dimanche 6 juin 2010

Louise BOURGEOIS/ La eterna niña rebelde


Louise Bourgeois
La eterna niña rebelde

Otro artista venerado que se nos va. La escultora Louise Bourgeois, nuestro último lazo con el París de la belle epoque, ha fallecido este lunes a los 98 años en Nueva York, la ciudad que la acogió y en la que hizo historia al dedicarle el MOMA la primera retrospectiva que el museo organizó a una mujer cuando ya había cumplido los 70. Un reconocimiento tardío para una artista discípula de Léger: “Fue precisamente mi maestro Fernand Léger quien me dijo al ver mis dibujos que yo quería ser escultora”.


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“Mi infancia nunca ha perdido su magia, nunca ha perdido su misterio y nunca ha perdido su drama. Todos mis trabajos de los últimos 50 años tienen su origen en mi niñez”. Louise Bourgeois nació en París el 25 de diciembre de 1911, en la casa familiar del Boulevar Saint-Germain. Era la segunda de tres hermanos (junto a su hermana mayor Henriette y su hermano pequeño Pierre, con quien mantuvo siempre una relación de profundo afecto y protección). Al día siguiente, cuando su madre, Josephine, descubrió que había tenido una segunda niña, miró a su marido, Louis Bourgeois, y le dijo “se parece tanto a tí que debemos llamarla Louise”.

Años más tarde, la propia Louise afirmaba que seguramente ese fue el inicio de una relación con su padre donde ella asumía el papel del hijo que él siempre quiso.


La influencia de la familia

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial su padre entró en el ejército pero en 1915 fue herido y tuvo que volver a casa. Lo hizo acompañado de sus dos sobrinos, hijos de su hermano muerto en la guerra, a los que Louise nunca llegó a ver como auténticos hermanos. El negocio familiar, una galería de tapices de arte, fue la causa de que se trasladasen a Anthony, un suburbio de París en la rivera del río Bievre, donde el agua tenía unas cualidades perfectas para el tratamiento de los tapices. En 1929, con 18 años, Louise obtuvo el permiso de conducir y sustituyó a la institutriz, Sadie, como chófer de su madre. La relación con Sadie marcó profundamente a Bourgeois: su padre engañaba a su madre, a quien Louise adoraba, con esta mujer y este episodio ha quedado reflejado en muchas de sus obras (como en la cueva-instalación “Destruction of the father”, 1974). Si bien es cierto, como dijo en una entrevista concedida en 2004 a EL CULTURAL, que ésta historia ya no le interesaba: “El incidente de Sadie y mi padre es auténtico, forma parte de mi vida, pero no es el significado de mi obra. Tiene más que ver conmigo y con lo que ha condicionado mis relaciones con otros. Ahora estoy más interesada en mi madre y en ser yo misma una buena madre”.

En 1932 se licenció en artes en el Lycée Fénelon y ese mismo año murió su madre. Entre 1933 y 1937 estudió matemáticas en la Sorbona mientras asistía a la Escuela de Bellas Artes, gracias al apoyo de su profesor Fernand Léger, ya que le permitió seguir sus clases sin tener que pagar y descubrió su verdadera vocación de escultora, como también comentó en la entrevista publicada en EL CULTURAL: “Fue precisamente mi maestro Fernand Léger quien me dijo al ver mis dibujos que yo quería ser escultora”. En este período Louise visitó multitud de estudios en Montparnasse y Montmartre, entre ellos el de Paul Colin, con quien se fue a Moscú en 1934 en viaje de estudios, allí conoció el comunismo y se sintió atraida por él “sólo porque molestaba a mi padre”, dirá.


