
El DVD se despeña
Por Juan SARDÁ
La piratería tritura el sector mientras los independientes resisten
El DVD ha perdido hasta un 75% de mercado. Mientras las majors de Hollywood amenazan con retirarse, la ministra González-Sinde apaga fuegos en Washington. Los editores de títulos de autor resisten aumentando la calidad. ¿Será internet la única salida?
Parecía el mundo al revés. La ministra Ángeles González-Sinde, apodada “sin descargas” y enemigo público número uno de los mal llamados “internautas”, defendía la semana pasada en Estados Unidos que parte de la rampante piratería en España se debe a la poca disponibilidad legal de títulos en la red. Al otro lado de la mesa, Bob Pisano, presidente de la MPAA (Motion Picture Association of America), representante de la industria de Hollywood, le sacaba los colores.
De fondo, la amenaza proferida por el presidente de Sony Pictures, Michael Lynton, a finales de marzo: “La gente está bajando películas en cantidades tan grandes en España que estamos a un paso de considerar que el negocio del entretenimiento ya no es viable para nosotros”. Aunque al cabo de pocos días la filial española negó la mayor, España está en el mejor camino para tener el “honor” de convertirse en el segundo país “pirata” tras Corea del Sur. Así, quien descarga ilegalmente lo tendrá más difícil para encontrar copias en buen estado y debidamente subtituladas.
El huracán de las descargas ilegales por internet ha sido especialmente cruel con el DVD, con diferencia el sector más afectado de todo el engranaje industrial. Desde los años 80, con el nacimiento del VHS, y más adelante con su posterior evolución digital con el cambio de siglo, el cine “doméstico” ha sido un negocio multimillonario. Durante mucho tiempo, la idea de que el verdadero dinero del cine estaba en el vídeo se convirtió incluso en un tópico. La realidad es cruda: en 2003, en pleno despegue del DVD, el mercado videográfico español era el quinto del mundo, el negocio se cifraba en 400 millones de euros y había 12.000 videoclubes. En 2009, esas mismas empresas han ganado 115 millones de euros; y España ha caído a la octava posición. Los videoclubes han sido los más perjudicados: sólo quedan 2.000, es decir, más de un 75% menos.
Distribución imperfecta
La realidad es clara y cristalina. Más allá de amenazas y globos sonda llegados desde Hollywood, el DVD corre el riesgo serio y real de desaparecer completamente. Al margen de las implicaciones económicas (que ya han sido devastadoras), semejante cataclismo supondría un “apagón cultural” en toda regla que dejaría desabastecido al mercado legal nacional de decenas de títulos fundamentales en la historia del cine, a sumar las imprescindibles rarezas y apuestas de vanguardia que forman parte del rico tejido del vídeo doméstico. ¿Qué pasaría en España si, de repente, desaparecieran todas las editoriales de libros? La comparación no es baladí y Dídac Aparicio, director de la muy exquista distribuidora Intermedio, echa mano del agravio comparativo: “Lo ves en las propias tiendas como Fnac. Los libros mantienen un prestigio y un respeto que a nosotros se nos niega. Es habitual ver montañas de DVD tirados por el suelo como si tal cosa”.
La labor de Intermedio va más allá del negocio. Gracias a sus cuidadísimas ediciones, en España se han podido ver con copias dignas filmografías apasionantes e inéditas como las de Pedro Costa, Aleksandr Sokurov, Raymond Depardon o Jia Zhangke. Para Aparicio, el problema no sólo tiene que ver con la piratería: “Las grandes superficies han dejado de creer en el DVD. Nuestro problema es que dependemos en exceso de su criterio y en los grandes almacenes a la vista está que cada día le dedican menos espacio. Hace pocos días, la Fnac puso trabas para que comercialicemos en Madrid un cofre con las películas de Albert Serra porque creían que no podría funcionar fuera de Cataluña. Estamos hablando de un director catalán y español con una gran proyección internacional. Quienes antes han perdido el entusiasmo son las propias tiendas”. Intermedio ha sufrido, y mucho, la crisis de ventas pero ha logrado mantenerse: “En realidad, hemos ido fluctuando. Los dos primeros años fueron muy buenos, y a partir de allí hemos bajado en ventas pero con variaciones. Este 2010, por ejemplo, nos está yendo bastante bien”. Su título más exitoso hasta la fecha ha sido Histoires du Cinéma, de Jean Luc Godard, con 5.000 ejemplares vendidos.
La fórmula de Intermedio consiste en trabajar los DVD para que sean objetos que “la gente quiera guardar. Cada vez editamos libros más completos como acompañamiento a las películas”. Es la misma estrategia en la que tiene previsto profundizar Avalon: “No creo que el DVD desaparezca porque a la gente le gusta coleccionar. Como ya está sucediendo, habrá cada vez menos y mejor editados. Eso si no se hunde el negocio del todo”.
En Avalon están más preocupados que en Intermedio. Responsables de la Colección Fnac (que ha traído a España películas esenciales de Fassbinder, Casavettes, Clouzot o Bresson) y especializados también en documentales musicales como Let's Get Lost (sobre Bruce Weber) o el reciente Rock-Ola alrededor de la Movida madrileña.
La guerra de internet
Su responsable, Enrique Costa, está indignado: “Estamos perdiendo la guerra de internet. La piratería es el problema número uno y tiene muchas causas, además de que no está perseguida legalmente. Por ejemplo, los tiempos. Nuestro público es muy cinéfilo y lo quiere ver todo cuanto antes. Veamos una película como Un profeta, de Jacques Audiard. Se estrena en mayo de 2009 en Cannes y arrasa. A España no llega a las salas hasta febrero de 2010 y debido a los períodos de explotación legales nosotros no podríamos venderlo o alquilarlo como DVD hasta cuatro meses después. Para cuando llega a las estanterías, es una película vieja. Hay que ser más rápido que el viento y aun así siempre acabamos llegando tarde”.
El más dramático es Juan Carlos Tous, director de Cameo, distribuidora de DVD formada por los sellos cinematográficos más importantes (Golem, Wanda, Alta Films, etc). Tous lanzó hace unos meses filmin.es, portal de descargas legales por internet más importante junto a Filmotech. De momento, sobrevive gracias a las subvenciones de la Unión Europea: “Acabo de escribirle una carta a la ministra respecto a lo que dijo en Estados Unidos sobre la falta de oferta legal en la red aduciendo que ésta no podrá existir hasta que no se condene la piratería. Veamos el caso de la película Estigmas, de la que regalamos los primeros 4.000 visionados. Agotamos esa oferta en un fin de semana. Pero en cuanto empezamos a cobrar (dos euros) nadie quiso verla. Es tan sencillo como que la gente no quiere pagar porque lo tiene todo gratis de la forma más sencilla”.
