samedi 26 mars 2011

Alberto OJEDA/ Entrevista a : Alesandro BARICCO

Alesandro Baricco: "A lo bárbaros que más temo son a los que todavía creen en la guerra"
Por Alberto OJEDA

El escritor italiano publica en España Emmaus, su novela más autobiográfica, con la que disecciona el impacto de la formación católica en los adolescentes
 
Alessandro Baricco (Turín, 1958) ha escrito libros sobre pianistas encerrados en trasatlánticos (Novecento), sobre comerciantes de huevos de gusanos de seda del siglo XIX (Seda), duras historias boxeadores (City) , de pintores que utilizan el agua del propio mar que contemplan para delinear sus lienzos (Océano mar)... Mundos lejanos, excéntricos, remotos, con ninguna relación directa con su experiencia autobiográfica. Pero ahora ha querido mirar atrás y concentrar su escritura en su propia adolescencia, en el Turín de los años 70. En Emaús (Anagrama) cuenta la historia de cuatro jóvenes de 17 años aferrados a su formación férreamente católica. El placer es mirado por ellos con desconfianza, como la fuente de todos los males. Hasta que irrumpe en su círculo cerrado Andre, una chica de belleza andrógina arrebatadora. El choque entre su conciencia y sus instintos tiene consecuencias devastadoras. Baricco destila a través de la trama un lamento: los prejuicios religiosos provocan ceguera ("ceguera por exceso de luz", matiza). En Italia le cayeron bastante críticas desde sectores católicos. El escritor italiano, que hoy se encuentra en Barcelona para participar el festival Cosmópolis, las asume con estoicismo: "Es normal que reaccionen ante una novela así".

Pregunta.- Emaús es el libro más autobiográfico de toda su obra. ¿Sentía la necesidad de ajustar algunas cuentas con parte de su pasado?
Respuesta.- Es un libro que llevaba mucho años pensando escribir. Pero necesitaba madurez y una cierta distancia para dar el paso. No es que sea mi propia historia la que se cuenta, porque la mía es mucho más banal que la de los adolescentes que protagonizan Emaús. Pero sí es cierto que el habitat [Turín, años 70] y el paisaje social es el mismo que he vivido yo en mi adolescencia y que, por tanto, conozco perfectamente.

P.- Por esto le ha molestado tanto que ciertos sectores católicos hayan dicho que no tenía ni idea de los efectos de la formación religiosa adolescencia, ¿no?
R.- Era lo mínimo que se podía prever. Algunos ataques han sido elegantes y otros menos. Pero si el mundo católico no hubiera reaccionado contra un libro como Emaús, hubiese sido algo muy extraño.

P.- ¿Qué le queda de aquella formación católica de su juventud?
R.- Un cierto complejo de culpa que parece imposible quitártelo de encima cuando te lo han grabado en tu niñez. Y un cierto moralismo que, a veces, por rebeldía, se transforma en amoralismo. Pero también una especie de instintiva solidaridad hacia los demás. Y una inclinación digamos que por la verticalidad: uno mira la realidad que le rodea aspirando siempre a encontrar la belleza. Esta es, más o menos, la herencia de esa formación.

P.- Los años 70 en Italia se conocen sobre todo por la gran tensión política y la violencia terrorista (son los denominados Años de plomo). ¿Creía necesario recordar las vidas anónimas de esa época que permanecían al margen del enfrentamiento ideológico?
R.- Sí, quería recordar que en esos años había muchísimos jóvenes que vivían ajenos a la lucha política y armada, pero que también cultivaban pasiones, esperanzas y dramas sin que la política tuviera nada que ver en ello. Esta impermeabilidad frente a la política me interesaba recuperarla hoy, en una Italia tan politizada, en que la política parece tan importante cuando en realidad no lo es. Y remarcar que la ausencia de la política en su experiencia y en su formación no era ningún problema.

