
Crítica de libros / Testimonio
Noticias de un viajero
Por Miguel Ángel De Marco
Corresponsal de guerra
Por Roberto J. Payró
Biblos
1339 Páginas
El 2 de octubre de 1907, Roberto J. Payró se embarcó con su esposa e hijos rumbo a Europa. Algo desilusionado de la vida intelectual de Buenos Aires y animado por el propósito de ofrecer a sus vástagos una mejor educación, buscaba también proyectar hacia el amplio y variado público de LA NACION cuanto veía y asimilaba en su condición de periodista agudo y perspicaz. La inesperada herencia recibida de un tío lejano le había brindado los medios para moverse con comodidad en el apasionante escenario del Viejo Mundo de principios de la pasada centuria.
Llegó a Barcelona y se instaló con los suyos en los faldeos de la suave estribación a la que llaman montaña del Tibidabo. La gente ilustrada de la ciudad condal le brindó amistad y compañía, y él, deseoso de realizar obra en favor de la literatura americana, fundó la editorial Mitre. Pronto se marchó de Cataluña, sobresaltado por los sucesos de la Semana Trágica. Anhelaba vivir en un sitio más apacible y su amistad con el ingeniero belga Eugenio Koettlitz lo encaminó hacia Bruselas. Es de suponer que aquella urbe de edificios elegantes, bellos parques y amplias avenidas lo enamoró, pues residió con los suyos a lo largo de varios años. También, gracias a Koettlitz, entró con paso firme en el ámbito cultural, acceso que para él debió de ser muy importante.
La concreción del enorme esfuerzo de tesón y sabiduría que constituye Corresponsal de guerra. Cartas, diarios, relatos (1907-1922) se debe a Martha Vanbiesem de Burbridge (el material fue recogido por ella a lo largo de años de búsqueda en los archivos del diario). Refiriéndose a la actividad de Payró en Bélgica, la investigadora anota: "Recorre las provincias, recoge relatos y, gran observador, vuelca las costumbres, observa a las gentes, expone sus experiencias, los acontecimientos sociales y políticos con gran sentido de humor y simpatía en las ´Cartas informativas´ y en ´Visiones y lecturas´ que envía al diario LA NACION como corresponsal". Su pulso y experiencia le permitieron advertir, ya en 1912, que Europa iba hacia una conflagración mundial, y que Bélgica no iba a ser neutral. Lejos de abandonarla, decidió compartir su destino y el de los amigos que allí vivían. A partir del estallido, sus correspondencias llevan el título de "Diario de un testigo". Es notable su esfuerzo por comunicar la realidad, en medio de las noticias adulteradas y los rumores frecuentes en tales conflictos. Pero la situación cambió: "Al poco tiempo -anota Vanbiesem-, lo que llega a Buenos Aires se titula ´Diario de un incomunicado´, pues los habitantes permanecen en Bruselas totalmente aislados del mundo, de Bélgica, de las otras ciudades; Payró vive bajo una campana hermética, llena de rumores falsos". La capital del reino estaba ocupada por los alemanes.
La primera de las cartas de este período (6 de agosto de 1914) expresa el vigor de su prosa: "Anotar todas las encontradas sensaciones de hoy, y examinar más o menos a fondo las noticias que han corrido, es tarea tan enorme cuando inútil. El hecho es que la zozobra continúa y que no sabemos más que la actitud admirable del ejército y el pueblo belga, que se bate por su libertad y por su honra, como si fuera exclusivamente guerrero, él que ama tanto, después de las luchas del trabajo, las blandicias de la vida regalada".
Su correspondencia sobre la guerra se interrumpe el 21 de septiembre de 1915. Le resultaba imposible hacer llegar sus escritos desde un país aislado. Una vez debió ir a pie hasta Holanda para despachar sus cuartillas. Eran de fino papel, para que pasasen inadvertidas entre sus ropas.
Explica la editora y prologuista que los artículos de Payró molestaron a empresarios y diplomáticos alemanes, por lo que su casa de Bruselas fue allanada dos veces; se lo sometió a interrogatorios y requisas y terminó preso hasta que el cónsul argentino lo sacó de esa situación. Al informar al diario los motivos por los cuales no enviaba sus "correspondencias", el escritor apuntó: "Si interrumpí mis mensajes, fue por imposición de las autoridades alemanas. Sin barrotes palpables, construyeron para mí una cárcel de barrotes y atropellos".
Retomó su contacto con los lectores tras concluir el conflicto, con sus "Cartas informativas" en las que publicó sus recuerdos de la ocupación, se interesó en los planes de reconstrucción del gobierno belga y enumeró las perspectivas que abría la paz. Payró volvió a la Argentina el 17 de febrero de 1923.
Corresponsal de guerra se enriquece con unos recuerdos escritos expresamente por Roberto Pablo Payró, titulados "Mi abuelo", y otros textos de la pluma del autor de Pago Chico y del siempre actual catálogo de picardías políticas criollas Las divertidas aventuras del nieto de Juan Moreyra . Nos referimos al ingenioso y extenso relato "Infortunio, grandeza y muerte trágica de un conquistador indiano" (Bruselas, 1920); a "Fisonomía de Don Bartolo. Ensayo de exégesis de una de las mayores popularidades americanas" (Bruselas, 1921, con motivo del centenario del nacimiento de Mitre), y "El gozo de envejecer", dedicado a la memoria de su hijo Roberto, que acababa de morir.