Por ello, ninguno de los tres directivos pronostica un futuro inmediato que pase por la red. Costa, de Avalon, arguye que “los estrenos en DVD o por la red no funcionan. Sin salas no hay prestigio”. La conclusión es clara, o la Ley de Economía Sostenible contra los piratas se aplica ya o pronto en España será muy difícil ver películas en casa de forma legal.
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¿Matará el 3D al cine?
Carta desde Hollywood
Por Mike GOODRIDGE
Menos películas y todas en 3D. La crisis del DVD y del modelo de negocio está llevando a los estudios a minimizar riesgos y a cerrar sus divisiones artísticas. Hollywood, en crisis.
Hace poco, viendo Furia de titanes me di cuenta de hasta qué punto representa muchos de los males que aquejan a Hollywood. Repleta de efectos especiales y de acción, se pasó a 3D de forma apresurada tras el éxito de Avatar. Recortado su metraje a 108 minutos, se ha anulado cualquier profundización en los personajes. Aparecen grandes actores, como Elizabeth McGovern o Danny Huston, que apenas abren la boca, quedando claro que sus diálogos fueron eliminados. Sin ningún desarrollo dramático, y claramente dirigida a los adolescentes masculinos que son el núcleo de su “target”, la película huele a miedo. A miedo a no recuperar los 125 millones de dólares que ha costado, a los que hay que sumar 125 más de promoción. Y ese miedo la convierte en un parque temático.
El éxito de Avatar no debe ser subestimado. La industria del cine vive su crisis más aguda en décadas y debido a causas más peligrosas que el colapso financiero. El problema está en los cambios de hábito y en el hundimiento del sistema de distribución a través de diversas plataformas con unos períodos de lanzamiento entre unas y otras “ventanas”. El proceso ha sido el siguiente: estreno en salas, “video-on-demand”, DVD, televisión de pago y televisión gratuita. Este sistema ha permitido hasta hace poco a Hollywood rentabilizar sus multimillonarias inversiones. La exhibición en salas, en parte gracias al 3D, aún mantiene buena salud, pero los chicos de hoy en día no están dispuestos a esperar las 17 semanas que tarda en aparecer el DVD. Consecuencia: una piratería gigantesca y el colapso del vídeo doméstico con el problema añadido de que las televisiones prefieren las series y la telerrealidad y han dejado de comprar cine. ¿El resultado? Despidos masivos, recorte de gastos y una significativa reducción del títulos producidos primando sólo los blockbusters, y en 3D. El éxito del formato estereoscópico está siendo letal para los títulos de calidad.
Para aquellos que creemos que Hollywood puede ser mucho más que una fábrica de franquicias, el panorama jamás ha sido tan desolador. En los estudios ya no queda nadie con ganas de correr riesgos. Y cuando lo hacen, se les quitan las ganas. El último ejemplo ha sido el descalabro del filme sobre Iraq Green Zone a pesar de contar con Matt Damon como protagonista. Mientras en los años 70 y 80 el público hacía cola para ver filmes sobre Vietnam como El cazador (1978) o Platoon (1986), el colapso de Green Zone puede significar el punto final a las películas serias sobre la actualidad.
Casi todos los estudios han cerrado sus divisiones artíticas. En los últimos meses han desaparecido Miramax (Disney), Warner Independent Pictures y Paramount Vantage. Estas productoras han sido responsables en los últimos años de filmes como No es país para viejos, Pozos de ambición o Slumdog Millionaire. Un vistazo a los estrenos de este verano da una idea del desastre: las secuelas de Iron Man, Sexo en Nueva York, Shrek, Toy Story o Crepúsculo se suman a las adaptaciones de éxitos nacidos en la televisión, como El equipo A o remakes como el de Karate Kid. Todos los veranos se han acumulado títulos de estas características, la gran diferencia es que este año no va a haber alternativa. Muchas ciudades de Estados Unidos sólo van a ofrecer estas películas porque no habrá otras.
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Piratería 2.0: pánico en las salas
Por Juan SARDÁ
Final de año decisivo para las descargas ilegales. Los sectores, en pie de guerra
Sí, un panorama desolador: las ventas de DVD se hunden, las salas se vacían, cierran los videoclubs y los derechos de televisión empiezan a ser papel mojado. El cine español tiene otro problema, las descargas ilegales, que se reinventan cada día a través de nuevas formas dentro de lo que podría llamarse la Piratería 2.0. Este mes de diciembre es decisivo. La comisión interministerial ha propuesto al gobierno bloquear las 'web' que faciliten las descargas piratas a través de la llamada Comisión de Propiedad Intelectual, iniciativa incluida parcialmente en la Ley de Economía Sostenible. La iniciativa ha provocado un nuevo quebradero de cabeza a Zapatero, que niega que se vaya a cerrar ninguna web. Además, el 18, la Unión Europa lanzará el llamado 'Paquete Telecom' en el que avalará la ley francesa de los tres avisos y EEUU ultima el acuerdo ACTA por el que pasaría a responsabilizar a las operadoras. Internet ya está en alerta. Los sectores afectados, en pie de guerra.
En España, es más fácil ver (o poseer, hay quien las acumula a centenares) una película gratis que pagando y, desde luego, a nadie le gusta rascarse el bolsillo. La web está inundada de páginas desde las que cualquiera con una conexión ADSL puede “bajarse” sin problemas películas recientes. Basta con poner el nombre del filme en cuestión en Google, ir a una página de enlaces o que permita visualizarlas en formato streaming y hacer doble click con el ratón. Incluso es posible escoger entre una versión doblada o subtitulada. Si se opta por una película en cartel lo más probable es que se acabe descargando una de esas pésimas grabaciones realizadas desde las butacas, pero ahí está, al alcance de todos por el módico precio de cero y, de momento, sin temor alguno de que la justicia lo persiga. Incluso las gestoras de derechos españolas han renunciado a apuntar al usuario individual para centrar su batalla en los administradores de tales portales, cuyo negocio es redondo. La realidad es que hace mucho tiempo que el “simple” intercambio de archivos, inicio del problema, es historia. Porque la piratería por Internet avanza a un ritmo imparable adoptando fórmulas cada vez más sofisticadas e indetectables ante el entusiasmo de una población que quiere seguir sin pagar, y unos esfuerzos que en nuestro país tendrán su momento clave el próximo 10 de diciembre, cuando la Comisión Interministerial encargada del asunto llegue a unas conclusiones que serán elevadas al Consejo de Ministros antes del 31 de diciembre. No cabe descartar nuevos retrasos ante la impopularidad de medidas contundentes. Mientras, las instancias internacionales también presen- tan un nivel de actividad insólito. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos preparan nuevas medidas, centradas en lo represivo y que, además, muy pronto pueden quedar obsoletas si no han quedado ya.
