dimanche 18 avril 2010

Luis MUÑOZ & Angel L. PRIETO DE PAULA / Un poeta del tiempo


CRÍTICA:
Un poeta del tiempo
Por Luis MUÑOZ

José Emilio Pacheco combina un entusiasmo genuino por la actualidad con una inmersión gozosa en los espejos de la historia. Nuevas ediciones celebran la obra del escritor mexicano, que recogerá el próximo viernes el Premio Cervantes

En su poema 'La mosca juzga a Miss Universo' José Emilio Pacheco plantea, en forma de monólogo dramático, la repugnancia de una mosca por la supuesta belleza de una hermosa mujer cuyas piernas "no se curvan ni se erizan de vello" y cuyo vientre "no es inmenso ni está abombado". En otro poema, escrito muchos años antes, 'Escolio a Jorge Manrique', replica a modo de epigrama que "La mar no es el morir / sino la eterna / circulación de las transformaciones". En 'Tal por cual', advierte que esa expresión era un insulto gravísimo durante su infancia, por el que la gente se pegaba nada más oírlo, y propone, en vista de lo cambiante y misteriosa que es la gramática, convertir en insulto palabras igualmente inocentes: "lontananza, arabesco, rada, / erial, relieve, barbecho". En 'Carta a George B. Moore en defensa del anonimato' le dice a su corresponsal -quien, según el poema, le ha llamado para pedirle una entrevista- que si le han gustado sus versos "qué más da que sean míos / de otros / de nadie /. En realidad los poemas que leyó son de usted: / Usted, su autor, que los inventa al leerlos". En el 'Rap del salmón', que pertenece a su libro Como la lluvia, publicado el año pasado, escribe y casi canta: "Qué esfuerzo inútil: cada minuto / Pienso en la cuna, para mi luto" o "Roto y exhausto, muy malherido, / Llego a la poza que es meta y nido".

Son solamente algunos ejemplos de la rutilante variedad temática y formal de la poesía de José Emilio Pacheco y a la vez, de la fina constancia de su pensamiento. El sistema poético de José Emilio Pacheco está particularmente alerta ante cualquier ocasión, del tipo que sea -literaria, cultural, vivencial, imaginativa, especulativa-, para constatar, casi siempre con una ironía que suele ir acompañada de un rebufo impagable de ternura, la pequeñez del ser humano y la temporalidad de todas sus obras.

A su poesía reunida, de la que acaba de aparecer en España una nueva edición (Tusquets) que incluye sus 14 libros de poemas publicados hasta la fecha, la ha titulado, ya desde la edición del año 2000, Tarde o temprano, un nombre que parece tener insertado, como tantos de sus poemas, el tictac amenazante de un reloj y que une en un segmento común el destino irremediable de vida y poesía, es decir, la muerte y el olvido.

José Emilio Pacheco es uno de los grandes poetas del tiempo en lengua española y uno de los que mejor ha sabido poner las sílabas de nuestra época. La realidad en sus poemas es una sucesión de sobresaltos sensoriales, emocionales, intelectuales que retan con sus asedios al poeta. La poesía, tal y como se desprende de su trato con ella, es, antes que nada, clarificación, es decir, reposo e iluminación de alguna cosa, supresión de los impedimentos que hacen difícil comprenderla. En toda esa tarea hay una vigorosa voluntad de servicio a la cual la poesía se entrega con placer aportando sus combinaciones sensoriales, sus músicas particulares, su capacidad de poner, una vez y otra, el dedo en la llaga. El principal enemigo visible, o invisible, del poeta habita tanto las máscaras de la realidad como los perezosos lugares comunes del pensamiento, contra los que José Emilio Pacheco lanza la sutileza de su percepción, un sentido del humor infalible y una inteligencia golosa y trepidante que parece atreverse con todo.

Hay en sus poemas, al mismo tiempo, un entusiasmo genuino, a flor de piel, por los últimos elementos de la actualidad, de la que no desdeña los avances tecnológicos, ni los sucesos políticos, ni la velocidad de las modas, y una inmersión gozosa y seria hasta los espejos de la historia donde todo encuentra, al fin, la distancia adecuada, que es también, sin lugar a dudas, la forma más penetrante de acercamiento.

