Destiempos nº23
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Andrea Benavídez. Nació en 1976 San Juan (Argentina) donde se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional de San Juan (U.N.S.J.). En 2008 obtuvo un Máster en Pensamiento Contemporáneo en la Universidad de Murcia. Actualmente trabaja en la tesis para obtener el grado de Doctor, en el mismo centro. Ha publicado en 2008 "Narrativas sanjuaninas actuales", en Confluencia, Revista Hispánica de Cultura y Literatura; y en 2006 Tesorito (cuento). En 1997 El Sótano novela corta editada por la U.N.S.J.
Narrativa:
AMOR PLATÓNICO
Por Andrea Benavídez
Una de mis queridas amigas llevaba un tiempo pensando en mudarse de provincia. Al fin lo ha decidido y ha tomado un trabajo nuevo en una administración de fincas. —Como es parte de la ficción adjudicarle una profesión al personaje, ella no tiene problemas para conseguir trabajo. En Francia tampoco lo tendría, pero ella quiere vivir en Latinoamérica porque allí la vida es ¿cómo decirlo?, más intensamente vivida. No hay día que no merezca la pena porque nunca se sabe si habrá otro igual, u otro, a secas—.
Además de querer mudarse de provincia, de trabajo y no de nación, ella estaba manteniendo un romance con un hombre que vivía en un barrio que quedaba a diez manzanas de su casa. El romance era todo lo que ella había estado deseado para su vida: un hombre romántico, dado a las trances del amor de un modo impensado, atento, afectuoso, solícito… ¡un hombre inhallable!
Ella dijo: “extraño”, la primera vez que él se le acercó en la tienda de ventas de supremas de pollo. Y dijo: “más extraño”, cuando él le regaló, sin motivo aparente, un ramo enorme de rosas en la primera cita. Querida amiga, desde ese momento, comenzó a enviarme unos lindos e-mails contándome los pormenores. El romance no era muy convencional que digamos ya que faltaban algunos puntos indispensables para que fuera una relación a la vieja usanza. Pero como ella parecía no notarlo no juzgué conveniente realizar algún comentario.
Querida amiga me contó en su e-mail que la primera cita no fue a ciegas, pero sí ciertamente sorprendente. El negocio que vendía pollo no había sido hasta ahora más que eso para ella, en cambio las cosas habían tomado un nuevo cauce y ella estaba feliz de haber encontrado a su príncipe azul.
Luego de la décima cita fue ella quién decidió preguntarle al hombre extraño si no estaba interesado en algo más que un amor maravilloso y romántico. Querida amiga escribe que Él, con unos modales sumamente exquisitos, procedió a decirle ¡que sí! Estaba interesado en ella de todas las formas posibles. Entonces ella pudo asumir una actitud tranquila ante lo que amenazaba con ser un franco estallido de desilusión.
Querida amiga cayó en la cuenta que estaba con un hombre… indeciso, por lo menos. La paciencia de ella se vio colmada cierta noche en que los besos en cuestión nunca dejaron de ser los preliminares de algo que no pasaba y parecía que nunca pasaría.
Escribe en su e-mail que está totalmente enamorada de él, pero muy desalentada a esta altura de las circunstancias porque teme un arrebato de inmadurez en el hombre romántico o algún problema disfuncional de esos difíciles de confesar.
Querida amiga atraviesa un momento trepidante en su vida y luego de confesar el amor que siente por el hombre extraño y que él se confiese locamente enamorado de ella, ha recibido la peor noticia de su vida. Ella lo escribe en un e-mail al rojo vivo: “el hombre extraño, ha resultado ser aún más extraño de lo que yo misma hubiera podido imaginar. Me ha confesado la magnitud del amor que siente por mí y consecuentemente, la necesidad de mantener el altísimo y puro sentimiento mediante un amor platónico”.
Querida amiga agrega otras opiniones personales en el e-mail. Además declara estar pasmada. Duda, porque su ser le ha dado clara señales, de su capacidad para soportar semejante situación. Y teme caer presa de un arrebato de descontrol que la impulse a saltar sobre la yugular del hombre extraño. Aún así, y llevada por los misterios del amor, cuenta que ha accedido a la relación que él le propone.
No he sabido qué responderle en el e-mail porque, tratándose de una elección tan falta de consumación, mis respuestas como amiga son de palo y no cuentan para nada. Indignada, ella ha vuelto a escribirme para reprocharme mi incapacidad para comprender un amor tan maravilloso, excelso y puro como el que les une a ellos.
Al cabo de seis meses de sostenida abstinencia y azucarado romance, querida amiga camina por las paredes, no sólo de su casa sino, y lo que es peor, de la mía. Además de enviarme e-mails cuando no nos vemos, también lo hace mientras está en mi casa, porque del tema no podemos seguir hablando ya personalmente.