Otros factores, como el conflicto entre el magnate Ruport Murdoch y Google, o la decisión del The Times de cobrar por sus contenidos parecen avanzar un nuevo escenario que ponga fin a la cultura de lo gratis, aunque deberán enfrentarse a un complejo panorama legal además de a la imprevisibilidad de ese monstruo incontrolable llamado Internet.
Cifras desoladoras
Todo comenzó hace ya diez años con la aparición de Napster, el primer intercambiador de archivos musicales. Aunque un juez de Estados Unidos cerró el negocio dos años después, el nuevo modelo de consumo cultural basado en la gratuidad se expandió como la pólvora en una sociedad que percibía que las discográficas habían acumulado fortunas a costa de precios abusivos. Los propios artistas llevaban años denunciando contratos leoninos, lo que redundó en su claro desprestigio. Según Eva, del popular grupo Amaral,“la piratería ha terminado con la arrogancia de las multinacionales”. Las consecuencias han sido demoledoras para la industria musical. Desde 2001 hasta el primer semestre de 2009, las ventas de discos han caído un 56%. En 2003, el sector facturaba 450 millones; en 2008, 280. Durante años, la debacle de la música afectó en menor medida al cine, porque descargarse una canción requiere una tecnología más sencilla. Pero en cuanto las operadoras comenzaron a comerciar servidores de banda ancha, el cáncer llegó al cine.
Las cifras ofrecen una paradoja: nunca se ha visto tanto cine, lo que es buena noticia, pero nunca se ha pagado tan poco. Según la Coalición de Creadores, lobby de presión que aglutina a la industria audiovisual y musical, en 2008 se descargaron más de 350 millones de películas. En este 2009, prevén que la cifra haya aumentado. Las ventas de DVD han bajado un 50% desde 2005 a 2008 y en los últimos cinco años el número de videoclubes ha pasado de 12.000 a 3.000. Además, entre 2003 y 2008, los cines han perdido 36 millones de espectadores, un 25%. Este 2009 está siendo más benigno ya que durante el primer semestre la asistencia ha crecido un 7,9%, gracias en gran parte al éxito del 3D, una tecnología imposible de piratear, pero la sensación de alarma en el sector audiovisual hace tiempo que alcanzó el estado de pánico. Y mientras las cifras cantan, la percepción es que el Gobierno no ha hecho nada para superar un confuso panorama legal que en teoría condena la piratería, amparándose en las ya prehistóricas leyes de propiedad intelectual, pero que ni jueces ni fiscales han instado a su aplicación por Internet salvo, quizá, en el cristalino caso del top manta, que hoy es residual.
Descarga rápida y legal
osé María Morales, presidente de la productora y distribuidora Wanda y director de Cameo, plataforma de cine independiente en DVD, resume el sentir del sector: “Urge que haya un debate en profundidad en la sociedad. Los daños económicos y morales han sido incalculables. Hay mucha gente que vive del sector audiovisual, no sólo los actores famosos. Nosotros estamos intentando comprender a los usuarios y ellos deberían hacer un esfuerzo por comprendernos a nosotros”.
Esa comprensión de Morales ha pasado por la puesta en marcha del portal Filmin.es, en el que es posible descargar películas de forma cien por cien legal, rápida y segura por dos y tres euros. EGEDA, la asociación de productores, acaba de poner en marcha un portal parecido, Filmotech.com. Y acaba de nacer el videoclub de elmundo.es, una iniciativa con visos de obtener un gran éxito ya que cuenta como gran ventaja sus más de 25 millones de lectores. Por su parte, Agustín Almodóvar, de El Deseo, cree que no sólo hay que poner el acento en el apartado monetario, que también, sino sobre todo en ese aspecto moral: “En España los artistas son los titulares de los derechos de sus creaciones y están legitimados para tener el control sobre cómo se difunden. Para nosotros es un drama que después de todo el esfuerzo que metemos en ofrecer un producto de una calidad impecable la gente lo consuma de una forma lamentable. El daño es infinito y descomunal”, concluye de forma dramática.
País de chorizos
Aunque la piratería es un problema internacional, a nadie se le escapa que España es uno de los países líderes en este apartado, como ha denunciado el gobierno de Estados Unidos (ver recuadro) y demuestran las cifras. ¿Por qué España y no Alemania, Holanda o ya no digamos Francia e Inglaterra? Gerardo Herrero, productor de Tornasol y director de cine, hombre clave en el cine español, lo tiene claro: “Este es un país de chorizos. Recuerdo un día en el que fui a comprar el periódico y el quiosquero se estaba bajando una película. Le dije que yo tampoco pensaba pagarle la prensa. La gente no entiende que está exactamente igual de mal robar en El Corte Inglés que descargarse sin permiso una obra audiovisual protegida”. A la bajada de asistencia a las salas, de ventas en DVD y al cierre de los videoclubes, Herrero añade otro daño colateral: “Los derechos para televisión, un pilar fundamental, también han perdido mucho valor. Y ya no hablo del perjuicio causado a la televisión de pago”. A la falta de una legislación clara, se uniría una “falta de educación cívica”. La realidad es que una encuesta del CIS realizada en marzo de 2007, arrojaba como resultado que un 80% de los que tienen entre 16 y 24 años se bajan de forma regular contenidos sin pagar y que para un 60% del total la piratería no es tal sino que está justificada. Un mismo porcentaje acusaba a la industria cultural de poner precios demasiado caros.
La industria audiovisual ha seguido una estrategia menos ruidosa que la SGAE. Mientras la entidad dirigida por Teddy Bautista ha alcanzado un alto nivel de notoriedad con políticas agresivas como la imposición de un canon a los cedés vírgenes, la asociación de productores audiovisuales, EGEDA, ha optado, como explica Herrero, “por defender sus intereses de forma más discreta, muchas veces quizá obteniendo mejores resultados. Yo prefiero esta forma de actuar”. De momento, esa estrategia de los productores pasa por esquivar el enfrentamiento con el Gobierno y evitar la censura a los usuarios. En el aire queda una pregunta: ¿Ha sido la industria audiovisual demasiado blanda con el Gobierno debido a su dependencia de las subvenciones? Para todos los encuestados, tal supuesto parte de la imagen falsa, propagada por determinados medios, de que es un sector que sobrevive gracias a la caridad estatal.