Aunque no pierde de vista las coordenadas mexicanas en las que se formó intelectual y emocionalmente y en las que vive (ha escrito extraordinarios poemas sobre la matanza de Tlatelolco, el terrible terremoto que asoló México en 1985 o el monstruoso crecimiento de Ciudad de México), la sustancia de su obra es inconfundiblemente universal. Una universalidad que tiene, por cierto, luminosos antecedentes y desarrollos mexicanos. En su poema 'Contra Harold Bloom' realiza un homenaje a cuatro poetas de su país, sin los que -confiesa- no sabría escribir ni qué hacer: Ramón López Velarde, José Gorostiza, Octavio Paz y Jaime Sabines, que son, en el sentido de lo universal, ejemplos paradigmáticos. La universalidad que resulta de la poesía de José Emilio Pacheco es obra de la profundidad, del buceo sistemático, de la búsqueda incansable de las piedras de toque de la realidad y de poner en un contexto humano, general, las miserias, los sufrimientos, los gozos particulares.

El lenguaje de los poemas de José Emilio Pacheco es de una sencillez y una claridad impecables. Se adentra en cuestiones complejas, en zonas turbulentas del pensamiento y la expresión, y obtiene siempre una naturalidad discreta, sin aspavientos, que por no subrayar no subraya siquiera su acento natural. No se trata de hacer asequible lo que es complicado sino de entender la poesía como una aventura de clarificaciones personales que se desean trasmitir al invisible lector a través de una comunicación íntima.

Las batallas en el desierto, la deliciosa novela corta que se reedita ahora en España, publicada también por Tusquets, comparte con su poesía la emoción, el humor, la profundidad sin trascendentalismo, la contención sin estreñimiento verbal, la plasticidad sin empalago y un sentido melancólico del tiempo, del tiempo histórico y del tiempo individual, que cruza la escena arrastrando lo que encuentra a su paso y que lleva al autor a colocar los diques preciosos de su imaginación y su memoria.

***
Poema 'Prehistoria'
de José Emilio Pacheco
incluido en 'Tarde o temprano'

I. LEY DE EXTRANJERÍA
A la memoria de Jaime Sabines

Prehistoria

1

En las paredes de esta cueva
pinto el venado
para adueñarme de su carne,
para ser él,
para que su fuerza y su ligereza sean mías
y me vuelva el primero
entre los cazadores de la tribu.
En este santuario
divinizo las fuerzas que no comprendo.
Invento a Dios,
a semejanza del Gran Padre que anhelo ser
con poder absoluto sobre la tribu.
En este ladrillo
trazo las letras iniciales,
el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.
La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.
La M es el mar desconocido y temible.
Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,
habrá un solo Dios: el mío.
Y no tolerará otras deidades.
Una sola verdad: la mía.
Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.
Habrá jerarquías, memoria, ley:
mi ley: la ley del más fuerte
para que dure siempre mi poder sobre el mundo.


2

Al contemplar por vez primera la noche
me pregunté: ¿será eterna?
Quise indagar la razón del sol, la inconstante
movilidad de la luna,
la misteriosa armada de estrellas
que navegan sin desplomarse.
Enseguida pensé que Dios es dos:
la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego.
O es dos en uno:
la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.
¿De dónde viene la lumbre del cielo?
¿La produce el estruendo? ¿O es la llama
la que resuena al desgarrar el espacio?
(como la grieta al muro antes de caer
por los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).
¿Dios es el bien porque regala la lluvia?
¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?
¿Dios es el agua que cuando falta aniquila
y cuando crece nos arrastra y ahoga?
A la parte de mí que me da miedo
la llamaré Demonio.
¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?
Porque sin el dolor y sin el mal
no existirían el bien ni el placer,
del mismo modo que para la luz
son necesarias las tinieblas.
Nunca jamás encontraré la respuesta.
No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.
Se acabó el que me dieron.


3

Ustedes, los que escudriñen nuestra basura
y desentierren puntas
de pedernal, collares de barro
o lajas afi ladas para crear muerte;
fi guras de mujeres en que intentamos
celebrar el misterio del placer
y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo
—enigma absoluto
para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje—,
lo llamarán mamut.
Pero nosotros en cambio
jamás decimos su nombre:
tan venerado es por la horda que somos.
El lobo nos enseñó a cazar en manada.
Nos dividimos el trabajo, aprendimos:
la carne se come, la sangre fresca se bebe,
como fermento de uva.
Con su piel nos cubrimos.
Sus fi losos colmillos se hacen lanzas
para triunfar en la guerra.
Con los huesos forjamos
insignias que señalan nuestro alto rango.
Así pues, hemos vencido al coloso.
Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.
Qué lastima.
Ya se acabaron los gigantes.
Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.


