lundi 11 octobre 2010

Pedro Pablo GUERRERO/ Leila GUERRIERO: "Periodista salvaje"

Entrevista Autora de "Los suicidas del fin del mundo"
Leila Guerriero: "Periodista salvaje"
Por Pedro Pablo Guerrero

Invitada al Magíster de Periodismo Escrito dictado por "El Mercurio" y la Facultad de Comunicaciones de la UC, la cronista argentina -ganadora del Premio Fundación Nuevo Periodismo 2010- ofrecerá el viernes 15, a las 11.30 horas, una charla en la UC (Alameda 340).

Ha publicado una de las crónicas más desoladoras de las que se tenga memoria en Argentina: Los suicidas del fin del mundo (Tusquets, 2005). El título no es suyo -"soy pésima titulando", confiesa-, sino de un editor amigo que cruzó El club de los suicidas, de Stevenson, con El faro del fin del mundo, de Julio Verne. Todo un acierto. Algo hay de apocalíptico en esta historia de doce jóvenes de un pueblo patagónico, azotado día y noche por el viento, que se mataron en el plazo de un año y medio (1997-1999), sin provocar el menor interés de los grandes medios de comunicación ni de las autoridades de la provincia de Santa Cruz, que reaccionaron en forma tardía.

Escrito a partir de una investigación personal que incluyó una larga estadía en el lugar y entrevistas con familiares y amigos de los suicidas, el libro no busca explicaciones, se limita a transmitir lo que se siente vivir en un pueblo que, en la práctica, sólo existe para sus habitantes. No más de 9 mil personas.

-Soy una persona del interior, de Junín, y este pueblo era como un pequeño Aleph que reunía un montón de cosas de la Argentina de adentro -afirma Leila Guerriero-. Mi plan fue pintar una especie de fresco que contara la historia del pueblo y de su eslabón más débil: estas personas que terminan siendo las víctimas propiciatorias de una sociedad carcomida por la desocupación y la maldición de la riqueza del petróleo, que produce mucho dinero a gente que no se puede mover de ese lugar. Toso se lo gastan en putas, alcohol y ahora en un casino. 

-¿Por qué te interesa esta clase de temas?
-Me cuesta mucho saber por qué me interesa lo que me interesa. Hay una mezcla de pulsiones que se juntan con la relación que tengo con la escritura. Todo lo que escribo es para ser publicado, entonces estoy muy atenta a la excusa periodística, a la posibilidad de ver si el tema es publicable.

"El invento está prohibido"

En Frutos extraños. Crónicas reunidas 2001-2008 (Aguilar, 2009), Leila Guerriero se declara "una autodidacta absoluta, un dinosaurio: una periodista salvaje". Considera una superstición la creencia de que sólo se pueda ser periodista estudiando la carrera en la universidad. Ella misma recuerda que en su caso llegó al periodismo por casualidad, un día de 1992 en que llevó un cuento a Página/12. Para sorpresa suya, el director del periódico, Jorge Lanata, lo publicó en la contratapa, un lugar reservado a escritores como Juan Gelman, Osvaldo Soriano y Rodrigo Fresán.

Leila era una joven egresada de licenciatura en turismo y ni siquiera sabía cómo usar una grabadora. Tuvo que aprender el oficio en un mes. No se arrepiente. "Yo empecé haciendo ficción, quería ser escritora, pero todos los escritores que conocí eran un horror. Me pareció una vida espantosa", recuerda.

-En el ensayo "Tan fantástico como la ficción" dices que siempre sospechaste que los buenos cronistas eran lectores de literatura.
-Sí. Releyendo El nuevo nuevo periodismo , de Robert Boynton, me fijé que periodistas como Susan Orlean o Gay Talese, cuando les preguntan por sus influencias, a los que más citan son escritores de ficción: Maupassant, Faulkner, Scott Fitzgerald. Yo también siento que el lugar para ir a buscar herramientas es la literatura.

-¿Nada más?
-Procedimientos, es lo único que puedes sacar de ella. El invento está prohibido. Me parece, además, que el corpus de la ficción es muchísimo más grande que el del periodismo. Por lo menos del periodismo narrativo, que es el que me interesa.

-¿Algo contra el periodismo de actualidad?
-No digo que no sea necesario. Tampoco digo que la crónica sea mejor. Un diario o una revista que publicara solamente crónicas de 18 mil caracteres sería ilegible, un plomo. Pero como dijo el editor de New Yorker, David Remnick, si tomas una revista Time del año pasado y tratas de leerla, todo va a parecer viejísimo, pero si tomas un New Yorker del año 56, te lo lees de punta a cabo y nada de eso envejece. Es otro enfoque, otra historia, otra forma de abordar el mundo. A pesar de lo que diga su nombre, siento que la crónica es el género más atemporal de todos.

-¿Por qué no crees en el auge de la crónica?
-Parece que hay más gente interesada en escribir crónicas que lugares para publicarlas. Han aparecido un par de revistas y La Nación, de Buenos Aires, saca "Historias con nombre y apellido", una sección de 18 mil caracteres que es la crónica más leída de los sábados. Algo está pasando, pero no hablaría de un boom. En general, son las mismas revistas, las honrosas excepciones de siempre: SoHo, Gatopardo, Malpensante, Etiqueta Negra.

-El argumento habitual de los medios es que ya no hay lectores para textos tan largos.
-Yo creo que la necesidad de que te cuenten historias, y de crónicas que pinten el mundo de una manera más compleja, nunca fue masiva. Jamás vi a señoras peleándose por comprar la última Etiqueta Negra en el quiosco de la esquina. Hoy, todo sale cada vez más chiquito, atomizado. "Sigue siendo un diario o una revista, pero digamos que es un televisor, por las dudas". Es absurdo. ¿Creerán que nadie se da cuenta?

Articulo: http://diario.elmercurio.com/  2010/10/10
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