© LA NACION
Articulo: http://www.lanacion.com.ar 28/02/2010
Noticias de un viajero
Por Miguel Ángel De Marco
Corresponsal de guerra
Por Roberto J. Payró
Biblos
1339 Páginas
El 2 de octubre de 1907, Roberto J. Payró se embarcó con su esposa e hijos rumbo a Europa. Algo desilusionado de la vida intelectual de Buenos Aires y animado por el propósito de ofrecer a sus vástagos una mejor educación, buscaba también proyectar hacia el amplio y variado público de LA NACION cuanto veía y asimilaba en su condición de periodista agudo y perspicaz. La inesperada herencia recibida de un tío lejano le había brindado los medios para moverse con comodidad en el apasionante escenario del Viejo Mundo de principios de la pasada centuria.
Llegó a Barcelona y se instaló con los suyos en los faldeos de la suave estribación a la que llaman montaña del Tibidabo. La gente ilustrada de la ciudad condal le brindó amistad y compañía, y él, deseoso de realizar obra en favor de la literatura americana, fundó la editorial Mitre. Pronto se marchó de Cataluña, sobresaltado por los sucesos de la Semana Trágica. Anhelaba vivir en un sitio más apacible y su amistad con el ingeniero belga Eugenio Koettlitz lo encaminó hacia Bruselas. Es de suponer que aquella urbe de edificios elegantes, bellos parques y amplias avenidas lo enamoró, pues residió con los suyos a lo largo de varios años. También, gracias a Koettlitz, entró con paso firme en el ámbito cultural, acceso que para él debió de ser muy importante.
La concreción del enorme esfuerzo de tesón y sabiduría que constituye Corresponsal de guerra. Cartas, diarios, relatos (1907-1922) se debe a Martha Vanbiesem de Burbridge (el material fue recogido por ella a lo largo de años de búsqueda en los archivos del diario). Refiriéndose a la actividad de Payró en Bélgica, la investigadora anota: "Recorre las provincias, recoge relatos y, gran observador, vuelca las costumbres, observa a las gentes, expone sus experiencias, los acontecimientos sociales y políticos con gran sentido de humor y simpatía en las ´Cartas informativas´ y en ´Visiones y lecturas´ que envía al diario LA NACION como corresponsal". Su pulso y experiencia le permitieron advertir, ya en 1912, que Europa iba hacia una conflagración mundial, y que Bélgica no iba a ser neutral. Lejos de abandonarla, decidió compartir su destino y el de los amigos que allí vivían. A partir del estallido, sus correspondencias llevan el título de "Diario de un testigo". Es notable su esfuerzo por comunicar la realidad, en medio de las noticias adulteradas y los rumores frecuentes en tales conflictos. Pero la situación cambió: "Al poco tiempo -anota Vanbiesem-, lo que llega a Buenos Aires se titula ´Diario de un incomunicado´, pues los habitantes permanecen en Bruselas totalmente aislados del mundo, de Bélgica, de las otras ciudades; Payró vive bajo una campana hermética, llena de rumores falsos". La capital del reino estaba ocupada por los alemanes.
La primera de las cartas de este período (6 de agosto de 1914) expresa el vigor de su prosa: "Anotar todas las encontradas sensaciones de hoy, y examinar más o menos a fondo las noticias que han corrido, es tarea tan enorme cuando inútil. El hecho es que la zozobra continúa y que no sabemos más que la actitud admirable del ejército y el pueblo belga, que se bate por su libertad y por su honra, como si fuera exclusivamente guerrero, él que ama tanto, después de las luchas del trabajo, las blandicias de la vida regalada".
Su correspondencia sobre la guerra se interrumpe el 21 de septiembre de 1915. Le resultaba imposible hacer llegar sus escritos desde un país aislado. Una vez debió ir a pie hasta Holanda para despachar sus cuartillas. Eran de fino papel, para que pasasen inadvertidas entre sus ropas.
Explica la editora y prologuista que los artículos de Payró molestaron a empresarios y diplomáticos alemanes, por lo que su casa de Bruselas fue allanada dos veces; se lo sometió a interrogatorios y requisas y terminó preso hasta que el cónsul argentino lo sacó de esa situación. Al informar al diario los motivos por los cuales no enviaba sus "correspondencias", el escritor apuntó: "Si interrumpí mis mensajes, fue por imposición de las autoridades alemanas. Sin barrotes palpables, construyeron para mí una cárcel de barrotes y atropellos".
Retomó su contacto con los lectores tras concluir el conflicto, con sus "Cartas informativas" en las que publicó sus recuerdos de la ocupación, se interesó en los planes de reconstrucción del gobierno belga y enumeró las perspectivas que abría la paz. Payró volvió a la Argentina el 17 de febrero de 1923.
Corresponsal de guerra se enriquece con unos recuerdos escritos expresamente por Roberto Pablo Payró, titulados "Mi abuelo", y otros textos de la pluma del autor de Pago Chico y del siempre actual catálogo de picardías políticas criollas Las divertidas aventuras del nieto de Juan Moreyra . Nos referimos al ingenioso y extenso relato "Infortunio, grandeza y muerte trágica de un conquistador indiano" (Bruselas, 1920); a "Fisonomía de Don Bartolo. Ensayo de exégesis de una de las mayores popularidades americanas" (Bruselas, 1921, con motivo del centenario del nacimiento de Mitre), y "El gozo de envejecer", dedicado a la memoria de su hijo Roberto, que acababa de morir.
© LA NACION
Articulo: http://www.lanacion.com.ar 28/02/2010
