dimanche 20 mars 2011

Nicholas WROE/ Ian McEWAN: "Es bueno ensuciarse un poco las manos"

ENTREVISTA Autor inglés
Ian McEWAN: "Es bueno ensuciarse un poco las manos"
Por Nicholas WROE

Ya está en Chile Solar, la más reciente novela del escritor británico protagonizada por un físico Premio Nobel preocupado del cambio climático.

Nada más entrar por la puerta principal de la casa londinense de Ian McEwan está la caja para el reciclaje llena de papel, plástico y vidrio. "Por supuesto que reciclamos", dice riendo. "¿Y quién no? Y estoy totalmente a favor de reducir en un 10% nuestro carbono. Y de los paneles solares domésticos. Cualquier cosa que disminuya nuestro consumo es útil. Pero al final, no creo realmente que el contenedor de vidrio nos vaya a sacar de ésta. Y el ser tan éticos tampoco nos va a sacar de ésta. La civilización va a necesitar otra fuente de energía", dice el autor.

La opinión de McEwan -después de que pensadores como Stewart Brand le hayan convencido, y a pesar de las sospechas que alberga desde hace tiempo sobre el sector- es que la energía nuclear es probablemente nuestra mejor apuesta a mediano plazo. Michael Beard, el físico glotón ganador del Premio Nobel y protagonista de Solar (Anagrama), la última novela de McEwan, tiene una solución incluso más compleja tecnológicamente. Su trabajo en el campo de la fotosíntesis artificial como forma de aprovechar la energía del sol le ha hecho rico y famoso, y McEwan explica con entusiasmo que la avanzadísima ciencia en el libro es real, si bien está algo lejos de la aplicación práctica. "Si vas a Estados Unidos, la cantidad de ingenio que se está empleando y el capital privado que se está invirtiendo en nanotecnología y energía solar son asombrosos".
 

La ciencia, el camino perdido
 
Para McEwan, la ciencia es la senda que no siguió, y habla con una ligera envidia del trabajo y de la formación de su hijo especialista en genética. En el colegio le costó mucho decidir entre emprender el camino de las letras o el de las ciencias. "La verdad es que en matemáticas era bastante mediocre, pero me encantaban las ciencias y al final, incluso conseguí entender el cálculo, aunque siempre tuve la sensación de que si estornudaba, probablemente dejaría de entenderlo otra vez. Pero tener la sensación sobrecogedora de que a Leibniz se le podrían ocurrir esas cosas y de que otras personas podrían entenderlas, era muy importante para mí".

Se ha convertido en una especie de tópico decir que mientras que las primeras novelas de McEwan mostraban un ligero matiz new-age que reflejaba aquella época, su trabajo más reciente está marcado por una mayor sensación de racionalismo en general y de ciencia en concreto. Pero sus cercanos ven más continuidad. Timothy Garton Ash, amigo y confidente desde hace 30 años, afirma: "La idea de que el joven Ian estaba abierto al misticismo en contraposición con el racionalista duro y científico de hoy en día es una tontería. Siempre ha sido sumamente racional y ha estado enredado en la política. Como novelista, siempre ha sido un observador sin parangón de las complejidades de las relaciones personales y también un intelectual y un escritor político. Un abanico de ideas recorre todos sus libros".

Mientras que la obra inicial de McEwan se centraba en extrañas manipulaciones sexuales y psicológicas, desde principios de los 80 se ha ocupado deliberadamente de los acontecimientos tanto históricos como contemporáneos. "Al principio, creía que la literatura se encontraba dentro de una burbuja que en cierta forma flotaba sobre el mundo que comentaban los periódicos. Pero estaba cada vez más interesado en tratar de incluir una parte de ese mundo en mi obra".

Su primer intento de escaparse de la "ficción más bien claustrofóbica", que había estado escribiendo en los 70 y principios de los 80, fue su guión de 1985, "El almuerzo del labrador", en el que aparecía un periodista que escribía sobre Suez en la época de la guerra de las Malvinas. Esto le condujo "de forma bastante directa" a Niños en el tiempo (1987), en el que la historia de un niño desaparecido se refracta a través de la ciencia y de la política nacional. Aunque ahora piensa que "el elemento que tuvo menos éxito en él fue su animadversión hacia Margaret Thatcher", su camino se había desviado y empezó a ocuparse de temas políticos, como la guerra de Irak y, ahora, del cambio climático.

"Es bueno ensuciarse un poco las manos y comprobar cómo ves las cosas en un momento dado. Y resulta muy agradable después de escribir algo como Expiación o Chesil Beach , que son históricas, involucrarse en alguna nueva representación convincente del aquí y ahora. La palabra deber es quizá demasiado fuerte para eso. Pero traer una novela al presente es sin duda muy atractivo".

 
Caminatas en el Ártico

Algunas lecturas antes de que la novela estuviera terminada y las señales públicas a lo largo de los dos últimos años revelaban que Solar no sólo iba a "tratar" del cambio climático, sino que también sería una comedia. "En realidad, las novelas decididas a ser divertidas a cada paso me parecen bastante opresivas", explica McEwan. "Pero la comedia en un sentido más general te permite jugar alrededor de los límites del realismo. Puedes ser un poco más dinámico, tirar un poco la casa por la ventana en lo que se refiere a la trama y ser un poco menos sobrio en la valoración de lo posible".

