samedi 6 mars 2010

Gustavo Marcelo GALLIANO/Poesía



Gustavo Marcelo GALLIANO Escritor, poeta, docente universitario. Reside en Rosario, Santa Fe, República Argentina. Se desempeña como Corresponsal Especial de la revista internacional de Arte y Literatura Cañ@santa (Toronto, Canadá) y Columnista Literario de la columna de Cultura y Arte en RMC (Florida, USA), Portal de Rossana Azuero. Asimismo; es colaborador habitual en importantes publicaciones literarias de España, USA, México, etc.
Integra la Red de Escritores en Español (REMES), Poetas de Mundo, y la Sociedad de Escritores y Escritoras Argentinos (SEA).
Sus escritos han sido seleccionados y publicados en prestigiosas revistas y antologías literarias internacionales, traduciéndose al inglés, italiano, francés, búlgaro, rumano y portugués.
LA CITA (Ed. Aries, Bs. As., Argentina, 2008/9), su primer libro de narrativa breve, ha obtenido excelentes críticas por parte de escritores como de los lectores en general; mientras tanto, está trabajando en culminación de su poemario Ocultos tras la bruma, y de su libro de narrativa breve Un Dragón en el Acuario.-

Gustavo Marcelo GALLIANO sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=gustavo+marcelo+galliano


Confesaras tus Pecados*
Por Gustavo Marcelo Galliano

No pude controlarme más. Esa noche tenebrosa discutimos acaloradamente, más de la cuenta, y lo confesé sin tapujos ni reparos. Sabía muy bien que la ofendería, se sentiría humillada, bastardeada. Que no lograría superarlo ni perdonarme jamás.

Pero estaba realmente harto. Hastiado. Ya no toleraba sus celos infundados, sus persecuciones dialécticas. Sus falaces acusaciones plagadas de malicia. Que revisara en cada madrugada mi agenda, mi teléfono, mis bolsillos, mis recuerdos, hasta mis sueños por soñar. Siempre tratando de capturarme “in fraganti”.

Exploté como un volcán incontenible y colocando mi rostro muy cerca del suyo, se lo confesé gritando. Gritando a rienda suelta. Gritando desde lo profundo del alma. Mi esposa irrumpió en llanto, en convulsiones, en reproches entrecortados. Su histriónica histeria se desplegó en chillidos, chirridos, gemidos, pataleos. Se babeaba furiosa cual hiena desorientada, mientras balbuceaba frases como: “Mi madre siempre me previno… que eras un degenerado… un desgraciado infiel… un pervertido”.

Me serví un trago, respiré profundo y me senté en el sillón. Sinceramente gozaba contemplando su desquicio. Su andar de fantasma errática. Frenética. Despeinada. Gocé de mi vodka doble, tridestilado, con zumo de naranja y observé el ir y venir por la sala de sus pasos incoherentes, inconexos.

Poco a poco fue recobrando la calma, y se dirigió hacia nuestro cuarto; preparó sus maletas y se marcho en silencio, regalándome un estruendoso portazo, que tronó de maravillas. Se llevo nuestro auto.

Suspiré aún más profundo, feliz, relajado. Me serví otro trago. Resultaba un enorme alivio haberle confesado mi pecado, aquella culpa que me corroía en silencio. Y aquél fue el momento apropiado. La síntesis del éxtasis en el génesis.

Era imposible continuar callando. Ya no podía seguir ocultando, que allá, por el sexto grado, portando mis once años, me enamoré de mi maestra. Imposible continuar callando.-


* Cuento Finalista del II Certamen Internacional de Cuento “Jorge Luis Borges” 2008, organizado por SESAM, Buenos Aires, Argentina. 30 de Junio de 2009-




Déjà vu
Por Gustavo Marcelo Galliano

“¡Hola, hola…Buenas tardes!, ¡Vamos, vamos!…
¿Cómo está Usted Señorita, se comportó bien Francisco hoy?…

Dale Frank, apúrate, vamos que se hace tarde para la práctica en la Escuela de Fútbol.