Los días del verano terminaron de una manera grotesca. Fue cuando ella decidió finalmente irse a vivir a otro sitio, cambiar de vida, de aire y de novio.
Querida amiga me cuenta en un correo muy detallado la forma clara en la que le ha comunicado al hombre romántico todo lo que pensaba sobre el amor platónico y una cantidad de incisos que llegan al número doscientos treinta.
Cuando faltaban sólo dos semanas para que ella tomara su tren hacia su nuevo destino el extraño hombre, arrepentido de profesar ese tipo de amores, le propuso una despedida. Tomada una reserva en un hotel de estilo; de esos que tienen muchos elementos que se supone ambientan las relaciones entre las personas y distraen la atención de lo que realmente es importante.
Ella me escribe sobre sus dudas de acceder a la invitación del hombre romántico. Luego de todo lo ocurrido y de tantas sensaciones encontradas teme un amargo desenlace. Por otra parte, ella prefiere no recordar el tiempo que ha pasado sosteniendo un amor platónico.
Después de unos días de silencio, querida amiga me cuenta que finalmente decidió ir a la cita. Aunque las cosas, como era de suponer, no han salido bien. No desde el comienzo, escribe ella, donde todo parecía inclinarse hacia un desarrollo de lo que recordaba como normal en esos casos. Sino desde que él comenzó a tomar champagne para festejar lo magnánimo de la ocasión y a explorar, con emoción de turista, las prestaciones de la habitación del hotel.
Querida amiga estaba en el peor de los trances cuando describía cómo él se había quedado dormido en el jacuzzi sin prestar la menor atención a los globos que le salpicaban la cara; sumergido hasta la nariz en el cóctel de quién sabe que trance psicodélico. Ella, sin que él se enterase de nada, ha destruido todas las pertenencias del hombre romántico. Luego, con no menos malicia en su cuerpo, ha salido de aquél lugar con los pantalones, las prendas íntimas y los zapatos en las manos.
Querida amiga ya se ha ido de la ciudad rumbo a su nueva etapa. Lleva consigo un trozo de zapato que le recuerda la inconveniencia de sostener amores con hombre que se declaren románticos a la primera cita.
AMORES CONFUSOS
Por Andrea Benavídez
“La mejor palabra objeto es de burla,
cuando un majadero es el que la escucha”.
J. W. Goethe. Diván de Occidente y Oriente
I-
Querida amiga me ha estado contando por e-mail una reseña pormenorizada de su vida sentimental. A pesar de estar enterada del proceso, tengo que confesar que el último correo electrónico me ha dejado pasmada.
En él relata las consecuencias terribles de haber descubierto el origen de una confusión. Querida amiga posee gran inclinación a interpretar sus propios sueños. Muchos años de escucha sostenida en el oído de su terapeuta la han convertido en una gran habladora. Y ese estado le ha revelado increíbles imágenes provenientes del conciente y sus alrededores.
Por eso cuando tuvo el sueño que tuvo, sumado al deseo que había acumulado de encontrar un hermosos adonis con quien compartir el verano, no le quedó más remedio que admitir que el amor la andaba cercando. Con esas certezas ululando en micro ondas me escribió un correo diciendo: “He tenido un sueño iluminador; dos hombre muy hermosos aparecían en la ensoñación, supe entonces que uno de ellos es el amor que tanto estoy esperando. Una voz inexplicable, ha dirigido mi atención (en el sueño) a la hebilla del cinturón que apresaba el pantalón de uno de ellos y es por esa señal, tan clara por cierto, que sé que él será el padre mis hijos. Creo que sólo debo esperar un poco y el tiempo hará su trabajo para mi beneficio”.
Al leer las líneas escritas por querida amiga no me he sentido con el valor suficiente para desmotivarla, ya que, aunque es improbable del todo que su sueño se haga realidad (con la exactitud que ella pretende), no creo lograr disuadirla de su ambición de espera. Después de todo, los últimos amores que ha tenido no eran, precisamente, una imagen onírica estimulante.
Inesperadamente, querida amiga, ha conocido a los seres trasnochados que su informante secreto le había develado. Al relatarme el acontecimiento, el e-mail parecía emanar corazones y certezas de un modo perturbador:
Querida amiga cuenta que: “Los dos sujetos estaban igual que en mi sueño, uno sostenía en la mano un candelabro con la vela encendida y el otro una copa antigua de color roja, con un sorbo de vino. Yo había salido de una fiesta y caminaba a casa respirando el sereno de la noche cuando uno de ellos me habló de un poeta del lugar. Siendo yo forastera, me acerqué a preguntar los detalles específicos. Esa conversación se amplió durante mucho rato en que tuvimos tiempo de intercambiar ideas, versos sueltos de sonetos y direcciones de correo electrónico.