“Paquete Telecom”
Pero no enfrentarse al Gobierno ni a los internautas no arregla el problema. Muchos abogan por buscar una salida internacional al asunto: “La piratería es un fenómeno global y así debe ser tratado”, afirma Morales, de Wanda. Las primeras iniciativas están en marcha. La Unión Europea acaba de lanzar el llamado “Paquete Telecom” que se oficializará el próximo 18 de diciembre, fecha a partir de la cual los Gobiernos tienen 18 meses para incorporarlo a sus legislaciones. Lo más notorio es que se bendice la famosa ley de los “tres avisos” de Francia e Inglaterra, por la que los usuarios perderían su conexión a Internet de forma automática, es decir, sin autorización judicial, a la tercera vez que se descarguen archivos protegidos por propiedad intelectual.
Y mientras Bruselas legisla, Estados Unidos prepara su propia ofensiva legal de forma discreta mediante el Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA), en cuya negociación participan 40 países. Se conocen pocos detalles, salvo uno crucial: el acuerdo pondría el acento en la responsabilidad de las operadoras, que deberán responder por las actividades delictivas de sus clientes.
Los “tres avisos”, y la Ley
A la espera de las conclusiones del ACTA, que continuará su ronda de negociaciones en México durante el próximo mes de enero, la aparente contundencia de la nueva normativa europea con su bendición de los “tres avisos” (que apoyan Almodóvar o Herrero) fue matizada hace pocos días en Barcelona por Viviane Reding. La Comisaria Europea para la Sociedad de la Información advirtió, paradójicamente, que el corte de Internet por “uso fraudulento” va “contra la normativa comunitaria” y que “la represión no va a detener la piratería en Internet pues puede provocar el efecto contrario”. Reding, además, puso en valor tres principios que concuerdan con la batalla que, por su parte, libra la combativa Asociación de Internautas española: “El respeto de los derechos de las personas, la presunción de inocencia y el derecho a la intimidad”. La protección de tales derechos fundamentales acaba por hacer de este embrollo un asunto aún más peliagudo. Tanto que, como advierte el abogado Luis Sendino, especialista en estos conflictos y una de las firmas más reconocidas, “no hay ni una sola sentencia firme en España que llegue a una conclusión definitiva”. Sendino, miembro del despacho Suárez de la Dehesa, el más importante de España en materia audiovisual, opina que tal falta de claridad se debe, en parte, a la “falta de valentía de los jueces y del propio Gobierno”. Almodóvar lo achaca a un supuesto populismo de las sucesivas administraciones.
En el lado contrario se sitúa Víctor Domingo, presidente de la mencionada Asociación de Internautas. Tachado por la industria cultural como “el hombre del gratis total”, el activista, muy combativo, funda su argumentación, entre otras cosas, en la defensa de las “libertades civiles”, expresión insólita en castellano que utiliza según la definición inglesa de “derechos que protegen al ciudadano frente al Gobierno”. Según Domingo, la aplicación de los “tres avisos” en España vulneraría el derecho a la intimidad: “Es un atentado contra la libertad espiar lo que yo me intercambio por Internet con los demás”, resume. Domingo oscila entre un discurso contemporizador (dice que está de acuerdo con que no se compartan archivos de los artistas que “expresamente así lo manifiesten” y aboga por la creación de una lista con esos artistas) y la defensa de posiciones más duras que pasan por esgrimir la crisis económica como argumento para no frenar las descargas gratuitas. También pone el acento en una cuestión espinosa: la copia privada. La cuestión de la copia privada ha sido el escollo con el que se han encontrado los jueces. Dicho en plata, ¿dónde está la diferencia entre el intercambio tradicional entre dos amigos de un DVD y ese mismo intercambio por Internet? La ley, en el artículo 270 del Código Penal, sólo condena a quien “reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente” una obra con “ánimo de lucro”.
De esta manera, el intercambio P2P podría ser plenamente legal y, de hecho, Domingo dice censurar a quienes se benefician de las obras ajenas sin pagar derechos aunque después matice que su persecución vulneraría ese derecho a la privacidad, con lo cual no acaba de quedar clara su postura. Sendino le enmienda la plana por completo: “En toda la Unión Europea, y ello incluye a España, las descargas y los intercambios entre pares (p2p) de música, de películas de cine o de libros electrónicos no autorizadas por sus titulares (autores, productores y editores) son ilegales. Otra cosa es que sean ilícitos civiles o penales, pero de lo que no hay duda es que se trata de actos ilícitos”.
Un futuro borroso
Muchas de estas páginas con enlaces o que permiten ver directamente la obra audiovisual con streaming basan su fundamento legal precisamente en esa falta de “ánimo de lucro”. Sendino pone en duda esas buenas intenciones ya que esos portales (entre los que se cuentan sitios tan populares como RapidShare, SendIt o Series Yonkis) han encontrado formas sutiles de ganar dinero, desde las más obvias, como la publicidad: “La televisión también es gratis y a nadie se le escapa que es un negocio gigantesco”, argumenta el abogado, hasta la obligación de registrarse para acceder a los contenidos. Con esos perfiles de usuarios particulares esos portales harían negocio al vendérselos a compañías que acumulan bases de datos. Sea como sea, todo parece indicar que el próximo 10 de diciembre el debate sobre la piratería no terminará sino que iniciará un nueva etapa. Quizá tan turbulenta, o más, que la que deja atrás.
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Estados Unidos avisa a España
En mayo pasado, el gobierno de EEUU publicaba el Informe Especial 301, conocido como la ‘Lista 301’. España aparecía así en la lista negra de países que no respetan lo suficiente la propiedad intelectual. Era, junto a Grecia, el único Estado desarrollado en el que la piratería cultural había alcanzado niveles alarmantes. También se incluía a Rusia, China y Uzbekistán. En el informe podía leerse que “el Gobierno español ha dedicado un esfuerzo mínimo para convencer a sus ciudadanos de que el intercambio de archivos es ilegal”. Además, censuraba que una circular del Fiscal General del Estado, emitida en 2006, “daba la impresión de que esa actividad es lícita”. El interés de la industria de Hollywood por la materia va mucho más allá de la cuestión moral. Sólo el año pasado, el 71% de las películas vistas en salas fueron de EEUU con una recaudación total de más de 444 millones de dólares.