¡Hasta mañana Señorita!… ¡Pero qué manera de haber gente amontonada esperando a los chicos!, parece el ingreso a la cancha… ¡cuidado señora, que está pisando a mi hijo!… ¿Me pareció a mí o ni me miró tu maestra?… ¡Claro!, en tremenda avalancha de gentío, cómo me podría prestar atención… pero podría ser un poco más simpática, una sonrisa a la semana no le produciría comezón… después dicen que hay seguridad a la salida… ¡cuidado señor!…

Dale nene, no ves que se hace tarde y tenemos que andar a las corridas. Sí, ya sé, seguro que preferís ir en taxi… pero si sabes que no tengo ni una moneda… dale, camina, camina más rápido… que se hace tarde… ¿cómo se llamaba tu maestra de primer grado?… ¿Ludmila?… ¿Lucrecia?… tiene un par de ojos tremendos… ¡Hay si algún día me mirara!, já… aunque no sonría, ni me mire, já…

Pero vamos, vamos, camina un poquito más rápido que no te hace mal, dale. Y no me vengas con que la mochila es pesada, porque te compré una bien livianita, eh…y de buena marca, para que no hablen los demás. Vamos que el saber no ocupa lugar… así que apúrate… y no me digas que estás cansado porque tuvieron gimnasia en la última hora… si no hacen nada… ustedes son bastante perezosos, y los profesores la ganan bastante fácil…

Mira, cuando yo era niño vivía en el campo. A una legua del pueblo. Me iba en bicicleta… ¿Cómo que es una legua… ni eso te enseñaron? Son unos cinco kilómetros… bueno, te decía que me iba en bicicleta a la escuela y ya llevaba la pelota de cuero en una bolsita. A la salida del colegio, nos íbamos con todos los amigos a la cancha del baldío de enfrente, y le dábamos hasta bien entrada la tardecita. Y así como estaba, bien transpirado, me subía a la bicicleta y pedaleaba bien fuerte la legua de regreso, que parecía más larga y empinada, para estar de regreso para la hora de cena, compartiendo la mesa… ¡Sino mis viejos…!

Llegaba destruido, con más tierra encima que el camino mismo… había cada guadal que las ruedas se hundían como en la nieve… y masticaba tanto polvo que se me fueron limando los dientes… entre el sudor y la tierra, llegaba todo embarrado, y encima nada de haraganear, a ducharse rápido y con el agua helada, hasta en pleno invierno, porque la garrafa de gas se reservaba para los abuelos primero y los padres después. La excusa era que el agua fría te reactivaba la circulación…já… si yo tenía la circulación como una coctelera de tantas horas de fútbol y bicicleta. Y cepillarse los dientes, y peinarse el cabello… esos remolinos enredados y pinchudos, con pan de jabón blanco federal, me hacen recordar a los tuyos…

Entre bocado y bocado del puchero se me cerraban los ojos. No veía la hora de acostarme. Pero aguantaba. Así se hacen los hombres, nada de andar quejándome… después de la cena, la tarea. Y una vez en la cama… nada de dormir por un buen rato… primero había que repasar mentalmente en la oscuridad todas las jugadas del partido de esa tarde, para meter imaginariamente en el arco las que había pateado afuera… para soñar despierto con los goles que haría el día siguiente… ¡Qué cansancio ni ocho cuartos!… yo no protestaba nunca… jamás. ¡Y tampoco traía malas notas, eh! Porque sino me castigaban y me dejaban sin la bicicleta y la pelota por un buen tiempo… ¡y ambas eran sagradas!…

Y vos ahora te cansas por caminar ligerito estas diez cuadras… anda… los chicos de hoy son todos unos flojos… unos malcriados… ¿acaso no te das cuenta? El único padre que va con su hijo, soy yo… los demás ni ahí… todos llegan con sus mamitas, sus abuelas, o las “chicas que los cuidan”… ¡Por favor!… Vaya a saber que resultarán de grandes… por eso todo está como está en este mundo.

Seguro que los padres se justifican, “no puedo ir, tengo que trabajar”… ¡sí, seguro!… Se quedan en sus oficinas, o en el after office hablando de mujeres, de “minas”, entre ellos… eso hacen…les parece que es rebajarse el acompañar al hijo a la escuelita de fútbol… ¡Agrandados!… ¡Mediocres!… ¡Perdedores de billeteras gruesas!
Entonces, el que queda como un bestia soy yo, cuando me prendo al alambrado periférico y te grito alguna indicación… y ni que hablar cuando se me escapa algún insulto… las mamitas me miran con repugnancia… como si yo fuera un degenerado… ¿Qué saben ellas de fútbol, eh?… nada… ¿acaso yo me burlo al verlas lloriquear cuando cuentan el final de sus novelitas por la televisión?… no… ¿y entonces qué se tienen que meter conmigo?… si yo te traigo acá porque ya no hay potreros, las plazas son baños para perros, y la pelota no pica, queda encastrada en la porquería… entonces te tengo que traer acá… a correr en esta pista de cemento… y encima los “profesores” que te “enseñan fútbol” no pisaron el césped nunca, no tienen la menor idea… pero total qué importa… las “mamitas están contentas”… trajeron a sus hijos a descargar tensiones, a descontracturarse, a desintoxicar stress y volver más “cool “a la escuela el día siguiente.