Al cabo de la noche decidí irme, fue cuando noté la hebilla que antes había soñado. ¿Te imaginarás cuánto de impresionada me quedé? ¿Qué podía yo decirle al hombre hermoso en ese momento?, ¿cómo podía hacer para que el amigo se esfumara en la bruma de la noche? Presa de la emoción estuve a punto de soltarle las buenas nuevas: he soñado contigo vamos ha tener una larga y maravillosa historia de amor cinco hijos y un árbol de cerezas en la maceta de la sala de estar. Todo eso se desvaneció cuando en un momento de escalofriante sensación la luna desapareció y el sol brillante nos perturbó”.
Al pasar los días, querida amiga, no cabía dentro su emoción. Ahora, según sus conjeturas oníricas, sólo se trataba de esperar que los hechos acontecieran y que el tiempo y sus fuerzas devoradoras fueran haciendo lo suyo.
La sorpresa de querida amiga fue de tamaño inconmensurable cuando recibió un e-mail, sumamente encantador, pero del varón que no poseía la hebilla en su pantalón.
Claro está que querida amiga no estaba a la espera de cualquier amor. Ella quería un gran amor, de esos que después sirven para hacer películas de clase B o C, entonces no estaba dispuesta a perder la oportunidad de su protagónico, aunque el segundo chico también fuera casi un bombón.
Querida amiga me cuenta que ha resuelto salir de cualquier forma con el hombre encantador, porque, según están las cosas, es la única manera de no perder el contacto con el auténtico amor.
Al volver de la cita, querida amiga estaba presa de un sentimiento extrañamente contradictorio, ya que confiesa sentirse tan atraída por el hombre encantador, que casi ha olvidado al otro. Más, obligando a su voluntad a no perderse en el camino de la tentación divergente, ha resistido los intentos repetidos y repetidos en los que el hombre encantador ha intentado besarla.
Al avanzar la noche, querida amiga le ha mostrado los dientes en señal de enojo, por la actitud acosadora de él y le ha hecho saber que en la próxima cita si no viene acompañado por el amigo de la hebilla en el pantalón no podrán volver a verse.
Querida amiga cuenta que ante la solicitud y, contemplando los apremios que conlleva el amor en el verano, el hombre encantador ha accedido a todo.
II-
Querida amiga se encuentra en una situación comprometedora, porque, piensa ella, ¿cuál será la forma más adecuada para terciar la cuestión?, ¿cómo hacer realidad su sueño?
El hombre encantador es, según su relato: encantador. Pero la energía psíquica no deja de punzar a favor de la hebilla en cuestión.
Querida amiga ha resuelto ser frontal. Cuando la cita triple tenga lugar, hará lo imposible por lograr quedarse un momento a solas con el hombre de la hebilla. Ahí le soltará todos los detalles de su sueño, y le explicará la improcedencia de avanzar en tratos con el hombre encantador, siendo el otro, con quién ella está interesada en casarse.
Los días habían pasado unos tras otros sin recibir ninguna noticia de querida amiga. No sabiendo qué podía haber sucedido le envié un correo interrogando sobre la situación, para saber de cuánto tiempo estábamos hablando, porque la confección de vestidos de ceremonia no es algo que se pueda improvisar.
Lamentablemente algunas cosas han cambiado en el escenario de querida amiga. Ella cuenta que está desconsolada, y que las cosas no han funcionado como esperaba. Porque cuando la cita triple tuvo lugar, y el hombre encantador se ausentó un momento, ella aprovechó para ilustrar al hombre de la hebilla en sus verdades psíquicas.
Querida amiga me cuenta con todo su ser atormentado, que el hombre de la hebilla le confesó una horrible verdad: La noche en la que se habían conocido los tres, él había tenido un percance con el botón de sus pantalones, y éste, siendo de una tela extremadamente endeble se le caía. Entonces, el hombre encantador le había ayudado a mantener la compostura prestándole su cinturón. Y por esa razón le explicó que no era él el hombre de sus sueños sino el otro varón en cuestión.
Querida amiga escribe que desde ese momento no ha podio superar el trance de su equivocación. ¿Cómo había podido su psique ser tan traicionera? ¿Cómo podía ella haber errado así la interpretación de los símbolos?
De un momento a otro, y presa de una conturbación indescriptible, ella abandonó la cita sin mayores detalles. Y desde estonces, querida amiga, no puede responder los correos que el hombre encantador no deja de enviarle cada día a las siete y cuarenta y cinco de la mañana.