Articulos: http://www.elcultural.es 05/06/2010
Por Juan SARDÁ
La piratería tritura el sector mientras los independientes resisten
El DVD ha perdido hasta un 75% de mercado. Mientras las majors de Hollywood amenazan con retirarse, la ministra González-Sinde apaga fuegos en Washington. Los editores de títulos de autor resisten aumentando la calidad. ¿Será internet la única salida?
Parecía el mundo al revés. La ministra Ángeles González-Sinde, apodada “sin descargas” y enemigo público número uno de los mal llamados “internautas”, defendía la semana pasada en Estados Unidos que parte de la rampante piratería en España se debe a la poca disponibilidad legal de títulos en la red. Al otro lado de la mesa, Bob Pisano, presidente de la MPAA (Motion Picture Association of America), representante de la industria de Hollywood, le sacaba los colores.
De fondo, la amenaza proferida por el presidente de Sony Pictures, Michael Lynton, a finales de marzo: “La gente está bajando películas en cantidades tan grandes en España que estamos a un paso de considerar que el negocio del entretenimiento ya no es viable para nosotros”. Aunque al cabo de pocos días la filial española negó la mayor, España está en el mejor camino para tener el “honor” de convertirse en el segundo país “pirata” tras Corea del Sur. Así, quien descarga ilegalmente lo tendrá más difícil para encontrar copias en buen estado y debidamente subtituladas.
El huracán de las descargas ilegales por internet ha sido especialmente cruel con el DVD, con diferencia el sector más afectado de todo el engranaje industrial. Desde los años 80, con el nacimiento del VHS, y más adelante con su posterior evolución digital con el cambio de siglo, el cine “doméstico” ha sido un negocio multimillonario. Durante mucho tiempo, la idea de que el verdadero dinero del cine estaba en el vídeo se convirtió incluso en un tópico. La realidad es cruda: en 2003, en pleno despegue del DVD, el mercado videográfico español era el quinto del mundo, el negocio se cifraba en 400 millones de euros y había 12.000 videoclubes. En 2009, esas mismas empresas han ganado 115 millones de euros; y España ha caído a la octava posición. Los videoclubes han sido los más perjudicados: sólo quedan 2.000, es decir, más de un 75% menos.
Distribución imperfecta
La realidad es clara y cristalina. Más allá de amenazas y globos sonda llegados desde Hollywood, el DVD corre el riesgo serio y real de desaparecer completamente. Al margen de las implicaciones económicas (que ya han sido devastadoras), semejante cataclismo supondría un “apagón cultural” en toda regla que dejaría desabastecido al mercado legal nacional de decenas de títulos fundamentales en la historia del cine, a sumar las imprescindibles rarezas y apuestas de vanguardia que forman parte del rico tejido del vídeo doméstico. ¿Qué pasaría en España si, de repente, desaparecieran todas las editoriales de libros? La comparación no es baladí y Dídac Aparicio, director de la muy exquista distribuidora Intermedio, echa mano del agravio comparativo: “Lo ves en las propias tiendas como Fnac. Los libros mantienen un prestigio y un respeto que a nosotros se nos niega. Es habitual ver montañas de DVD tirados por el suelo como si tal cosa”.
La labor de Intermedio va más allá del negocio. Gracias a sus cuidadísimas ediciones, en España se han podido ver con copias dignas filmografías apasionantes e inéditas como las de Pedro Costa, Aleksandr Sokurov, Raymond Depardon o Jia Zhangke. Para Aparicio, el problema no sólo tiene que ver con la piratería: “Las grandes superficies han dejado de creer en el DVD. Nuestro problema es que dependemos en exceso de su criterio y en los grandes almacenes a la vista está que cada día le dedican menos espacio. Hace pocos días, la Fnac puso trabas para que comercialicemos en Madrid un cofre con las películas de Albert Serra porque creían que no podría funcionar fuera de Cataluña. Estamos hablando de un director catalán y español con una gran proyección internacional. Quienes antes han perdido el entusiasmo son las propias tiendas”. Intermedio ha sufrido, y mucho, la crisis de ventas pero ha logrado mantenerse: “En realidad, hemos ido fluctuando. Los dos primeros años fueron muy buenos, y a partir de allí hemos bajado en ventas pero con variaciones. Este 2010, por ejemplo, nos está yendo bastante bien”. Su título más exitoso hasta la fecha ha sido Histoires du Cinéma, de Jean Luc Godard, con 5.000 ejemplares vendidos.
La fórmula de Intermedio consiste en trabajar los DVD para que sean objetos que “la gente quiera guardar. Cada vez editamos libros más completos como acompañamiento a las películas”. Es la misma estrategia en la que tiene previsto profundizar Avalon: “No creo que el DVD desaparezca porque a la gente le gusta coleccionar. Como ya está sucediendo, habrá cada vez menos y mejor editados. Eso si no se hunde el negocio del todo”.
En Avalon están más preocupados que en Intermedio. Responsables de la Colección Fnac (que ha traído a España películas esenciales de Fassbinder, Casavettes, Clouzot o Bresson) y especializados también en documentales musicales como Let's Get Lost (sobre Bruce Weber) o el reciente Rock-Ola alrededor de la Movida madrileña.
La guerra de internet
Su responsable, Enrique Costa, está indignado: “Estamos perdiendo la guerra de internet. La piratería es el problema número uno y tiene muchas causas, además de que no está perseguida legalmente. Por ejemplo, los tiempos. Nuestro público es muy cinéfilo y lo quiere ver todo cuanto antes. Veamos una película como Un profeta, de Jacques Audiard. Se estrena en mayo de 2009 en Cannes y arrasa. A España no llega a las salas hasta febrero de 2010 y debido a los períodos de explotación legales nosotros no podríamos venderlo o alquilarlo como DVD hasta cuatro meses después. Para cuando llega a las estanterías, es una película vieja. Hay que ser más rápido que el viento y aun así siempre acabamos llegando tarde”.
El más dramático es Juan Carlos Tous, director de Cameo, distribuidora de DVD formada por los sellos cinematográficos más importantes (Golem, Wanda, Alta Films, etc). Tous lanzó hace unos meses filmin.es, portal de descargas legales por internet más importante junto a Filmotech. De momento, sobrevive gracias a las subvenciones de la Unión Europea: “Acabo de escribirle una carta a la ministra respecto a lo que dijo en Estados Unidos sobre la falta de oferta legal en la red aduciendo que ésta no podrá existir hasta que no se condene la piratería. Veamos el caso de la película Estigmas, de la que regalamos los primeros 4.000 visionados. Agotamos esa oferta en un fin de semana. Pero en cuanto empezamos a cobrar (dos euros) nadie quiso verla. Es tan sencillo como que la gente no quiere pagar porque lo tiene todo gratis de la forma más sencilla”.