¡Y vos me salís con que estás cansado!… pero anda…

Eres el típico producto de estos tiempo modernos, pura tecnología. Todos los chicos se pasan horas y horas sentados como pavos reales frente al televisor. Si por lo menos mirasen algún partido… pero no… los señores miran luchas de dinosaurios robots, de mamarrachos con forma de escoba desflecada que lanzan “rayos láser”, figuritas mal dibujadas por japoneses que hablan en inglés subtitulado en español, héroes con trajecitos ajustados y de colores raros… ¡Por favor!… ¡Qué fácil que ganan dinero algunos!… y a costa de petrificar cerebros pequeñitos.

Yo lo único que miraba era al Patito Saturnino y al Lagarto Juancho… el Show de Carlitos Balá y su perro invisible Angueto y las canciones de la divina Silvia Mores… yo estaba enamorado de ella… ahhh…y solo un ratito los sábados y domingos al mediodía… y mira, me gusta el fútbol como a ninguno… en cambio ustedes los tecnocibernéticos siempre tienen problemas… juegan pero no les gusta la pelota en absoluto… es un compromiso para conformarnos a lo adultos… después vuelven y se enfrascan en la TV o en la Play Station.

Vamos… apúrate, dale…

Yo me desvivo por vos. Te compro los botines ultra-livianos, esos de la propaganda, con la “célula de aire para mayor comodidad y ajuste al pie, que perfecciona la pegada”… y vos no corres ni dos metros… ¿sabes lo que me costaron?… de chico yo tenía unos botines de cuero que parecían acero… ni lengüeta tenían. Si le pegabas de lleno se te clavaban los cordones en el pie. Todavía tengo las cicatrices. Mira con los zapatos viejos que ando yo todos los días… y vos ni pedís la pelota… ¿no te das cuenta que tenés que patear al arco?… ¿para qué entras a la cancha a jugar y después pedís ser arquero?… te juro que si vas al arco otra vez, entro a la cancha y te saco de una oreja… ¡arquero!… anda…

Vos tenés que ser centrodelantero… vos sos el “nueve”, entendés… el “NUEVE”… y tenés que meter bien duro…

Si hay un córner, te paras al lado del arquero y lo molestas. Sos morrudo y grandote, él no te puede mover. Y entonces lo anticipas y cabeceas al gol… y a festejar al alambrado… ¡Pero cabecea nene!… me paso horas enseñándote en el patio con la pulpito y cuando viene un córner en la práctica, vos te corres para afuera del área… ¿te burlas de mí o le tenés miedo a la pelota?… decime, no agaches la cabeza, decime…
Me pones loco, y si te grito… las “minas” que me miran feo… bah…si por lo menos estuvieran lindas… pero los maridos las mandan tranquilos porque saben que son bagre y medio… sino, ya las iban a dejar venir… sí…

¿Vos sabías que tu papi ha sido un tiburón implacable?… me he comido cada pececito que ni te cuento y hasta… pero eso no importa ahora, no me cambies de tema… el tema pasa por tu actitud … ¿no te enseñé a pegarle a la pelota?… la pierna de apoyo bien cerquita de la bola y con la de impacto le das bien fuerte… los ojos en el arco… bien abiertos y enfocados en el perímetro de gol… si podes le apuntas al arquero, eso no falla, entra seguro… y shotea como te enseñé… le pegas abajo y se clava arriba, le pegas bien al medio y la clavás abajo… fácil nene, fácil…¿sí?… ¿entonces porqué cuernos no lo haces?… le pegas a la pelota como pifiada de billar, con un miedo terrible… ¿miedo a qué?… ¿miedo a qué?… ¡eh!