El origen del libro fue el viaje de McEwan al círculo Ártico en 2005 con un grupo en el que se mezclaban los científicos y los artistas para presenciar de primera mano el cambio climático. "Me encantó ese viaje", comenta. "Mientras los escultores y los pintores se dedicaban a lo suyo, yo hacía caminatas con quien quisiera venir conmigo". En la cena había "conversaciones idealistas sobre lo diferentes que teníamos que ser en nuestras relaciones con el Gobierno". Pero justo al otro lado de la puerta del alojamiento había un cuarto para las botas. "Era un caos. No había mala intención, pero la gente era descuidada y cogía sin darse cuenta las cosas de los demás. La ropa y el equipo que estaban ahí para salvarnos la vida desaparecían, y pensaba, a pesar de todas las bonitas palabras y las buenas intenciones, a lo mejor la naturaleza humana era cómicamente incompetente para ocuparse de ese problema". Copenhague confirmó sus temores. "A los líderes mundiales les resultaba inaudito que la ciencia los convocara. Pero acabó en desbandada y conflicto con elementos de farsa de Whitehall. Por eso pensé que si alguna vez me ponía con este proyecto, querría escribir sobre un tipo con muchos defectos. Alguien imposible o imposiblemente egoísta".

McEwan desechó la idea mientras terminaba Sábado , escribió Chesil Beach y completó el libreto de la ópera que escribió con Michael Berkeley, "For you". Pero seguía pensando en el Ártico en 2007 cuando le invitaron a un simposio en Potsdam de ganadores del Premio Nobel para hablar sobre el cambio climático. "Me sedujo la grandeza de los ganadores del Nobel. El tener a tantos en un mismo lugar era excepcional. Todos eran enormemente inteligentes y distinguidos. Mi hombre del cambio climático tendría un Premio Nobel".

El éxito de McEwan entre lectores y críticos no siempre ha contribuido a una vida cómoda. Las historias sobre él se convirtieron en noticias de portada. Los temas familiares, como la penosa batalla por la custodia parental con su primera mujer o la aparición de un hermano que nunca supo que tenía se describieron superficialmente como "algo de una novela de Ian McEwan". Más de 400 periódicos informaron de sus problemas de visado al entrar en Estados Unidos. Como sucede con muchos escritores de éxito, han surgido dudosas acusaciones de plagio que empujaron al ermitaño Thomas Pynchon a salir al descubierto para defenderle. Los comentarios que hizo para defender a su amigo Martin Amis de las acusaciones de racismo sirvieron para ver sus propias opiniones sobre el islam. McEwan ha atribuido algunas de esas experiencias -"algunas mías, algunas de Martin y algunas cosas que he observado de lejos"- a Beard, que también se encuentra en el ojo del huracán de la prensa. "Cuando estás dentro de él parece como si un vendaval estuviera soplando por tu casa", explica. "Pero luego, de repente, todo pasa y te sientes desamparado. ¿Qué haces? No es divertido, pero cuando pasa, parece absurdo".

 
Gente compasiva que no lee

McEwan nació en Aldershot en 1948 en el seno de una familia de militares. Su infancia incluye temporadas en las que vivió en Alemania, en Extremo Oriente y en Libia. En su internado, la música le absorbió -desde el blues y el jazz hasta Bach- así como las ciencias y la literatura. Puede que sus gustos fueran bastante conservadores -Shelley, Keats y Wordsworth y luego Graham Greene e Iris Murdoch-, pero fue suficiente para provocar "la marginación clásica, que fastidié un poco". Sus padres dejaron el colegio a los 14 años y aunque eran "buenos y me animaban, no les atraían las cosas en las que yo estaba interesado y por eso acabé volviéndome malhumorado porque en casa no podía hablar con nadie sobre Middlemarch . Probablemente era un poco insoportable y no me di cuenta hasta años después de que hay mucha gente que nunca lee poemas o novelas ni escucha a Bach, que son unos seres humanos tan compasivos y entendidos como los que lo hacen. Pero a los 18 años me molestaba conocer a gente que no hubiera leído La tierra baldía . ¿Qué podría decirles?".

Desde el comienzo mismo, la profesión de escritor fue "una vida ideal. Todo lo que escribías era un nuevo comienzo". Sus primeras recopilaciones de historias y sus primeras novelas, Primer amor, últimos ritos (1975), Entre las sábanas (1978) y El jardín de cemento (1978), tuvieron una extraordinaria acogida, y el epíteto "una nueva voz" resultaba por una vez acertado. McEwan dice que se vio dentro de una tradición en la que se incluían Burroughs, Genet y las escenas de burdel de Ulises y del Amante de Lady Chatterley . "Había muchas cosas detrás de mí que me hacían pensar que lo que tenía que ser realmente radical en la literatura era el contenido y no el estilo. Para mí era más importante lo que se mencionaba que los juegos. Entendía de cosas como B.S. Johnson y esas otras novelas publicadas por Calder books, pero entonces pensaba, como sigo pensando ahora, que Finnegans Wake era una carga heroica en un callejón sin salida que les evitó las molestias a todos los demás. Por muy brillante que sea, demostró que, al final, la literatura tiene que transmitir algo de alguna manera inmediata".

McEwan señala que aunque Solar trate sobre el cambio climático, no debemos olvidar que es una novela. "La mejor manera de informar a la gente sobre el cambio climático es a través de la no ficción. Existe una extensa bibliografía de obras extraordinarias sobre el tema. Pero lo que quería lograr comunicar era la sensación de lo difícil que va a ser esta tarea. Una vez dicho esto, e incluso después de Copenhague, sigo siendo optimista. El descenso de la producción de petróleo y el aumento de su precio, que será muy doloroso, nos presionará un poco. También pienso que la gente es mucho más adaptable y flexible de lo que piensan los gobiernos. Y luego está la nueva tecnología. Quién sabe, a lo mejor los grandilocuentes sueños de Michael Beard y míos sobre la fotosíntesis artificial, que no es imposible, acaban salvándonos a todos".


Articulo : http://diario.elmercurio.com  19/03/2011