
El mundo de Faulkner
Faulkner no es un autor fácil de leer, incluso en sus cuentos escritos y publicados (no sin problemas) para revistas. No obstante, son éstos la puerta de entrada más asequible a un creador fundamental. Cuentos reunidos , en particular, corresponde a la necesaria reedición del libro que, con el mismo título, publicara Faulkner en 1950, dos meses antes de recibir el Premio Nobel de Literatura. No incluye la totalidad de sus relatos breves ni tampoco textos inéditos, pero por varias razones es un libro no sólo esencial para el conocimiento de su obra, sino también para el conocimiento del cuento norteamericano del siglo XX y de la narrativa hispanoamericana, sobre la cual tuvo amplia influencia.
Este libro permite, ante todo, dimensionar el valor preciso que la narrativa breve posee en la obra de William Faulkner cuando se suele poner demasiada atención en su producción novelística. Hay que indicar que esta "colección" de cuentos se llevó a cabo bajo la vigilancia del propio autor y con el consejo del crítico Malcolm Cowley. En ella, Faulkner incluye la totalidad de los relatos que ya habían aparecido en dos recopilaciones anteriores ( These 13 y Dr. Martino ), aunque modifica su orden, y excluye todos los cuentos editados en Gambito de caballo (de corte más bien policial). Por cierto, no se incluyen en este libro las antologías de relatos editadas con posterioridad a su muerte. En algunos casos, Faulkner revisó los textos con importante meticulosidad (dando lugar a nuevas versiones) y se demoró en fijar su ordenación definitiva en seis secciones: "El campo", "El pueblo", "La tierra inexplorada", "La tierra baldía", "La tierra intermedia" y "Allen". Nunca elaboró el prefacio que alguna vez prometió escribir, pero en cartas a su editor, Robert Haas, y a Malcolm Cowley, señala que su propósito era lograr algo semejante a Desciende, Moisés , una novela construida a partir de relatos.
Un criterio de lectura, de un valor ineludible, es, pues, seguir el orden de agrupación dado por Faulkner, que no es cronológico ni replica el de antologías previas. A su luz se establecen relaciones internas que alumbran aspectos que antes pudieran haber quedado sin percibir. Sin perjuicio de esa lectura transversal, cada cuento tiene, desde luego, una autonomía e independencia plenas.
En una parte importante de estos cuentos se puede advertir la creación de un cosmos íntegro en torno al condado de Yoknapatawpha (con su historia, leyendas, geografía y familias, divisiones sociales, creencias y distintos lenguajes), pero también Faulkner se extiende más allá de él a Nueva York, París, otras zonas de Europa y a la guerra de Secesión. La descripción de ese mundo no se lleva a cabo en compartimentos estancos, sino que se dispersa en una red de textos engarzados estrechamente. En esta estrategia narrativa, Faulkner - según lo han precisado Vargas Llosa y otros- es deudor de Balzac. De igual modo que el autor francés, hay una aspiración de totalidad y, así también, el cuadro entero es como un puzzle en que en vez de escribir un texto común para toda la historia, Faulkner concibe primero el todo, el cosmos representado, y después va dividiéndolo en distintos relatos. Este procedimiento es muy radical en su aplicación, y, por ello, resulta que muchas de las historias de Cuentos reunidos tengan un inicio desconcertante porque Faulkner introduce al lector de manera brusca en medio del asunto dando por supuesto el conocimiento del resto de ese mundo. El final, a su turno, a veces es sólo aparente, y, en otro cuento, continúa o es preciso considerarlo en la lectura de otra narración. Este intrincamiento y permanente percepción de aquella totalidad permite, además, entender que algunos cuentos hayan sido finalmente reelaborados e integren novelas como El villorrio, Santuario o ¡Absalón, Absalón!
El lector podrá hallar aquí los grandes temas que inquietaban al autor norteamericano: la soledad, el enfrentamiento del individuo contra la comunidad, la decadencia de una clase y el fin de una época, las divisiones y desajustes sociales, la extinción de los valores del honor y el coraje, el absurdo de la guerra. En "Una rosa para Emily" o en "Victoria" también encontrará algunos héroes característicos de Faulkner (desgarrados, oscuros moralmente, irreductibles, signados por un destino fatal), su extraño sentido del humor (en relatos inolvidables como "Tío Willy" o "Divorcio en Nápoles", "Un mulo en la parcela", "Mi abuela Millard") y la penetrante mirada crítica a la sociedad norteamericana que retrata de un modo expresionista, goyesco, penumbroso (en "Incendiar establos", "Un tejado para la casa del Señor", "Ese sol del atardecer", "Hojas rojas", "Un noviazgo", "Wash", "Victoria en el monte", "La caza del zorro", entre otros). Así mismo, se pueden apreciar la variedad y propiedad de recursos formales y el esplendor de una prosa rica, trabajada, laberíntica que tan bien da cuenta de lo intrincado del mundo faulkneriano.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 28/03/2010
Faulkner no es un autor fácil de leer, incluso en sus cuentos escritos y publicados (no sin problemas) para revistas. No obstante, son éstos la puerta de entrada más asequible a un creador fundamental. Cuentos reunidos , en particular, corresponde a la necesaria reedición del libro que, con el mismo título, publicara Faulkner en 1950, dos meses antes de recibir el Premio Nobel de Literatura. No incluye la totalidad de sus relatos breves ni tampoco textos inéditos, pero por varias razones es un libro no sólo esencial para el conocimiento de su obra, sino también para el conocimiento del cuento norteamericano del siglo XX y de la narrativa hispanoamericana, sobre la cual tuvo amplia influencia.