Por ello, ninguno de los tres directivos pronostica un futuro inmediato que pase por la red. Costa, de Avalon, arguye que “los estrenos en DVD o por la red no funcionan. Sin salas no hay prestigio”. La conclusión es clara, o la Ley de Economía Sostenible contra los piratas se aplica ya o pronto en España será muy difícil ver películas en casa de forma legal.
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¿Matará el 3D al cine?
Carta desde Hollywood
Por Mike GOODRIDGE
Menos películas y todas en 3D. La crisis del DVD y del modelo de negocio está llevando a los estudios a minimizar riesgos y a cerrar sus divisiones artísticas. Hollywood, en crisis.
Hace poco, viendo Furia de titanes me di cuenta de hasta qué punto representa muchos de los males que aquejan a Hollywood. Repleta de efectos especiales y de acción, se pasó a 3D de forma apresurada tras el éxito de Avatar. Recortado su metraje a 108 minutos, se ha anulado cualquier profundización en los personajes. Aparecen grandes actores, como Elizabeth McGovern o Danny Huston, que apenas abren la boca, quedando claro que sus diálogos fueron eliminados. Sin ningún desarrollo dramático, y claramente dirigida a los adolescentes masculinos que son el núcleo de su “target”, la película huele a miedo. A miedo a no recuperar los 125 millones de dólares que ha costado, a los que hay que sumar 125 más de promoción. Y ese miedo la convierte en un parque temático.
El éxito de Avatar no debe ser subestimado. La industria del cine vive su crisis más aguda en décadas y debido a causas más peligrosas que el colapso financiero. El problema está en los cambios de hábito y en el hundimiento del sistema de distribución a través de diversas plataformas con unos períodos de lanzamiento entre unas y otras “ventanas”. El proceso ha sido el siguiente: estreno en salas, “video-on-demand”, DVD, televisión de pago y televisión gratuita. Este sistema ha permitido hasta hace poco a Hollywood rentabilizar sus multimillonarias inversiones. La exhibición en salas, en parte gracias al 3D, aún mantiene buena salud, pero los chicos de hoy en día no están dispuestos a esperar las 17 semanas que tarda en aparecer el DVD. Consecuencia: una piratería gigantesca y el colapso del vídeo doméstico con el problema añadido de que las televisiones prefieren las series y la telerrealidad y han dejado de comprar cine. ¿El resultado? Despidos masivos, recorte de gastos y una significativa reducción del títulos producidos primando sólo los blockbusters, y en 3D. El éxito del formato estereoscópico está siendo letal para los títulos de calidad.
Para aquellos que creemos que Hollywood puede ser mucho más que una fábrica de franquicias, el panorama jamás ha sido tan desolador. En los estudios ya no queda nadie con ganas de correr riesgos. Y cuando lo hacen, se les quitan las ganas. El último ejemplo ha sido el descalabro del filme sobre Iraq Green Zone a pesar de contar con Matt Damon como protagonista. Mientras en los años 70 y 80 el público hacía cola para ver filmes sobre Vietnam como El cazador (1978) o Platoon (1986), el colapso de Green Zone puede significar el punto final a las películas serias sobre la actualidad.
Casi todos los estudios han cerrado sus divisiones artíticas. En los últimos meses han desaparecido Miramax (Disney), Warner Independent Pictures y Paramount Vantage. Estas productoras han sido responsables en los últimos años de filmes como No es país para viejos, Pozos de ambición o Slumdog Millionaire. Un vistazo a los estrenos de este verano da una idea del desastre: las secuelas de Iron Man, Sexo en Nueva York, Shrek, Toy Story o Crepúsculo se suman a las adaptaciones de éxitos nacidos en la televisión, como El equipo A o remakes como el de Karate Kid. Todos los veranos se han acumulado títulos de estas características, la gran diferencia es que este año no va a haber alternativa. Muchas ciudades de Estados Unidos sólo van a ofrecer estas películas porque no habrá otras.
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Piratería 2.0: pánico en las salas
Por Juan SARDÁ
Final de año decisivo para las descargas ilegales. Los sectores, en pie de guerra
Sí, un panorama desolador: las ventas de DVD se hunden, las salas se vacían, cierran los videoclubs y los derechos de televisión empiezan a ser papel mojado. El cine español tiene otro problema, las descargas ilegales, que se reinventan cada día a través de nuevas formas dentro de lo que podría llamarse la Piratería 2.0. Este mes de diciembre es decisivo. La comisión interministerial ha propuesto al gobierno bloquear las 'web' que faciliten las descargas piratas a través de la llamada Comisión de Propiedad Intelectual, iniciativa incluida parcialmente en la Ley de Economía Sostenible. La iniciativa ha provocado un nuevo quebradero de cabeza a Zapatero, que niega que se vaya a cerrar ninguna web. Además, el 18, la Unión Europa lanzará el llamado 'Paquete Telecom' en el que avalará la ley francesa de los tres avisos y EEUU ultima el acuerdo ACTA por el que pasaría a responsabilizar a las operadoras. Internet ya está en alerta. Los sectores afectados, en pie de guerra.
En España, es más fácil ver (o poseer, hay quien las acumula a centenares) una película gratis que pagando y, desde luego, a nadie le gusta rascarse el bolsillo. La web está inundada de páginas desde las que cualquiera con una conexión ADSL puede “bajarse” sin problemas películas recientes. Basta con poner el nombre del filme en cuestión en Google, ir a una página de enlaces o que permita visualizarlas en formato streaming y hacer doble click con el ratón. Incluso es posible escoger entre una versión doblada o subtitulada. Si se opta por una película en cartel lo más probable es que se acabe descargando una de esas pésimas grabaciones realizadas desde las butacas, pero ahí está, al alcance de todos por el módico precio de cero y, de momento, sin temor alguno de que la justicia lo persiga. Incluso las gestoras de derechos españolas han renunciado a apuntar al usuario individual para centrar su batalla en los administradores de tales portales, cuyo negocio es redondo. La realidad es que hace mucho tiempo que el “simple” intercambio de archivos, inicio del problema, es historia. Porque la piratería por Internet avanza a un ritmo imparable adoptando fórmulas cada vez más sofisticadas e indetectables ante el entusiasmo de una población que quiere seguir sin pagar, y unos esfuerzos que en nuestro país tendrán su momento clave el próximo 10 de diciembre, cuando la Comisión Interministerial encargada del asunto llegue a unas conclusiones que serán elevadas al Consejo de Ministros antes del 31 de diciembre. No cabe descartar nuevos retrasos ante la impopularidad de medidas contundentes. Mientras, las instancias internacionales también presen- tan un nivel de actividad insólito. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos preparan nuevas medidas, centradas en lo represivo y que, además, muy pronto pueden quedar obsoletas si no han quedado ya.