***
Javier Febo Santiago. Nace en Chicago Illinois, E.U. en 1977. Radica desde los dos años de edad en Puerto Rico. Obtiene un Bachillerato de la Universidad Metropolitana de San Juan en Gerencia Comercial. Cursó talleres literarios con la poetisa puertorriqueña Mairym Cruz Bernal, Presidente del Pen Club en Puerto Rico. Cursa actualmente un taller de Literatura Transgresora con la escritora de renombre internacional Yolanda Arroyo Pizarro. Ha participado en recitales poéticos alrededor de la isla caribeña. Administra el "Grupo Poesía Entendible" en un medio electrónico. Pseudónimos: Javier de los Confines Febo, Plutarco Santía Febo.
Poesía:
FRENE SUS HORMONAS
De Javier Febo Santiago
Virgen nerviosa
frene sus hormonas
no sea que sus glúteos
blandos mis manos
enrojezcan
frene sus hormonas
no sea que desenvaine
mi sable
y su maleza mojada
por el sereno de la lascivia
yo la corte
frene sus hormonas
que mis uñas no dudarán
en rasgar su espalda
masoquista
frene sus hormonas
virgen nerviosa mía
que ella
está en la cocina
***
Blanca Álvarez Caballero. Realiza el Doctorado en Humanidades (Literatura) en la Universidad Autónoma Metropolitana-I. Mtra. en Humanidades por la Universidad Autónoma del Estado de México. Poeta, docente y periodista cultural. Tiene publicados los poemarios Ausencia del marino (IMC, 2004) y Odiseo regresa (IMC, 2008). Fue becaria por el FOCAEM en 2004 y 2007. Poemas suyos han sido incluidos en antologías como Espiral de los latidos. Poesía joven de la zona centro del país, CONACULTA, México, 2002 y en la revista Castálida (2004).
LA MANZANA
Por Blanca Álvarez Caballero
I
Esta manzana que se come y no se come. Que me deja esperando con la lengua de fuera y las ganas adentro, tan adentro, donde ella no lo nota o eso es lo que yo entiendo. Pálida roja y pálida amarilla, se resiste a tenerme, a verse desnuda, exuberante, sintiendo el golpeteo de los mordiscos en mi boca, acabando a pedazos mientras pierde su fuerza, su fortaleza, y luego qué.
II
Ahora ya sé qué pasa, pálida roja y pálida amarilla. Te consume ese miedo a querer más de nuestro jugo. O acaso eres tan tibia, fruto que seca, poco firme. Y sin embargo, me sabes a madera, tan llena de ti sobre esta mesa.
III
Pervertida manzana, tan pervertida como la piel con que ruedas por los manteles, mientras piensas en tinto y sólo tinto. Tan envinada estás que nada te sorprende. Puta manzana, de una mesa a otra, mientras yo espero solo, solo y te contemplo.
IV
Puta manzana, emputecida; por qué no vienes de una vez a nuestra mesa y nos hartamos, como entonces, una vez más.
Teognis y Cirno
Por Blanca Álvarez Caballero
I
Te tiemblan las manos, Teognis, que te tiemblan,
Pero alcanzarás los dones de ese Cirno.
*
Tu cántaro, Teognis, ¿la espuma
De algún Cirno no olvidado?
*
También de Teognis se enamora alguna...
II
Heroicos, ridículos, infames, los que en vano luchamos
-pero tal vez no tanto- por arrancarte algún favor.
*
Hoy vi tu rostro, Cirno,
Y no puedes saber cuán feliz fue charlar de nuevo.
*
Tú y yo, lo mismo que la naturaleza más fugaz,
Somos vaho.
*
Todos los poetas somos Teognis, Cirno.
Todos los hombres vueltos tontos, embrutecidos
Y tú te vas.
*
Acéptalo, Cirno, no sabes cuál de los dos es el más bello.
Te tiemblan las manos, Teognis, que te tiemblan,
Pero alcanzarás los dones de ese Cirno.
*
Tu cántaro, Teognis, ¿la espuma
De algún Cirno no olvidado?
*
También de Teognis se enamora alguna...
II
Heroicos, ridículos, infames, los que en vano luchamos
-pero tal vez no tanto- por arrancarte algún favor.
*
Hoy vi tu rostro, Cirno,
Y no puedes saber cuán feliz fue charlar de nuevo.
*
Tú y yo, lo mismo que la naturaleza más fugaz,
Somos vaho.
*
Todos los poetas somos Teognis, Cirno.
Todos los hombres vueltos tontos, embrutecidos
Y tú te vas.
*
Acéptalo, Cirno, no sabes cuál de los dos es el más bello.