Vamos, apúrate que ya falta poco… dale…

Deja de quejarte y obedece, vamos, yo soy tu padre. Yo ya fui chiquito y aprendí, entonces vos me tenes que escuchar. Es para que no te golpees en la vida como me paso a mí. Háceme caso y listo. Aprende de mis errores, no de los tuyos. Gana tiempo. Yo hubiera sido un jugadorazo si no me agarraba esa neumonía… y después tuve que laburar como un condenado para mantener a mi madre, que quedó viuda, la pobre. Y encima, para empardarla más, me fui a casar jovencito con la Noemí… ¿Para qué?… de puro calentón nomás… capaz que hoy estaría forrado en dinero y hasta te podría traer en auto importado a la escuelita…

Aunque anda a saber… capaz que si tenía “guita”, me quedaba charlando como las maridos de las “minas” estas, y vos ni aprendías fútbol… que se yo… ¿Viste como me marca siempre la madre del colorado amigo tuyo, o me parece a mí? .. ¿nunca te preguntó por mí… no?

¿Ves que no tenés que ser un pobre tipo como yo?… Ni como esos vagos de porquería que andan hoy por la calle… mira allá más adelante en la vereda, ves así vas a quedar si no me prestas atención… vagos, drogones… Si algún día te veo con esos pelos y esa mugre, no serás más mi hijo, ¡Palabra!

Vamos que llegamos, dale, entra rapidito, entra, dale… vamos rapidito al vestuario que tenés que cambiarte… ¡Dale Francisco!… no me hagas enojar… escucha… escucha… ya se siente que los chicos están peloteando… y los bagres de las mamitas parloteando… vamos nene, dale, dale…vamos que tenemos que ganar… no me hagas quedar mal…”

“Rasta, ¿viste al tipo ése?…
Pobre, venía hablando sólo desde lejos el loco.

Primero pensé que estaba hablando por el celular, de esos que vienen tipo “manos libres”, ah. Pero no, ni ahí… el tipo venía caminando y hablaba y hablaba solo. Hasta me miró feo cuando se dio cuenta que yo lo miraba. Ahí, justo delante de la puerta de la Escuelita de Fútbol.

Después entró. Solo. Cada vez encuentro más gente que viene hablando sola… esta ciudad se está llenando de enajenados, de loquitos, Rasta.
¿Porqué será… el agua estará contaminada?… no sería raro, viste que todas las porquerías de las fábricas las tiran al agua, para que se la lleve la corriente. Y los desechos cloacales también. Já, en el agua no se marcan las huellas.
O en una de esas es la tecnología.

¿Viste que dicen que las antenas de los celulares te llenan de radiación?… dicen que eso te fríen el cerebro…

¿Rasta?… ¿Rasta?… ¿donde te metiste?… ¿No ves que me dejas hablando solo como un imbécil otra vez?…

¡Rasta!…
¡Raaastaaaaaaaaaaaaaa!”!!!!!!!!!!!!!!!!!.-


Susurros de la Noche
Por Gustavo Marcelo Galliano

El aura de la noche
gime en avalanchas,
serpenteante, candorosa,
transpirando color.

Montada sobre nubes
tus brazos, cual férreas aspas,
emprenden cabalgatas, eternas,
por sobre el éxtasis del amor.

Remolinos de seda,
entrelazados al gozo,
mientras espasmos fragorosos
beben aguardiente del crear.-


Pulsaciones
Por Gustavo Marcelo Galliano

Perlas nacaradas de sal
corrompen tus encías con sonrisas,
bebiendo el peregrino sudor de mirra,
la flema del ajenjo, ángel desértico.

Letras circulando arterias
en el corazón vertiginoso del alma,
cual biblioteca humana transmigrada
bifurcándose por venas y vectores.

Manos vacías de tímidas caricias,
brazos exiliándose de abrazos,
vano será cada latido entonces
si esos ojos se hacinan en sus cuencas.

Músculos amnésicos de tensiones,
tendones distendidos, holgazanes,
fortaleza erigida en ruina ardiente,

Infierno de la otrora joven Muralla.

Destellos implosivos, disonantes,
música del alma amarrando ensueños,
desesperados tulipanes sofocando puentes
y ante el menor desliz truenan Tocata y Fuga.

Cartas de amor jamás escritas,
rostros desfibrilando memorias,
cartílagos de pasión deshilachados,
derrotero del olvido perpetuo y marmóreo.

Letras, caricias y abrazos,
pasión y sensualidad anquilosadas,
braman las perlas rumbo al averno sensitivo,
pulsaciones aceleran el beso, in eternum, a tu cuello.-VN:R_N [1.6.8_931]