Otros factores, como el conflicto entre el magnate Ruport Murdoch y Google, o la decisión del The Times de cobrar por sus contenidos parecen avanzar un nuevo escenario que ponga fin a la cultura de lo gratis, aunque deberán enfrentarse a un complejo panorama legal además de a la imprevisibilidad de ese monstruo incontrolable llamado Internet.
Cifras desoladoras
Todo comenzó hace ya diez años con la aparición de Napster, el primer intercambiador de archivos musicales. Aunque un juez de Estados Unidos cerró el negocio dos años después, el nuevo modelo de consumo cultural basado en la gratuidad se expandió como la pólvora en una sociedad que percibía que las discográficas habían acumulado fortunas a costa de precios abusivos. Los propios artistas llevaban años denunciando contratos leoninos, lo que redundó en su claro desprestigio. Según Eva, del popular grupo Amaral,“la piratería ha terminado con la arrogancia de las multinacionales”. Las consecuencias han sido demoledoras para la industria musical. Desde 2001 hasta el primer semestre de 2009, las ventas de discos han caído un 56%. En 2003, el sector facturaba 450 millones; en 2008, 280. Durante años, la debacle de la música afectó en menor medida al cine, porque descargarse una canción requiere una tecnología más sencilla. Pero en cuanto las operadoras comenzaron a comerciar servidores de banda ancha, el cáncer llegó al cine.
Las cifras ofrecen una paradoja: nunca se ha visto tanto cine, lo que es buena noticia, pero nunca se ha pagado tan poco. Según la Coalición de Creadores, lobby de presión que aglutina a la industria audiovisual y musical, en 2008 se descargaron más de 350 millones de películas. En este 2009, prevén que la cifra haya aumentado. Las ventas de DVD han bajado un 50% desde 2005 a 2008 y en los últimos cinco años el número de videoclubes ha pasado de 12.000 a 3.000. Además, entre 2003 y 2008, los cines han perdido 36 millones de espectadores, un 25%. Este 2009 está siendo más benigno ya que durante el primer semestre la asistencia ha crecido un 7,9%, gracias en gran parte al éxito del 3D, una tecnología imposible de piratear, pero la sensación de alarma en el sector audiovisual hace tiempo que alcanzó el estado de pánico. Y mientras las cifras cantan, la percepción es que el Gobierno no ha hecho nada para superar un confuso panorama legal que en teoría condena la piratería, amparándose en las ya prehistóricas leyes de propiedad intelectual, pero que ni jueces ni fiscales han instado a su aplicación por Internet salvo, quizá, en el cristalino caso del top manta, que hoy es residual.
Descarga rápida y legal
osé María Morales, presidente de la productora y distribuidora Wanda y director de Cameo, plataforma de cine independiente en DVD, resume el sentir del sector: “Urge que haya un debate en profundidad en la sociedad. Los daños económicos y morales han sido incalculables. Hay mucha gente que vive del sector audiovisual, no sólo los actores famosos. Nosotros estamos intentando comprender a los usuarios y ellos deberían hacer un esfuerzo por comprendernos a nosotros”.
Esa comprensión de Morales ha pasado por la puesta en marcha del portal Filmin.es, en el que es posible descargar películas de forma cien por cien legal, rápida y segura por dos y tres euros. EGEDA, la asociación de productores, acaba de poner en marcha un portal parecido, Filmotech.com. Y acaba de nacer el videoclub de elmundo.es, una iniciativa con visos de obtener un gran éxito ya que cuenta como gran ventaja sus más de 25 millones de lectores. Por su parte, Agustín Almodóvar, de El Deseo, cree que no sólo hay que poner el acento en el apartado monetario, que también, sino sobre todo en ese aspecto moral: “En España los artistas son los titulares de los derechos de sus creaciones y están legitimados para tener el control sobre cómo se difunden. Para nosotros es un drama que después de todo el esfuerzo que metemos en ofrecer un producto de una calidad impecable la gente lo consuma de una forma lamentable. El daño es infinito y descomunal”, concluye de forma dramática.
País de chorizos
Aunque la piratería es un problema internacional, a nadie se le escapa que España es uno de los países líderes en este apartado, como ha denunciado el gobierno de Estados Unidos (ver recuadro) y demuestran las cifras. ¿Por qué España y no Alemania, Holanda o ya no digamos Francia e Inglaterra? Gerardo Herrero, productor de Tornasol y director de cine, hombre clave en el cine español, lo tiene claro: “Este es un país de chorizos. Recuerdo un día en el que fui a comprar el periódico y el quiosquero se estaba bajando una película. Le dije que yo tampoco pensaba pagarle la prensa. La gente no entiende que está exactamente igual de mal robar en El Corte Inglés que descargarse sin permiso una obra audiovisual protegida”. A la bajada de asistencia a las salas, de ventas en DVD y al cierre de los videoclubes, Herrero añade otro daño colateral: “Los derechos para televisión, un pilar fundamental, también han perdido mucho valor. Y ya no hablo del perjuicio causado a la televisión de pago”. A la falta de una legislación clara, se uniría una “falta de educación cívica”. La realidad es que una encuesta del CIS realizada en marzo de 2007, arrojaba como resultado que un 80% de los que tienen entre 16 y 24 años se bajan de forma regular contenidos sin pagar y que para un 60% del total la piratería no es tal sino que está justificada. Un mismo porcentaje acusaba a la industria cultural de poner precios demasiado caros.
La industria audiovisual ha seguido una estrategia menos ruidosa que la SGAE. Mientras la entidad dirigida por Teddy Bautista ha alcanzado un alto nivel de notoriedad con políticas agresivas como la imposición de un canon a los cedés vírgenes, la asociación de productores audiovisuales, EGEDA, ha optado, como explica Herrero, “por defender sus intereses de forma más discreta, muchas veces quizá obteniendo mejores resultados. Yo prefiero esta forma de actuar”. De momento, esa estrategia de los productores pasa por esquivar el enfrentamiento con el Gobierno y evitar la censura a los usuarios. En el aire queda una pregunta: ¿Ha sido la industria audiovisual demasiado blanda con el Gobierno debido a su dependencia de las subvenciones? Para todos los encuestados, tal supuesto parte de la imagen falsa, propagada por determinados medios, de que es un sector que sobrevive gracias a la caridad estatal.