P.- Emaús retrata la división social entre ricos descreídos y una clase media muy creyente. ¿Esa división sigue siendo tan marcada en la Italia de hoy?
R.- Es que entonces la amoralidad se veía como una especie de lujo que sólo se podían permitir los ricos. Algo que no concebía la pequeña burguesía que conformaba la clase media. Esa división sigue muy presente en Italia. Lo que ha cambiado es la manera de ser católico de la pequeña burguesía, tan radical, tan rigurosa... Ahora la Iglesia está mucho más dispersa y es difícil encontrar el rastro de una formación tan férrea como la de entonces.

P.- Si su novela fuese una parábola bíblica, ¿podría verse en Andre la encarnación del diablo? ¿O es ir demasiado lejos?
R.- Para los cuatro chicos sí. Pero simplemente encarna el mundo que está más allá de sus estrechas fronteras catolicistas. Es el mundo fascinante y complejo en el que debemos vivir, que sí, que te puede acabar matando, pero también te puede regalar una vida plena y libre, no encarcelada por los prejuicios.

P.- ¿Podría decirse que Emaús es sobre todo eso: una novela sobre la ceguera que provocan los prejuicios?
R.- Sí, por eso asocio la vida de estos adolescentes a la de los campesinos que, según cuenta Lucas en los evangelios, se encuentran con Jesús y no lo reconocen. No saben verlo. La ceguera de los cuatro protagonistas se debe, sin embargo, a un exceso de luz. Ven tanto que al final no ven nada. No entienden lo que sucede a su alrededor porque sus ideales y sus esperanzas son demasiado altos.

P.- Dejemos a un lado Emaús y entremos en su escuela de escritura, la famosa Holden. ¿Cuál es el consejo que más repite a sus alumnos?
R.- Que si quieres escribir un libro, escribas un guión de una película. Que si quieres dirigir una película, aprendas cómo se hace un cómic. Que si quieres hacer un cómic, estudies teatro... Es decir, que ejercites constantemente el cruce entre las diversas manifestaciones artísticas.

P.- Y a aquellos que afirman que estas escuelas homologan el modo de escribir ¿qué les contestaría?
R.- Eso es un prejuicio cómodo. Si uno lee a escritores de la Holden, no hay dos iguales. En Estados Unidos, por ejemplo, de estas escuelas han salido autores tan dispares como Dan Brown y Foster Wallace.

P.- ¿Los daños del Berluconismo son irreparables para Italia o todavía tiene fe en el futuro?
R.- Se piensa que Berlusconi es quien ha llevado a Italia a la ruina, pero, en realidad, ha sido la ruina de la política, sobre todo por la falta de credibilidad provocada por corrupción, la que ha llevado al poder a un populista como Berlusconi. Éste sólo ha prolongado la caída del país. Por supuesto que tengo confianza en el futuro. Lo importante es que sea la gente joven la que rehaga el país, porque si esta labor la dejamos en las mismas manos que detentan el poder ahora no avanzaremos nada. Aunque no creo que esto suceda, porque la gente está muy harta, de Berlusconi y del resto de políticos.

P.- Es escritor, guionista, crítico musical, actor, filósofo, directo de cine, autor teatral... ¿Se identifica con la figura del humanista renacimental?
R.- (Le da la risa...) Me encantaría, pero me temo que el mío es un fenómeno distinto. En una sociedad tan especializada como la nuestra a uno como yo que hace películas, cómics, teatro y escribe libros le pueden llegar a comparar con Leonardo. Pero Leonardo, con su vastísima sabiduría, se reiría de mí.

P.- ¿A qué bárbaros les tiene más medio hoy?
R.- A aquellos que todavía cree que con la guerra se solucionan los problemas.

***
Emaús
de Alessandro Baricco
Traducción de X. González. Anagrama, Barcelona, 2011. 160 páginas, 16 euros
Por Darío VILLANUEVA

Decía un viejo crítico ruso que cuando en Chejov el narrador describe una pared en la que hay un clavo, indefectiblemente en la última página del relato el protagonista acaba colgándose de él. Siempre me pareció una buena manera de justificar la trabazón insobornable que la buena literatura sabe lograr entre historia y discurso, entre estructura y estilo, virtudes todas que se dan en esta novela corta de Alessandro Baricco (Turín, 1958). En ella, mediado su texto, irrumpe la presencia de una pistola en manos juveniles que al final causará una muerte absurda, último de los lances patéticos que jalonan este relato centrado en una cuadrilla de amigos.