La vida en América

En 1938 se casó con el historiador de arte Robert Goldwater, a quien Louise definía como “ante todo, un intelectual”, y se mudaron a Nueva York. Ese mismo año, en un viaje que realizó a Francia, adoptó a Michel, su primer hijo. Le seguirían sus hermanos Jean-Louise (1940) y Alain (1941). En América continuó su formación en el Art Students League y en 1945 expuso por primera vez en solitario en la galería Bertha Schaefer de Nueva York. En 1950 se reunió con un grupo de artistas denominados “Irascibles” para protestar por la exposición de pintura americana en el Metropolitan y, al año siguiente, el MoMA fue el primer museo en adquirir una obra suya (“Sleeping Figure”). Este mismo año obtuvo la ciudadanía norteamericana y falleció su padre.

En 1974 comenzó a dar clases en The School of Visual Arts de Nueva York, en esta década fue profesora en la universidad de Columbia, así como en los Cooper Union y Goddard College. Tras unos años en la enseñanza fue distinguida por la universidad de Yale con el título de doctor Honoris Causa en Bellas Artes en 1977. En 1982 el MoMA le dedicó su primera retrospectiva y unos años más tarde, en 1990, tuvo lugar su primera antológica en España, en la Fudación Antoni Tàpies de Barcelona. Entre 2007 y 2008 le dedicaron restrospectivas la Tate Modern de Londres, el Guggenheim de Nueva York y el Pompidou de París. La notoriedad le llegó especialmente a raiz de su participación en la Documenta de Kassel (1992) y en la Bienal de Venecia (1993) y la valoración de sus obras oscila entre los 3.000 y los 700.000 euros. A sus 98 años se ha encontrado con la muerte en Nueva York, donde vivía y trabajaba y donde semanalmente invitaba a artistas de todas las edades a tertulias en su estudio, un espacio único de creación que ha sido testigo de todo el arte del mundo.

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Louise Bourgeois: "La escultura posibilita una violencia terrible"
Por Elena VOZMEDIANO

Louise Bourgeois (París, 1911) inaugura el 16 de noviembre una gran exposición en el Reina Sofía, titulada “Memoria y arquitectura”. Con obras desde fines de los 40, permitirá conocer en profundidad a una artista enormemente admirada y con gran influencia en los jóvenes creadores. A partir de las dolorosas experiencias de su niñez ha generado una obra poderosa, que afecta íntimamente al espectador y que ha supuesto una aportación fundamental a la escultura contemporánea.

A pesar de su desconfianza hacia las palabras y de su apretada agenda de exposiciones internacionales, Louise Bourgeois ha accedido, amablemente, a contestar a unas preguntas para EL CULTURAL. De sus respuestas se obtiene la impresión de hallarnos ante una mujer que, pese a arrastrar un legado de angustias y miedos del que trata de desprenderse a través de sus obras, muestra una gran seguridad en sus convicciones, absolutamente personales, y se expresa con contundencia, de una manera incluso cortante. La libertad extrema que caracteriza su obra se aplica también a su pensamiento, que se sitúa al margen de las convenciones.

-La exposición en el Reina Sofía se centra en los temas de la memoria y la arquitectura. Creo que algunas de las obras “arquitectónicas”, en especial las “Cells” (Celdas o Células), de alguna manera, incluyen en la escultura una dimensión teatral, en el sentido de que “escenifican” sucesos, de gran intensidad emocional, y de que otorgan un gran protagonismo a la mirada. ¿Hay algo de esto?
-La serie de las “Cells” se refería a las células de nuestro cuerpo y a las celdas de una cárcel. Exploran los cinco sentidos y las relaciones que se establecen entre ellos en mi memoria. Estos ambientes cerrados me permiten la experiencia de recrear y de revivir una emoción del pasado. Para liberarme de el doloroso pasado tengo que exorcizarlo a través de mi escultura. No estoy interesada en los escenarios o en el teatro. En mi escultura hablo sobre la carne y sobre la sangre. Persigo lo real.