“Paquete Telecom”
Pero no enfrentarse al Gobierno ni a los internautas no arregla el problema. Muchos abogan por buscar una salida internacional al asunto: “La piratería es un fenómeno global y así debe ser tratado”, afirma Morales, de Wanda. Las primeras iniciativas están en marcha. La Unión Europea acaba de lanzar el llamado “Paquete Telecom” que se oficializará el próximo 18 de diciembre, fecha a partir de la cual los Gobiernos tienen 18 meses para incorporarlo a sus legislaciones. Lo más notorio es que se bendice la famosa ley de los “tres avisos” de Francia e Inglaterra, por la que los usuarios perderían su conexión a Internet de forma automática, es decir, sin autorización judicial, a la tercera vez que se descarguen archivos protegidos por propiedad intelectual.
Y mientras Bruselas legisla, Estados Unidos prepara su propia ofensiva legal de forma discreta mediante el Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA), en cuya negociación participan 40 países. Se conocen pocos detalles, salvo uno crucial: el acuerdo pondría el acento en la responsabilidad de las operadoras, que deberán responder por las actividades delictivas de sus clientes.
Los “tres avisos”, y la Ley
A la espera de las conclusiones del ACTA, que continuará su ronda de negociaciones en México durante el próximo mes de enero, la aparente contundencia de la nueva normativa europea con su bendición de los “tres avisos” (que apoyan Almodóvar o Herrero) fue matizada hace pocos días en Barcelona por Viviane Reding. La Comisaria Europea para la Sociedad de la Información advirtió, paradójicamente, que el corte de Internet por “uso fraudulento” va “contra la normativa comunitaria” y que “la represión no va a detener la piratería en Internet pues puede provocar el efecto contrario”. Reding, además, puso en valor tres principios que concuerdan con la batalla que, por su parte, libra la combativa Asociación de Internautas española: “El respeto de los derechos de las personas, la presunción de inocencia y el derecho a la intimidad”. La protección de tales derechos fundamentales acaba por hacer de este embrollo un asunto aún más peliagudo. Tanto que, como advierte el abogado Luis Sendino, especialista en estos conflictos y una de las firmas más reconocidas, “no hay ni una sola sentencia firme en España que llegue a una conclusión definitiva”. Sendino, miembro del despacho Suárez de la Dehesa, el más importante de España en materia audiovisual, opina que tal falta de claridad se debe, en parte, a la “falta de valentía de los jueces y del propio Gobierno”. Almodóvar lo achaca a un supuesto populismo de las sucesivas administraciones.
En el lado contrario se sitúa Víctor Domingo, presidente de la mencionada Asociación de Internautas. Tachado por la industria cultural como “el hombre del gratis total”, el activista, muy combativo, funda su argumentación, entre otras cosas, en la defensa de las “libertades civiles”, expresión insólita en castellano que utiliza según la definición inglesa de “derechos que protegen al ciudadano frente al Gobierno”. Según Domingo, la aplicación de los “tres avisos” en España vulneraría el derecho a la intimidad: “Es un atentado contra la libertad espiar lo que yo me intercambio por Internet con los demás”, resume. Domingo oscila entre un discurso contemporizador (dice que está de acuerdo con que no se compartan archivos de los artistas que “expresamente así lo manifiesten” y aboga por la creación de una lista con esos artistas) y la defensa de posiciones más duras que pasan por esgrimir la crisis económica como argumento para no frenar las descargas gratuitas. También pone el acento en una cuestión espinosa: la copia privada. La cuestión de la copia privada ha sido el escollo con el que se han encontrado los jueces. Dicho en plata, ¿dónde está la diferencia entre el intercambio tradicional entre dos amigos de un DVD y ese mismo intercambio por Internet? La ley, en el artículo 270 del Código Penal, sólo condena a quien “reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente” una obra con “ánimo de lucro”.
De esta manera, el intercambio P2P podría ser plenamente legal y, de hecho, Domingo dice censurar a quienes se benefician de las obras ajenas sin pagar derechos aunque después matice que su persecución vulneraría ese derecho a la privacidad, con lo cual no acaba de quedar clara su postura. Sendino le enmienda la plana por completo: “En toda la Unión Europea, y ello incluye a España, las descargas y los intercambios entre pares (p2p) de música, de películas de cine o de libros electrónicos no autorizadas por sus titulares (autores, productores y editores) son ilegales. Otra cosa es que sean ilícitos civiles o penales, pero de lo que no hay duda es que se trata de actos ilícitos”.
Un futuro borroso
Muchas de estas páginas con enlaces o que permiten ver directamente la obra audiovisual con streaming basan su fundamento legal precisamente en esa falta de “ánimo de lucro”. Sendino pone en duda esas buenas intenciones ya que esos portales (entre los que se cuentan sitios tan populares como RapidShare, SendIt o Series Yonkis) han encontrado formas sutiles de ganar dinero, desde las más obvias, como la publicidad: “La televisión también es gratis y a nadie se le escapa que es un negocio gigantesco”, argumenta el abogado, hasta la obligación de registrarse para acceder a los contenidos. Con esos perfiles de usuarios particulares esos portales harían negocio al vendérselos a compañías que acumulan bases de datos. Sea como sea, todo parece indicar que el próximo 10 de diciembre el debate sobre la piratería no terminará sino que iniciará un nueva etapa. Quizá tan turbulenta, o más, que la que deja atrás.
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Estados Unidos avisa a España
En mayo pasado, el gobierno de EEUU publicaba el Informe Especial 301, conocido como la ‘Lista 301’. España aparecía así en la lista negra de países que no respetan lo suficiente la propiedad intelectual. Era, junto a Grecia, el único Estado desarrollado en el que la piratería cultural había alcanzado niveles alarmantes. También se incluía a Rusia, China y Uzbekistán. En el informe podía leerse que “el Gobierno español ha dedicado un esfuerzo mínimo para convencer a sus ciudadanos de que el intercambio de archivos es ilegal”. Además, censuraba que una circular del Fiscal General del Estado, emitida en 2006, “daba la impresión de que esa actividad es lícita”. El interés de la industria de Hollywood por la materia va mucho más allá de la cuestión moral. Sólo el año pasado, el 71% de las películas vistas en salas fueron de EEUU con una recaudación total de más de 444 millones de dólares.
Articulos: http://www.elcultural.es 05/06/2010