La acción se sitúa en una capital de provincia a la altura de los años 70, más o menos cuando el autor tenía los 17 años de sus protagonistas. Narra uno de ellos, el único superviviente del mal hado que se ceba en el suicida Luca, en Bobby, perdido en la droga, y en el Santo, que iba para sacerdote pero acaba en prisión por culpa de aquella pistola. En cierto modo, Emaús nos recuerda a partir de semejante elenco, de su ambientación provinciana y de los enredos eróticos, el filme de Federico Felini I Vitelloni, si bien aquellos gandules de 1953 habían dejado ya la edad de la adolescencia, aunque no su inmadurez, y los protagonistas de Baricco ven, salvo el narrador, truncada fatalmente su trayectoria. Pero en ambas obras ocupa el espacio central una institución de perfiles inconfundibles: la pandilla juvenil, fundamentada en un sólido pacto de complicidad como defensa ante las incertidumbres y la hostilidad del mundo en torno.

¿Novela de aprendizaje? Si, en cierto modo, al menos en lo que le corresponde al narrador, que cuando todo ha terminado vuelve a su rutina, cerrando en falso una crisis terrible que ha frustrado sin remedio la suerte de sus tres compañeros de siempre, amparándose en la “obstinada resistencia” de una educación católica “que considera que la vida es una obligación moral que debe ser llevada a cabo con dignidad y plenitud” (p. 149).

Baricco rehuye en Emaús la levedad intrascendente de tantas y tantas novelas posmodernas. Aquí, por el contrario, el lector puede incluso sentirse abrumado por una proliferación excesiva de informaciones y de exigencias de cooperación activa que exigen de él subsanar muchas lagunas y vacíos, insuflar sobre lo que sí se dice todos los matices de lo que se calla y se da por sabido. La trama nos lleva de sobresalto en sobresalto, apenas sin respiro, siempre por culpa de la protagonista femenina, Andre, una muchacha rica, desenfadada hasta la perversión, que le da por completo la vuelta a la vida de los cuatro buenos muchachos que cantan con sus guitarras eléctricas en la iglesia y visitan a los ancianos ingresados en la unidad de urología del hospital.

Emaús me ha hecho recordar otra novela de muy similar planteamiento argumental, Función en el colegio del periodista Orio Vergani, publicada en 1942 y muy recientemente retraducida. Allí también la sociedad, las familias, la escuela y, sobre todo, la religión dejan poco espacio al desahogo de una sexualidad adolescente reprimida que, sin embargo, la novela exuda por la mayoría de sus páginas. De Vergani a Baricco han pasado casi setenta años, y no en vano, pero el fondo del asunto sigue siendo el mismo, y tiene fácil traslación a la experiencia de los lectores españoles, sobre todo los nacidos inmediatamente después de la guerra civil. Desde su propio título, la obra de Baricco apunta su pertenencia a una tradición católica inconfundible. Los protagonistas de Emaús se encuentran también por el camino, como los personajes del Evangelio, con alguien cuya verdadera identidad no son capaces de asimilar. Andre es una parición pagana y ellos son cristianos a pie juntillas. Sutilmente el novelista establece esta contraposición en un terreno trascendente: la incapacidad para la tragedia de aquellas casas católicas en las que “no se acepta la realidad del mal” (pág. 35) frente a la “superioridad” de la familia de Andre que no duda en ostentar “su privilegio trágico” (pág. 42). Y ya hacia el final, cuando todo ha terminado, y el embarazo de la inquietante muchacha ha desencadenado un verdadero cataclismo, Baricco se atreve a plantear en clave teológica la contradicción insuperable que anidaba entre el alma y el cuerpo de aquellos adolescentes: la virginidad de la madre de Jesús, dogma desde el concilio de Constantinopla del 553.

 
Articulo : http://www.elcultural.es/  25/03/2011