
Mariano Estrada Vázquez Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado Justel. Es natural de Muelas de los Caballeros (Zamora) y ha publicado los poemarios «Mitad de amor, dos cuartos de querencias» (1984), «El cielo se hizo de amor» (1986), «Tierra conmovida» (1987), «Trozos de cazuela compartida» (1991), el ensayo «Paco Llorca, semblanzas del arte» (1993) y «Azumbres de la noche» (1993).Ha publicado en papel los poemarios "Desde la flor del almendro" (1995), "Hojas lentas de otoño" (1997) y "Amores colaterales".
Por otra parte, algunos libros que han sido parcial o totalmente publicados en Internet, como "Vientos de soledad", "El limón hespérico" y actualmente escribe "Gotas de hielo" y también un ensayo titulado "Aguablanca, caminos de ida y vuelta", otro titulado "La patrias de dulcinea", junto ha algunos cuentos y numerosos artículos de variada índole
Sitio : http://www.mestrada.net/
E-mail : maritos@telefonica.net
Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mariano+Estrada+V%C3%A1zquez+
España
Por Mariano Estrada
España es una idea fragmentada
un sueño alrededor de una bandera,
un guirigay profuso, una quimera,
una conciencia siempre mutilada.
España es una cruz y es una espada,
un árbol florecido en primavera,
una razón de estado, una caldera
de sangre inútilmente derramada.
España es un deseo insatisfecho,
un campo de batallas permanente,
un círculo con forma de cuadrado.
Un nudo de amarguras en el pecho,
un haz de fantasías en la frente,
una perpetua herida en el costado.
Mi corazón
Por Mariano Estrada
Mi corazón está atado
al aldabón de la puerta;
paciente como una mula,
callado como una piedra
¿A quién espera?
A nadie.
Tan sólo sueña.
Los fríos no lo entumecen,
los vientos no lo cimbrean.
Está montado en sus años
y no le duelen las piernas.
¿De qué se nutre?
Del aire.
De la más pura inclemencia.
De los templados calores
de la inocencia.
Mi corazón es el sueño
de una verdad de las buenas:
la juventud sin dinero,
la cuna, la adolescencia,
el hombre con la palabra
y no tan sólo la lengua.
Por eso tengo amarrado
mi corazón a la puerta.
Aquí viví con los hombres
una verdad sin caretas.
Y... ¿qué hay más cierto que el sueño
de una verdad que es eterna?
Del libro "Trozos de cazuela compartida"