Este libro permite, ante todo, dimensionar el valor preciso que la narrativa breve posee en la obra de William Faulkner cuando se suele poner demasiada atención en su producción novelística. Hay que indicar que esta "colección" de cuentos se llevó a cabo bajo la vigilancia del propio autor y con el consejo del crítico Malcolm Cowley. En ella, Faulkner incluye la totalidad de los relatos que ya habían aparecido en dos recopilaciones anteriores ( These 13 y Dr. Martino ), aunque modifica su orden, y excluye todos los cuentos editados en Gambito de caballo (de corte más bien policial). Por cierto, no se incluyen en este libro las antologías de relatos editadas con posterioridad a su muerte. En algunos casos, Faulkner revisó los textos con importante meticulosidad (dando lugar a nuevas versiones) y se demoró en fijar su ordenación definitiva en seis secciones: "El campo", "El pueblo", "La tierra inexplorada", "La tierra baldía", "La tierra intermedia" y "Allen". Nunca elaboró el prefacio que alguna vez prometió escribir, pero en cartas a su editor, Robert Haas, y a Malcolm Cowley, señala que su propósito era lograr algo semejante a Desciende, Moisés , una novela construida a partir de relatos.
Un criterio de lectura, de un valor ineludible, es, pues, seguir el orden de agrupación dado por Faulkner, que no es cronológico ni replica el de antologías previas. A su luz se establecen relaciones internas que alumbran aspectos que antes pudieran haber quedado sin percibir. Sin perjuicio de esa lectura transversal, cada cuento tiene, desde luego, una autonomía e independencia plenas.
En una parte importante de estos cuentos se puede advertir la creación de un cosmos íntegro en torno al condado de Yoknapatawpha (con su historia, leyendas, geografía y familias, divisiones sociales, creencias y distintos lenguajes), pero también Faulkner se extiende más allá de él a Nueva York, París, otras zonas de Europa y a la guerra de Secesión. La descripción de ese mundo no se lleva a cabo en compartimentos estancos, sino que se dispersa en una red de textos engarzados estrechamente. En esta estrategia narrativa, Faulkner - según lo han precisado Vargas Llosa y otros- es deudor de Balzac. De igual modo que el autor francés, hay una aspiración de totalidad y, así también, el cuadro entero es como un puzzle en que en vez de escribir un texto común para toda la historia, Faulkner concibe primero el todo, el cosmos representado, y después va dividiéndolo en distintos relatos. Este procedimiento es muy radical en su aplicación, y, por ello, resulta que muchas de las historias de Cuentos reunidos tengan un inicio desconcertante porque Faulkner introduce al lector de manera brusca en medio del asunto dando por supuesto el conocimiento del resto de ese mundo. El final, a su turno, a veces es sólo aparente, y, en otro cuento, continúa o es preciso considerarlo en la lectura de otra narración. Este intrincamiento y permanente percepción de aquella totalidad permite, además, entender que algunos cuentos hayan sido finalmente reelaborados e integren novelas como El villorrio, Santuario o ¡Absalón, Absalón!
El lector podrá hallar aquí los grandes temas que inquietaban al autor norteamericano: la soledad, el enfrentamiento del individuo contra la comunidad, la decadencia de una clase y el fin de una época, las divisiones y desajustes sociales, la extinción de los valores del honor y el coraje, el absurdo de la guerra. En "Una rosa para Emily" o en "Victoria" también encontrará algunos héroes característicos de Faulkner (desgarrados, oscuros moralmente, irreductibles, signados por un destino fatal), su extraño sentido del humor (en relatos inolvidables como "Tío Willy" o "Divorcio en Nápoles", "Un mulo en la parcela", "Mi abuela Millard") y la penetrante mirada crítica a la sociedad norteamericana que retrata de un modo expresionista, goyesco, penumbroso (en "Incendiar establos", "Un tejado para la casa del Señor", "Ese sol del atardecer", "Hojas rojas", "Un noviazgo", "Wash", "Victoria en el monte", "La caza del zorro", entre otros). Así mismo, se pueden apreciar la variedad y propiedad de recursos formales y el esplendor de una prosa rica, trabajada, laberíntica que tan bien da cuenta de lo intrincado del mundo faulkneriano.
Articulo: http://diario.elmercurio.com 28/03/2010
