera era sólida, pero por dentro, a través de la ranura, se estremecía.

El cielo ardió siete días hasta vaciar el mundo por completo. Se desplazó hasta el final del pueblo. En el valle, el cielo miró hacia el río. Bebió toda el agua posible, y volvió a llover.

En el patio el agua se precipitaba sobre las piedras. Amelia se detuvo con la lágrima mirando hacia la canaleja. La lluvia iba colmando el vientre de la lágrima.

En el agua de la lluvia también había un retazo de viento. Un viento que impulsaba campanas de cristal por entre los árboles. Se escuchaban lóbregas, en cuyo interior se agitaban remolinos de hojas. La lluvia cantaba. Parecía tener arena en su voz, y cortezas de árbol.

La lágrima se llenó. Amelia la llevó a su habitación con las manos mojadas y los pies descalzos saturados de arena.

El agua resplandecía en el interior de la lágrima. Una luz fulguró dentro del cristal. El agua de la lágrima goteaba entre los dedos de Amelia.

Windisch extendió la mano. Cogió la lágrima. El agua comenzó a empapar su codo. Amelia se lamió los dedos con la punta de la lengua. Windisch la vio humedecerse los dedos en aquella noche tempestuosa. Miró la lluvia afuera. Sintió la oleada de agua en su boca. El nudo del vómito le oprimió la garganta. Windisch puso la lágrima sobre la mano de Amelia. La lágrima goteaba, y el nivel del agua en su vientre no cedía. “Es agua salada. Te calcina en los labios”, dijo Amelia.

Esta vez, Amelia se lamió la muñeca. “La lluvia es dulce”, dijo, “La sal viene del llanto de la lágrima”.

*El relato Der Träne, traducido especialmente para Con-fabulación del libro Der Mensch ist ein großer Fasan auf der Welt. Editorial Hanser, Primera edición, 1995, Berlín, Deutchland.