¿Desaparición de la literatura?
¿Cuál es el lugar del escritor en la actualidad? La literatura no desaparecerá, ciertamente, pero tendrá que adaptarse y "jugar" con este mundo nuevo.
En un excelente y breve texto, Abelardo Castillo, uno de los más grandes narradores argentinos (en un país lleno de "grandes" narradores), responde a la consabida pregunta por el lugar del escritor en el mundo actual. Su respuesta, en apariencia, se parece a la que muchos escritores suelen ofrecer cuando se les pregunta semejantes "enormidades" (cuál es la función de la literatura, por qué escribe, qué quiere decir su última novela, qué opina del estado de la narrativa en su país o en el mundo, son preguntas a las que cualquier escritor que haya tenido la suerte, o la desgracia, de ser publicado y de enfrentar a la prensa llamada especializada tiene que responder más o menos "eternamente").
La respuesta de Castillo es: si "lugar" se entiende como "influencia" o "importancia práctica", el escritor no tiene ningún lugar. O, dicho en otras palabras, la literatura no "sirve" para nada. Para nada práctico, se entiende. La literatura no puede nada contra las guerras, el hambre, las salvajadas contra el medio ambiente. Pero, claro, al mismo tiempo, si nos paramos a pensar un segundo, nuestro mundo (el occidental al menos) no sería el mismo si no existieran la Odisea , El Quijote o La comedia humana . Nuestro mundo chileno tampoco sería el mismo sin los Veinte poemas de Neruda. Menciono aquí, obviamente, grandes monumentos literarios que han traspasado toda la cultura y se han transformado incluso en iconografía (¿quién no ha visto las figuras del Quijote y Sancho adornando ceniceros o pisapapeles, quién no ha oído hablar del hotel Neruda o del vino "Pablo Neruda"?). Pero algo del mismo alcance se podría decir de todas las creaciones literarias que han logrado trascender las épocas y los idiomas. Desde La lozana andaluza hasta los cuentos de Borges, desde el Cantar de Roldán hasta la obra de Camus y desde la obra del Dante a la de Moravia, el sentido de la literatura ha sido, como dice Abelardo Castillo, el de "imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe". Así, el escritor inventa un mundo y "se" inventa al mismo tiempo o, lo que es lo mismo pero no es igual, se "desinventa"; es decir, se transforma en otro.
El novelista es un travesti, decía Donoso. Allí donde el poeta suele poner el "Yo", es decir suele "ponerse", el novelista se transforma, se esconde, borra sus propias huellas, incluso cuando aparentemente cuenta su vida. Inventando un mundo de ficción, le damos sentido al mundo. Creando personajes que pueden, o no, pensar y sentir como nosotros, tendemos a desaparecer. Abelardo Castillo va más allá cuando dice que ese "no lugar" de la literatura bien podría ser el lugar de la utopía, palabra que significa precisamente eso: "no lugar", "ningún lugar". El escritor es, concluye Castillo, aquel que intenta establecer su lugar en la utopía.
Bella y verdadera fórmula. Aunque, ahora, en este mundo hipertecnologizado, regido por la ligereza, la rapidez y la simultaneidad, la pregunta que cabe hacerse es: ¿qué lugar puede ocupar un arte que se basa justamente en las premisas contrarias? Hoy en día las redes sociales desatan incluso revoluciones (como las que están ocurriendo en el mundo árabe), a las que el planeta entero asiste en directo. Nos divertimos con videojuegos y películas descargadas de internet mientras conversamos por chat con alguien en el otro extremo del globo (o de la habitación). La literatura, en cambio, exige lentitud en vez de rapidez, densidad en vez de ligereza y distancia en vez de simultaneidad. Navegar en el universo de la literatura significa aceptar el espesor, la morosidad y la lejanía que impone el descubrimiento de lo "otro" y no la plana inmediatez con que la hipertecnología nos regala la ilusión de que el mundo es perfectamente homogéneo, liso y simultáneo; o sea, igual para todos, quienes quiera que seamos y donde quiera que estemos. En estas coordenadas, ¿en qué utopía puede establecerse el escritor?, ¿dónde está ese lugar cuando todos los lugares son o tienden a ser iguales? La literatura no desaparecerá, ciertamente, pero tendrá que adaptarse y "jugar" con este mundo nuevo. La "era de Gutenberg" ha terminado, pero las palabras, la imaginación y la inteligencia siguen y seguirán siendo atributos exclusivos de lo humano.
Articulo : http://diario.elmercurio.com 12/03/2011
