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Cañasanta sobre Azul@rte:
-EL DOSSIER : MARK TWAIN (1835-1910)
Por Francisco Arias Solís
“El banquero es un señor que nos presta el
paraguas cuando hay sol y nos lo exige
cuando empieza a llover.”
Mark Twain.
LA VOZ DE UN POPULAR HUMORISTA
Tres novelistas de nota ofrece la literatura estadounidense en la segunda mitad del siglo XIX: Nathaniel Hawthorne, Francis Bret Harte y Mark Twain, seudónimo de Samuel Langhorne Clemens. Los tres autores tomaron como tema de sus narraciones la realidad viva y actual de su propia experiencia.
Mark Twain es uno de los grandes humoristas de la literatura contemporánea y ha gozado de inmensa popularidad, no sólo en América, sino en todo el viejo mundo que se preocupa de asuntos literarios. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas. Aplaudido como humorista a un lado y otro del océano se reveló, además, como notable novelista de honda sensibilidad. Sus estudios de costumbres norteamericanas son tan cuidados como exactos. Sus novelas son muy bien recibidas por el público norteamericano, que se ve retratado en ellas, de una manera normalmente amable y humorística. Si bien algunos críticos han señalado que el humorismo de Twain, no siempre es un modelo de buen gusto, sin embargo, la mayoría de los críticos literarios coinciden en poner de relieve que es entretenido, gracioso y de un fondo muy humano.
Samuel Langhorne Clemens nació en Florida, Missouri, el 30 de noviembre de 1835 y falleció en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910. El novelista nos ha narrado su infancia en su Autobiografía, que se publicó póstumamente en 1924. Pasó los primeros años de su vida a orillas del río Mississippi, presente en varias de sus obras. Huérfano a los doce años, desempeñó diversos oficios. Trabajó como aprendiz de imprenta, posteriormente, como tipógrafo, ayudante de piloto del vapor “Alex Scott” -su seudónimo es la expresión utilizada en el río Mississippi que significa “dos brazas de profundidad” e indica el calado mínimo para la buena navegación-, participó en la guerra de Secesión (1961) y fue minero en el Far West, periodista, gran viajero y conferenciante de éxito. En 1870 contrajo matrimonio con Olivia Langdon. En 1907 se le concede el título de doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. Curiosamente su nacimiento coincidió con el paso del cometa Halley, el único cometa de ciclo corto que es visible a simple vista, y conociendo la nueva visita del mismo, predijo su muerte coincidiendo con su aparición, se equivocó sólamente en un día.
Tras publicar la narración humorística La famosa rana cantarina del condado de Calaveras (1865), utilizó sus experiencias en otros continentes para Los inocentes en el extranjero (1869). Sus tres obras más célebres son: Vida en el Mississippi (1883), Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), basadas en los recuerdos de infancia y adolescencia. Las dos últimas narran las peripecias de dos jóvenes en un mundo complejo, duro, divertido y siniestro a la vez. Con ellas devolvió la espontaneidad a la prosa de su generación. Su lenguaje riquísimo, salpicado de dialectalismos y “slang”, claro, vivaz y lleno de humor, permite a cada uno de los personajes hablar con voz propia con enorme eficacia cómica y expresiva. El enfrentamiento entre civilización excesiva y libertad constituye el motivo central de los tres libros. Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889) está ambientada en una Inglaterra medieval algo anacrónica, en la que el protagonista se esfuerza por implantar los valores positivistas y productivistas; si aquí la sátira social carece de amargura, no se puede decir lo mismo de sus últimas novelas, tales como, El hombre que corrompió Hadleyburg (1899) y la inconclusa El misterioso extranjero, publicada póstumamente en 1916, que reflejan una visión del mundo pesimista y algo desabrida. Y como dijo el novelista estadounidense: “El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir”.
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-ENSAYO : LAS PALABRAS
Por Magnolia Rivera
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas, (…).
Octavio Paz. Las palabras
Uno vive todos los días, desde que nace hasta que muere, remando entre palabras, nadando arduamente y a veces ahogándose en ellas. Sin embargo, es posible -totalmente posible- pasar la vida sin tomar conciencia de que existen. Es como vivir muchos años junto al padre o madre y no saber quién es él o ella realmente.