4

Mujer, no eres como yo
pero me haces falta.
Sin ti sería una cabeza sin tronco
o un tronco sin cabeza. No un árbol
sino una piedra rodante.
Y como representas la mitad que no tengo
y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,
diré: nació de mí, fue un desprendimiento:
debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.
Tu fuerza me da miedo.
Debo someterte
como a las fi eras tan temidas de ayer.
Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,
labran los campos, me transportan, me cuidan,
me dan su leche y hasta su piel y su carne.
Si no aceptas el yugo,
si queda aún como rescoldo una chispa
de aquellos tiempos en que eras reina de todo,
voy a situarte entre los demonios que he creado
para defi nir como El Mal cuanto se interponga
en mi camino hacia el poder absoluto.
Eva o Lilit:
escoge pues entre la tarde y la noche.
Eva es la tarde y el cuidado del fuego.
Reposo en ella, multiplica mi especie
y la defi ende contra la gran tormenta del mundo.
Lilit, en cambio, es el nocturno placer,
el imán, el abismo, la hoguera en que ardo.
Y por tanto la culpo de mi deseo.
Le doy la piedra, la ignominia, el cadalso.
Eva o Lilit: no lamentes mi triunfo.
Al vencerte me he derrotado.
«adán al revés es nada» (unamuno)
La palabra greed gruñe.
La palabra codicia tiene garras, tentáculos.
La palabra ambición
va suelta por el mundo con las fauces abiertas.
La palabra deseo está desnuda.
Pero cuando avanzamos para tocarla
ella nos da la espalda y se pierde en la sombra.


Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) / Las batallas del desierto
José Emilio Pacheco
Tusquets. Barcelona, 2010
840 y 80 páginas. 27,50 y 10 euros


***
CRÍTICA
Materia de las nubes
Por Angel L. PRIETO DE PAULA

Contraelegía es el título de la antología de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939) preparada por Francisca Noguerol para la Biblioteca de América, serie de poetas iberoamericanos galardonados con el Reina Sofía, que esta vez ha llegado de la mano del premio Cervantes. Debe relativizarse la disposición cronológica de los poemas, dado el sistemático proceso de reescritura y actualización al que Pacheco los somete. Su poética es un logro no ya de la difícil facilidad, según el axioma lopesco "oscuro el borrador y el verso claro", sino de una máquina expresiva que, con materiales del común, proyecta luz no usada sobre el haz y el envés de lo real, resolviendo en claridad reveladora lo intrincado, lo recóndito o lo remoto. Ello apunta ya en Los elementos de la noche (1963), se adensa a partir de No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), y alcanza culminación en los títulos que siguieron a Siglo pasado (desenlace), de 2000. Para plasmar distanciadamente los cataclismos programados o provocados por los hombres, el poeta convierte al ser humano en objeto percibido desde fuera, según sucede en 'La mosca juzga a miss Universo', o en 'La mirada del otro', cuyos versos finales podrían figurar en una antología de antologías. Aunque acaso lo que más sorprenda es la armoniosa intersección entre compromiso histórico y tradición literaria, cuyos grandes tópicos reinventa -y no sólo reproduce- genialmente. Un poema como 'En resumidas cuentas' recrea el ubi sunt? ascético-cristiano en una pregunta ("¿En dónde está lo que pasó / y qué se hizo de tanta gente?") que pierde su condición retórica cuando halla respuesta en una composición contigua: "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años" ('Antiguos compañeros se reúnen'). Y en el recentísimo 'Nubes' (Como la lluvia, 2009), poema perfecto por su ejecución y conmovedor por su belleza asoladora, el baile entre Naturaleza e Historia genera versos donde resuena Fray Luis ("Islas de niebla, flotan, se deslíen / Y nos dejan hundidos en la Tierra"), pero también los poemas romanos de Du Bellay o Quevedo, según los cuales lo que pasa es lo que queda: "Las nubes duran porque se deshacen. / Su materia es la ausencia y dan la vida".

Contraelegía
José Emilio Pacheco
Edición de Francisca Noguerol
Universidad de Salamanca /
Patrimonio Nacional. Salamanca, 2009
352 páginas. 20 euros


Articulo:
http://www.elpais.com 17/04/2010
Ilustracion: LOREDANO