Incorporación del reflejo

-Las aperturas en las habitaciones y los espejos invitan al espectador a espiar lo que ocurre en su interior, que incluso puede ver su imagen reflejada formando parte de la escena. Se fomenta así el voyeurismo. Usted ha dicho que todos los temas que pueda tratar en sus obras podrían referirse a cualquiera de nosotros. ¿Pretende involucrarnos en una historia personal que quizá no sea la nuestra pero que bien podría serlo, y que nos transmite su sentimiento de culpa por haber visto algo que debió permanecer en el secreto?
-No me interesan los espectadores. No existen. Si con posterioridad alguien es capaz de establecer una relación con la experiencia que yo he sufrido y con lo que he creado, estupendo. Pero los espectadores no me motivan.

Los espejos me permiten incorporar directamente mi imagen en las obras. Simbolizan las diferentes realidades, favorecen las posibilidades de magnificación, distorsión y duplicación. Metafóricamente, los espejos son una forma de aseguramiento.

Cuando se instalan en los museos no se permite a la gente que penetre en las celdas, debido a su fragilidad. Yo las he realizado indudablemente para que sean experimentadas desde el interior y desde el exterior. Me interesa la idea del “voyeur”, de mirar y ser mirado. Confío en mis ojos. No confío en las palabras proque es posible mentir sin cesar durante todo el día. Cuando miras a alguien a los ojos ves la verdad. El cuerpo no miente.

-¿Qué aplicación han tenido sus estudios de matemáticas y geometría en la creación de espacios arquitectónico-escultóricos?
-Al haber estudiado matemáticas y geometría, confío en el círculo, en la espiral y en el óvalo. Concedo un simbolismo a la geometría. El óvalo tiene dos centros y es mucho más rico que el círculo, da pie a un diálogo. Las espirales marcan una dirección. ¿Estás avanzando en espiral hacia el interior, contrayéndote, o te estás moviendo hacia el exterior, hacia el infinito?
-Ha referido que su primera escultura fue una muñeca de miga de pan a la que le cortó los brazos con un cuchillo. La amputación es recurrente en su visión del cuerpo. ¿Se trata de mostrar la parte por el todo? ¿Es una forma de agresión simbólica, una violencia “ritual” que favorece el exorcismo?
-La escultura posibilita una violencia terrible. Se poda un árbol para hacer que crezca más sano. Oscilo entre dos extremos: cortar o separar y el deseo de unir cosas. El tema del abandono, que es realmente mi problema, expresa tanto la separación como la reparación. La idea de la reconstitución está ligada a mis sentimientos de estar entera.


La historia del arte

-Su obra se mantiene en un punto de equilibrio entre la abstracción y la representación de sentimientos tremendamente subjetivos. Por otra parte, los diferentes materiales, técnicas e incluso las marcadas variaciones estilísticas le otorgan una enorme diversidad y riqueza formal. Al margen de la obediencia a necesidades artísticas interiores, ¿está negando las categorías que tanto han marcado la historia del arte contemporáneo a través de esta combinación de la exhibición casi obscena de la intimidad con la más rigurosa investigación plástica?
-No me interesan los materiales. Están ahí para que yo los utilice. Mis formas, mi alfabeto, han mantenido una coherencia a lo largo del tiempo. La historia del arte no podría serme más indiferente. El arte surge de la vida. Cada cual debe contar su propia historia lo mejor que pueda y si la cuenta sinceramente resultará interesante.
-Uno de los temas recurrentes en su obra es el de la araña, símbolo de la madre. Es algo que se aproxima al tema de una de las más importantes obras del arte español, “Las Hilanderas” o “La fábula de Aracne” (castigada por su habilidad artística por la diosa Minerva) de Velázquez. ¿Existe alguna relación entre esta pintura y su trabajo?
-La araña, en efecto, simboliza a mi madre, que era restauradora de tapices. El hecho de que el tema de la araña haya sido tratado en la literatura o por Velázquez sólo confirma mi creencia en que el arte es un lenguaje universal. Mis símbolos proceden de mi propia vida,

( 07/11/1999 )

Articulo:
http://www.elcultural.es 05/06/2010