En Florencia me encontré con las palabras. No es que antes no las conociera. No es que me faltara algún sentido para poder percibirlas y usarlas. Las utilizo a cada paso. Con ellas reflexiono, hablo, leo y escribo todos los días. Lo que sucedió fue que, sin saber exactamente cómo, me hicieron notar -ellas mismas- que están vivas, que son humanas y que respiran. Son golems creados por sus autores, por los que las piensan y las hacen carne.
Una tarde, camino al Ponte Vecchio, me salieron al paso los versos de una canción de Begnini. En la pared amarilla de la calle sola los vocablos del grafitti me hicieron detenerme. Ahí, en esa vía igual a muchas de la ciudad antigua, el momento se volvió único. Las palabras se tornaron emociones. En ese instante me detuve a meditar en el hecho de la levedad aparente y del profundo peso que contienen. En la pared leí:
Nell’amor le parole non contano /conta... la música. (1)
La palabra es el traje ¿qué hay adentro? Los lingüistas, los sicólogos y los poetas conocen de sobra la carga afectiva que llevan las palabras. Lo dijo Neruda: Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos. (2). Poseen un cuerpo y un alma. Tienen cáscara y pulpa, ropaje y vísceras, coraza y corazón.
Una mañana, entrando al patio central de la Academia de las Bellas Artes de Florencia, una gran palabra me recibió plena. RIOT. Justo en el pecho de la estatua, en el patio del antiguo edificio. RIOT como escrita de prisa, sin cuidar el brochazo. Cuatro letras que suenan a roto, a corrupto, a ruido y a relajo. Riot en inglés o en italiano. Desmadre en español.
Las letras en el pecho de la escultura y las de la canción en la calle me hablaron en lenguas diferentes, de una pasión a otra. Y comencé a entender. Comprendí los sonidos y más allá, el calor, el color, el peso, el ánima de los vocablos.
En los angostos callejones florentinos y en las anchurosas plazas, en el aire y en la tierra misma, susurran las voces pretéritas, resuenan los ecos del ayer, en la fónica expresión, en el sacro lenguaje. Metonimia, metáfora, metafísica. En estas latitudes, como en otras, habla la vida. Palpitan los sonidos fricativos, sibilantes, guturales, dentales, nasales, musicales, autónomos, inmersos, liberados, ardientes, velares, palatales, oclusivos, radiantes, dispersos, genuinos, creativos, propiciatorios, agrestes, profusos, terrenales, inversos, alveolares, camaleónicos y abiertos hasta el cielo.
También en Florencia, finalmente, me reencontré con Dante. En estas latitudes ¿qué mejor homenaje a la palabra puede pedirse que aquellos versos de La Divina Comedia?:
Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita (3)
Con el Verbo se hizo la luz el primer día. Sólo con su ausencia habrá de venir la oscuridad más absoluta, porque cada vocablo es una brújula que nos ayuda a encontrar el camino. Porque su poder es inefable.
Después del despertar, valoro aún más la semilla, los frutos del tiempo. En el espejo habita la flor de la palabra.
NOTAS.
(1) “En el amor no cuentan las palabras/ lo único que importa es la música” De Quanto t’ho amato. Letra de Roberto Benigni y Vincenzo Cerami. Música de Nicola Piovani.
(2)NERUDA, Pablo. Confieso que he vivido. Pág. 67. México, Origen Planeta, 1985, (Literatura Contemporánea, 5)
(3)ALIGHIERI, Dante. La Divina Comedia. Canto I. Infierno.1-3. “A mitad del camino de la vida / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado.”
Magnolia Rivera (Sinaloa, 1962). Escritora y pintora. Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI 2004 por su libro Trampantojos, el Círculo en la Obra de Remedio Varo (Siglo XXI, 2005, 222 pp.). Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Autónoma de Guadalajara. Maestra en Artes Visuales con Mención Honorífica (Academia de San Carlos, Escuela Nacional de Artes Plásticas, Universidad Nacional Autónoma de México).
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